TEXTOS LITÚRGICOS DEL 15 MAYO 2016

Hechos de los apóstoles 2,1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

Salmo responsorial: 103

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor: / ¡Dios mío, qué grande eres! / Cuántas son tus obras, Señor; / la tierra está llena de tus criaturas. R.

Les retiras el aliento, y expiran / y vuelven a ser polvo; / envías tu aliento, y los creas, / y repueblas la faz de la tierra. R.

Gloria a Dios para siempre, / goce el Señor con sus obras. / Que le sea agradable mi poema, / y yo me alegraré con el Señor. R.

Juan 20,19-23

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

 

«DIOS ES ESPÍRITU», Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 20, 19-23

La liturgia remata el tiempo pascual con tres fiestas importantes. Pentecostés, Trinidad y Corpus. Las tres hablan de la realidad trascendente que llamamos Dios. Pero no desde el punto de vista filosófico o científico sino en cuanto se relaciona con cada uno de nosotros. De la realidad de Dios en sí mismo no sabemos absolutamente nada; pero podemos experimentar su presencia como realidad que fundamenta y sostiene nuestra realidad, no desde fuera, sino desde lo hondo del ser. Pentecostés propone la relación con Dios que es Espíritu y hasta qué punto podemos descubrirlo y vivirlo.

Pentecostés, es una fiesta eminentemente pascual. Sin la presencia del Espíritu, la experiencia pascual no hubiera sido posible. La totalidad de nuestro ser está empapada de Dios ESPÍRITU. Es curioso que se presente la fiesta de Pentecostés en los Hechos, como la otra cara del episodio de la torre de Babel. Allí el pecado dividió a los hombres, aquí el Espíritu los congrega y une. Siempre es el Espíritu el que nos lleva a la unidad y por lo tanto el que nos invita a superar la diversidad que es fruto de nuestro falso yo.

El relato de los Hechos, que hemos leído es demasiado conocido, pero no es tan fácil de interpretar adecuadamente. Pensar en un espectáculo de luz y sonido nos aleja del mensaje que quiere trasmitir. Lc nos está hablando de la experiencia de la primera comunidad, no está haciendo una crónica periodística. En el relato utiliza los símbolos más llamativos que se habían utilizado ya en el AT. Fuego, ruido, viento. Los efectos de esa presencia no quedan reducidos al círculo de los reunidos, sino que sale a las calles, donde estaban hombres de todos los países.

Por lo tanto, no se trata de celebrar un acontecimiento. El Espíritu está viniendo siempre. Mejor dicho, no tiene que venir de ninguna parte. (Lc narra en los Hch, cinco venidas del Espíritu). Las lecturas que hemos leído nos dan suficientes pistas para no despistarnos. En la primera se habla de una venida espectacular (viento, ruido, fuego), haciendo referencia a la teofanía del Sinaí. Coloca el evento en la fiesta judía de Pentecostés, que se había convertido en la fiesta de la renovación de la alianza. La Ley ha sido sustituida por el Espíritu. En Jn, Jesús les comunica el Espíritu el mismo día de Pascua.

Sobre el Espíritu Santo, no es fácil superar una serie de errores que todos llevamos muy dentro. No se trata de ningún personaje distinto del Padre y del Hijo, que, por su cuenta anda por ahí haciendo de las suyas. Se trata del Dios UNO desmaterializado y más allá de toda imagen antropomórfica. No debemos pensar en él como un don que nos regala el Padre o el Hijo, sino en Dios como DON absoluto que fundamenta todo lo que nosotros podemos llegar a ser. No es una realidad que tenemos que conseguir a fuerza de oraciones y ruegos, sino el primer fundamento de mi ser, del que surge todo lo que soy.

