ECOLOGISMO DE FRONTERA

Publicado en Eclesalia,
Fe Adulta

Leí hace algún tiempo a González Faus una reflexión sobre que los obispos del s. XXI deberán ser hombres de frontera y no hombres de barreras. Esta es la actitud que ha tomado el obispo de Roma, a la sazón papa Francisco, al escribir su primera encíclica centrada en el problema ecológico que le hemos creado a nuestro planeta y sobre el cuidado de lo que él llama «la casa común». Leer más

EL MIEDO A CAMBIAR ARRUINA CUALQUIER «BUENA NOTICIA», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mc 6, 1-6

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que Dios espera de ellos. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandiosos y más que suficiente para dar sentido a una vida.

Con este texto concluye Mc una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo de las tesis de los dirigentes, no vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando, pero al pueblo oprimido, que quiere liberarse. Jesús ve que no hay nada que hacer con la institución, y en adelante se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, pero relatos paralelos se pueden encontrar en Jn y en otros lugares de los mismos sinópticos.

Mc no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su «pueblo». Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal, que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían corrido, jugado y trabajado con él, sabían perfectamente quién era. Lo encuadraban en una familia, (requisito indispensable en aquella época para ser alguien). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario. ¿De dónde saca todo eso?

Jesús vuelve a su pueblo (el texto griego y la Vulgata dicen «patria»). Ni nombra al pueblo ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores fijos. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto del sábado. Es Jesús el que, por su cuenta y riesgo, se pone a enseñarles sin que se lo pidan. Mc ya había advertido de la relación de Jesús con sus parientes. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. Quedan impresionados, como ya sucediera en la sinagoga de Cafarnaúm.

El texto griego no dice: «desconfiaban de él», sino, «se escandalizaban» (exkandalizonto), que indica una postura mucho más radical. No se dignan pronunciar su nombre, se refieren a él despectivamente con el pronombre «ese». Le dicen que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona. Es curioso que Mt corrige el texto de Mc y dice: «hijo del carpintero». Pero Lc va más lejos y dice: «el hijo de José». Estos evangelistas, que copian de Mc, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Mc, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación…

Fijémonos bien. Ese conocimiento, yo diría excesivo, de Jesús, es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro. Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas. La religión judía estaba demasiado segura de sí misma como para admitir novedades. Ya se encargaban los jefes religiosos de adoctrinar al pueblo para que no admitiera nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Precisamente por eso, la sabiduría que manifiesta tiene que venir de Dios (profeta) o del diablo (magia). Al hacer Jesús alusión al rechazo del «profeta», está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. Al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo. La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús fue realmente muy fuerte.

Nos queda por aclarar un apunte muy interesante en el relato. Su desconfianza impide que Jesús pueda hacer allí milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: «tu fe te ha curado»; y a Jairo: «basta que tengas fe». La fe o la falta de fe, son determinantes a la hora de producirse un milagro. ¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios y que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el «hacer» como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad disponible en cualquier momento, ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

El relato de hoy nos está hablando de la humanidad plena de Jesús. Nos está confirmando que es uno de tantos, sin privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta envidado de Dios. También para nosotros sigue siendo difícil descubrir a Dios en aquel, que simplemente se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: «no nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?» Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo niegan. Como no responde a las expectativas, no existe. Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos podemos hacer sobre él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, nos engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada, será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas.

El profeta no es el que adivina el porvenir, sino el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras. El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección total a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista, un indignado. Lo más «antiprofético» y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

A pesar del rechazo de «muchos» queda siempre la esperanza de que «pocos» sigan abiertos a la enseñanza y a la acción de Jesús. El gran espejismo en que hemos caído en el pasado, fue pensar que «todos» tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo, que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta nuestra historia reciente, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por «decreto». La opción por el evangelio seguirá siendo cuestión de minorías.

