3º DOMINGO T.O., «TODO EMPEZÓ EN GALILEA», José E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Mt 4, 12-23

Galilea

Mateo hace una lectura de la historia en clave de ‘cumplimiento’. Fiel a este planteamiento general de su evangelio, sigue diciendo: «Éste es el que anunciaron los profetas». Aplica a Jesús la «profecía» de Isaías.

Lucas (4,16) pone en boca de Jesús esta misma interpretación cuando, en la sinagoga de Nazaret, lee a Isaías y se lo aplica a sí mismo.

(Marginalmente, es bueno recordar que la insistencia de los evangelistas en que Jesús es galileo es un dato fuerte en favor de su historicidad: Galilea es considerada medio pagana -Galilea de los gentiles-, es zona despreciada -¿de Nazaret puede salir algo bueno? – y no figura en los Profetas como cuna del Mesías… Es decir, nadie inventaría algo tan perjudicial para la figura del Mesías.)

Los cuatro evangelistas constatan el principio de la vida pública de Jesús en Galilea. Los discípulos, después de la Resurrección, se considerarán «testigos» de todo lo que hizo y dijo «desde el principio», desde Galilea.

Galilea viene a ser como la patria espiritual de la primera comunidad. Aunque esté en Jerusalén, Jesús resucitado les citará para Galilea. A pesar de las dificultades y las oposiciones, Galilea, el lago, serán una época dorada, de entrañable recuerdo… en contraposición a Jerusalén y el Templo, donde la oposición de «el mundo» acabará por llevar a Jesús a la cruz.

El Reino

«Convertíos, que ya está aquí el Reino». Así empieza Jesús. Son sus primeras palabras, con dos centros: conversión y el Reino, que se pueden juntar: «cambiaos al Reino».

Primer planteamiento: lo de Jesús es para cambiar. Y para cambiar a mejor. Se sale de la esclavitud al reino, se sale de vivir como esclavos enfermos y ciegos a ser reyes, libres. Por eso hablamos de Buena Noticia, de una noticia (=novedad) y buena (=estupenda).

La llamada

«Venid y seguidme: inmediatamente dejaron sus redes y le siguieron»

Sabemos que los relatos de la elección de los doce están modificados. En el cuarto evangelio tenemos otros detalles muy distintos de esa misma «vocación». Por tanto, esto no sucedió exactamente así. Se trata aquí de mostrar «la elección y la respuesta», tema básico en el Reino. Dios ofrece un camino y el hombre acepta la propuesta de Dios.

«Seguir a Jesús» es consagrar la vida al Reino. «Vende lo que tienes y sígueme». Vender lo que se posee puede tener el significado real de dejarlo todo… Esta será una manera concreta de servir al Reino. Pero todo el que sigue a Jesús «lo vende todo», es decir, ya no tiene nada más que para el Reino. Aunque siga en su misma vida, todo lo que tiene habrá cambiado de significado. Ya no será para sí mismo, sino un medio para el Reino.

«Pescadores de hombres». Es un símil que hoy nos gusta poco, porque parece que entraña «engañar al pez y sacarlo de su medio natural». No es ése el sentido. En realidad no hay que buscar sentido teológico al símbolo de pescar. Simplemente Jesús se dirige a pescadores y les dice que van a ser algo mucho más importante, que su vida es para más que eso.

Una interpretación ingeniosa y verdadera: «dejaron las redes y le siguieron»: seguir a Jesús es una liberación. En realidad lo que se deja es sólo redes, lo que nos apresa, lo que no nos deja ser libre, Seguir a Jesús es liberarse de esas redes, en semejanza con la parábola del tesoro, con el episodio del joven rico… Es una interpretación estimable, pero no parece que exista tal intención en el relato del evangelista.

La actividad de Jesús

Es una descripción total de Jesús: cura y enseña: proclama la Buena Noticia y la hace presente con la salud que se devuelve a los necesitados.

El relato es como una síntesis global de la actividad futura de Jesús, incluido aquí como un «resumen programático», escrito por alguien que conoce cómo será su futuro.

Este texto es muy importante, y más aún colocado aquí, en la presentación del trabajo público de Jesús. Jesús está mostrando cómo es la acción de Dios en el mundo: proclamar la buena noticia, curar. Los dos símbolos básicos de Jesús, que revelan quién y cómo es Dios para nosotros: médico y luz.

