«EL SERVICIO TOTAL ES LA MÁXIMA GLORIA» de Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mc 10, 32-45

Sigue el camino hacia Jerusalén. Los evangelios no son crónicas periodísticas sino teología muy elaborada en las primeras comunidades. Al anunciar Mc tres veces la pasión, está mostrando la rotundidad del mensaje. Al proponer después de cada anuncio, la radical oposición de los discípulos, está advirtiendo de la dificultad del verdadero seguimiento. A continuación del primer anuncio, Pedro dice a Jesús que, de pasión y muerte, ni hablar. Después de la segunda, lo discípulos siguen discutiendo quién era el más importante. Hoy al tercer anuncio de la pasión, los dos hermanos pretenden sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda. No cabe mayor contraste entre la actitud de Jesús y la de sus seguidores.

Los dos hermanos, que se acercan a Jesús, le llaman pomposamente maestro, pero van a decirle lo que tiene que hacer, no a aprender lo que él les está enseñando. “Uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Parece que Santiago y Juan están pidiendo los primeros puestos en el reino terreno que Jesús va a instaurar en Jerusalén. Pero aunque estuvieran pensando en el reino escatológico, más allá de este mundo, se estaría manifestando el mismo afán de superioridad. Ya decíamos el domingo pasado que la actitud egoísta es la misma, se pretendan seguridades para el más acá o para el más allá.

No sabéis lo que pedís. Se refleja una diferencia abismal de criterios. Jesús y los discípulos están en distinta longitud de onda. Con esta frase, Mc puede estar proponiendo una sutil proyección sobre el momento mismo de la muerte de Jesús. Si tenemos en cuenta que, para Jesús, el lugar de la gloria es la cruz, le estarían pidiendo que vayan con él a la muerte. Curiosamente, todos los evangelios nos dicen que, efectivamente, había en aquel momento uno a su derecha y otro a su izquierda, pero eran malhechores comunes.

Los otros diez se indignaron. Esta reacción no es más que la señal de que todos estaban en la misma dinámica. El resto de los discípulos tenían las mismas ambiciones que los dos hermanos, pero eran cobardes y no tenían la valentía de manifestarlo. También en la protesta por lo que hace otro podemos manifestar el deseo de hacer lo mismo. La inmensa mayoría de los cristianos seguimos intentando utilizar a Dios en nuestro provecho.

Los jefes de los pueblos lo tiranizan… Es impresionante el resumen que hace de la manera de utilizar el poder en el mundo.Fíjate bien, Jesús no critica ni la democracia ni la monarquía; critica a las personas que ejercen el poder oprimiendo. Jesús da por supuesto que en el ámbito civil, lo normal, es ejercer el poder tiranizando y oprimiendo a los demás. Pero ¡qué distinto lo que propone a sus seguidores! «Nada de eso» sino todo lo contrario: Servir. Una lección que los cristianos olvidaron demasiado pronto.

El Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida… Ahora no son los jefes de los sacerdotes los que le quitan la vida, sino que es él el que la entrega libremente. Este cambio de perspectiva en muy importante para el sentido general. Al decir que da su vida, el texto griego no dice “zoe” ni “bios” sino “psyche”, que no significa exactamente vida, sino el fundamento específicamente humano de la vida, lo psicológico. Dar su vida, no significaría entregar su vida biológica muriendo, sino poner su humanidad al servicio de los demás mientras vive. Sería dar su vida, sirviendo.

En la homilía de hoy, se criticará a la Iglesia porque no sigue el evangelio huyendo de todo poder y sirviendo a todos los hombres. Hay que tener mucho cuidado. Los entes de razón no son sujetos de reacciones humanas. Jesús critica a la persona concreta que actúa desde el poder para oprimir a los demás. Somos las personas con nombre y apellidos las que seguimos actuando sin tener en cuenta el evangelio. El mismo Ratzinger, en un libro (el nuevo pueblo de Dios) que se publicó en español en 1972, se pregunta, “cómo los sucesotes de los apóstoles, en tiempo de Constantino, llegaron a considerar como correcto lo contrario de lo que les había dicho Jesús a los discípulos”.