También debemos tener mucho cuidado al interpretar la palabra “Espíritu” cuando la encontramos en la Biblia. Tanto el “ruah” hebreo como el “pneuma” griego, tienen una gama tan amplia de significados que es casi imposible precisar a qué se refieren en cada caso. El significado predominante se refiere a una fuerza invisible pero muy eficaz que se identifica con Dios y que capacita al ser humano para realizar tareas que sobrepasan sus posibilidades normales. Recordemos que el significado primero de la palabra es “viento”, o mejor, el espacio entre el cielo y la tierra de donde los animales sorben la vida. Este primigenio significado nos abre una perspectiva muy interesante para nuestra reflexión.

En los evangelios se deja muy claro que todo lo que es Jesús, se debe a la acción del Espíritu: «concebido por el Espíritu Santo”. «Nacido del Espíritu”. «Desciende sobre él el Espíritu”. «Ungido con la fuerza del Espíritu”. “Como era hombre lo mataron, como poseía el Espíritu fue devuelto a la vida”.Está claro que la figura de Jesús no podría entenderse si no fuera por la acción del Espíritu. Pero no es menos cierto que no podríamos descubrir lo que es realmente el Espíritu si no fuera por lo que Jesús, desde su experiencia, nos ha revelado.

En esta fiesta se quiere resaltar que gracias al Espíritu, algo nuevo comienza. De la misma manera que al comienzo de la vida pública, Jesús fue ungido por el Espíritu en el bautismo y con ello queda capacitado para llevar a cabo su misión, ahora la tarea encomendada a los discípulos será posible gracias a la presencia del mismo Espíritu que les va a dar también energía para llevarla a cabo. De esa fuerza, nace la nueva comunidad, constituida por personas que se dejan guiar por el Espíritu para llevar a cabo la misma tarea. No se puede hablar del Espíritu sin hablar de unidad e integración y amor.

La experiencia inmediata, que nos llega a través de los sentidos, es que somos materia, por lo tanto, limitación, contingencia, inconsistencia, etc. Con esta perspectiva nos sentiremos siempre inseguros, temerosos, tristes. La Experiencia mística nos lleva a una manera distinta de ver la realidad. Descubrimos en nosotros algo absoluto, sólido, definitivo que es más que nosotros, pero es también parte de nosotros mismos. Esa vivencia nos traería la verdadera seguridad, libertad, alegría, paz, ausencia de miedo.

No se trata de entrar en un mundo diferente, acotado para un reducido número de personas privilegiadas, a los que se premia con el don del Espíritu. Es una realidad que se ofrece a todos como la más alta posibilidad de ser, de alcanzar una plenitud humana que todos teníamos que proponernos como meta. Cercenamos nuestras posibilidades de ser seres humanos cuando reducimos nuestras expectativas a los logros puramente biológicos, psicológicos e incluso intelectuales. Si nuestro verdadero ser es espiritual, y nos quedamos en la exclusiva valoración de la materia, devaluamos nuestra trayectoria humana y reducimos al mínimo el campo de nuestras posibilidades.

La experiencia del Espíritu es de la persona concreta, pero empuja siempre a la construcción de la comunidad, porque, una vez descubierta en uno mismo, en todos se descubre esa presencia. El Espíritu se otorga siempre “para el bien común”. Fijaros que, en contra de lo que se cuenta, no se da el Espíritu a los apóstoles, sino a los discípulos, es decir a todos los seguidores de Jesús. La trampa de asignar la exclusividad del Espíritu a la jerarquía se ha utilizado con demasiada frecuencia para justificar privilegios y poderes especiales. El más poseído del Espíritu es el que más dispuesto está a servir a los demás.

El Espíritu no produce personas uniformes como si fuesen fruto de una clonación. Es esta otra trampa para justificar toda clase de controles y sometimientos. El Espíritu es una fuerza vital y enriquecedora que potencia en cada uno las diferentes cualidades y aptitudes. La pretendida uniformidad no es más que la consecuencia de nuestro miedo, o del afán de confiar en el control de las personas y no en la fuerza del mismo Espíritu.

En la celebración de la eucaristía debíamos poner más atención a esa presencia del Espíritu. Un dato puede hacer comprender esta devaluación del Espíritu. Durante muchos siglos el momento más importante de la celebración fue la epíclesis, es decir, la invocación del Espíritu que el sacerdote hacer sobre el pan y el vino. Solo mucho más tarde se confirió un poder mágico a las palabras que hoy llamamos “consagración”.