Por eso adquieren tanta importancia simbólica los relatos de curación de ciegos, hasta el punto de que el cuarto evangelio convierte la curación del ciego de nacimiento en uno de los ejes del mensaje, conectándolo con el tema «la luz y las tinieblas» que es una de sus líneas temáticas fundamentales.

Luz y salud: palabra y curación. Es el oficio constante, exclusivo, de Jesús en Galilea.

Descubriremos que esta imagen de Jesús por Galilea es la revelación del Padre, si aplicamos consecuentemente las expresiones básicas de nuestra fe:

«Dios estaba con Él»
«El hombre lleno del Espíritu»
«El Hijo nos lo ha dado a conocer»

El Padre es luz y salud, palabra y curación. Es el corazón de la Buena Noticia. En ese Dios creemos. Creemos en un solo Dios, el Padre. Somos cristianos si creemos en el Dios de Jesús, en Dios para la salud, en Dios para la vida.

Se nos han presentado, en el principio de la vida pública de Jesús, los parámetros fundamentales de toda la existencia cristiana, las líneas básicas de la Buena Noticia: quién es Dios y quiénes somos nosotros.

La presentación de Jesús como «el Hijo», el «hombre lleno del Espíritu» quiere decir que viéndole podemos conocer a Dios. Esa es la primera piedra de la fe cristiana: acceder a Dios a través de Jesús, ver a Dios en Jesús.

Ver al Espíritu de Dios trasformando a Jesús en el Hijo significa que sabemos también cómo es el ser humano como Dios lo sueña. En Jesús podemos contemplar a Dios y contemplarnos a nosotros mismos.

Y Jesús empieza por invitarnos a cambiar, a convertirnos, a abrirnos al Reino. La predicación de Jesús es: «Ya está aquí el Reino, convertíos». Convertirse es cambiar, cambiar desde el fondo, mirar a otros objetivos, adoptar otros valores. Se ofrecen como valores y objetivos los del Reino, es decir, la Voluntad de Dios, la Salvación.

Y es éste uno de los tests más significativos de nuestra vida cristiana:

¿Cambias o estás siempre igual?
¿Eres caminante o estás anclado en lo de siempre?
¿Te estás convirtiendo constantemente en algo nuevo y mejor?

Una vez más las parábolas «vegetales» nos dan las pistas correctas.
¿Cómo va la semilla, va creciendo?
¿Cómo va la masa, va siendo fermentada por la levadura?
¿Hay frutos de tu árbol?

En resumen, y aplicando literalmente la palabra «conversión»:
¿en qué se está convirtiendo tu vida?

El llamamiento a la conversión va unido al llamamiento a la misión, a ser, como Jesús, salvadores. Así queda definida la vocación de la iglesia, de nosotros la iglesia: pasar haciendo el bien, curar, ser luz, ofrecer salud y claridad…

Con la sencillez del que sabe que no da lo suyo, sino lo que ha recibido, con la urgencia del que sabe que no lo ha recibido por privilegio, sino para darlo.

No pocas veces hemos restringido el llamamiento a unos pocos, los sacerdotes, los religiosos: esos deben dejarlo todo, esos tienen una misión. Pero Jesús está llamando a todos.

Somos la Iglesia los que queremos aceptar la llamada de Jesús, los que queremos que toda nuestra vida sea Misión. Unos desde el matrimonio, otro desde el celibato; unos poseyendo, otros renunciando; unos dedicados a la vida contemplativa, otros trabajando en las faenas cotidianas… todos siguiendo a Jesús y trabajando por el Reino: por ser el Reino, por convertirse al Reino y por anunciar el Reino, convertir el sueño de Jesús en una realidad.

Hoy podríamos situarnos en el lago y sentirnos llamados por Jesús, personalmente. Quizá no estoy llamado a cambiar los modos exteriores básicos de mi vida: pero es seguro que Jesús me llama a cambiar de criterios, de valores y de estilo: es seguro que Jesús me ofrece que toda mi vida sea Misión, que todo tenga valor para el Reino.

