APRENDIENDO A REZAR-José Luis Sicre / QUIEN BUSCA, ENCUENTRA-Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

APRENDIENDO A REZAR-José Luis Sicre / 

Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

El domingo pasado, el evangelio nos animaba a escuchar a Jesús, como María. Hoy nos anima a hablarle a Dios. Ante una persona importante es fácil quedarse sin palabras, no saber qué decir. Mucho más ante Dios. Quizá por eso, los discípulos no rezan. Pero les suscita curiosidad ver a Jesús rezando. ¿Qué dice? ¿Por qué no les enseña a hablarle a Dios? Este será el tema del evangelio, que recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano, y la importancia de ser insistentes en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios? El tema es tan importante que prescindo de las otras dos lecturas.

Aprendiendo a rezar (Lucas 11, 1-4)

Nota previa: En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”. La liturgia traduce “nuestro pan del mañana”; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día”, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas (to.n a;rton h`mw/n to.n evpiou,sion). Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

Comunitaria. “Padre nuestro«, danos, perdónanos, etc.

En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

El ejemplo del amigo importuno

En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

 José Luis Sicre

QUIEN BUSCA, ENCUENTRA

Enrique Martínez Lozano

Domingo XVII del TO

Lc  11, 1-13

Existe un dicho oriental, según el cual, “cuando el alumno está preparado, el maestro aparece”, que podría retraducirse de esta manera: Quien vive apertura y docilidad a la vida, sabe leer lo que le ocurre como oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

En realidad, aquel dicho equivale al aforismo que el evangelio pone en boca de Jesús: “Quien busca, encuentra”, que podría expresarse también de este otro modo: el Anhelo no defrauda. 

Alguien podría pensar que la experiencia humana parece indicar justo lo contrario: la frustración constituye un elemento habitual en nuestra existencia, hasta el punto de que hay personas que terminan cayendo en la decepción, en la tristeza, en la resignación fatalista o incluso en el hundimiento. Se dan, sin duda, experiencias dolorosas, más o menos traumáticas, que, unidas a otros factores, pueden conducir a ese estado.

No niego la realidad de la frustración, pero tampoco equiparo el deseo con el Anhelo, ni lo que me gusta con lo que necesito.

El deseo nace del yo y busca, prioritariamente, el bien del propio yo (tiene la forma de una flecha curva, que vuelve sobre sí misma). Se halla íntimamente emparentado con la expectativa. Y la expectativa es la madre de la frustración. Por el contrario, el Anhelo -así, con mayúscula- no nace de la mente ni del yo -por más que, luego, nos hagamos conscientes de él-, sino de la misma vida que somos. Se trata de un dinamismo caracterizado por la desapropiación y la gratuidad (tiene forma de flecha recta), que nos impulsa desde dentro. No busca, de entrada, algún bien particular para el yo; tampoco busca que se satisfagan sus deseos. Solo busca favorecer que la vida fluya a través de nuestra persona. Por eso, en la medida en que nos encuentra motivados -preparados, buscando…, por utilizar los términos de los dichos anteriores-, disponibles, dóciles y rendidos a su empuje, nunca defrauda. Es cierto que implica la “muerte” del yo, pero regala la vida.

 

Enrique Martínez Lozano

 

DOMINGO 17 (C) Fray Marcos

(Lc 11,1-13)

Enséñanos a orar. ¿A quién podríamos dirigir hoy esta petición?  

Si Jesús hubiera dado una oración concreta a sus discípulos para que la repitieran, ¿se les habría olvidado con tanta facilidad? Solo dos evangelistas la narran y, además, de manera diferente. No, la oración no se enseña, nace de una actitud vital que tiene que ir más allá de cualquier deseo o preocupación por agradar a un dios que está más allá de las nubes.

¿Alguien se puede creer que lo que hacía Jesús cuando se retiraba a ‘orar’ era repetir oraciones prefabricadas? Los discípulos estaban intrigados por lo que Jesús hacía cuando se quedaba solo. La oración es algo vivo que tiene que salir de lo más hondo del ser.

Hubo un tiempo en que di mucha importancia al Padrenuestro, hasta me lo aprendí en arameo y lo recé muchas veces en la lengua que utilizó Jesús. Pero hoy no lo veo de la misma manera. No deja de ser un rezo más que hay que superar para legar a contemplar.

Para comprender lo que acabo de decir, debemos distinguir entre rezar o pedir, meditar y contemplar. Nos han enseñado, incluso obligado a rezar, pero nadie se ha preocupado de que aprendamos a contemplar. Se trata de una forma de vida y a vivir no se puede aprender

El Padrenuestro intenta trasmitirnos, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. Esto quiere decir que no se sacaron el Padrenuestro de la manga. Cada una de las expresiones que encontramos en él, se encuentran también en el AT.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

No pretendo enseñaros a orar, pero intentaré daros alguna pista. La oración de contemplación surge espontáneamente de lo hondo del ser. Lo difícil es alcanzar las condiciones que la mente necesita para que esto ocurra. Surge con la misma facilidad con que mana el agua de una fuente una vez que se le quitan los estorbos que le impedían salir.

La preparación comienza por el cuerpo. No es nada fácil conseguir que el cuerpo esté relajado, en armonía sin interferencias de los sentidos ni de la mente racional que dispersan nuestra atención. Las técnicas orientales de relajación pueden ser muy útiles para preparar el terreno, siempre que no las confundamos con la verdadera contemplación.

Centrar toda nuestra atención en una llama, repetir un mantra con total atención, o simplemente observar con atención nuestra propia respiración nos puede llevar a una imprescindible concentración. Si soy capad de concentrarme absolutamente en un solo objeto, será muy fácil dar el paso a no pensar en nada. Ahí comienza la contemplación.

Dejar de pensar no es quedar dormidos. Se trata de acallar nuestra capacidad de razonar. Nuestra imaginación está siempre saltando de un pensamiento a otro sin poder evitarlo. Meditar es poner en marcha una facultad que hemos olvidado, la intuición. Sería quedar absolutamente pasivos pero atentos a lo que pasa en lo más hondo de nuestro ser.