 

Meditación-contemplación

El conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.
Todo lo aprendido sobre él, se convierte en prejuicio,
que nos impide abrirnos a su significado profundo.
Lo que es y significa Jesús, no se puede meter en doctrinas.
……………

También las «ideas» que tenemos sobre Dios,
impiden la apertura a lo que Él es en realidad.
Toda idea sobre Dios es un ídolo, que nos impide acercarnos a Él.
Si quieres conocer a Dios, abandona toda «idea» sobre Él.
……………

A Dios sólo se llega viviendo su presencia en nosotros.
Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.
El conocimiento de Dios me ha venido de fuera.
La experiencia de Dios me llegará de dentro.
…………………

Fray Marcos

 

Urteko 14. igandea – 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6), José A. Pagola

Urteko 14. igandea – B (Markos 6,1-6)
Evangelio del 05/07/15
por Coordinador Grupos de Jesús

EZ GUTXIETSI PROFETA – NO DESPRECIAL AL PROFETA

Kontakizun honek ez du harritzeko indar-faltarik. Jesus preseski bere herrian gutxietsi zuten, beste inork ez bezala ezagutzen zutela uste zutenen artean. Nazaretera iritsi da Jesus, ikasleak lagun dituela, eta inor ez zaio bidera atera; beste toki batzuetan gertatzen den ez bezala da han. Herriko gaixorik ere ez diote aurkeztu senda dezan.

Hara joan denean, harridura baizik ez du sortu. Ez dakite norengandik duen hain jakintsuki agertzen ari den mezu hura. Ez diote antzeman nondik duen haren eskuak duen sendatzeko indar hura ere. Dakiten gauza bakarra, Jesus herriko familia batean jaioa den langile bat dela. Gainerako guztia «eskandalagarri gertatu zaie».

«Gutxietsia» ikusi du Jesusek bere burua: bereek ez dute aitortu Jainkoaren mezuaren eta salbazioaren emailetzat. Beren ideia egina dute beren auzoko Jesusez eta gogor egin diote Jesusek bere baitan duen misterioari irekitzeari. Hargatik, segur aski guztiek ezagutzen duten esaera hau gogorarazi die Jesusek: «Profeta bat ez dute gutxiesten bere herrian baizik, bere ahaideen eta bere etxean baizik».

Aldi berean, Jesus «harritu egin da haien fede-faltaz». Lehenengo aldiz bizi izan du talde oso baten ukoa, ez buruzagi erlijiosoena, baizik bere jaioterri osoarena. Ez zuen espero horrelakorik bereengandik. Gainera, haien sinesgabetasunak blokeatu egin du Jesusek duen sendatzeko ahalbidea bera ere: «ezin izan zuen han miraririk egin; bakar-bakarrik, eskuak gainean ezarri eta gaixo gutxi batzuk sendatu zituen».

Markosek ez dakar pasadizo hau bere irakurleen jakin-mina asetzeko. Aitzitik, honetaz jarri nahi izan ditu kristau-elkarteak jakinaren gainean: Jesusi uko egin, hobekien ezagutzen dutela uste dutenek egin diezaioketela uko: aldez aurretiko beren ideietan hesitzen direnek, Jesusen mezuaren berritasunari eta Jesusen beraren misterioari irekitzeko gai ez direlarik.

  • Nolako harrera ari gara egiten Jesusi «harenak» garela uste dugunok?
  • Adindun egina den mundu honetan, ez ote da gure fedea haur-mailan gelditu, ez ote da axalekoa?
  • Ez ote gara bizi axolagabeegi Jesusen mezuaren berritasun iraultzailearen aurrean?
  • Ez ote da arraroa haren indar eraldatzaileaz dugun fede-falta?
  • Ez ote gara bizi haren Espiritua itzaltzeko eta haren Profezia gutxiesteko arriskuan?
  • Horixe da Tartsoko Pauloren kezka: «Ez ezazue itzali Espiritua, ez gutxietsi Profezi dohaina. Aztertu guztia eta gorde on dena bakarrik» (1 Tes 5,19-21). Ez ote dugu horrelako zerbaiten beharra geure egunotako kristauok?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)
Evangelio del 05/07/15
por Coordinador Grupos de Jesús

NO DESPRECIAR AL PROFETA

El relato no deja de ser sorprendente. Jesús fue rechazado precisamente en su propio pueblo, entre aquellos que creían conocerlo mejor que nadie. Llega a Nazaret, acompañado de sus discípulos, y nadie sale a su encuentro, como sucede a veces en otros lugares. Tampoco lo presentan a los enfermos de la aldea para que los cure.

Su presencia solo despierta en ellos asombro. No saben quién le ha podido enseñar un mensaje tan lleno de sabiduría. Tampoco se explican de dónde proviene la fuerza curadora de sus manos. Lo único que saben es que Jesús es un trabajador nacido en una familia de su aldea. Todo lo demás «les resulta escandaloso».