La primera lectura de hoy nos obliga a una reflexión muy simple: ¿hablamos los cristianos, un lenguaje que puedan entender todos los hombres de hoy? Mucho me temo que seguimos hablando un lenguaje que nadie entiende, porque no nos dejamos llevar por el Espíritu, sino por nuestras programaciones y caprichos. Solo hay un lenguaje que pueden entender todos los seres humanos, el lenguaje del amor.

Meditación-contemplación

Toda vida espiritual es obra del Espíritu.
Que esa obra se lleve a cabo en mí, depende de mí mismo.
Yo necesito a Dios para ser.
Él me necesita para manifestarse.
……….

“Todos hemos bebido de un mismo ESPÍRITU”.
Pero es que es el ESPÍRITU el que nos tiene que sorber.
Él es más que yo y me tiene que transformar en él.
No debo manipularlo, sino dejar que me cambie a su antojo.
……………………

Dios es amor, y el ser humano puede descubrir y vivir ese amor.
Siempre que amo de verdad, hago presente a Dios,
porque el amor con que yo amo, es el mismo amor que es Dios.
No soy yo el que amo, sino Dios que ama en mí.
……………………

 

Fray Marcos

 

 

La Iglesia argentina lanza una dura crítica al Gobierno de Macri

Los Curas por la Opción por los Pobres le acusan de ser un “desocupador social”. Monseñor Casaretto reclama que el objetivo de “pobreza cero” debe “traducirse en acciones concretas”. En medio de la crisis económica y de los tarifazos que han impactado de lleno en los bolsillos de los hogares más vulnerables, la Iglesia Católica lanzó duras críticas hacia la labor social llevada adelante por el gobierno del presidente Mauricio Macri.

 

 

La Iglesia católica peruana afirma que la pena de muerte es «inadmisible»

La Conferencia Episcopal Peruana (CEP) afirmó, en un comunicado publicado en su página web oficial, que la pena de muerte es «inadmisible» y que el papa Francisco ha señalado que se trata de un «recurso frecuente del que echan mano algunos regímenes totalitarios y grupos de fanáticos». «La compasión es una característica de la misericordia». Ante el debate actual de la segunda vuelta de las elecciones en Perú.

 

Mendekoste – Pentecostés, José A. Pagola

C (Joan 14,15-16.23b-26)
Evangelio del 15/may/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

ESPIRITU SANTUARI DEI

Zatoz, Espiritu kreatzailea, eta isuri gu baitan Jesusen indarra eta hatsa. Zure eraginik eta laguntzarik gabe, ezin dugu harengan sinetsi; ezin ausartu gara haren urratsei jarraitzera: Eliza ez da eraberrituko; gure esperantza itoko da. Zatoz eta kutsa gaitzazu Jesusen bizi-hatsez!

Zatoz, Espiritu Santua, eta ekarri guri gogora Jesusek esan ohi zituen hitz onak. Zure argirik eta harekiko zure testigutzarik gabe, ahaztuz joanen gara Jainkoaren aurpegi ona; letra hil bihurtuko da Ebanjelioa; Elizak ezin hots eginen du albiste onik. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusi bakarrik entzuten!

Zatoz, Egiaren Espiritua, eta egizu Jesusen egian ibil gaitezen. Zure argirik eta gidaritzarik gabe, ezin izanen gara sekula geure erroretik eta gezurretik libratu; ez da ezer berririk eta egiazkorik gu baitan erneko; itsuaurreko izan nahi duen itsuaren antzeko izanen gara. Zatoz eta bihur gaitzazu Jesusen ikasle eta testigu!

Zatoz, Aitaren Espiritua, eta irakats iezaguzu Jainkoari «Abba» esaten, Jesusek egin ohi zuen bezala. Zure berotasunik eta zure alaitasunik gabe, beren Aita galdu duten umezurtzak bezalako izanen gara; ezpainez dei eginen diogu Jainkoari, baina ez bihotzez; gure otoitza hitz huts izanen da. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusen hitzez eta bihotzaz otoitz egiten!