Urteko 17. igandea – C – José A. Pagola

(Lukas 11,1-13)

«GURE AITA» – «PADRE NUESTRO»

«Gure Aitaz» esana dago dena. Otoitz bikainetan bikaina da. Jesusek eman digun erregalurik onena. Jainkoari egiteko deirik bikainena. Eta, halaz guztiz, kristauek behin eta berriz errepikaturik, ohikeriazko errezo bihur daiteke, mekanikoki errepikatzen diren hitz bihur daitezke, bihotza Jainkoagana jaso gabe.

Horregatik, on da noizbehinka geldialdi bat egitea, Jesusen bizitza guztia biltzen duen aipatu otoitz hau hausnartzeko. Laster jabetuko gara ezen Jesusen Espirituarekin bizi bagara bakarrik bihurtuko dugula otoitz.

«Gure Aita». Giza bihotzak jariatzen duen lehen oihua da, Jainkoarekiko beldurrez ez, baizik eta beraren maitasun kreatzailean konfiantza osoa duela bizi denean. Oihua, pluralean egina, guztien Aita denari. Deia, haurridetasun unibertsalean sustraitzen gaituena eta gainerako guztien aurrean erantzule egiten gaituena.

«Santu izan bedi zure Izena». Lehen eskari hau ez da bat gehiago. Jesusen otoitz guzti honen arima da, beraren amets gorenena. Jainkoaren «izena», hau da, beraren misterio atzeman ezina, beraren maitasuna eta beraren indar salbatzailea ager daitezela bere aintza betean, beraren ahaltasun betean. Eta hau esanik, ez da jarrera pasibo bat, baizik eta Jesusen amets eta asmo horretan geure bizitza propioaz lankide izateko konpromisotik egina.

«Etor bedi zure erreinua». Ez daitezela errege izan munduan indarkeria eta gorroto suntsitzailea. Izan daitezela errege Jainkoa eta beronen erreinua. Ez daitezela errege izan Lehen Mundua Hirugarrenaren gain, europarrak afrikarren gain, boteretsuak ahulen gain. Ez dadila nagusi izan gizonezkoa emakumearen gain, ezta aberatsa ere pobrearen gain. Nagusitu dadila egia munduaz. Ireki diezaiegula bidea bakeari, barkazioari eta benetako liberazioari.

«Egin bedi zure nahia». Ez dezala topo egin guregan horrenbeste oztopo eta horrenbeste kontrakotasunekin. Gizadi osoak obeditu diezaiola Jainkoaren deiari: bizitzaren hondo-hondotik gonbidatzen baitu gizakia bere egiazko salbaziora. Nire bizitza izan dadila gaur bertan Jainkoaren gogoaren bilatzaile.

«Emaguzu gaur egun honetako ogia». Ogia eta era duinean bizitzeko behar duguna, ez guk bakarrik, baizik eta Lurreko gizon-emakume guztiek behar dutena. Eta gera bedi esana, ez egoismo metatzaile batetik edota kontsumismo axolagabe batetik, baizik eta premian direnekin geurea duguna partekatzeko gogo handiago batetik.

«Barka iezaguzu». Jainkoaren barkazio-beharra du munduak. Gizakiok bizi, barkazio eskatuz eta barkatuz bakarrik bizi gintezke. Barkazio-jarrera irekiz, mendekuari uko egiten diona Jainkoaren antzekoa da, Jainko on eta barkatzailearen antzekoa.

«Ez gaitzazu utzi tentaldian erortzen». Ez gara ari eguneroko tentazio txikiez, baizik eta Jainkoa bertan behera uzteko tentazio handiaz, Jesusen Ebanjelioaz ahaztu eta oker bat hartzeaz. Laguntza eske egindako oihu honek bizirik jarraitzen du gure bizitzan. Jainkoa gurekin dago gaitz ororen aurka.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

«PADRE NUESTRO»

Del Padrenuestro se ha dicho todo. Es la oración por excelencia. El mejor regalo que nos ha dejado Jesús. La invocación más sublime a Dios. Y, sin embargo, repetida una y otra vez por los cristianos puede convertirse en rezo rutinario, palabras que se repiten mecánicamente sin elevar el corazón a Dios.

Por eso es bueno que nos detengamos de vez en cuando a reflexionar sobre esta oración en la que se encierra toda la vida de Jesús. Pronto nos daremos cuenta de que solo la podemos rezar si vivimos con su Espíritu.

«Padre nuestro». Es el primer grito que brota del corazón humano cuando vive habitado no por el temor a Dios, sino por una confianza plena en su amor creador. Un grito en plural al que es Padre de todos. Una invocación que nos arraiga en la fraternidad universal y nos hace responsables ante todos los demás.

«Santificado sea tu Nombre». Esta primera petición no es una más. Es el alma de toda esta oración de Jesús, su aspiración suprema. Que el «nombre» de Dios, es decir, su misterio insondable, su amor y su fuerza salvadora se manifiesten en toda su gloria y su poder. Y esto dicho no en actitud pasiva, sino desde el compromiso de colaborar con nuestra propia vida a esa aspiración de Jesús.

«Venga tu reino». Que no reinen en el mundo la violencia y el odio destructor. Que reine Dios y su justicia. Que no reine el Primer Mundo sobre el Tercero, los europeos sobre los africanos, los poderosos sobre los débiles. Que no domine el varón a la mujer, ni el rico al pobre. Que se adueñe del mundo la verdad. Que se abran caminos a la paz, al perdón y a la verdadera liberación.

«Hágase tu voluntad». Que no encuentre tanto obstáculo y resistencia en nosotros. Que la humanidad entera obedezca a la llamada de Dios, que desde el fondo de la vida invita al ser humano a su verdadera salvación. Que mi vida sea hoy mismo búsqueda de esa voluntad de Dios.

«Danos el pan de cada día». El pan y lo que necesitamos para vivir de manera digna, no solo nosotros, sino todos los hombres y mujeres de la Tierra. Y esto dicho no desde el egoísmo acaparador o el consumismo irresponsable, sino desde la voluntad de compartir más lo nuestro con los necesitados.

«Perdónanos». El mundo necesita el perdón de Dios. Los seres humanos solo podemos vivir pidiendo perdón y perdonando. Quien renuncia a la venganza desde una actitud abierta al perdón se asemeja a Dios, el Padre bueno y perdonador.