Jesús se siente «despreciado»: los suyos no le aceptan como portador del mensaje y de la salvación de Dios. Se han hecho una idea de su vecino Jesús y se resisten a abrirse al misterio que se encierra en su persona. Jesús les recuerda un refrán que, probablemente, conocen todos: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

Al mismo tiempo, Jesús «se extraña de su falta de fe». Es la primera vez que experimenta un rechazo colectivo, no de los dirigentes religiosos, sino de todo su pueblo. No se esperaba esto de los suyos. Su incredulidad llega incluso a bloquear su capacidad de curar: «no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó a algunos enfermos».

Marcos no narra este episodio para satisfacer la curiosidad de sus lectores, sino para advertir a las comunidades cristianas que Jesús puede ser rechazado precisamente por quienes creen conocerlo mejor: los que se encierran en sus ideas preconcebidas sin abrirse ni a la novedad de su mensaje ni al misterio de su persona.

  • ¿Cómo estamos acogiendo a Jesús los que nos creemos «suyos»?
  • En medio de un mundo que se ha hecho adulto, ¿no es nuestra fe demasiado infantil y superficial?
  • ¿No vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje?
  • ¿No es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora?
  • ¿No tenemos el riesgo de apagar su Espíritu y despreciar su Profecía?
  • Esta era la preocupación de Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos solo con lo bueno» (1 Tes 5,19-21). ¿No necesitamos algo de esto los cristianos de nuestros días?

José Antonio Pagola

 

Aplastar a Grecia para acabar con toda disidencia

JUAN TORRES
PÚBLICO

Después de contemplar lo que viene ocurriendo entre Grecia y la Troika en los últimos años, y especialmente desde que gobierna Syriza, hay que ser muy ingenuo para pensar que el desacuerdo actual es una fase de un debate económico honesto, es decir, de una negociación sobre la conveniencia de tomar unas medidas u otras para mejorar la situación de la economía griega y de la europea en general. Leer más

EL PAPA COMO CONTRAPODER: LA CONVERSIÓN ECOLÓGICA

Fe Adulta
Lluís Bassets-El País

Pocas encíclicas papales suelen tener efectos inmediatos y de tipo político. Como textos doctrinales que son, en los que el obispo de Roma se dirige a todos los fieles, las encíclicas influyen en el rumbo espiritual de la Iglesia y naturalmente en su relación con el mundo. Sobre todo si se trata de encíclicas de contenido político o social, como fueron la Rerum Novarum, de Leon XIII, de 1891, que estableció la doctrina social de la iglesia ante los movimientos obreros, o la Pacem in Terris de Juan XXIII, de 1963, que fue la respuesta a la guerra fría. Leer más

Juan Masiá, sj.: «Parió la montaña, nació un ratoncillo»: el borrador del Sínodo, “más de los mismo”

Religión Digital

A quienes estudiaron el Bachillerato de Humanidades clásicas les suena en latín la rima lapidaria: Parturiunt montes, nascetur ridiculus mus: Están de parto los montes, dan a luz un ridículo ratoncillo (De arte poetica,139).

Pongamos la frase horaciana como título al borrador (Instrumentum laboris) del próximo Sínodo de los obispos (Octubre, 2015), el documento de trabajo publicado el pasado 23 de Junio; recoge (supuestamente) las propuestas de la iglesia universal sobre el Documento Final del Sínode de 2014, convertido por deseo del Papa Francisco en material de debate (Lineamenta) para el próximo Sínodo de 2015. Leer más

La encíclica del papa Francisco sobre el medio ambiente que desata la ira de los conservadores en EE.UU.

En la encíclica el pontífice hace un llamado a proteger a nuestro planeta de la degradación medioambiental. “Espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero no tomo mis políticas económicas de mis obispos, cardenales o de mi Papa”. Con estas palabras, el candidato republicano a la Casa Blanca Jeb Bush -católico y hermano del expresidente estadounidense George W. Bush- se refirió hace unos días a la encíclica sobre el medio ambiente y el cambio climático escrita por el papa Francisco y que fue dada a conocer este jueves por el Vaticano

Carta al papa Francisco

José Antonio Pagola

Adital

«Casi sin darnos cuenta, estás introduciendo en el mundo la Buena Noticia de Jesús. Estás creando en la Iglesia un clima nuevo, más evangélico y más humano. Nos estás aportando el Espíritu de Cristo…”.

