Profundo malestar en la diócesis por su forma de gobernar con “hechos consumados”. El arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, estrena palacio. Un palacio elegantísimo, en cuya rehabilitación se han invertido 2.400.000 euros.
En plena crisis. Todo lo que el palacio simboliza están provocando un profundo malestar entre gran parte del clero y de los fieles burgaleses, que reprochan al arzobispo su escoramiento a la derecha y su falta casi absoluta de transparencia y de participación en la gestión y en la toma de decisiones de la archidiócesis.