«No nos dejes caer en la tentación». No se trata de las pequeñas tentaciones de cada día, sino de la gran tentación de abandonar a Dios, olvidar el Evangelio de Jesús y seguir un camino errado. Este grito de socorro queda resonando en nuestra vida. Dios está con nosotros frente a todo mal.

José Antonio Pagola

17º domingo del T.O. – Koinonía

Génesis 18, 20-32

No se enfade mi Señor, si sigo hablando

En aquellos días, el Señor dijo: «La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.»

Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: «¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?»

El Señor contestó: «Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.»

Abrahán respondió: «Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?»

Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.»

Abrahán insistió: «Quizá no se encuentren más que cuarenta.»

Le respondió: «En atención a los cuarenta, no lo haré.»

Abrahán siguió: «Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?»

Él respondió: «No lo haré, si encuentro allí treinta.»

Insistió Abrahán: «Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?»

Respondió el Señor: «En atención a los veinte, no la destruiré.»

Abrahán continuo: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?»

Contestó el Señor: «En atención a los diez, no la destruiré.»

Salmo responsorial: 137

Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. R.

Y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.

Colosenses 2, 12-14

Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos.

Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados.

Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Lucas 11, 1-13

Pedid y se os dará

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»

Y les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.»

Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.»

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

 COMENTARIO A LOS TEXTOS:

Primera lectura

Este texto, continuación del que se leía el domingo pasado, nos muestra a Abraham, padre de la fe y antepasado de Israel, como gran intercesor antes los habitantes de estas ciudades. Muestra una actitud a imitar: apertura y ayuda a los demás. La negociación entre el intercesor y Dios, recuerda el estilo oriental (y muy latinoamericano, también) del regatear. Lo que se busca es acentuar la insistencia intercesora de Abraham y la magnitud del pecado de Sodoma y Gomorra. El texto es el mejor ejemplo de oración como diálogo audaz y comprometido con Dios, en el que vemos a Abraham hablar con el Señor y tratar de convencerlo a partir de su bondad y justicia, pero, al parecer, abusando de su confianza. El estilo y modo de proceder es, obvio, de una mentalidad semítica: poner en juego el honor de Dios, su reputación de justicia pero que muestran la confianza en Dios y la proximidad de los hombres a El. Por otra parte , este texto, puede ser modelo para el tema de la hospitalidad: Al narrar como estos “tres seres” escuchan a Abraham atentamente. Esta “atención” le permite entrar en el misterio. Uno se revela como el Señor (18,10.13.20) y los otros dos como sus ángeles (19,1). La narración, que al principio hablaba tres hombres, adquiere aquí un carácter teofánico y manifiesta el sentido profundo de la hospitalidad.

Segunda lectura

A partir de este texto los cristianos consideraban la pila bautismal como un sepulcro en el que somos sepultados con Cristo; por otra parte, es también como la madre que engendra a la vida; de ahí, el expresivo ritual de la inmersión. Pero el ritual que representa esta muerte y esta resurrección sólo tiene eficacia si corresponde a la fe en Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos. Esta expresa, pues, la vinculación entre bautismo y fe. Pecado y muerte, fe y bautismo son correlativos. La inserción al misterio de Cristo acontece en el bautismo, pero se funda en la fe. Haber resucitado significa en realidad vivir en Cristo, como consecuencia de haber obtenido el perdón de los pecados como resultado de la muerte del Señor. Siendo coherente, Pablo dice que “el perdón del pecado es liberación de la ley y de su observancia, porque existe una correspondencia entre Ley, muerte y pecado (cf. Rom 7,7-9). La mejor expresión paulina al respecto se encuentra aquí como imagen. La Ley ha sido clavada en la cruz.

 

Evangelio

La oración forma parte de la vida del pueblo judío. Los piadosos volvían su espíritu a Dios varias veces al día. Jesús aprende, desde el pueblo y su tradición a orar. Como buen judío, aprendió a rezar en la familia y en la sinagoga. En su ministerio, su oración toma adquiere una particularidad: su acercamiento a Dios, “su Abbá”. Lucas lo describe en oración varias ocasiones (3,21; 5,16; 6,12; 9,29). Los exegetas reconocen en Lucas la transmisión más fiel de la oración del Padrenuestro y que es la más breve. Del arameo pasó al griego y así la incluyó Lucas en su narración.

PADRE, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: o sea que Dios sea conocido, dado a conocer, alabado, amado, bendecido, glorificado y agradecido por todas las gentes del mundo. Que el nombre del Señor, o sea el mismo Dios, reciba estimación, amor veneración, y piadosa adoración por todos y cada vez más. Hay que volver a notar el orden de la oración en el Padrenuestro. Primero que Dios sea reverenciado y amado.

VENGA TU REINO: es una oración misionera. Lo que buscan los misioneros es hacer que Dios reine en las gentes de las tierras que ellos están misionando desde sus culturas e idiosincrasia. Y es lo que debemos desear y pedir y buscar todos en todos los tiempos: que reine Dios. Que venga su Reino. Si primero buscamos el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura. Es un deseo de que Dios reine en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro hogar, en la sociedad, en la nación y en el mundo entero. ¡Y en cuantas naciones y personas todavía no reina!

