La hambruna asola varias regiones ruandesas

Rosa Moro
UMOYA

Ruanda es víctima en estos momentos de una crisis alimentaria; aunque las autoridades hablan de una penuria limitada y aislada que afecta a algunas familias de las provincias del este y del norte, las asociaciones de la sociedad civil afirman que “Nzaramba” (nombre dado a la hambruna actual) causa estragos en todo el país y afecta a amplias capas de la población. Según numerosos observadores, determinadas opciones económicas y políticas estarían en el origen de esta hambruna, aunque las autoridades se defiendan de esta opinión y evoquen por su parte las condiciones climáticas para explicar una crisis alimentaria que tratan de minimizar como pueden. Leer más

Francisco: «Hacer proselitismo no es evangelizar»

No reducir la evangelización al funcionalismo ni tampoco a un simple ‘paseo’. «La gracia no se compra y tampoco se vende: es gratis». Es la petición realizada por el papa Francisco en la homilía de esta mañana en Santa Marta. Demasiados intelectuales de la Iglesia que debían haber previsto el mal social ensuciaron la historia del cristianismo con su apocada o entusiasta entrega al despotismo. El catolicismo dispone de los mejores recursos morales para enfrentarse a la crisis que sufrimos. Debería ser algo obvio para los creyentes, pero tal convicción ha sido bloqueada por la costumbre de recluir nuestra conciencia en una avergonzada privacidad y de aceptar sumisamente que podamos proclamar el mensaje de la caridad y la compasión, pero nunca ofrecer las propuestas sociales que nos identifican, como si fuera una intolerable intromisión de la Iglesia.

 

La presencia del mal

Román Díaz Ayala,
Atrio

En las varias civilizaciones cuyos testimonios han llegado hasta nosotros bien se hacen manifestaciones de la presencia del mal o bien ofrecen explicaciones sobre su origen, a veces con mitos y leyendas que se remontan a una primera etapa oral. Tales narraciones nos llegan envueltas en sus religiones y sus filosofías.

Nos estamos refiriendo claramente al mal moral y a sus diversas manifestaciones en el ser humano. Leer más

VOLVER A LOS ORÍGENES DEL FEMINISMO

JUAN JOSÉ TAMAYO
FE ADULTA

Junto a Octavio Salazar Benítez, de la Universidad de Córdoba, Juan José Tamayo codirige el curso de verano de la UNIA Feminismo, género y cultura. El reconocido teólogo -profesor en la Carlos III de Madrid, donde dirige la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría- defiende la Teología de la Liberación y ofrece un enfoque crítico sobre la jerarquía de la Iglesia católica.

-¿Cree que el feminismo está devaluado? Leer más

Urteko 26. igandea – 26 Tiempo ordinario, José A. Pagola

C (Lukas 16,19-31)

Evangelio del 25/Sept/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

EZKUSIARENIK EZ SUFRITZEN ARI DENARI – NO IGNORAR AL QUE SUFRE

Parabolako protagonista bien arteko kontrastea tragikoa da. Aberatsa purpuraz eta lihoz jantzia da. Haren bizitza guztia da luxu eta nabarmenkeria. «Egunero oparo jan-edatea» du bere amets guztia. Aberats honek ez du izenik, ez nortasun-agiririk. Ez da inor. Errukiz huts den haren bizitza porrota da. Ezin bizi daiteke bat jan-edateko soilik.

Haren etxe-atarian, han datza eskale bat goseak, zauriz beterik. Inork ez dio laguntzen. Soilik, txakur batzuk hurbiltzen zaizkio bere zauriak miazkatzera. Ez du ezer bererik, baina badu izen bat, esperantza-eroalea. «Lazaro» edo «Eliezer» du izena, «Ene Jainkoa laguntza da» esan nahi du.

Haien zoria errotik kanbiatu da heriotza-orduan. Aberatsari lur eman diote, segur aski handikiro, baina «Hadesera» edo «hildakoen erreinura» eramango dute. Lazaro ere hil da. Ez da aipatzen ere hileta-konturik, baina «aingeruek Abrahamen altzora eramango dute». Bere garaiko irudi herrikoiz, Jesusek gogoratzen digu ezen Jainkoak duela azken hitza aberatsen eta behartsuen gain.

Aberatsa ez dute juzkatzen esplotatzaile bezala. Ez da esaten Elkargotik urrun bizi izan den fedegabea dela. Soilki, pobreari ezikusia eginez, aberastasunez gozatu duena da. Han berean zegoen behartsua, baina aberatsak ez du ikusi nahi izan. Haren etxe-atarian zegoen, baina ez zaio hurbildu. Bere bizitzatik at utzi du behartsua. Axolagabe izatea: horra haren bekatua.

Behatzaileen arabera, handituz doa gure gizartean apatia, hau da, besteen sufrimenarekiko sentiberatasun-falta. Mila moldez saihesten dugu sufritzen ari den jendearekin zuzeneko harremanak izatea. Apurka, gero eta ezgaiago bihurtzen ari gara besteen nahigabea ikusteko.

Haur eskale bat geure aurrean ikustea gogaikarri izan ohi dugu. Adiskide batekin, gaixotasun terminalak joa den batekin, topo egiteak larritu egiten gaitu. Ez dugu asmatzen zer egin, ez zer esan. Hobe izaten dugu tarte bat luzatzea. Geure zereginetara ahalik lasterren itzultzea. Ez uztea erasan diezagun.

Hobe sufrimena urrunean gertatzen bada. Gizakia, miseria edo gaixotasuna datu, zenbaki eta estatistika bihurtzen ikasi dugu: errealitateaz informatzen gaitu, bai, baina gure bihotza doi-doi ukitzen duela. Badakigu, orobat, sufrimen izugarriak telebistan ikusten; baina pantaila hutseko sufrimena ez da hain erreala, ezta hain izugarria ere. Sufrimenak gure hurbilagoko bat jotzen duenean, mila eraz baliatzen gara geure bihotza anestesiatzeko.

Jesusi jarraitzen diona, aldiz, gero eta sentiberago bihurtzen da bidean sufritzen aurkitzen duenaren aurrean. Hurbildu egiten zaio premian dagoenari eta, bere esku badu, haren egoera arintzen ahalegintzen da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

26 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,19-31)

Evangelio del 25/Sept/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

NO IGNORAR AL QUE SUFRE

El contraste entre los dos protagonistas de la parábola es trágico. El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Solo piensa en «banquetear espléndidamente cada día». Este rico no tiene nombre pues no tiene identidad. No es nadie. Su vida vacía de compasión es un fracaso. No se puede vivir solo para banquetear.

Echado en el portal de su mansión yace un mendigo hambriento, cubierto de llagas. Nadie le ayuda. Solo unos perros se le acercan a lamer sus heridas. No posee nada, pero tiene un nombre portador de esperanza. Se llama «Lázaro» o «Eliezer», que significa «Mi Dios es ayuda».

Su suerte cambia radicalmente en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguramente con toda solemnidad, pero es llevado al «Hades» o «reino de los muertos». También muere Lázaro. Nada se dice de rito funerario alguno, pero «los ángeles lo llevan al seno de Abrahán». Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres.

Al rico no se le juzga por explotador. No se dice que es un impío alejado de la Alianza. Simplemente, ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenía allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Lo ha excluido de su vida. Su pecado es la indiferencia.

Según los observadores, está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos de mil formas el contacto directo con las personas que sufren. Poco a poco, nos vamos haciendo cada vez más incapaces para percibir su aflicción.

La presencia de un niño mendigo en nuestro camino nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer ni qué decir. Es mejor tomar distancia. Volver cuanto antes a nuestras ocupaciones. No dejarnos afectar.

Si el sufrimiento se produce lejos es más fácil. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a datos, números y estadísticas que nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón. También sabemos contemplar sufrimientos horribles en el televisor, pero, a través de la pantalla, el sufrimiento siempre es más irreal y menos terrible. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, no esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.

Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de quienes encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 25 de septiembre de 2016, 26º Ordinario

Servicios Koinonia

Lucas 16, 19-31

Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.

Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. «

Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»

El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.»

Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»

El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.

Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.»»

Leemos hoy una parábola del evangelio de Lucas. Se llamaba Lázaro (nombre derivado del hebreoel’azar que significa “Dios ayuda”), aunque en vida no gozó, al parecer, de la ayuda divina. Le tocó en desgracia ser mendigo, como a tantos millones de seres humanos hoy, estar postrado en el portal de la casa de un rico sin nombre, uno de tantos, al que tradicionalmente se le ha calificado de “epulón”, banqueteador.

Lázaro o “Dios ayuda” tenía en realidad pocas aspiraciones: se contentaba con llenarse el estómago con lo que tiraban de la mesa del rico, las migajas de pan en las que los señores se limpiaban las manos a modo de servilletas. Pero ni siquiera esto pudo conseguirlo, pues nadie le hizo entrar a la sala del banquete. Para colmo, unos perros callejeros, animales considerados impuros y en estado semisalvaje, tan comunes en la antigüedad, se le acercaban para lamerle las llagas. Imposible mayor marginación: pobreza e impureza de la mano. Nada dice el evangelio de las creencias religiosas de este hombre, con razones sobradas para dudar seriamente de la reconocida compasión divina para con el pobre y el oprimido. Tal vez ni siquiera tuviese tiempo ni ganas de pararse a pensar en semejantes disquisiciones teológicas.

Tanto al rico como al pobre les llegó la hora de la muerte, a partir de la cual se cambiarían en el más allá las tornas, como pensaban los fariseos. Aunque, dicho sea de paso, con esto del “más allá”, quienes hacían de la religión baluarte de conservadurismo e inmovilismo han invitado mil veces a la resignación, tildada de “cristiana”, a la paciencia y al mantenimiento de situaciones injustas a los que las sufrían; en el más allá -se decía- Dios dará a cada uno su merecido. Aunque siempre cabe pensar: ¿y por qué no ya desde el más acá?

Para muchos predicadores, satisfechos con la imagen de un Dios que “premia a los buenos y castiga a los malos”, como el dios que profesaban los fariseos, la parábola terminaba en el más allá contemplando el triunfo del pobre y la caída del rico. Apenas se comentaba la última escena, clave importante para comprender su mensaje. De ser así, esta parábola sería una invitación a aceptar cada uno su situación, a resignarse, a cargar con su cruz, a no rebelarse contra la injusticia, a esperar un más allá en el que Dios arregle todos los desarreglos y desmesuras humanas. Entendido así, el mensaje evangélico se hermanaría con un conformismo a ultranza que ayuda a mantener el desorden establecido, la injusticia humana y las clases sociales enfrentadas.

Pero esta parábola no es una promesa para el futuro. Mira a la vida presente y va dirigida a los cinco hermanos del rico, que continuaban –después de la muerte de su hermano y de Lázaro– en la abundancia y el despilfarro. Por eso, el rico, alarmado por lo que espera a sus hermanos si siguen viviendo de espaldas a los pobres, pide a Abrahán que envíe a Lázaro a su casa, a sus hermanos, para que los prevenga, no sea que acaben en el mismo lugar de tormento. Para cambiar la situación en que viven sus hermanos, el rico epulón piensa que hace falta un milagro: que un muerto vaya a verlos. Crudo realismo de quien conoce la dinámica del dinero, que cierra el corazón humano a la evidencia de la palabra profética, al dolor y al sufrimiento del pobre, a la exigencia de justicia, al amor e incluso a la voz de Dios. El dinero deshumaniza. Me remito a la experiencia de cada uno.

Bien lo sabía el profeta Amós cuando amenazaba a los ricos que se acostaban en lechos de marfil, arrellanados en divanes y se daban a la gran vida entre comilonas, música, vino abundante y perfumes exquisitos, sin dolerse del sufrimiento de los pobres (Am 6,1a.4-7). Aquellos fingían devoción a Dios y veneración hacia la ciudad santa y el templo, creyendo de este modo contentar a Dios y quedar justificados. Pero el verdadero Dios no es amigo de una religión que separa el culto de la vida, el incienso de la práctica del amor al prójimo. Este Dios, según el libro del Deuteronomio, comparte suerte con el pobre, el huérfano, la viuda y el extranjero; con todos aquellos a quienes los poderosos les han arrebatado el derecho a una vida vivida con dignidad.

La parábola no puede tener más actualidad en este año 2016, año en que las estadísticas dicen que va a producirse un fenómeno estadístico importante: el 1% más rico de la población del mundo va a superar su propio récord patrimonial, que estaba en el 49% de la riqueza del mundo, y va a pasar a ser el 50%; ya se han hecho con la riqueza de medio mundo. El actual sistema mundial privilegia la desigualdad. El mundo actual no es bueno para los muchos Lázaros.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 37 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión del capítulo, y su comentario, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/article/37-el-grito-de-lazaro Ahí puede ser escuchado, y de ahí puede tomarse el guión, el audio, y un comentario bíblico-teológico.

 

 

Bodas de oro sacerdotales

El 4 de septiembre de 1966 Jesús Mauleón Heredia (Arróniz, 1936) celebró sus primeras misas en la parroquia de Navaz, Unzu, Ollacarizqueta y Garciriain. Cincuenta años después, los actuales feligreses se reunieron para conmemorar el aniversario. El sacerdote celebró una Eucaristía de Acción de Gracias y los vecinos prepararon un homenaje con el que reconocieron su trayectoria y agradecieron su dedicación. No faltaron la bendición del Papa Francisco ni una carta de agradecimiento y felicitación del Mons. Francisco Pérez, en nombre de la Diócesis. La felicitación se hizo extensiva a sus feligreses.

 

La hambruna asola varias regiones ruandesas

Ruanda es víctima en estos momentos de una crisis alimentaria; aunque las autoridades hablan de una penuria limitada y aislada que afecta a algunas familias de las provincias del este y del norte, las asociaciones de la sociedad civil afirman que “Nzaramba” (nombre dado a la hambruna actual) causa estragos en todo el país y afecta a amplias capas de la población. Según numerosos observadores, determinadas opciones económicas y políticas estarían en el origen de esta hambruna, aunque las autoridades se defiendan de esta opinión y evoquen por su parte las condiciones climáticas para explicar una crisis alimentaria que tratan de minimizar como pueden.

 

Una santa que no creía en Dios

Leonardo Boff

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Dejemos a un lado, por un momento, las cuestiones políticas y ocupémonos de un tema de gran relevancia existencial y espiritual. Se trata de la noche oscura que la recién canonizada Madre Teresa de Calculta vivió y sufrió desde 1948 hasta su muerte en 1997. Tenemos los testimonios recogidos por el postulador de su causa, el canadiense Brian Kolodiejchuk en el libro Come Be My Light (Ven, sé mi luz). Como es sabido, la Madre Teresa vivía en Calcuta recogiendo moribundos de las calles para que muriesen humanamente dentro de una casa y rodeados de personas. Lo hacía con extremo cariño y completa abnegación. Todo indicaba que lo hacía a partir de una profunda experiencia de Dios. Leer más