José Enrique Galarreta

 

3. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ZERBAIT BERRI ETA ON-ALGO NUEVO Y BUENO, José A. Pagola

3. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ZERBAIT BERRI  ETA ON-ALGO NUEVO Y BUENO, José A. Pagola

ZERBAIT BERRI ETA ON

Mat. 4, 12-23

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 22/01/14.- Jesusen jarduera eta mezua bildu zituen lehen idazleak hitz hauekin laburbildu zituen: «Jainkoaren Berri Ona» hots egiten zuela Jesusek. Geroago, gainerako ebanjelariek grekozko termino bera (euanggelion) erabili zuten, konbentzimendu bera adieraziz: Jesusek hots egindako Jainkoagan, zerbait «berri» eta «on» sumatzen zuen jendeak.

Ba ote da Ebanjelio horretan, gaur oraino, gure gizarte axolagabe eta fedegabe honetan, gure egun hauetako gizon-emakumeentzat zerbait berri eta on bezala irakur litekeen zerbait? Jesusek iragarritako Jainkoagan suma daitekeenik, eta zientziak, teknikak edo aurrerapenak erraz eskain ez dezakeenik? Nola bizi daiteke Jainkoaganako fedea gure egun hauetan?

Jesusen Ebanjelioan fededunok Jainko hau topatzen dugu: bizia erregalu bezala, bere jatorria Maitasun den errealitatearen azken misterio bezala, sentiarazi eta biziarazten digun Jainkoa. Onuragarri dut neure existentzian neure burua bakarrik eta galdurik ez sentitzea, ezta zoriaren edo halabeharraren eskuetan ere. Badut Norbait, nori eskertu neure bizia.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: geure trakeskeriak eta guzti, adorea ematen diguna geure askatasuna defenditzeko, inolako idoloren esklabo gertatu gabe; behin ere ez bizitzeko, ez erdizka, ez berekoi; baizik eta molde berri eta gizakoiagoak ikasten joan gaitezen lanerako eta gozamenerako, sufrimenerako eta maitasunerako. Onuragarri dut eskura izatea Jainko horrenganako neure fede koxkorraren indarra.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: geure erantzukizuna esnatzen duena, gainerakoez axolagabe ez izateko. Ezin egingo ditugu gauza handiak, baina badakigu parte hartu behar dugula guztientzat bizitza duinagoa eta zoriontsuagoa egiten, gogoan nagusiki premiarik handiena dutenak izanik, defentsarik gabe bizi direnak. Onuragarri dut Jainko honengan sinestea: neure anai-arrebentzat zer egiten dudan sarri-sarri galdetzen didan honengan.

Jesusen Ebanjelioan Jainko hau topatzen dugu: ikusmiratzen didana azken hitza ez duela, ez gaitzak, ez zuzengabekeriak, ez heriotzak. Egun batean, mundualdi honetan ezinezkoa izan denak, erdizka gelditu denak, gure gurarik handienek, gure desiorik barnekoenek beren betea iritsiko dute Jainkoagan. Onuragarri dut neure heriotza konfiantza honekin bizi eta itxarotea.

Jakina, norberak erabaki behar du, bai nola bizi behar duen, bai nola hil nahi duen. Norberak entzun behar du norberaren egia. Niretzat ez dira gauza bera Jainkoagan sinestea eta ez sinestea. Onuragarri dut mundu honetako ibilbidea honela egitea: Jesusengan agertu den Jainkoak onartzen, indartzen, barkatzen eta salbatzen nauela sentituz.

Algo nuevo y bueno

3 Tiempo ordinario (A) Mateo 4, 12-23
ALGO NUEVO Y BUENO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 22/01/14.- El primer escritor que recogió la actuación y el mensaje de Jesús lo resumió todo diciendo que Jesús proclamaba la “Buena Noticia de Dios”. Más tarde, los demás evangelistas emplean el mismo término griego (euanggelion) y expresan la misma convicción: en el Dios anunciado por Jesús las gentes encontraban algo “nuevo” y “bueno”.

¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días? ¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?

En el Evangelio de Jesús los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar esclavos de cualquier ídolo; para no vivir siempre a medias ni ser unos “vividores”; para ir aprendiendo formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que hemos de contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mi me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.