El evangelio nos dice, por activa y por pasiva, que el cristiano es un ser para los demás. Si no entendemos esto, no hemos comprendido el a b c del cristianismo. Pero este mensaje es también la x, porque es la incógnita más difícil de despejar, la realidad más camuflada bajo la ideología justificadora que siempre segrega toda religión institucionalizada. Somos cristianos en la medida que nos damos a los demás. Dejamos de serlo en la medida que nos aprovechamos o queremos dominarlos de cualquier forma.

Este principio básico del cristianismo no ha venido de ningún mundo galáctico. Ha llegado hasta nosotros gracias a un ser humano en todo semejante a nosotros. Lo descubrió en lo más hondo de su ser. Al comprender lo que Dios era en él, al percibirlo como don total, Jesús hizo el más profundo descubrimiento de su vida. Entendió que la grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da. Jesús descubrió que ese era el fin supremo del hombre, darse, entregarse totalmente, definiti­vamente.

En ese don total, encuentra el hombre su plena realización. Cuando descubre que la base de su ser es el mismo Dios, descubre la necesidad de superar el apego al falso yo. El ego es siempre falso porque es una creación mental, por eso necesita estar siempre afianzándose. Liberado del “ego”, se encuentra con la verdadera realidad que es. En ese momento, su ser se expande y se identifica con el Ser absoluto. El ser humano se hace uno con Él. Esa es la meta, no hay más. Ni Dios puede añadir nada a ese ser, porque es ya una misma cosa en él.

Mientras no haga este descubrimiento, estaré en la dinámica del joven rico, de los dos hermanos y de los demás apóstoles: buscaré más riquezas, el puesto mejor y el dominio de los demás. Si acepto darme a los demás por programa­ción, será a regañadientes y espero una recompensa, aunque sea espiritual. Estoy buscando potenciar mi “ego”. Tampoco se trata de sufrir, de humillarse ante Dios o ante los demás, esperando que después, Dios me lo pagar con creces. La máxima gloria será vivir y desvivirse en beneficio de los demás.

No entender esta verdad, nos ha llevado a exigir de Dios, incluso para Jesús, una gloria. La necesidad de un lenguaje sobre Jesús glorificado, es fruto de esta incomprensión. El 90% del lenguaje sobre Jesús, está hecho desde esta perspectiva. En el evangelio hay datos más que suficientes para descubrir esta falsedad, pero nos agarramos a un clavo ardiendo para no aceptar la verdad. El hombre ha tenido siempre miedo a la oscuridad. Lo sorprendente es que también tiene pánico a la luz, cuando ilumina demasiado.

Los evangelios están escritos desde una visión mítica. En el relato no se cuestiona que Jesús se sentará en su trono ni que habrá alguien a su derecha y a su izquierda. A continuación nos dice que la gloria consiste en el servicio, en el amor manifestado. Pero el amor es lo contrario al egoísmo y lleva consigo la desaparición del ego. Superado el individualismo, solo queda la unidad. Los honores y la gloria solo son posibles mientras persista el ego. Superado, todo es UNO. Ya no hay un sujeto que pueda recibir gloria ni otro que la da.

El objetivo de Jesús fue entregarse, deshacerse en beneficio de los demás. Así,llegó a su plenitud, como ser humano. Su consumación fue idéntica realidad a su consumición en favor de los demás. No tiene sentido que lo hiciera esperando una recompensa de gloria. La superación de yo y la identificación con Dios es ya su máxima gloria.No hay, no puede haber más. Ya no hay un Dios que glorifique ni un Jesús glorificado.

 

Meditación-contemplación

Opresión, tiranía, sometimiento, esclavitud, servidumbre.
Entre vosotros nada de eso, dice Jesús.
La realidad es tozuda y nos está diciendo que
todo eso lo encontramos en cada uno de nosotros.
………………

Si la esencia del cristiano es el amor, la entrega y el servicio
y eso no lo cumplimos,
¿Qué hemos hecho del cristianismo de Jesús?
¿No nos estamos engañando con una moral tranquilizante?
…………………

La larga lucho que tuvo Jesús con sus discípulos
para que superaran su mentalidad egoísta,
es la misma que tenemos que llevar a cabo
cada uno de nosotros contra nosotros mismos.
…………………

 

Fray Marcos

 

 

¿CONDENÓ JESÚS EL DIVORCIO?

