YA TENGO LA VERDADERA VIDA AQUÍ Y AHORA

Escrito por  Fray Marcos

Jn 11, 1-45

Lázaro es un personaje simbólico que nos representa en nuestra condición de criaturas limitadas, invitadas a superar los límites. Con la misma palabra “vida”, se hace referencia a conceptos tan diferentes que es difícil interpretarlos bien. De hecho, se puede dar la muerte en una vida fisiológica sana Y se puede dar la Vida con una salud deteriorada. No podemos tergiversar el texto hasta hacerle decir lo contrario de lo que quiere decir. Es indispensable que tratemos de dilucidar de qué Vida y de qué muerte estamos hablando.

En el relato de hoy, todo es simbólico. Los tres hermanos representan la nueva comunidad. Jesús está totalmente integrado en el grupo por su amor a cada uno. Unos miembros de la comunidad se preocupan por la salud de otro. La falta de lógica del relato nos obliga a salir de la literalidad. Cuando dice Jesús: “esta enfermedad no acabará en la muerte sino para revelar la gloria de Dios”; y al decir: “Lázaro está dormido: voy a despertarlo”, nos está indicando el verdadero sentido de todo el relato.

Si seguimos preguntando si Lázaro resucitó o no, físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida, solamente aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida y más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir unos años después, no soluciona nada. Sería ridículo que ese fuese el objetivo de Jesús. Es realmente sorprendente, que ni los demás evangelistas, ni ningún otro escrito del NT, mencione un hecho tan espectacular como la resurrección de un cuerpo ya podrido.

Jesús no viene a prolongar la vida física, viene a comunicar la Vida de Dios que él mismo posee. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Es la misma Vida de Dios. Resurrección es un término relativo, supone un estado anterior de vida física. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. “Yo soy la resurrección” está indicando que es algo presente, no futuro y lejano. No hay que esperar a la muerte para conseguir Vida.

Para que esa Vida pueda llegar al hombre, se requiere la adhesión a Jesús. A esa adhesión responde él con el don del Espíritu-Vida, que nos sitúa más allá de la muerte física. El término “resurrección” expresa solamente su relación con la vida biológica que ya ha terminado. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva” (5,24). Esto quiere decir que todo aquel que tenga una actitud como la que tuvo Jesús en su vida, participa de esa Vida. Esa Vida es la misma que vive Jesús.

Jesús corrige la concepción tradicional de “resurrección del último día”, que Marta compartía con los fariseos. Para Jn, el último día es el día de la muerte de Jesús, en el cual, con el don del Espíritu, la creación del hombre queda completada. Esta es la fe que Jesús espera de Marta. No se trata de creer que Jesús puede resucitar muertos. Se trata de aceptar la Vida definitiva que Jesús posee y puede comunicar al que se adhiere a él. Hoy seguimos con la fe para el más allá de Marta, que Jesús declara insuficiente.

¿Dónde le habéis puesto? Esta pregunta, hecha antes de llegar al sepulcro, parece insinuar la esperanza de encontrar a Lázaro con Vida. Indica que son ellos los que colocaron a Lázaro en el sepulcro, lugar de muerte sin esperanza. El sepulcro no es el lugar propio de los que han dado su adhesión a Jesús. Al decirles: “Quitad la losa”. Jesús pide a la comunidad que se despoje de su creencia. Los muertos no tienen por qué estar separados de los vivos. Los muertos pueden estar vivos y los vivos, muertos.

Ya huele mal. La trágica realidad de la muerte se impone. Marta sigue pensando que la muerte es el fin. Jesús quiere hacerle ver que no es el fin; pero también que sin muerte no se puede alcanzar la verdadera Vida. La muerte sólo deja de ser el horizonte último de la vida cuando se asume y se traspasa. “Si el grano de trigo no muere…” Nadie puede quedar dispensado de morir, ni el mismo Jesús. Jesús invita a Nicodemo a nacer de nuevo. Ese nacimiento es imposible sin morir antes a todo lo que creemos ser.

Al quitar la losa, desaparece simbólicamente la frontera entre muertos y vivos. La losa no dejaba entrar ni salir. Era la señal del punto y final de la existencia. La pesada losa de piedra ocultaba la presencia de la Vida más allá de la muerte. Jesús sabe que Lázaro había aceptado la Vida antes de morir, por eso ahora está seguro de que sigue viviendo. Es más, solo ahora posee en plenitud la verdadera Vida. “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. La Vida es compatible con la muerte.

Es muy importante la oración de Jesús en ese momento clave. Al levantar los ojos a “lo alto” y “dar gracias al Padre”, Jesús se coloca en la esfera divina. Jesús está en comunicación constante con Dios; su Vida es la misma Vida de Dios. No se dice que haya pedido nada. El sentido de la acción de gracias lo envuelve todo. Es consciente de que el Padre se lo ha dado todo, entregándose Él mismo. La acción de gracias se expresa en gestos y palabras, pero en Jesús manifiesta una actitud permanente.

Al gritar: ¡Lázaro, ven fuera! está confirmando que el sepulcro, donde le habían colocado, no era el lugar donde debía estar. Han sido ellos los que le han colocado allí. El creyente no está destinado al sepulcro, porque aunque muere, sigue viviendo. Con su grito, Jesús quiere mostrar a Lázaro vivo. Los destinatarios del grito son ellos, no Lázaro. Ellos tienen que convencerse de que la muerte física no ha interrumpido la Vida. Entendido literalmente, sería absurdo gritar para que el muerto oyera.

Salió el muerto con las piernas y los brazos atados. Las piernas y los brazos atados muestran al hombre incapaz de movimiento y actividad, por lo tanto, sin posibilidad de desarrollar su humanidad (ciego de nacimiento). El ser humano, que no nace a la nueva Vida, permanece atado de pies y manos, imposibilitado para crecer como tal ser humano. Una vez más es imposible entender la frase literalmente. ¿Cómo pudo salir, si tenía los pies atados? Parecía un cadáver, pero estaba vivo.

Lázaro ostenta todos los atributos de la muerte, pero sale él mismo porque está vivo. Todos tienen que tomar conciencia de su nueva situación. “Desatadlo y dejadlo que se marche”. Son ellos los que lo han atado y ellos son los que deben soltarlo. No devuelve a Lázaro al ámbito de la comunidad, sino que le deja en libertad. También ellos tienen que desatarse del miedo a la muerte que paraliza. Ahora, sabiendo que morir no significa dejar de vivir, podrán entregar su vida como Jesús.

 

Meditación

El relato nos invita a pasar de la muerte a la Vida.
Se trata de la Vida que no termina, la definitiva.
Es la misma Vida de Dios, comunicada al hombre.
Es la ÚNICA VIDA que lo inunda todo.

No es algo que Dios nos da o deja de darnos.
Es Dios comunicándonos su mismo ser.
Su ser es el fundamento de nuestro verdadero ser.
Jesús nos invita a descubrir y a vivir esa realidad.

 

Fray Marcos

 

 

La crisis actual del concepto de Dios

(Fragmenta).- El antropólogo Lluís Duch acaba de publicar El exilio de Dios(Fragmenta), donde propone abordar la cuestión de Dios sin apriorismos y huyendo de visiones reductoras, cuando el debate entre creencia y ateísmo parece superado. «La aguda crisis actual de las Iglesias de nuestro tiempo es consecuencia directa», afirma Lluís Duch en el libro, «de la crisis de la imagen de Dios» en la tradición judeocristiana, crisis que el autor sitúa como resultado de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la «confirmación de un proceso poderoso y muy acelerado de desoccidentalización».   Leer mas….

 

LA RELIGIÓN COMO FUENTE DE UTOPÍAS SALVADORAS

Leonardo Boff
Koinonia

Hoy predomina la convicción de que el factor religioso es un dato del fondo utópico del ser humano. Después de que la marea crítica de la religión, hecha por Marx, Nietzsche, Freud y Popper, retrocedió, podemos decir que los críticos no han sido suficientemente críticos.

En el fondo todos ellos elaboran dentro de un equívoco: quisieron colocar la religión dentro de la razón, lo cual hace surgir todo tipo de incomprensiones. Estos críticos no se dieron cuenta de que el lugar de la religión no está en la razón, aunque posea una dimensión racional, sino en la inteligencia cordial, en el sentimiento oceánico, en esa esfera de lo humano donde surgen las utopías. Leer más

Jim Keenan, sj: «En este momento de confusión, el Papa está levantando una Iglesia como un faro en las tinieblas»

(José M. Vidal).- «El giro de Francisco a lo social es el imperativo evangélico». Jim Keenan, sj, profesor del Boston College y creador de una red mundial de moralistas, que acaba de ser recibida por el Papa y por varios dicasteros romanos. El reputado moralista americano cree que «frabcisco es un faro en medio de las tinieblas», defiende la ‘Amoris laetitia’ y la moral enriquecida por el bien hacer de los laicos en este ámbito.  Leer mas….

 

Sobre los obispos españoles

Faustino Vilabrille
Reflexión y Liberación

Hay ciegos con los ojos bien abiertos que no ven, porque ven lo que no deben, y no ven lo que deben ver Juan 9,1-41
Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?” Jesús contestó: “Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mun­do”.    Leer mas….

 

Desconcertante Francisco

Celso Alcaina,
Atrio

Acabo de leer que el papa Francisco pretende canonizar en mayo a Francisco y Jacinta, dos de los niños videntes de Fátima. En el 2000 ya fueron beatificados por Juan Pablo II. Una curación de un niño brasileño justificaría esta canonización. En más de una ocasión me manifesté sobre canonizaciones y milagros. La última, en mi reciente libro ROMA VEDUTA. Llego a concluir que Francisco tuvo en su mano la ocasión para clausurar la Congregción de las Causas de los Santos. Leer más

RELIGIÓN Y APOSTASÍA. A PROPÓSITO DE “SILENCIO”

Hace ya dos meses que dos matrimonios amigos fuimos a ver Silencio, de Scorsesse. Entretanto, ha desaparecido de las carteleras y de los medios que todo lo devoran. Todo lo devoramos sin haberlo saboreado y sin tiempo para digerir y nutrirnos. En cuanto a la película como tal, carezco de criterio competente para afirmar si es buena o mala, ni me interesa en este momento. Leer más

MI TESTIMONIO DE CRISTIANO EN LA VIDA PÚBLICA

BENJAMÍN FORCANO, teólogo, bforcanoc@gmail.com
MADRID. 

ECLESALIA .- Comenzaría por preguntar si obedece a motivo especial el que se me pida exponer mi testimonio cristiano en la vida pública.

Yo no estaría aquí ni vosotros podríais leerme si no partimos del supuesto de que, como personas, somos interioridad y exterioridad, con derecho a una intimidad, pero no derecho absoluto, pues nuestra interioridad es también apertura y relación. Y si es verdad que nuestro conocimiento y autoposesión escapa a todo dominio, también es cierto que nuestro yo sólo se conoce y realiza de verdad en la convivencia con los otros. Somos seres relacionales, impensables fuera de una relación social. Leer más

Garizumako 5. igandea – Domingo 5º de Cuaresma, José A. Pagola

– A (Joan 11,1-45)

Evangelio del 02 / Abr / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

HORRELA NAHI DUT NIK HIL

Jesusek ez du ezkutatu sekula Betanian bizi diren hiru anai-arrebekiko maitasun beroa. Segur aski, Jerusalemera igotzen den guztietan etxean hartzen dutenak dira. Behin batean, Jesusek enkargu bat jaso du: «Gure neba Lazaro, zure adiskidea, gaixo dago». Handik gutxira, herrixka hartarako bidea hartu du Jesusek.

Iritsi denean, Lazaro hila da. Jesus ikusi duenean, Mariak, ahizpa gazteenak, negarrari eman dio. Ezin kontsolatu du inork. Bere adiskide hori eta honek lagun dituen juduak ikustean, Jesusek ezin eutsi izan dio. «Negarrari eman dio» berak ere beste haiekin batean. Eta jendeak esaten du: «Nola maite zuen!».

Jesusek ez du negar egiten bere adiskide maiteagatik bakarrik. Bihotza urratu zaio heriotzaren aurrean guztiei nabari zaien ezinagatik. Guztiok dugu geure izatearen barruenean bizi-nahi aseezin bat. Zer dela-eta gure hil behar hori? Nolatan ez dugu geure bizitza zoriontsuagoa, luzeagoa, seguruagoa, biziagoa?

Gaur egungo gizakiak, aldi guztietakoak bezala, iltzaturik du bihotzean galderarik kezkagarriena eta erantzuteko zailena: zer izango da azkenean gu guztioz eta gutako bakoitzaz? Alferrik da geure burua engainatzea. Zer egiten ahal dugu heriotzaren aurrean? Matxinatu, geure onetik atera? Etsi?

Dudarik gabe, erreakziorik ohikoena arazoaz ahaztea izaten dugu eta «hil arte segi». Alabaina, gizakia ez al dago egina bere bizitza bizitzeko eta bere bizitza azti eta erantzukizunez bizitzeko? Soilik geure azken horretara jo behar al dugu era oharkabean eta erantzukizunik gabe, joera jakin bat hartu gabe?

Heriotzaren azken misterioaren aurrean, ez da posible dogma zientifiko eta erlijiosoei eskua luzatzea. Ezin gidatzen ahal gaituzte bizitza honetatik harago. Ondraduagoa ematen du Eduardo Txillida eskultorearen jarrerak, egun batean esaten entzun bainion: «Heriotzaz, arrazoiak esaten dit behin betikoa dela. Arrazoiaz, arrazoiak esaten dit mugatua dela».

Beste biziaz, kristauok ez dakigu gainerakoek baino gehiago. Geuk ere apal hurbildu beharra dugu geure heriotzaren gertaera ilun horretara. Baina errotiko konfiantza dugu, Jesusengan sumatzen dugun Jainkoaren Misterioaren ontasunean. Jesus hori, ikusi ez dugularik ere, maite baitugu eta, artean ikusi gabe ere, konfiantza ematen baitigu.

Konfiantza hau ezin uler daiteke kanpotik. Soilik, bizi egin dezake, Jesusen hitz hauei, fede xumez, erantzun dienak: «Ni naiz piztuera eta bizia. Sinesten al duzu hau?». Duela gutxi, Hans Küng-ek, XX. mendeko teologorik kritikoenak, esana du, berarentzat, hiltzea «Jainkoaren errukiaren misterioan atsedetea dela. Horrela nahi dut nik hil.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

5 Cuaresma – A (Juan 11,1-45)

Evangelio del 02 / Abr / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

ASÍ QUIERO MORIR YO

Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que le acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día, Jesús recibe un recado: «Nuestro hermano Lázaro, tu amigo, está enfermo». Al poco tiempo Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.

Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él «se echa a llorar» junto a ellos. La gente comenta: «¡Cómo lo quería!».

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?

El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer ante la muerte? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?

Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y «seguir tirando». Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo hacia nuestro final nos hemos de acercar de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?

Ante el misterio último de la muerte no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida, al que en cierta ocasión le escuché decir: «De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada».

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y al que, sin verlo aún, damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Solo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?». Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo XX, cercano ya a su final, ha dicho que, para él, morirse es «descansar en el misterio de la misericordia de Dios». Así quiero morir yo.

José Antonio Pagola