Ciertamente, cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

NUEVAS GUERRAS, VIEJOS DEMONIOS

“2013 pasará a la historia de África como el año en que murió Nelson Mandela. Sin embargo, en materia de paz y seguridad, este año que ahora acaba supone la confirmación de que el Sahel, esa enorme zona situada al sur del desierto del Sahara que atraviesa el continente de este a oeste, así como su zona de influencia, son el escenario de nuevos conflictos que protagonizan nuevos actores bélicos. Leer más

Vuelo ciego

Redes Cristianas

Estamos en un vuelo ciego: ¿hacia dónde vamos?
Quien leyó mis dos artículos anteriores “El funesto imperio mundial de las corporaciones” y “Una gobernanza global de la peor especie: la de los mercaderes” habrá seguramente concluido que en esta nave espacial-Tierra sus pasajeros viajan en condiciones totalmente diferentes. Un pequeño grupo de super-ricos han ocupado la primera clase con un lujo escandaloso; otros afortunados viajan en clase económica y son razonablemente servidos de comida y bebida.

El resto de la humanidad, y son millones, viaja junto a los equipaje con un frio de muchos grados bajo cero, medio muertos de hambre, de sed y de desesperación. Golpean las paredes de los de arriba gritando: “o repartimos lo que tenemos en esta única nave espacial o en cierto momento se acabará el combustible y, poco importan las clases, moriremos todos”. ¿Pero quién los escuchará? Duermen impasibles después de un copioso yantar. Leer más

El nuevo cardenal español Dn. Fernando Sebastián

José Ignacio Calleja

Religión Digital: D. Fernando ha representado un pensamiento teológico y pastoral de primer nivel en el episcopado español. Es sólido y plenamente actual

–          Cuando concreta su teología dogmática, social y moral, es tan firme que cae en la cerrazón pura y dura

–         Se apunta al valor de otra etapa

 

(José I. Calleja).- Todos callamos y no hay medida más sana para el psiquismo. ¿Para el alma? No tanto. Yo, si él, Fernando Sebastián, está contento, lo respeto. Me parece que es mayor para volver al primer plano de la vida eclesial. Nos cuesta irnos, y si nos tientan, más. Lo llaman servicio. No estoy seguro. Me hace pensar sobre qué espera Roma de la Iglesia española, y nosotros qué hemos de esperar de ella. Leer más

¿Cardenales?

Redacción de Atrio

Ante la noticia de ayer, Eduardo De la Serna, sacerdote argentino en la opción por los pobres, escribe en Tiempo este comentario. Efectivamente, Francisco se muestra una vez más seguidor de “tradiciones mundanas“, para usar su vocabulario. Pero ha sido a los chilenos a quienes más ha ofendido que se añada ese título de “Príncipe o Bisagra de la Iglesia” a un a cardenal que fue un claro encubridor en el escandaloso caso Karadima. ¿Y a los españoles el nombramiento de Fernando Sebastián? Leer más

LA OBEDIENCIA AL PAPA, ¿DEBE SER LA MISMA PARA TODOS LOS PAPAS?

José A. Castillo

Fe Adulta

Los católicos estamos asistiendo a un fenómeno nuevo en la Iglesia. Hasta Benedicto XVI, ningún «buen católico» debía poner en duda la sumisión incondicional al papa. Hasta entonces, se mantenía firme la convicción tradicional, que estaba vigente desde el papado de Gregorio VII (s. XI): «Obedecer a Dios significa obedecer a la Iglesia, y esto, a su vez, significa obedecer al papa y viceversa» (J. Daniélou, H. Küng).

Esta idea quedó difuminada y se tambaleó sobre todo en las últimas décadas del s. XVIII con los planteamientos de la Ilustración, la Revolución y la modernidad. Por eso, con la eclesiología ultramontana que se desarrolla entre los años 30 y 70 del s. XIX, se prepararon los ambientes católicos para aceptar sin condiciones las afirmaciones tajantes del Vaticano I, que se mantuvieron firmes hasta el pontificado de Pío XII. Leer más

2º Domingo t.O.,CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER, Enrique Martínez Lozano

CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Jn 1, 29-34

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un «cristiano», que «ha visto» y «da testimonio» de que Jesús es «el Hijo de Dios».

Sabemos que «ver» y «dar testimonio» constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que «ha visto» y, por ello mismo, puede «dar testimonio».

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: «Nosotros hemos visto y damos testimonio» (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que «ha visto» Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la «paloma».

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, «Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre«.

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona «transparente» –no «perfecta», sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, «ver» el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia «capacidad de ver», es decir un «saber mirar», que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos «divino». Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una «fotocopia» de lo real, sino únicamente su «interpretación», completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del «ojo de la carne», el «ojo de la razón» y el «ojo del espíritu» («ojo de la contemplación» o «tercer ojo»). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al «ojo de la carne» –en una especie de positivismo cientificista- y también al «ojo de la razón». Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, «es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo».