Zatoz, Ontasun Espiritu, eta bihur gaitzazu Jesusek estreinatu zuen «Jainkoaren erreinuaren» egitasmora. Zure indar eraberritzailerik gabe, inork ez du bihurtuko gure bihotz nekatua; ez dugu ausardiarik izanen mundu gizatarragoa eraikitzeko, Jainkoak nahi bezala; zure Elizan azkenak ez dira sekula lehenengo izanen; eta guk erdi lo jarraituko dugu geure erlijio burgesean. Zatoz eta egin gaitzazu lankide Jesusen egitasmoan!

Zatoz, Maitasun Espiritua, eta irakats iezaguzu elkar maitatzen, Jesusek maite ohi zuen maitasunez. Zu gure artean bizitasunez bizi gabe, Elizaren komunioa zartatu eginen da; hierarkia eta herria urrunduz joanen dira gero eta gehiago; zatiketa handitu eginen da, elkarrizketa itoko eta intolerantzia haziko. Zatoz eta biziaraz ezazu gure bihotzean eta gure eskuetan Jesusen antzeko eginen gaituen haurride-maitasuna!

Zatoz, Espiritu Askatzailea, eta gogorazi guri aske izateko askatu gintuela Kristok eta ez esklabotzak berriro zapaldu gaitzan uzteko. Zure indarrik eta zure egiarik gabe, Jesusekiko gure jarraitze gozoa esklaboen moral bilakatuko da; ez dugu ezagutuko bizia dakarren maitasuna, baizik bizia hiltzen duen geurekoikeria; ito eginen da gu baitan Jainkoaren seme-alabak hazarazten dituen askatasuna eta, beste behin, beldurraren, koldarkeriaren eta fanatismoaren biktima izanen gara. Zatoz, Espiritu Santua, eta kutsa gaitzazu Jesusen askatasunez!

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pentecostés

C (Juan 14,15-16.23b-26)

Evangelio del 15/may/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

INVOCACIÓN

Ven, Espíritu Creador, e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Sin tu impulso y tu gracia, no acertaremos a creer en él; no nos atreveremos a seguir sus pasos; la Iglesia no se renovará; nuestra esperanza se apagará. ¡Ven y contágianos el aliento vital de Jesús!

Ven, Espíritu Santo, y recuérdanos las palabras buenas que decía Jesús. Sin tu luz y tu testimonio sobre él, iremos olvidando el rostro bueno de Dios; el Evangelio se convertirá en letra muerta; la Iglesia no podrá anunciar ninguna noticia buena. ¡Ven y enséñanos a escuchar solo a Jesús!

Ven, Espíritu de la Verdad, y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu guía, nunca nos liberaremos de nuestros errores y mentiras; nada nuevo y verdadero nacerá entre nosotros; seremos como ciegos que pretenden guiar a otros ciegos. ¡Ven y conviértenos en discípulos y testigos de Jesús!

Ven, Espíritu del Padre, y enséñanos a gritar a Dios «Abba» como lo hacía Jesús. Sin tu calor y tu alegría, viviremos como huérfanos que han perdido a su Padre; invocaremos a Dios con los labios, pero no con el corazón; nuestras plegarias serán palabras vacías. ¡Ven y enséñanos a orar con las palabras y el corazón de Jesús!

Ven, Espíritu Bueno, y conviértenos al proyecto del «reino de Dios» inaugurado por Jesús. Sin tu fuerza renovadora, nadie convertirá nuestro corazón cansado; no tendremos audacia para construir un mundo más humano, según los deseos de Dios; en tu Iglesia los últimos nunca serán los primeros; y nosotros seguiremos adormecidos en nuestra religión burguesa. ¡Ven y haznos colaboradores del proyecto de Jesús!

Ven, Espíritu de Amor, y enséñanos a amarnos unos a otros con el amor con que Jesús amaba. Sin tu presencia viva entre nosotros, la comunión de la Iglesia se resquebrajará; la jerarquía y el pueblo se irán distanciando siempre más; crecerán las divisiones, se apagará el diálogo y aumentará la intolerancia. ¡Ven y aviva en nuestro corazón y nuestras manos el amor fraterno que nos hace parecernos a Jesús!

Ven, Espíritu Liberador, y recuérdanos que para ser libres nos liberó Cristo y no para dejarnos oprimir de nuevo por la esclavitud. Sin tu fuerza y tu verdad, nuestro seguimiento gozoso a Jesús se convertirá en moral de esclavos; no conoceremos el amor que da vida, sino nuestros egoísmos que la matan; se apagará en nosotros la libertad que hace crecer a los hijos e hijas de Dios y seremos, una y otra vez, víctimas de miedos, cobardías y fanatismos. ¡Ven, Espíritu Santo, y contágianos la libertad de Jesús!

José Antonio Pagola

 

 

Durísimo alegato de Francisco contra la corrupción, los muros y la exclusión ante los líderes europeos

«¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad?». Bergoglio desafía a Europa a crear «un nuevo humanismo basado en integrar, dialogar y generar». Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Francisco recibió el premio Carlomagno. Un discurso que pasará a la historia de la construcción europea. Y que, desgraciadamente, sólo quedará en el «sueño de una utopía» si no se toman medidas urgentes en lo tocante a la familia, el trabajo, la economía excluyente y los muros que se construyen para no dejar pasar al diferente.

 

 

Los divorciados vueltos a casar no están excomulgados

José M. Castillo, teólogo

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Como es sabido, el cardenal G. L. Müller, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ha dicho recientemente, en Madrid y Oviedo, que los divorciados vueltos a casar están excomulgados. Pero, dado que esta excomunión no consta en el vigente Código de Derecho Canónico, el cardenal ha precisado su afirmación distinguiendo entre una “excomunión canónica” (que no sería el caso de los divorciados vueltos a casar) y una “excomunión sacramental”, que consistiría en negar la eucaristía a los divorciados “que viven una nueva unión”. Con lo que el cardenal ha afirmado exactamente lo contrario de lo que ha dicho el papa Francisco en su Exhortación “Amoris laetitia” (nº 243). Leer más

El TTIP, una amenaza para la Democracia, los Derechos Humanos y la Soberanía de los pueblos

Editorial Redes Cristianas

El TTIP es un acuerdo de gran alcance que se está negociando actualmente entre la Comisión Europea y el gobierno de los Estados Unidos. No se trata de las barreras al comercio como los aranceles, que ya son en general muy bajos entre la UE y EU.UU. Se centra sobre todo en los reglamentos, normas, derechos corporativos y garantías de inversión. El TTIP tiene como objetivo facilitar la inversión directa y la eliminación de obstáculos burocráticos a la circulación del capital transnacional que supone ya el 78% del capital invertido en el mundo. Leer más

«DURANTE SU VIDA JESÚS LLEGÓ A LO MÁS ALTO, NO DESPUÉS», Fray Marcos

Lc 24, 46-53
RELIGIÓN DIGITAL

Hoy debemos tener muy presente la oración de Pablo. “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de revelación para conocerlo; ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama…” No pide inteligencia, sino espíritu de revelación. No pide una visión sensorial penetrante, sino que ilumine los “ojos” del corazón. El verdadero conocimiento no viene de fuera, sino de la experiencia interior. Ni teología, ni normas morales, ni ritos sirven de nada si no nos llevan a la experiencia interior y no van acompañados de una vida entregada a los demás.

Hemos llegado al final del tiempo pascual. La ascensión es una fiesta de transición que intenta recopilar todo lo que hemos celebrado desde el Viernes Santo. La mejor prueba de esto es que Lc, que es el único que relata la ascensión, nos da dos versiones: una al final del evangelio y otra al comienzo del los Hechos. Para comprender el lenguaje que la liturgia utilizan para referirse a esta celebración, es necesario tener en cuanta la manera mítica de entender el mundo en aquella épocas y posteriores, muy distinta de la nuestra.

Desde una visión mítica, el mundo estaba dividido en tres estadios: el superior (arriba) estaba habitado por la divinidad. El del medio (el nuestro) era la realidad terrena en la que todos vivimos. El tercero (abismo) era el lugar del maligno y sus secuaces. Desde este esquema, la encarnación era concebida como una bajada del Verbo, desde la altura donde habita la divinidad a la tierra. Su misión era la salvación de todos. Por eso, después de su muerte tuvo que bajara a los infiernos (inferos) para que la salvación fuera total. Una vez que Jesús cumplió su misión salvadora, lo lógico era que volviera a su lugar de origen.

No tiene sentido seguir hablando de bajada y subida. Aunque cambiar las mentes es muy difícil. Si no lo intentamos, estaremos transmitiendo conceptos que la gente de hoy no puede comprender. Una cosa fue la predicación de Jesús terreno y otra muy distinta la tarea que tiene que acometer la comunidad, después de atravesar la experiencia pascual. El telón de fondo es el mismo, el Reino de Dios, vivido y predicado, pero a los primeros cristianos les llevó tiempo encontrar la manera de transmitir lo que ya había experimentado. Nosotros tenemos que continuar esa obra, transmitir el mensaje, acomodándola a nuestra cultura.

Resurrección, ascensión, sentarse a la derecha de Dios, envío del Espíritu, son todas realidades pascuales. En todas ellas queremos expresar la misma verdad: El final de “este Hombre” Jesús, no fue la muerte sino la Vida. El misterio pascual es tan rico que no podemos abarcarlo con una sola imagen, por eso tenemos que desdoblarlo para ir analizándolo por partes y poder digerirlo. Con todo lo que venimos diciendo durante el tiempo pascual, debe estar ya muy claro que después de la muerte no pasó nada en Jesús.

Una vez muerto pasa a otro plano donde no existe tiempo ni espacio. Sin tiempo y sin espacio no puede haber sucesos. Todo “sucedió” como un chispazo que dura toda la eternidad. El don total de sí mismo es la identificación total con Dios y por tanto su total y definitiva gloria. No va más. En los discípulos sí sucedió algo. La experiencia de resurrección sí fue constatable. Sin esa experiencia que no sucedió en un momento determinado, sino que fue un proceso que doró muchos años, no hubiera sido posible la religión cristiana.

Una cosa es la verdad que se quiere trasmitir y otra los conceptos y fórmulas con los que intentamos llevar a los demás nuestra verdad. No estamos celebrando un hecho que sucedió hace 2000 años. Celebramos un acontecimiento teológico que se está dando en este momento. Los tres días para la resurrección, los cuarenta días para la ascensión, los cincuenta días para la venida del Espíritu, no son tiempos cronológicos sino teológicos. Lc, en su evangelio, pone todas las apariciones y la ascensión en el mismo día. En cambio, en los Hechos habla de cuarenta días de permanencia de Jesús con sus discípulos. Quiere decir que para él no tenía ninguna importancia el tiempo cronológico.

Solo Lc al final de su evangelio y al comienzo de los “Hechos”, narra la ascensión como un fenómeno constatable externo. Si, como parece probable, los dos relatos constituyeron al principio un solo libro, tendríamos que admitir que se duplicó el relato para dejar uno como final y otro como comienzo de sus dos obras. Para él, el evangelio es el relato de todo lo que hizo y enseñó Jesús; los Hechos es el relato de todo lo que hicieron los apóstoles. Esa constatación de la presencia de Dios, primero en Jesús y luego en los cristianos, es la clave de todo el misterio pascual y la clave para entender la fiesta que estamos celebrando.

El cielo en todo el AT, no significa un lugar físico, sino una manera de designar la divinidad sin nombrarla. Así, unos evangelistas hablan del “Reino de los cielos” y otros del “Reino de Dios”. Solo con esto, tendríamos una pista para no caer en la tentación de entenderlo materialmente. Es lamentable que sigamos hablando de un lugar donde se encuentra la corte celestial. Podemos seguir diciendo “Padre nuestro que estás en los cielos”. Podemos seguir diciendo que se sentó a la derecha de Dios, pero sin entenderlo literalmente.