DANOS EL PAN DE CADA DÍA. Pedimos para cada día el pan, sin afanarnos por el futuro, porque Dios estará también en el futuro y El proveerá. Como el Maná del desierto, el pan de cada día es un don maravilloso de la bondad del Señor. Con esta petición del pan diario le estamos queriendo pedir que nos libre del desempleo o de la demasiada carestía, y de las inundaciones y sequías que acaban con los cultivos, y de las guerrillas que impiden a los campesinos recoger sus cosechas, empleo para el esposo que tiene que mantener una familia, ayudas económicas para esa madre abandonada; protección para el anciano echando a un lado por la sociedad. El corporal y el espiritual. Todos los días los necesitamos, por eso tenemos que pedirlo todos los días.

perdónanos NUESTROS PECADOS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. El perdón es un arte que se consigue con infinitos ejercicios. San Agustín enseña que a algunos no les escucha Dios la oración que le hacen, porque antes no han perdonado a los que los han ofendido, o no le han pedido perdón al Señor por sus pecados. Sin pedirle excusas por los disgustos que le hemos proporcionado, ¿cómo queremos que nos conceda las gracias que le estamos suplicando?. Es un recuerdo muy oportuno para que no se nos vaya a ocurrir nunca la mentirosa idea de creernos buenos. Dios pone una condición para perdonarnos: no podemos obtener perdón del cielo, si no perdonamos en la tierra. El día del Juicio no tendrás disculpas: te juzgarán como hayas juzgado. Te condenarán si no quisiste perdonar a los demás, y te absolverán si supiste perdonar siempre (San Cripriano): El Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

ÉL LES DARÁ EL ESPÍRITU SANTO. El objetivo final y el contenido de la oración cristiana es llegar a recibir el Espíritu que es capaz de renovar la faz de la tierra, incluidos nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que viene de lo alto con poder avasallador y aleja los vicios y nos trae muchos buenos pensamientos y deseos. El Espíritu Santo quiere ser nuestro Huésped, y es enviado por el Padre Celestial si se lo pedimos con fe y perseverancia. El Espíritu Santo es el que nos hace comprender las Sagrada Escrituras. El Espíritu Santo cuando viene nos ofrece: orar mejor, arrepentirnos de nuestros pecados y tener deseo de dedicarnos a agradar a Dios.

 

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 47 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/47-nuestro-pan-de-cada-dia/

 

Domingo 16 TO. C:  José Luis Sicre y Enrique Martínez Lozano

¿AFANARSE O ESCUCHAR?
José Luis Sicre

Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

El domingo pasado, la parábola del buen samaritano terminaba con una invitación a la acción: «Ve, y haz tú lo mismo». Imaginemos que quien tenemos delante no es un pobre hombre apaleado y medio muerto, sino Jesús. Se ha presentado en la casa a mediodía. ¿Qué es más importante: afanarnos por darle bien de comer o sentarnos a escucharle?

Como el evangelio va de invitación a comer, para la primera lectura se ha elegido la famosa escena en la que Abrahán invita a tres personajes misteriosos que llegan a su tienda.

Abrahán invita a comer al Señor (Génesis 18,1-10)

¿Cuántos son los invitados?

Este breve relato ha supuesto uno de los mayores quebraderos de cabeza para los comentaristas del Génesis. Empieza diciendo que el Señor se aparece a Abrahán, pero lo que ve el patriarca son tres hombres.

Al principio se dirige a ellos en singular, como si se tratara de una sola persona (“no pases de largo”), pero luego utiliza el plural (“os lavéis, descanséis, cobréis fuerzas”). El plural se mantiene en las acciones siguientes (“comieron, dijeron”), pero la frase capital, la gran promesa, la pronuncia uno solo.

En resumen, un auténtico rompecabezas, resultado de unir tradiciones distintas. No faltaron comentaristas cristianos que vieron en esta escena un anticipo de la Santísima Trinidad.

Hospitalidad

La ley de hospitalidad es una de las normas fundamentales del código del desierto. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar provisiones, está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de beduinos o de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, se le debe protección durante otros tres días (unos 100 kilómetros). Esta ley de hospitalidad es la que pone en práctica Abrahán.

El menú, dos cocineros y un maître.

Abrahán no se limita a hospedar a los visitantes. Entre él y su mujer, con la ayuda también de un criado, organiza un verdadero banquete con un ternero hermoso, cuajada, leche y una hogaza de flor de harina. A diferencia de las comidas actuales, no hay prisa. Pasan horas desde que se invita hasta que se preparan los alimentos y se termina de comer.

La cuenta

Al invitado no se le cobra. Pero el huésped principal paga de forma espléndida: prometiendo que Sara tendrá un hijo. El tema de la fecundidad domina toda la tradición de Abrahán y se cumple a través de muchas vicisitudes y de forma dramática.

Marta invita a comer a Jesús (Lucas 10, 38-42)

El texto del evangelio también se ha prestado a mucho debate. Este relato es exclusivo de Lucas, no se encuentra en Mateo, Marcos ni Juan.

¿Cuántos invitados a comer?

En la historia de Abrahán resultaba difícil saber si los invitados eran uno o tres. El relato de Lucas nos deja en la mayor duda. Jesús siempre iba acompañado, no sólo de los Doce, sino también de muchas mujeres, como afirman expresamente Marcos y Lucas, citando el nombre de algunas de ellas. ¿Los recibe a todos Marta? ¿Se limita a invitar a Jesús? Las palabras “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio” sugieren que no se trata de un solo invitado. Pero la escena parece tan simbólica que resulta difícil imaginar la habitación abarrotada de gente.

El menú, y una cocinera sin ayudante

No sabemos el número de invitados, pero sí está claro el de cocineras. Aquí no ocurre con en el relato del Génesis, donde Sara amasa y cuece la hogaza, mientras Abrahán colabora corriendo a escoger el ternero, dando órdenes de prepararlo, encargándose de la cuajada y de la leche.

En la casa del evangelio hay también dos personas, Marta y María. Pero María se sienta cómodamente a los pies de Jesús mientras Marta se mata trabajando. ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Porque son muchos los invitados? ¿O porque Marta pretende prepararle a Jesús un banquete tan suculento como el de Abrahán, y le faltan tiempo y manos para el ternero, la hogaza, la cuajada y la leche?

Desgraciadamente, ignoramos el menú. Según algunos comentaristas, las palabras que dirige Jesús a Marta, “sólo una cosa es necesaria” significarían: “un plato basta”, no te metas en más complicaciones.

Dos actitudes

El contraste entre María sentada y Marta agobiada se ha prestado a muchas interpretaciones. Por ejemplo, a defender la supremacía de la vida contemplativa sobre la activa, sin tener en cuenta que esas formas de vida no existían en tiempos de Jesús ni en la iglesia del siglo I. Entre los judíos de la época existían grupos religiosos con tintes monásticos (los esenios de los que habla Flavio Josefo y los terapeutas de los que habla Filón de Alejandría), pero Lucas no presenta a María como modelo de las monjas de clausura frente a Marta, que sería la cristiana casada o la religiosa de vida activa.