Necesitamos recuperar el «tercer ojo». O dicho de otro modo: además de la «inteligencia operativa», es urgente cultivar el desarrollo de la «inteligencia espiritual». Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta «¿quién soy yo?».

Solo la «inteligencia espiritual» –el «tercer ojo» de los clásicos- nos capacita para «ver» la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos «dar testimonio».

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos «ver» de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

2. IGANDEA URTEAN ZEHAR (A)-2º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO, José A. Pagola

ESPIRITUAREN SUAZ- CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

José Antonio Pagola. lagogalilea@hotmail.com
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Juan 1, 29-34

ECLESALIA, 15/01/14.- Lehen kristau-elkarteak ardura handia izan zuten Joanen eta Jesusen bataioak bereizteko: Joanek Jordan ibaiko uretan murgiltzen zuen jendea; Jesusek, bere bataioaz, bere Espiritua ematen zuen, bere jarraitzaileen bihotza garbitu, berritu eta eraldatzeko. Jesusen Espiritu hori gabe, Eliza itzali egingo litzateke eta agortu.

Jesusen Espirituak bakarrik egin dezake egiazkoago gaur egungo kristautasuna. Espiritu horrek bakarrik gida gaitzake geure zinezko nortasuna berreskuratzera, Ebanjeliotik behin eta berriz desbideratzen gaituzten bideak alde batera utzirik. Espiritu horrek bakarrik ematen ahal dizkigu argia eta adorea, gaur egun Elizak beharrezkoa duen berrikuntzari ekiteko.

Frantzisko aita santuak ondo asko daki, etapa ebanjelizatzaile berri bat abian jartzeko oztoporik handiena, erdipurdiko espiritualitatea dela. Biribil-biribil mintzo da. Bere indar guztiaz arnastu nahi du etapa hau: «kartsuagoa, alaiagoa, bihotz-zabalagoa, ausartagoa, maitasunez beteagoa azkeneraino, eta bizitza kutsagarriagokoa». Dena, alabaina, alferrik izango da, «Espirituaren suak bihotza sutzen ez badu».

Horregatik nahi ditu gaurko Elizarako «Espirituaz ebanjelizatzen dutenak», haren ekintzari irekitzen zaizkionak, Jesusen Espiritu Santu horrengan aurkitzen dutenak «adorea, Ebanjelioaren egia hots egiteko ausardiaz, ozenki, beti eta nonahi, baita haize kontra ere».

Aita Santuak gaur egungo Elizan eragin nahi duen berrikuntza ezinezkoa da baldin eta «espiritualitate sakon baten falta ezkortasun, fatalismo eta konfiantzarik ez bilakatzen bada», edota pentsatzera eramaten bagaitu «ezin dela ezer aldatu» eta, ondorioz, «alferrik dela ahalegintzea», edota erabat amore ematen badugu, «pozgabetasun kroniko batek edota arima lehortzen duen apatiak mendean harturik».

Frantziskok ohartarazten digu «batzuetan gogo-berotasuna galtzen dugula, ahazten dugunean Ebanjelioak pertsonaren premia sakonenei erantzuten diela». Halere, gauzak ez direla horrela. Indartsu adierazi du Frantziskok bere konbentzimendua: «ez dira gauza bera Jesus ezagutu izana eta ezagutu ez izana; ez dira gauza bera hura bidelagun izatea eta noraezean ibiltzea; ez dira gauza bera hari entzun ahal izatea eta haren Hitza ez ezagutzea… ez dira gauza bera mundua haren Ebanjelioaz eraiki nahi izatea eta giza arrazoi hutsez eraiki nahi izatea».

Jesusekin izandako norberaren esperientziaz aurkitu behar dugu hau guztia. Bestela, aurkitu ez duenari, «laster faltako zaizkio adorea eta suharra; eta, jakina, konbentzitua, gogo-berotua, segurtatua, maitemindua ez dagoen pertsonak ezin konbentzitu ahalko du inor». Ez ote da hau oztoporik nagusienetako bat Frantzisko aita santuak nahi duen berrikuntza eragiteko?

 

2 Tiempo ordinario (A) Juan 1, 29-34

CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

ECLESALIA, 15/01/14.- Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue.

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.

El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.

Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.

La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.

Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).