Tenemos más pistas. Hasta el s. V no se celebró ninguna fiesta de la Ascensión. Se consideraba que la resurrección llevaba consigo la glorificación. Ya hemos dicho que en los primeros indicios escritos que han llegado hasta nosotros de la cristología pascual, está expresada como “exaltación y glorificación”. Antes de hablar de resurrección se habló de glorificación. Esto podía explicar la manera de hablar de ella en Lc. Lo importante de todo el mensaje pascual es que el mismo Jesús que vivió con los discípulos, es el que llegó a lo más alto. Llegó a la meta. Alcanzó su plenitud que consiste en identificarse totalmente con Dios.

La Ascensión no es más que un aspecto del misterio pascual. Se trata de descubrir que la posesión de la Vida por parte de Jesús es total. Participa de la misma Vida de Dios y por lo tanto, está en lo más alto del “cielo”. Las palabras son apuntes para que nosotros podamos entendernos. Hoy tenemos otro ejemplo de cómo, intentando explicar una realidad espiritual, la complicamos más. Resucitar no es volver a la vida biológica sino volver al Padre. “Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre”.

Nuestra meta, como la de Jesús, es ascender hasta lo más alto, el Padre. Pero teniendo en cuenta que nuestro punto de partida es también, como en el caso de Jesús, el mismo Dios. No se trata de movimiento alguno, sino de toma de conciencia. Esa ascensión no puedo hacerla a costa de los demás, sino sirviendo a todos. Pasando por encima de los demás, no asciendo sino que desciendo. Como Jesús, la única manera de alcanzar la meta es descendiendo hasta lo más hondo de mi ser. El que más bajó, es el que más alto ha subido.

El entender la subida como física es una trampa muy atrayente. Los dirigentes judíos prefirieron un Jesús muerto. Nosotros preferimos un Jesús en el cielo. En ambos casos sería una estratagema para quitarlo del medio. Descubrirlo dentro de mí y en los demás, como nos decía el domingo pasado, sería demasiado exigente. Mucho más cómodo es seguir mirando al cielo… y no sentirnos implicados en lo que está pasando a nuestro alrededor.

En el relato que hemos leído, se encuentran todos los elementos que hemos manejado en el tiempo pascual: la identificación de Jesús; la alusión a la Escritura; la necesidad de Espíritu; la obligación de ser testigos; la conexión de la vivencia con la misión. Se contrapone la Escritura que funcionó hasta aquel momento y el Espíritu que funcionará en adelante. Al inicio de su vida pública, Jesús fue ungido por el Espíritu para llevar a cabo su obra. Los discípulos también tienen que ser revestidos de la fuerza de lo alto par llevar a cabo la suya.

 

Meditación-contemplación

“Os revestirán de la fuerza de lo alto”.
Este es el cambio que percibieron los apóstoles en la experiencia pascual.
Una nueva energía vital que les inunda y les transforma.
Es el “nacer de nuevo” que Jesús había propuesto a Nicodemo.
………………..

Esa energía tiene que iluminar todo mi ser.
Como una lámpara se transforma en luz cuando la atraviesa la corriente,
así mi ser se iluminará cuando conecte con lo divino.
Esa iluminación es el objetivo último de todo ser humano.
…………………

No se trata de un mayor “conocimiento” intelectual.
No es la mente la que debe iluminarse, sino el “corazón”.
Aquí está la verdadera batalla,
sobre todo, para nosotros los occidentales cartesianos.
……………….

Fray Marcos

 

Textos del Domingo 08 de Mayo de 2016: Ascensión del Señor

Hechos de los apóstoles 1, 1-11

Lo vieron levantarse

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»

Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»

Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Efesios 1, 17-23

Lo sentó a su derecha en el cielo

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Lucas 24, 46-53

Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo.

Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.