El evangelio no contrapone pasividad y trabajo. Jesús no reprocha a Marta que trabaje sino que “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Esa inquietud por hacer cosas, agradar y quedar bien, le impide lo más importante: sentarse un rato a charlar tranquilamente con Jesús y escucharle.

Todos tenemos la tendencia a sentirnos protagonistas, incluso en la relación con Dios. Nos atrae más la acción que la oración, hacer y dar que escuchar y recibir. Nos sentimos más importantes. La breve escena de Marta y María nos recuerda que muy a menudo andamos inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y olvidamos la importancia primaria del trato con el Señor.

Marta-María y el buen samaritano

Este episodio sigue inmediatamente a la parábola del buen samaritano, que leímos el domingo pasado. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y pienso que se iluminan mutuamente.

La parábola del buen samaritano es una invitación a la acción a favor de la persona que nos necesita: “ve y haz tú lo mismo”.

Para mantener la acción a favor del prójimo la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús.

José Luis Sicre

a

SOMOS MARTA Y MARÍA

Enrique Martínez Lozano

Domingo XVI del TO – 20 de julio

Lc 10, 38-42

Los humanos solemos ser dados a analizar y juzgar a los demás, mientras descuidamos conocernos a nosotros mismos. Con facilidad y rapidez colocamos etiquetas a los otros, mientras permanecemos lejos de saber cómo somos, por lo que ignoramos que, con mucha frecuencia, lo que percibimos en los demás habita también en nuestro interior.

No sé si Marta y María fueron dos personajes históricos, como tampoco sé si su comportamiento era tan opuesto como el texto -escrito con un evidente interés catequético- quiere poner de relieve. Lo que sé es que en cada una y cada uno de nosotros hay un personaje inquieto y nervioso, movido por la ansiedad, conviviendo con otro que anhela y es capaz de saborear la quietud y la paz del corazón.

Y ambos personajes (pequeños yoes) merecen nuestro respeto y nuestra atención. La inquietud o ansiedad puede ser una manifestación de nuestro niño interior herido, que reclama nuestro cuidado, o puede ser un mecanismo de defensa, es decir, un protector que, con las luces y la información de que disponía, ha tratado y sigue tratando de protegernos o de aliviar nuestro malestar, por lo que merece además nuestra gratitud.

Con ambos habremos de dialogar e integrarlos en nuestro puzle completo. Y podrá darse que, al hacerlo con la parte de anhela la quietud y la paz, terminemos por descubrir que no es solo otro yo más, entre tantos que nos habitan, sino que justamente en él se refleja nuestra identidad profunda, la quietud y la paz que somos, aun en medio de “oleajes” de todo tipo.

Enrique Martínez Lozano

Urteko 16. igandea – C – José A. Pagola

(Lukas 10,38-42)

BEHARREZKO GAUZA – UNA COSA NECESARIA

Kasik konturatu gabe, egunean eguneko ekintzak gure izaera modelatzen ari ohi dira. Ez bagara barnearen arabera bizitzeko gai, eguneroko gertaerak tiraka ohi zaizkigu eta alde batera eta bestera eramaten gaituzte, egun bakoitzeko kezka beste horizonterik ez dugularik. Horregatik, on da entzutea emakume eraginkor eta langile hari Jesusek esan zizkion hitzak: «Marta, Marta, gauza askoz ari zara larri eta urduri, eta bakarra da beharrezkoa».

Hainbat eta hainbat zereginek eta kezkak aztoraturik, beharrezkoa izaten dugu noizbehinka atsedenaldi bat hartzea, geure burua berriro bizirik sentitzeko. Gainera, gelditu eta beharrezko sosegua topatu beharra sentitzen dugu, bizitzan «inportantea» den hura berriro gogora ekartzeko.

Oporrek, gainera, eduki berri eta aberasgarri bat edukiko lukete guregan, baldin eta gai izango bagina bi galde xume hauei erantzuteko: zein dira bizitzako gauza txikiak, sosegu, isiltasun eta otoitz faltak bidegabeki handitu dituenak, nigan bizitzeko gozamena bera hiltzeraino?, zein dira gauza inportanteak, denbora gutxi eskaini izan diedanak, horrela nire eguneroko bizitza pobretu dudalarik?

Atsedenaren isiltasunean eta bakean errazago egingo dugu topo geure egia propioarekin; izan ere, gauzak diren bezala ikustera iritsiko gara. Jainkoarekin ere egin dezakegu topo, berarengan aurkitu ahal izateko, ez indarra bakarrik borrokan jarraitu ahal izateko, baita bakearen azken iturburua ere.

Gogora dezagun «neure burua Jainkoaren baitan jartzea» delakoaren esperientzia, Eckhart maisuak hain sakon predikatua eta Dorothee Söllek hain eder komentatua: «Ez dut zertan hesitu neure baitan, sostengaturik bainago. Ez dut zertan lepoan hartu zama, esku onetan bainago. Irten ninteke neure baitatik eta besteri eman neure burua».

Geure atsedena eta geure barne bakea Jainkoagan topatzeko gai garenean, oporra grazia bihurtzen da. Agian, geure bizitza aztoratu eta urdurian lor ditzakegun grazietako handienetakoa.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundara

16 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,38-42)

por Coordinador – Mario González Jurado

UNA COSA NECESARIA

Casi sin darnos cuenta, las actividades de cada día van modelando nuestra manera de ser. Si no somos capaces de vivir desde dentro, los acontecimientos cotidianos tiran de nosotros y nos llevan de un lado para otro, sin otro horizonte que la preocupación de cada día. Por eso es bueno que escuchemos las palabras de Jesús a aquella mujer tan activa y trabajadora: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, y solo una es necesaria».

Agitados por tantas ocupaciones y preocupaciones, necesitamos tomarnos de vez en cuando un tiempo de descanso para sentirnos de nuevo vivos. Pero necesitamos además pararnos y encontrar el sosiego necesario para recordar de nuevo «lo importante» de la vida.