Eduardo Arens

La idea predominante del matrimonio en la Iglesia es producto de una imagen de Jesús como legislador y una consecuente lectura jurídica de los pasajes bíblicos que tratan el asunto, diferente de aquella que la exégesis informada expone.

Es común asumir que, porque Jesús condenó el divorcio antaño, lo haría también hoy. Esa idea es un «anacronismo etnocéntrico», por eso Bruce Malina pregunta: «¿Significan lo mismo el matrimonio y el divorcio cuando Jesús habla de ellos y cuando nosotros hablamos de ellos?». Leer más

Una propuesta pastoral para el Sínodo

José Mª Castillo, Atrio

Cuando faltan solo unas horas para el comienzo del Sínodo de la Familia, crecen y suben de tono, en la Iglesia, las voces de alarma que hablan de “cisma blanco”, “cisma rojo” (Jorge Costadoat). O de quienes, como es el caso del cardenal Kasper, llegan a insinuar que estamos entrando en un “cisma práctico”, o sea (si me he enterado bien) un cisma que nadie formula en teoría, pero que en la práctica diaria de la vida funciona dividiendo a los católicos y fracturando a la Iglesia. Leer más

Urteko 29. igandea – Domingo 29 T.O., José A. Pagola

Evangelio del 18/oct/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

B (Markos 10,35-45)

GURE ARTEAN HORRELAKORIK EZ -NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS

Jerusalemera bidean, ikasleei ohartaraziz doa Jesus ezen dolorezko zoria izango duela, bai berak, bai berari jarraitzen dion orok. Sinestezina da bidean lagun dituenak zein oharkabe bizi diren. Gauza bera gertatzen da gaur egun ere.

Santiago eta Joan, Zebedeoren semeak, taldetik apartatu eta Jesusengana doaz, biak bakarrik. Ez dute besteen beharrik. Lekurik hoberenak nahi dituzte eta lehenengo izan Jesusen egitasmoan, berek beren erara irudikatu duten hartan. Haien eskaria ez da erregua, baizik handinahi zoroa: «Eskatzera gatozkizuna eman diezaguzun nahi dugu». Jesusek gainerakoen gain ezar ditzan gura dute.

Jesus harritu egin dela ematen du. «Ez dakizue zer ari zareten eskatzen». Ez diote zipitzik ere ulertu. Patxada handiaz gonbidatu ditu Jesusek pentsatzera, ea gai diren bere doloretako zoria bera partekatzeko. Bi haien ateraldiaz konturatu direnean, biziki haserretu dira beste hamar ikasleak Santiagoren eta Joanen aurka. Berek ere amets bera dute. Handinahi horrek banatu egin ditu eta elkarren kontra jarri. Ohorearen eta probetxuzko protagonismoaren bila ibiltzeak hautsi egiten du beti kristau-elkartearen batasuna. Baita gaur egun ere. Zer hori baino okerragorik, Jesusen eta jendearen askatasunaren zerbitzari izateko hark dakarren egitasmoaren kontra?

Hain larria da gertatua, non Jesusek «bildu egin baititu» garbi uzteko zer jarrera izan behar duten bere jarraitzaileek beti. Ondo baino hobeto dakite nola jokatzen duten erromatarrek, «herrietako buruzagiek» eta lurreko «handikiek»: jendearen tirano izan ohi dira, menderatzaile eta beren boterea sentiarazi behar izaten dute. Hona bada: «zuen artean horrelakorik ez».

Jesusen jarraitzaileen artean dena bestelako izan behar du: «handi izan nahi duena izan bedi zerbitzari, eta lehenengo izan nahi duena izan bedi guztien esklabo». Handitasuna ez da neurtzen duzun boterearen arabera, gizartean duzun mailaren arabera, erakusteko dituzun tituluen arabera. Jesusen Elizan horrelako gauzen bila dabilena ez da handiago bihurtzen, baizik ezdeusago eta barregarriago. Izatez, oztopo da hori guztia Gurutziltzatuak nahi izan duen biziera sustatu nahi denean. Halakoari oinarrizko ezaugarri bat falta zaio Jesusen jarraitzaile izateko.

Elizan guztiok behar dugu izan zerbitzari. Kristau-elkartean kokatu behar dugu geure burua, ez goitik beherantz, nagusitasunetik, boteretik edo probetxuzko protagonismotik begira, baizik behetik, prestasunetik, zerbitzutik eta besteei nola lagunduko bilatzetik begira. Jesus dugu geure eredu. Hura ez zen bizi sekula «zerbitzatua izateko, baizik zerbitzari izateko». Horixe da hura zer izan zen hobekienik eta miresgarrienik adierazten duen laburpena: zerbitzari izan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

29 Tiempo Ordinario – B (Marcos 10,35-45)

NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS

Camino de Jerusalén, Jesús va advirtiendo a sus discípulos del destino doloroso que le espera a él y a los que sigan sus pasos. La inconsciencia de quienes lo acompañan es increíble. Todavía hoy se sigue repitiendo.

Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús, tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición: «Queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

Jesús parece sorprendido. «No sabéis lo que pedís». No le han entendido nada. Con paciencia grande los invita a que se pregunten si son capaces de compartir su destino doloroso. Cuando se enteran de lo que ocurre, los otros diez discípulos se llenan de indignación contra Santiago y Juan. También ellos tienen las mismas aspiraciones. La ambición los divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompen siempre la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús «los reúne» para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar siempre a sus seguidores. Conocen sobradamente cómo actúan los romanos, «jefes de los pueblos» y «grandes» de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, «vosotros nada de eso».

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente: «El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas, en la Iglesia de Jesús, no se hace más grande sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús.

En la Iglesia todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca «para ser servido, sino para servir». Este es el mejor y más admirable resumen de lo que fue él: servicio a todos.

José Antonio Pagola

 

 

 

 

Cáritas Europa reclama a la UE la aprobación de un visado humanitario

Organizaciones de la Iglesia programan vigilias y actos de denuncia por el trabajo decente. El visado humanitario supondría mayor seguridad para los Estados miembros y menor beneficio para redes criminales de contrabando de personas. Cáritas Europa invita a la Unión Europea a redescubrir lo mejor de sí misma con la aprobación de un visado humanitario común. En ese sentido, ha difundido una declaración en la que pide al Consejo de Ministros de Justicia e Interior de la Unión Europea, que se reúne hoy y mañana en Bruselas, que incluya el visado humanitario en la revisión del Código de Visado de la Unión Europea, que está prevista en la agenda del encuentro.

 

 

MUCHAS GRACIAS, SEÑOR CARDENAL ROUCO

Fe Adulta

Dirigimos este comentario preferentemente a usted, cardenal Rouco Varela, como representante cualificado de la Iglesia Oficial Española durante muchos años. En varios periódicos digitales de fecha de hoy, 1 de octubre, (LAS PROVINCIAS, LA RIOJA, EL COMERCIO), se leen las siguientes palabras: «A Rouco se le atribuye una contrariedad mal disimulada por la elección del Papa argentino en marzo de 2013. El cardenal gallego considera que Bergoglio adolece de falta de conocimientos sólidos en teología», y se informa de otros diez prelados, a los que se une el Señor Rouco, díscolos con el Papa Francisco en temas relacionados con el matrimonio y la familia, y justo en vísperas del Sínodo de la Familia. Leer más

Cisma blanco, cisma rojo

Jorge Costadoat, SJ

Años atrás Juan Bautista Libanio, célebre teólogo brasileño, ya muerto, diagnosticó un cisma blanco en la Iglesia. Dentro de muy poco también puede hacer un cisma rojo.

Libanio tuvo razón: el distanciamiento entre los católicos y la institución eclesiástica es enorme y creciente. ¿Quién tiene la culpa del foso que se ha creado? Es difícil atribuir responsabilidades. La cultura ha cambiado una enormidad. En quinientos años ha dejado de ser teocéntrica para convertirse en antropocéntrica. Leer más

Utopía para tiempos de crisis: lugar de ecuentro de las éticas y las religiones

Juan José Tamayo

Enviado a la página web de Redes Cristianas

La utopía tiende a ser excluida de los diferentes campos del saber y del quehacer humano: de las ciencias y de las letras, de la economía y de la ética, de la filosofía y de la teología, de la política y de las relaciones humanas, del quehacer cotidiano y de la vida social, de las religiones y de los movimientos espirituales. Religiosamente es considerada, una herejía; socialmente, un sueño infundado; científicamente, una transgresión de las leyes de la naturaleza, filosóficamente, una desviación de la racionalidad. Y sin embargo, la utopía es el horizonte hacia el que camina el ser humano, definido por Bloch como “animal utópico” y constituye el motor de la historia. Leer más

«BONDAD, RIQUEZA Y DESPRENDIMIENTO», Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
Fe Adulta

Mc 10, 17-30

Este relato destaca, en primer lugar, por la contundencia de sus afirmaciones.

En la primera de ellas, Jesús hace una afirmación tajante: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios”. Son palabras que a los defensores de la divinidad de Jesús, entendida en sentido estrictamente dogmático, les planteaba una objeción de difícil salida.

Cuando se quiere abordar la cuestión de la divinidad de Jesús –“una persona, dos naturalezas”- desde el modelo mental, se entra irremisiblemente en un galimatías sin salida. Sin embargo, en la visión no-dual, se cae en la cuenta de que se trataba de un pseudoproblema porque, efectivamente, solo Uno es bueno. Todo es Uno, lo Real. Y Eso es Bondad, Verdad y Belleza.

“Lo bueno” –Dios, el Padre, lo Real, la Consciencia…- es la Fuente de donde todo procede y que se manifiesta en las formas que vemos. La bondad, como cualquier otra cualidad, es siempre transpersonal, trasciende a los individuos particulares, aunque todos participen de ella. Cuando esto se olvida, caemos fácilmente en peligrosas idealizaciones. Por todo ello, encuentro profundamente sabia la respuesta de Jesús: solo la Fuente es buena, verdadera, bella…, la misma y única Fuente que constituye nuestro núcleo más profundo.

Y sobre la riqueza la postura es igualmente tajante: “¡Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios!”.

Quizás podamos entender mejor el sentido de esta afirmación si comprendemos lo que significaba “entrar en el Reino”: compartir y vivir el proyecto de Jesús, un proyecto caracterizado por la vivencia de la fraternidad universal.

Así planteado, es evidente que se trata de dos modos de posicionarse radicalmente divergentes: no se puede vivir para el dinero y, al mismo tiempo, para los demás. Por eso, quien vive apegado al dinero no puede tener como prioridad el proyecto de Jesús.

Sin embargo, carece de sentido una lectura moralizante del texto. No se trata de “exigir” un comportamiento determinado para “merecer” la salvación, como creería una religión mercantilista. Frente a ello, el propio Jesús afirma que “para Dios no hay nada imposible”. Si uno vive la pobreza únicamente desde esa motivación, es probable que su corazón esté tan “ocupado” por esa idea de la perfección, como lo está el corazón del rico por el dinero. Y algo de eso se aprecia incluso en las palabras de Pedro, pidiendo alguna “recompensa”.

La sabiduría no va por ahí. El afán de perfección nace del yo (ideal) y gira en torno a él. Pero de lo que se trata es justamente de desegocentrarse, es decir, de dejar de reconocerlo como si fuese nuestra verdadera identidad. Tanto el afán de riquezas como cualquier idea de mérito revelan que giramos aún a su alrededor. Cuando comprendemos quiénes somos, el comportamiento se modifica: el desprendimiento es consecuencia –gozosa- de la comprensión. De ahí que el mismo Jesús proclamara felices a quienes eligen ser pobres, es decir, a quienes se hallan desnudos del yo.

Enrique Martínez Lozano

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