Mientras el hambre se dispara en África, -Somalia, Eritrea, Etiopía, Kenia…- organizaciones independientes apuntan a que sólo en este continente se han vendido 63 millones de hectáreas de tierras fértiles y con acceso al agua a inversores extranjeros. Esta política neocolonialista ha sido impulsada y facilitada por el Banco Mundial y la propia FAO.
India, Arabia Saudí y China son los primeros compradores de tierras del continente africano. Pero también Kuwait, Qatar, Bahrein y empresas de Suecia, Alemania o Reino Unido que han suscrito acuerdos con Angola, Kenia, Zambia, República Democrática del Congo, Mozambique, Senegal, Mali, Sudán, Suazilandia, Botswana, etc.
Etiopía, con 82 millones de habitantes, es uno de los países que más tierras ha vendido y alquilado durante años a las transnacionales. Según fuentes del gobierno más de 2.500 kilómetros de tierra fértil en la región de Gambella se han alquilado a 36 países y más de 15.000 etíopes van ser realojados este año para “darles mejor acceso al agua, escuelas y transporte” en ese departamento.
En la India, según el periódico The Economist Times, más de 80 compañías indias han invertido en cultivos en Kenia, Etiopía, Madagascar, Senegal y Mozambique destinados al mercado hindú. El listado de países africanos que han entregado sus tierras es largo. Entre ellos Mozambique, donde se calcula que se ha vendido el 20% de las tierras de cultivo. Por su parte, la República Democrática del Congo alquila a empresarios de la agroindustria de Sudáfrica diez millones de hectáreas por un periodo de 90 años, y algo muy parecido ocurre en Sudán.
Más de 500 organizaciones campesinas, organizaciones no gubernamentales, ambientales y sindicatos hicieron en junio un llamamiento contra el acaparamiento de tierras durante la reunión en París del G-20. Esas mismas organizaciones se darán cita entre el 17 y el 20 de noviembre en Nyeleni (Mali) para unir estrategias frente a la venta de tierras.
Joan Baxter es una investigadora del Instituto Oakland que ha vivido y trabajado en África durante más de 25 años. Es autora de importantes informes sobre las transacciones de tierras en Sierra Leona y Malí, en una reciente publicación describe así lo que considera una visión a ras de suelo de las tierras de África, donde en los últimos años inversores extranjeros han adquirido decenas de millones de hectáreas de tierras agrícolas.
“El jefe comunitario de la aldea parecía estar en estado de shock.
Sentado frente al porche de su casa de barro y paja, en el distrito de Pujehun, en el sur de Sierra Leona, luchaba por encontrar las palabras que pudieran explicar cómo había renunciado a la tierra que había permitido vivir a su familia y su comunidad.
Dijo que había sido coaccionado por su Jefe Supremo, dijo que aceptara o no, su tierra sería apropiada y su pequeña tienda de aceite de palma, destruida. No conocía el nombre del inversor extranjero ni sabía que planeaba arrendar hasta 35.000 hectáreas de tierras agrícolas de la zona para crear enormes plantaciones de caucho y aceite de palma.
Hablando de forma entrecortada, dijo que sin su tierra, tendría que abandonar su aldea. Y eso, para él, quería decir que estaba prácticamente muerto”.
En su última investigación publicada entre marzo y junio de 2011, sobre la compra venta de tierras en siete países africanos, ha encontrado que la mayoría de estos tratos carecen de transparencia haciendo que sea casi imposible calcular el área total afectada por los mismos. La falta de transparencia favorece mucho la corrupción. Sin embargo, “la transparencia, el buen gobierno y un entorno favorable” es uno de los siete principios establecidos por el Banco Mundial para una “agro-inversión responsable”. Encuentra que estas compras, a menudo, son hechas por los grandes inversionistas institucionales que producen pocos beneficios a las poblaciones locales y además desalojan a miles de pequeñas comunidades agrícolas de sus tierras ancestrales, creando una grave inseguridad alimentaria y causando la destrucción del medio ambiente.
Denuncia cómo el Grupo del Banco Mundial ha estado promoviendo la inversión extranjera directa en África, y permitiendo el acaparamiento de la tierra, y en sus reportajes en profundidad sobre Malí y Sierra Leona, revela cómo favorece la adquisición de grandes extensiones de tierras fértiles a unos pocos intereses privados priorizando la industria agraria a gran escala, en lugar de aportar soluciones a la pobreza y el hambre.
El apropiamiento de tierras para fines agroindustriales (agrocombustibles, cereales para piensos, etc.) se justificó diciendo que esas tierras las necesitaban para lograr la seguridad alimentaria de sus países de origen, pero pronto se evidenció la entrada de bancos inversores, grupos privados de capital y similares que sabían que podían ganar mucho dinero en la agricultura, teniendo en cuenta el alza en los precios de los alimentos.
Fuentes: Maria José Esteso, Periódico Diagonal.
Disenso.wordpress.com
Survival.