Las vacaciones tendrían para nosotros un contenido nuevo y enriquecedor si fuéramos capaces de responder a estas dos sencillas preguntas: ¿cuáles son las pequeñas cosas de la vida que la falta de sosiego, de silencio y de oración han agrandado indebidamente hasta llegar a matar en mí el gozo de vivir?, ¿cuáles son las cosas importantes a las que he dedicado poco tiempo, empobreciendo así mi vida diaria?

En el silencio y la paz del descanso podemos encontrarnos más fácilmente con nuestra propia verdad, pues volvemos a ver las cosas tal como son. Y podemos también encontrarnos con Dios para descubrir en él no solo la fuerza para seguir luchando, sino también la fuente última de la paz.

Recordemos la experiencia de «abandono en Dios» predicada con tanta hondura por el Maestro Eckhart y tan bellamente comentada por Dorothee Sölle: «No necesito aferrarme a mí, puesto que soy sostenido. No necesito cargar con el peso, porque soy soportado. Puedo salir de mí mismo y entregarme».

Cuando somos capaces de encontrar en Dios nuestro descanso y nuestra paz interior, la vacación se convierte en gracia. Tal vez una de las mayores gracias que podemos recibir en medio de nuestra vida tan agitada y nerviosa.

José Antonio Pagola

16º domingo del T.O. Koinonía

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Génesis 18, 1-10a

Señor, no pases de largo junto a tu siervo

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.»

Contestaron: «Bien, haz lo que dices.»

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.»

Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?»

Contestó: «Aquí, en la tienda.»

Añadió uno: «Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»

Salmo responsorial: 14

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor. R.

El que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

el que así obra nunca fallará. R.

Colosenses 1, 24-28

El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos

Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos.

A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.

Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Lucas 10, 38-42

Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte, escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”… Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús, pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que «ponga a la mujer en su sitio». Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser «eficaces, productivos y competitivos»… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la «opción por lo fundamental»: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos.

La espiritualidad latinoamericana tiene muy clara la intrínseca unidad entre «acción y contemplación»: cfr «Espiritualidad de la Liberación», de CASALDALIGA-VIGIL, capítulos «Contemplativos en la liberación», «Santidad política»… (El libro puede ser recogido en la página de Pedro Casaldáliga: http://servicioskoinonia.org/Casaldaliga o en la biblioteca de Koinonía: http://servicioskoinonia.org/biblioteca

Evidentemente, sería malo interpretar el texto en un sentido dualista (o una cosa u otra): «o contemplación y escucha pasiva de la Palabra, por una parte… o, por otra, acción caritativa sin oración ni contemplación». Marta y María no deben ser símbolos de extremos parciales; si lo fueran, la elección no iría por ninguna de ellas en particular, sino por las dos en conjunto. Es lo que nos dice el poeta Casaldáliga con «el difícil todo» que eligió «la otra María»:

EL DIFICIL TODO

Tan sólo mejor

que la mejor parte

que escogió Maria,

el difícil todo.

Acoger el Verbo

dándose al servicio.

Vigilar Su Ausencia,

gritando su nombre.

Descubrir Su rostro

en todos los rostros.

Hacer del silencio

la mayor escucha.

Traducir en actos

las Sagradas Letras.

Combatir amando.

Morir por la vida,

luchando en la paz.

Derribar los troncos

con las viejas armas

quebradas de ira,

forradas de flores.

Cantar sobre el mundo

el Advenimiento

que el mundo reclama

quizá sin saberlo.

El difícil todo

que supo escoger

la otra María…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 50 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: http://www.radialistas.net/category/un-tal-jesus

DOMINGO 14º (C) Fray Marcos

El llevar a los demás el evangelio es connatural a vivirlo. Si no vivo lo predicado, trabajaré en balde.

En el relato se puede apreciar que se trata de un claro reflejo a lo que se
practicaba en las primeras comunidades. En ningún evangelio se percibe un
grado de organización suficientemente solida como para llevar a cabo una
programación como esta. Por otra parte, los seguidores de Jesús no se
enteraron de nada hasta la experiencia pascual.

De todas formas, las recomendaciones son una mina para conocer la estructura
de las primeras misiones comunitarias. “De dos en dos”, porque para los
judíos la opinión de uno solo no tenía ningún valor en un juicio, y los
misioneros son, sobre todo, testigos. También, porque el amor exige por lo
menos dos para ser vivido y proclamado.

“Poneos en camino”. La itinerancia es la clase de vida que eligió Jesús
cuando se decidió a proclamar la buena noticia. El anuncio no se puede hacer
sentado. Seguir a Jesús exige una dinámica continuada. Nada se puede
comunicar desde una cómoda instalación personal. La disponibilidad y la
movilidad son exigencias básicas del mensaje.

“Os mando como ovejas en medio de lobos”. Cuando se escribieron los
evangelios, las primeras comunidades cristianas estaban viviendo la
oposición, tanto del mundo judío como del pagano. Esa oposición no impidió
el desarrollo de la misión de predicar.

“Ni talega ni alforja ni sandalias”. La pobreza es signo del abandono de
toda seguridad. Significa no confiar en los medios externos para llevar a
cabo la misión. Se trata de confiar solo en Dios y el mensaje. Tenemos
obligación de utilizar al máximo los medios que la técnica proporciona, pero
no debemos poner nuestra confianza en ellos.

“No os detengáis a saludar a nadie por el camino”. No se trata de negar el
saludo a nadie. En aquella cultura, el saludo llevaba consigo un largo
ceremonial que podía durar horas o días. Esta recomendación quiere destacar
la urgencia de la tarea a realizar.

“Decid primero: ¡Paz! Nuestro concepto de paz no expresa lo esencial.
“Salón” no significaba ausencia de problemas y conflictos, sino la
abundancia de medios para que un ser humano pudiera conseguir su plenitud
humana. Llevar la paz es proporcionar esos medios que hacen al hombre
sentirse a gusto e invitado a humanizar su entorno.

“Comed y bebed de lo que tengan”. Lo más difícil es aceptar la dependencia
de los demás en las necesidades básicas, no poder elegir ni lo que comes ni
con quien comes. Muchos intentos de evangelizar han fracasado por no tener
esto en cuenta.