Querido hermano Francisco:

Desde que fuiste elegido para ser la humilde «Roca” sobre la que Jesús quiere seguir construyendo hoy su Iglesia, he seguido con atención tus palabras. Ahora, acabo de llegar de Roma, donde te he podido ver abrazando a los niños, bendiciendo a enfermos y desvalidos y saludando a la muchedumbre. Leer más

¿PERDER LA VIDA?, Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mc 5, 21-43

Marcos construye un relato doble –conocido como la curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo-, tan peculiar como cargado de simbolismo. Para empezar, es interesante destacar los elementos que ambos episodios tienen en común: se trata de dos mujeres, enfermas de gravedad –una terminará en la muerte-, que se curan al contacto con Jesús. Pero quizás lo más significativo es que, en ambos casos, se repite una cifra: doce. Un dato innecesario que invita al lector a leer el relato en clave simbólica.

En efecto, el número doce es símbolo del pueblo judío. Ambas mujeres representan a Israel, que no encuentra solución en sus instituciones ni en su religión –la sinagoga-, sino que se va extinguiendo, después de haber hecho lo indecible –«se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor»-, hasta morir.

Más allá de la narración, el lector puede reconocerse a sí mismo como la mujer que siente estar perdiendo su vida, o como la niña que escucha la palabra que le dice: «levántate«. Y, a esa luz, es invitado a preguntarse: ¿por dónde se me escapa la vida?, ¿qué es lo que me tiene postrado?, ¿estoy decidido a levantarme, a vivir y favorecer la vida? Y es muy probable que, creyente o no, en la respuesta a esos interrogantes, se reconozca a sí mismo en la persona, la vida y el mensaje del Maestro de Nazaret.

En los relatos recogidos en este capítulo, tal como ha llegado hasta nosotros, aparece Jesús como liberador de aquello que más nos asusta y esclaviza: la opresión –interna y externa-, la enfermedad, la marginación y la muerte. Realidades todas ellas que quedan iluminadas desde la Vida que se manifiesta en Jesús.

La identificación con el yo nos obliga a mirar toda la realidad desde una perspectiva radicalmente limitada y, por ello, equivocada. Desde ella, será bueno lo que agrade al yo, y malo lo que lo frustre. De hecho, el primer movimiento del yo ante cualquier acontecimiento o situación es el de catalogarlo como «agradable» o «desagradable», «positivo» o «negativo». A partir de esas etiquetas, actuará aferrándose a aquello que le reporta bienestar y, en último término, pervivencia.

Ocurre, sin embargo, que todo aquello a lo que el yo puede aferrarse es impermanente, como él mismo. Todo pasa; y mal se puede poner la seguridad y estabilidad en lo que es pasajero. Aunque siempre le queda un último asidero: la creencia de que, después de la muerte, será un yo perdurable.

La verdad, sin embargo, parece que va en otra dirección. El problema básico que nos lleva a la confusión y al sufrimiento, y que nos hace debatirnos entre lo que llamamos «bueno» o «malo», es la ignorancia: no sabemos quiénes somos realmente, desconocemos nuestra verdadera identidad.

A causa de ella, estamos habitualmente como hipnotizados, dando por ciertas y definitivas las conclusiones a las que cree llegar nuestra mente. La sabiduría espiritual –también la del evangelio- viene a decirnos que, a nivel profundo, no somos ese «yo» con el que hemos estado identificados, sino el «Yo Soy» universal que se expresa en tantas formas. Eso que realmente somos no muere jamás; lo único que acaba es la forma histórica que lo expresaba. Tiene razón el texto evangélico cuando dice: «La niña no ha muerto; está dormida».

Por eso, la pregunta crucial no es: ¿qué ocurre después de la muerte?, sino: ¿quiénes somos? Hasta que no lo respondamos adecuadamente, no saldremos del dilema que plantea Fidel Delgado: «Tenemos una buena noticia: nadie muere; y una mala: nadie se lo cree«.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

“La controversia sobre el celibato” después del Vaticano II (11). (Comentarios a “Sacerdotalis Caelibatus”, de Pablo VI)

Rufo González

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Necesitamos “una luz venida del cielo” (He 9, 3) para desatar celibato y ministerio
El mundo de hoy y el celibato sacerdotal
El n. 46 de “Sacerdotalis Caelibatus” inflama la mente clerical al poner el celibato entre “los más altos y sagrados valores del alma” y una de “las más sublimes conquistas del espíritu”. La castidad es una virtud moral, un valor humano común. Toda persona siente en su conciencia la llamada a ser “casta”: a tener señorío sobre su dimensión sexual. La moral más tradicional habla de castidad del soltero y del casado. Se es casto siendo dueño de la pulsiónsexual, usándola racionalmente, para los fines adecuados y de modo humano, según el “leal saber y entender”, según la conciencia personal. Leer más