Curad. Seguimos dando demasiada importancia a la salud corporal. Curar en
este contexto, significa ayudar a un ser humano alcanzar su plenitud. Curar
significa alejar de un ser humano de todo lo que le impide ser él. Las
mayores carencias no son materiales.

“El Reino está cerca”. Ni teología, ni apologética, ni ideología. Lo único
que un ser humano debe saber es que Dios le ama. Dios es (está) en ti.
Descúbrelo y lo tendrás todo. El que proclama el Reino de Dios, tiene que
manifestar que pertenece a ese Reino. Tiene que responder a las necesidades
del otro. Tiene que estar dispuesto al servicio. No debe exigir nada, ni
siquiera la adhesión. Tiene que limitarse a hacer una oferta.

Urteko 14. igandea – C – José A. Pagola

BAIABIDE POBREEKIN-CON MEDIOS POBRES

Egintza ebanjelizatzailea sarritan hartzen dugu doktrina-era gehiegi markatuz. Ebanjelioa eramatea Jesusen dotrina ezagutaraztea izango litzateke: artean ezagutzen ez dutenei edota era eskasegian ezagutzen dutenei.

Gauzak horrela hartzen baditugu, bistakoak izango dira ondorioak. Beste ezer baino lehen «botere-baliabideak beharko ditugu, beste ideologien, moden eta irizpide-korronteen aurrean, gure mezuaren zabalkundea ahalbidetzeko.

Gainera, kristau ondo formatuak beharko dira, doktrina ondo ezagutzen dutenak eta era sarkor eta konbentzigarrian eskualdatzeko gai izango direnak. Beharrezkoak izango ditugu orobat egitura, teknika eta pedagogia egokiak kristau-mezua zabaltzeko.

Azken batean, garrantzizkoa izango da pertsona prestatuen kopurua; baliabide egokienekin, pertsona-kopuru handiena konbentzitzera iritsi ahalko dena. Oso arrazoizkoa da hau guztia, eta balore handiak ditu bere baitan. Baina, Jesusen jardueran eta beraren ekintza ebanjelizatzailean pixka bat sakontzen denean, aski aldatzen dira gauzak.

Ebanjelioa ez da soilik eta batez ere doktrina bat. Ebanjelioa Jesus bera da: berarekin hasi zen esperientzia gizatiartzaile, salbatzaile, askatzailea. Horregatik, ebanjelizatzea ez da soilik doktrina bat zabaltzea, baizik eta gizartearen bihotzean bertan eta bizitzan presente bihurtzea Jesu Kristo beraren indar salbatzailea. Eta hau ezin egin da nolanahi.

Esperientzia askatzaile hori presente egiteko, baliabiderik hobenak ez dira boterearenak, baizik eta baliabide pobreak, Jesusek berak erabili zituenak: jende zokoratuenari maitasun solidarioa, pertsona bakoitzari harrera ona, Jainkoaren barkazioa eskaintzea, anai-arreba arteko elkartea sortzea, azkenak direnen defentsa…

Beraz, inporta duena lekuko edo testiguak izatea da: beren bizitzan, Jesusengan beragan, era erantzulean onartua denean, ageri ohi den indar gizatiartzailea agertzen eta testigatzen duten lekukoak. Doktrinaz formazio ona izatea garrantzizkoa da, baina soilik ebanjelio-biziera sakonago bat elikatzen duenean.

Testigantzak du erabateko lehentasuna. Egiturak, hain justu, Jesusen jarraitzaileen bizitzaren eta testigantzaren sostengu diren heinean dira beharrezko. Horregatik, inportanteena ez da kopurua ere, baizik eta elkarte batek irradia dezakeen ebanjelio-bizieraren kalitatea. Agian, arreta gehiago eskaini beharko genieke Jesusek bere bidaliei esandako hitzei: «Ez eraman poltsarik, ez zakutorik, ez oinetakorik». Eraman zeuekin nire Espiritua.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarai

14 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,1-12.17-20)

CON MEDIOS POBRES

Con frecuencia entendemos el acto evangelizador de manera excesivamente doctrinal. Llevar el Evangelio sería dar a conocer la doctrina de Jesús a quienes todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Si entendemos las cosas así, las consecuencias son evidentes. Necesitaremos antes que nada «medios de poder» con los que asegurar la propagación de nuestro mensaje frente a otras ideologías, modas y corrientes de opinión.

Además serán necesarios cristianos bien formados, que conozcan bien la doctrina y sean capaces de transmitirla de manera persuasiva y convincente. Necesitaremos también estructuras, técnicas y pedagogías adecuadas para propagar el mensaje cristiano.

En definitiva, será importante el número de personas preparadas que, con los mejores medios, lleguen a convencer al mayor número de personas. Todo esto es muy razonable y encierra, sin duda, grandes valores. Pero, cuando se ahonda un poco en la actuación de Jesús y en su acción evangelizadora, las cosas cambian bastante.

El Evangelio no es solo ni sobre todo una doctrina. El Evangelio es la persona de Jesús: la experiencia humanizadora, salvadora, liberadora que comenzó con él. Por eso evangelizar no es solo propagar una doctrina, sino hacer presente en el corazón mismo de la sociedad y de la vida la fuerza salvadora de la persona de Jesucristo. Y esto no se puede hacer de cualquier manera.

Para hacer presente esa experiencia liberadora, los medios más adecuados no son los de poder, sino los medios pobres de los que se sirvió el mismo Jesús: amor solidario a los más abandonados, acogida a cada persona, ofrecimiento del perdón de Dios, creación de una comunidad fraterna, defensa de los últimos…

Entonces, lo importante es contar con testigos en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora que encierra la persona de Jesús cuando es acogida de manera responsable. La formación doctrinal es importante, pero solo cuando alimenta una vida más evangélica.

El testimonio tiene primacía absoluta. Las estructuras son necesarias precisamente para sostener la vida y el testimonio de los seguidores de Jesús. Por eso lo más importante no es tampoco el número, sino la calidad de vida evangélica que puede irradiar una comunidad.

Quizá debamos escuchar con más atención las palabras de Jesús a sus enviados: «No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias». Llevad con vosotros mi Espíritu.

José Antonio Pagola

14º domingo T.O. – Koinonía

Isaías 66, 10-14c

Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis,

alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto.

Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor: «Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz,

como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;

como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos.»

Salmo responsorial: 65

Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre; cantad himnos a su gloria; decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!» R.

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. R.

Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi suplica, ni me retiró su favor. R.

Gálatas 6, 14-18

Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva.

La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.

En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Lucas 10, 1-12. 17-20

Descansará sobre ellos vuestra paz

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.»

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»

Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS: 

Primera lectura. La alegría del pueblo de Israel cuando contempla su renacer después de todas las amarguras del destierro la muestra el tercer Isaías con la figura del parto y los hijos recién nacidos que necesitan de la madre para mamar de sus pechos y recibir sus consuelos, los llevarán en sus brazos y sobre las rodillas los acariciarán. Están en la mano del Señor y como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo.

La figura de Dios Madre es muy querida para los profetas. Sin duda la experiencia familiar del padre, de la madre y de los hijos, es quizás la más admirable y comprensible para todos, cuando se quiere hablar del amor de Dios.

Cuando la Biblia habla de Dios Padre, ciertamente no está determinando el género masculino de la divinidad. Es cierto que esta denominación y esta traducción están condicionadas sociológicamente y sancionadas por una sociedad de carácter varonil. Pero, realmente, a Dios no se le quiere concebir simplemente como a un varón. Sobre todo, en los profetas, Dios presenta rasgos femeninos maternales. La noción de Padre aplicada a Dios, debe interpretarse simbólica­mente. Padre es un símbolo patriarcal -con rasgos maternales-, de una realidad transhumana y transexual que es la primera y la última de todas.

El profeta Oseas en el capítulo undécimo, trae uno de los textos más bellos del Antiguo Testamento. La experiencia del amor de Dios hace decir al profeta que el Señor ha ejercido las tareas de un padre-madre con el pueblo. También otros profetas presentan a Dios con características materno-paternales: un Dios que consuela a los hijos que se marchan llorando, porque los conduce hacia torrentes por vía llana y sin tropiezos (Jer 31,9); un Dios a quien le duele reprenderlos: ¡Si es mi hijo querido Efraín, mi niño, mi encanto! Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión (Jer 31,20).

Esa ternura del amor de Dios queda expresada de manera inigualable en la figura de la madre:

¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré (Is 49,15).

Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo (Is 66,13).

Realmente el pueblo se sentía hijo de Yahveh. Desde la primera experiencia salvífica de Dios en la salida de Egipto, el Señor ordenó a Moisés decir al Faraón: Así dice el Señor. Israel es mi hijo primogénito, y yo te ordeno que dejes salir a mi hijo para que me sirva (Ex 4,23). Y esa seguridad que la experiencia de Dios-Padre daba a los israelitas no les permitía sentirse huérfanos porque, si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá (Sal 27, 10).

La paternidad de Dios evocaba también una atención especial y una relación de protección de frente a aquellos que necesitaban ayuda y cuidado. Los profetas muestran la predilección de Dios por los pobres, los pecadores, los huérfanos y las viudas, en una palabra, por todos aquellos que sólo podían esperar la salvación de la intervención amorosa del Padre-Madre que se preocupa más por los hijos desprotegidos y abandonados que por los demás.

Segunda lectura. En la despedida de su carta a los Gálatas, Pablo de manera muy sintética reafirma dos de sus temas preferidos. La salvación no se da por la ley, y el hombre en Cristo es una nueva criatura.

La circuncisión era una muestra clara del cumplimiento de la Ley, pero Pablo les dice a los Gálatas que la salvación no proviene de la ley sino de Cristo. Y se apoya en la Cruz, signo de ignominia para los romanos, los paganos y los judíos, que ahora es el signo de la victoria y de la salvación, y por eso Pablo se gloría en ella, como también todos los cristianos, porque de ella brota la vida.

Circuncidarse o no circuncidarse no es lo importante. Lo importante es renacer como nueva criatura. El mundo de la ley ha muerto. Ya no hay diferencia entre judíos y paganos. Ya no hay circuncisos e incircuncisos, lo único que cuenta es el hombre nuevo, el hombre que es capaz de superar la tragedia del pecado y realizar el proceso de la resurrección de Jesús, para vivir como una persona nueva.

Por segunda vez en el evangelio de Lucas, Jesús envía a sus discípulos a la misión. Ahora la época de la cosecha ha llegado y es necesario muchos obreros para recoger la mies; son setenta y dos, un número que evoca la traducción de los Setenta en Génesis 10, en donde aparecen setenta y dos naciones paganas. Jesús va camino hacia Jerusalén, el camino que debe ser modelo del camino de la Iglesia futura. Salen de dos en dos para que el testimonio tenga valor jurídico según la ley judía (cfr. Dt 17,6; 19,15).

La misión no será fácil; debe llevarse a cabo en medio de la pobreza, sin alforjas ni provisiones. La misión es urgente y nada puede estorbarla, por eso no pueden detenerse a saludar durante el camino; tampoco los discípulos deben forzar a nadie para que los escuchen, pero sí es el deber anunciar la proximidad del Reino.

Este modelo de evangelización es siempre actual. Ciertamente es una tarea difícil si se quiere ser fieles al evangelio de Jesús. Muchas veces por una falsa comprensión de la inculturación se hacen concesiones que van contra la esencia del evangelio.

Cuando los discípulos regresan de la misión están llenos de alegría. Hay una expresión que merece un poco de atención: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre. ¿Qué significado tienen los demonios? Una breve explicación del término se dará al final.

Jesús manifiesta su alegría porque se han vencido las fuerzas del mal, porque él rechaza cualquier forma de dominio, y exhorta a sus discípulos a no vanagloriarse por las cosas de este mundo. Lo importante es tener el nombre inscrito en el cielo, es decir participar de las exigencias del Reino y vivir de acuerdo con ellas (cfr. Ex 32,32).

Hay otro motivo de alegría para bendecir la Padre. Sus discípulos son una muestra de que el Reino se revela a los sencillos y humildes. No son los conocimientos lo que permite la experiencia del Reino. Es esa experiencia de Dios por medio del contacto íntimo con Jesús y su seguimiento.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en su página (https://radialistas.net/serie-un-tal-jesus/) puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio.