De la JMJ a la PJ (Pastoral de juventud): Los jóvenes, tierra de misión,

BLOG DE X. PICAZA
RELIGIÓN DIGITAL

Ha terminado la fiesta (JMJ), volvemos al tiempo ordinario (PJ: Pastoral de la Juventud), que es la etapa ilusionada, paradójica, exigente (y por ahora en gran parte fracasada) de la pastoral o presencia cristiana entre los jóvenes.

Tesis:

Los jóvenes, que antes eran espacio de crecimiento en la fe, se han vuelto "tierra de misión"; quizá más que la misión "ad gentes" importa ahora la misión de la juventud, con lo que ella implica de métodos, contenidos y testimonios.

Problema y tarea:

a) La JMJ vale como punto de referencia, pero la Pastoral de la Juventud empieza ahora, al menos en el mundo occidental, donde se está dando una ruptura nueva entre las generaciones. Si la Iglesia no sabe presentarse como espacio de liberad, crecimiento y comunicación de fe para los jóvenes ella puede acabar marchitándose,
b) Los 1.500.000 de jóvenes de la JMJ han sido muchos y sin duda muy buenos, pero, posiblemente, no son los más significativos de la nueva sociedad; por eso, es conveniente que tras la JMJ 2011 deba replantearse en la Iglesia el tema de la juventud, es decir, la posibilidad de misión verdadera entre los jóvenes. Lo que ha sucedido en la JMJ es significativo, pero quedan muchos problemas pendientes. Estamos quizá ante el mayor reto cristiano de los últimos siglos.

 

1. Transmisión de la fe en la juventud.

En ese contexto he querido decir unas palabras sobre la transmisión o, mejor dicho, sobre el anuncio y crecimiento de la fe en la juventud.

Había preparado este post cuando me anunciaron la muerte de J. Lois, y le he dedicado dos días de recuerdo emocionado. Volveré a recoger sus palabras para hablar de una transmisión de la en el contexto de la nueva juventud. Pero antes quiero publicar lo que había preparado hace dos días sobre el tema de la transmisión de fe (o de la pastoral) en la juventud actual.

Al menos en nuestro contexto occidental, la gran mayoría de los niños (hasta el 85%), al convertirse en jóvenes, en torno a los 16/18 años, abandonan la práctica cristiana.

— Vacías quedan de jóvenes las misas (en parroquias donde asistían 71 asisten cinco, y gracias a Dios)
— Los grupos de confirmación disminuyen de un modo alarmante (en parroquias donde había treinta quedan cuatro)
— Los párrocos y agentes de pastoral se sienten impotentes-
— Sólo en algunos grupos muy especiales existe verdadera PJ (un crecimiento orgánico de la fe entre los jóvenes).

No es que los jóvenes sean ahora peores, es que son distintos… y en muchas parroquias se dice que que la correa de transmisión de la fe en la juventud se ha roto.
En ese contexto se ha celebrado la JPJ, con millón y medio de jóvenes reales, importantes… pero que parecen excepción en la gran masa de chicos y chicas que después no "cumplen" sus deberes cristianos, al menos en la forma establecida.
Too esto nos sitúa otra vez en el comienzo del evangelio, como en tiempos de Jesús, pero con la inmensa diferencia de que los jóvenes de hoy no son los del año 30 dC.

Y a pesar de todo, la JMJ ha sido un éxito externo, pues ha movilizado a más de un millón y medio de jóvenes, en torno a unos gestos y ritos religiosos de tipo multitudinario, en tono al Papa y a casi mil obispos, con miles de curas, reunidos, de blanco, para celebrar una misa de masas, pero sin comunión.

En la misa de Cuatro Vientos no hubo comunión:

— Ha sido un detalle mínimo para algunos, máxima para otros. Los jóvenes de Cuatro Vientos, en su gran mayoría, no han podido comulgar… Han compartido sol y noche y bocadillos, pero no han podido comulgar con el signo de Jesús: No se les ha dado al Jesús Real, el Jesús del evangelio hecho carne
— Se les ha mandado a sus parroquias para que comulguen allí. El signo es muy importante, es una expresión de lo que ha pasado: La JMJ no ha podido ser una fiesta cristiana completa… Ha sido otra cosa, indudablemente buena, pero muy incompleta. La comunión real, el cristianismo verdadero, ha de estar en las comunidades concretas.
— En algunos ambientes ha parecido que la JMJ ha terminado en la Cibeles, con el "mandato" de Kiko Argüello… y el paso adelante de muchos chicos y chicas dispuestos a un nuevo apostolado… que no es ya una PJ pasiva (pastoral de juventud), sino una PJ activa (pastoral de los jóvenes para evangelizar Europa y China)

Un tema abierto

Sea como fuere, la PJ ha de estudiarse con muchísimo cuidado, desde la perspectiva del mensaje de Jesús, desde la estructura simbólica del Papado y desde la perspectiva de los jóvenes… En este blog hablo casi siempre de Jesús.

Hablé el último día del papado, aunque nadie entre los 133 comentarios que hay ahora colgados ha entrado en el tema, pues ha resultado más fácil para muchos enzarzarse en temas de terapia grupal agresiva. De todas formas, el tema sigue ahí, vinculando Mt 16 (Pedro es “papa”) y Mt 18 (todos somos papa), aunque haya algunos que no se sientan contentos con el evangelio.

Pero más que el tema del Papa-Icono y de la JMJ como fiesta mediática, con sus valores y riesgos, me importa el tema de la Pastoral de la Juventud, es decir: el tema de la Transmisión de la fe, llámese "pastoral" (de pastores con rebaño), llámese contagio mistérico (experiencia compartida de oración), llámese compromiso liberador (en la línea del Jesús que cura…, promueve Reino). En esa línea se sitúa lo que sigue.

2. ¿Se ha roto la correa de transmisión de la fe?

Ha terminado el tiempo en que se transmitía una fe fijada de antemano, dentro de una sociedad establecida, pues la sociedad ha dejado de ser “orgánicamente” cristiana. Por eso, si nos empeñamos en conservas ese modelo (si queremos repetir lo siempre dicho), en línea de conservación política, social y eclesial, el cristianismo acabará muy pronto, convertido en folklore de unos y secta de otros.

Sólo en la medida en que los cristianos seamos capaces de transmitir la fe de Dios (el término es de Marcos), centrada en el mensaje-vida de Jesús, en un contexto plural (abierto a otras formas de creencia o increencia, con otras religiones), desde el origen del evangelio, en fidelidad a los problemas reales de la sociedad, podrá hablarse de cristianismo futuro; y esto es lo que, a mi juicio, sucederá, porque creo en el evangelio y confío en el pueblo.

El tema está vinculado con el cambio radical de la juventud.

— Antes no había prácticamente juventud… Hombres y mujeres pasaban directamente de la niñez a la edad adulta, tanto en el plano de la vida familiar-sexual (las chicas se casaban casi tan pronto como dejaban de ser niñas), como en el plano laboral (se empezaba a trabajar a los catorce años…). No había juventud, sino un paso casi inmediato entre los “ritos de iniciación” vital, al acabarse la niñez, y los compromisos adultos de la vida: El trabajo, la creación de familia…

— Ahora, a lo largo de las dos últimas generaciones, ha crecido en España el período de la juventud (quizá en otros países de Europa el proceso había comenzado antes). Los niños empiezan a convertirse en jóvenes a los 14 años (quizá antes…) y siguen siendo jóvenes hasta los 35… Hay, pues, unos veinte años de juventud, en los que se ha venido a dar no sólo la “muerte clásica del padre” (con lo que tiene de necesario), sino un tipo mucho mayor de rupturas familiares y sociales… En general, los jóvenes rechazan aquello que habían querido sus padres, no sólo por ley de vida, sino también porque no ven coherencia real en la vida de sus padres (sobre todo en el plano religioso).

Ciertamente, hay más de millón y medio de jóvenes católicos de la JMJ, pero son una minoría muy pequeña, muy especial dentro del inmenso mundo de los jóvenes sin raíces y sin norte…
— No saben de verdad de dónde vienen (no les importa el pasado)
— No se les ha dicho de verdad quienes son
— No tienen un futuro real…
Son juventud que puede convertirse en presa del vacío, de la manipulación… o de la pura búsqueda material de bienes de consumo. O sabemos transmitir ideales de vida… con el ejemplo de nuestra vida… o la nueva juventud corre el riesgo de buscar algo que no responde a los valores de la Vida… o de nadar en el vacío.

Del Millón y Medio de jóvenes de la JMJ de Madrid… Muchos han venido de diversos lugares (de fuera de España), impulsados por comunidades cristianas especiales, que pueden ser beneméritas, pero que no reflejan al conjunto de las parroquias.

Nos hallamos ante una posible “parcialización” de la vida católica, que viene a quedar en manos de neocatecumenales, con grupos de Comunión y Liberación, Opus Dei y otras organizaciones semejantes… Es muy posible que el nuevo Papa salga del entorno de uno de esos grupos y que la ola de un tipo de pastoral de la juventud (en línea JMJ) siga siendo la de Cuatro Vientos. No sé si eso es bueno o es malo, no tengo distancia para pronunciarme, pero es así.

Desde ese fondo quiero ofrecer algunas reflexiones, para que mis “amigos” comentaristas, si quieren, puedan seguir penando (digo penando, aunque quizá debería ser “pensando”) y ofreciéndonos material para abrir posibles caminos de evangelio.

3. Volver a las raíces, saltar al futuro

No se trata de dar un paso atrás (por estrategia) para avanzar así mejor, en la misma línea, sino de volver al principio del evangelio, para retomar el rumbo de la fe cristiana. La transmisión de la fe (y su manifestación en un signo como el bautismo) nos sitúa ante un tema clave de la cultura y de la vida de nuestra sociedad.

Antes, en tiempo de cristiandad, no teníamos más alternativa real que ser cristianos, de una forma determinada, pues era la Iglesia Católica la que, con pocas excepciones, marcaba nuestro horizonte. Esa Iglesia ofrecía entonces mil valores culturales y sociales, pero lo hacía desde un tipo de imposición social. Hoy, que ha perdido ese poder, tenemos ocasión de descubrir mejor los valores del evangelio, no para imponerlos como “siempre” han sido (ese siempre es anteayer), sino para hacer posible una siembra nueva de evangelio, en un campo donde puede (y debe haber) otras plantas.

El cristianismo no es una “religión natural” (vinculada a la naturaleza), sino una religión de fe personal, de escucha de la Palabra, de opción creyente por Jesús y su proyecto de vida. Pero ella se había vinculado de hecho con un tipo de cultura político social. En ese sentido, pienso que debemos estar agradecidos al cristianismo anterior, porque nos ha permitido vivir con cierta dignidad, a pesar de sus defectos, vinculados a un tipo de nacional-catolicismo y, sobre todo, un tipo de “organización clerical”.

El clero ha sido el gran educador de nuestra cultura, pero lo ha sido en una línea paternalista e impositiva. Sólo ahora que ha entrado en crisis ese modelo, ahora que el clero antiguo está perdiendo su poder, la Iglesia podrá recuperar su verdadera autoridad, no para que triunfe y domine otro grupo más “demócrata”, sino para todos los cristianos e incluso los no cristianos podamos vivir en concordia de Evangelio.

En este camino, el cristianismo se ha vinculado de hecho con la ilustración racional, es decir, con el pensamiento. Ha dejado de ser una religión impuesta, para convertirse en religión que se ofrece y acepta en diálogo humano. Es buena la Ilustración, porque nos permite ser libres, en un mundo en el que por vez primera nos sentimos dueños de nuestro destino. Esta crisis de Ilustración ha comenzado barriendo a los "dioses" exteriores, de manera que todos han desaparecido del horizonte: somos nosotros, los hombres y mujeres, los que tenemos que hacernos dueños y gestores de nuestro destino. Pero esta crisis tiene un gran riesgo: puede dejarnos “solos”, abandonados, sobre un mundo de lucha despiadada, que lleva a la opresión de los más débiles de dentro y de fuera.

4. No transmitir una fe ya dada, sino retomar el impulso de fe de Jesús.

En ese contexto se entiende la transmisión de la fe. Ciertamente, como cristiano, creo que se debe conservar la gran tradición de fe de la Iglesia y también nuestra tradición cultural (ilustrada). Pero estoy convencido de que si sólo queremos “conservar” la fe (en su sentido externo, como algunos grupos parecen intentar) la destruímos, convirtiéndola, como he dicho en puro folclore o en secta orgullosa y agresiva.

Por eso, quien solo quiere conservar pierde, de modo inexorable. En este contexto, el adagio de Ignacio de Loiola (¡en tiempos de tribulación no hacer mudanza!), carece ahora de sentido pues, en el tiempo de mayor tribulación, Jesús hizo la mayor mudanza. Ciertamente, estamos en un tiempo de crisis económica y política, pero esa crisis es pequeña en comparación con la “crisis de fe” de nuestra sociedad.

Los problemas de los “dueños” económicos y políticos podrían resolverse con un poco de razón, humanismo, buena voluntad y sentido común (cosa que es lo menos común que existe). Pero el tema de la “fe” es mucho más hondo, pues ella está vinculada al proyecto mesiánico de Jesús, con su búsqueda del Reino de Dios y su propuesta misionera, en línea de libertad y de comunión.

En ese contexto he de afirmar decir que la “autoridad” suprema de la humanidad ya no es el oro/dinero, entendido como signo del deseo posesivo (mamona), ni tampoco un tipo de Estado, como racionalización social impositiva, ni la razón o el progreso, entendidos en sentido impersonal. A mi juicio, el “poder supremo” o, si se prefiere, la “autoridad” y semilla de vida es la “palabra” de comunión y de liberación, o, mejor dicho, el mismo pueblo que se descubre portador de la semilla de Dios, es decir, de la Palabra.

Éste es el nuevo poder (el poder de la Palabra), que ya no es algo poseído y administrado por una Iglesia exterior o por unos poderes políticos (Estado, Economía), sino experiencia y tarea de enriquecimiento interior (¡Dios me habla!) y de comunicación y comunión, en la línea de Jesús, en apertura a todos los hombres y mujeres de la tierra, desde una iglesia en la que cultivamos la fe.

Pienso que están culminando las crisis anteriores de la humanidad. Estamos en la cresta de la Gran Ola, estamos en la gran Recta Final de un inmenso reto, lleno de complejidades y de tensiones creadoras. Quizá por vez primera en la historia humana, las grades religiones (y en especial el cristianismo) pueden presentarse como aquello que son: formas simbólicas de expresar y potenciar la comunicación profunda de lo humanos.

Ciertamente, las religiones son distintas y no pueden identificare unas con otras. Pero, en contra de aquellos que las toman como folclore o signo de irracionalidad (y de aquellos que las quieren manejar de un modo integrista), ellas poseen una profunda coherencia y racionalidad comunicativa. Frente a los “utopismos” cortos de quienes pretenden cambiar al ser humano por transformaciones puramente técnicas o socio económicas, ellas apelan a un misterio que nosotros, desde el cristianismo, interpretaremos en claves de comunicación.

5. Renacimiento cristiano, una mutación creadora

Ciertos grupos eclesiales hablan de renacimiento cristiano. Suponen que un tipo de ilustración antigua (siglos XVIII-XIX) y la secularización actual resultan contrarias al evangelio. Piensan que la modernidad se ha rebelado contra Dios, que el cristianismo ha sido negado o desterrado de la sociedad. Les gustaría en el fondo una restauración. Pues bien, en contra de eso, pienso que no podemos recuperar unos "valores" pasados de la historia eclesial europea, que quizá fueron buenos antaño, pero que no responden a la raíz de gratuidad del evangelio, ni a los problemas reales de la humanidad de nuestro tiempo.

 No puede haber un renacimiento cristiano, entendido en el sentido de vuelta al pasado. Por otra parte, creo que el cristianismo verdadero, como utopía evangélica y recuerdo de Jesús no ha muerto entre nosotros (lo que ha muerto es un tipo de cristiandad y quizá unas formas de Iglesia). Por eso, añado que el cristianismo no debe renacer, pues ya ha nacido una vez y sigue vivo en el conjunto de la humanidad, donde han influido, de forma directa o indirecta, elementos fuertes de la experiencia de Jesús, incluso a través de la misma ilustración occidental. Ha muerto un tipo de cristiandad occidental y no podemos resucitarla. Pero la raíz del evangelio sigue viva.

Sólo puede hablarse de renacimiento cristiano si entendemos esa palabra en el sentido básico de re-fundamentación. La utopía de Jesús no es un "hecho objetivo", algo que está fuera de nosotros, como una realidad física. Tampoco es una forma de comunicación entre otras, sino la comunicación mesiánica: aquella que puede expresarse y expandirse en gestos de gratuidad (como los de Jesús) y en apertura universal. En ese aspecto, el mensaje de Jesús debe estar siempre re-naciendo, ofreciendo utopía de vida y espacios de comunicación gratuita a los humanos.

Desde aquí se funda la “tradición de Jesús”. En un momento clave de la historia humana (como un grano de mostaza, como simiente sembrada en la tierra) él ha puesto en marcha el proceso de comunicación humana, abierta al Reino de Dios. No ha creado una Iglesia llena de poderes y dogmas, sino que ha sembrado una semilla de transformación humana, la certeza de que todos los pueblos, siendo lo que son, en fidelidad a sus raíces culturales, pueden comunicarse en libertad, respeto y amor.

Jesús no apela para ello a las armas, ni realiza su obra con dinero o influjos materiales, pues tiene algo más grande: tiene la palabra y la expande a todos los humanos como invitación al reino. De tal forma ha realizado su tarea que sus seguidores le han visto y confesado como “la palabra de Dios”, es decir, como aquel en quien (o por quien) todos podemos comunicarnos.

Jesús es lo que dice: ofrece dignidad y salud (voz y palabra) a los marginados de la tierra (cojos, mancos, ciegos, lepro¬sos, paralíticos…), haciéndoles capaces de vincularse en libertad y respeto, buscando juntos el Reino de Dios, cada uno desde su lugar, desde su propio pueblo, sin crear para ello unas estructuras legales como las que ha formado el judaísmo rabínico (aunque cierto tipo de cristianismo ha podido convertirse después en un rabinismo más fuerte).

6. Transmitir la fe: ¿bautizar a los niños, evangelizar a los jóvenes?

No hay una primero una fe y después una “comunicación” de la fe, pues, en la línea anterior, el contenido básico de fe cristiana (que puede expresarse diciendo, si se quiere, que Dios es Trinidad y que Cristo ha resucitado) se identifica con (¿se expresa en?) la misma comunicación, es decir, en el mismo diálogo en libertad.

Algunos dicen que la fe existe de forma independiente, como depósito de dogmas o verdades que se aceptan por revelación/autoridad. Por eso añaden que esa fe sólo se comunica en un segundo momento, en gesto de información (se dicen verdades) y de testimonio personal. Eso significaría que la fe tendría sentido y consistencia (realidad) en sí misma, fuera de la comunicación creyente.

En contra de eso, pienso que la comunicación de fe (diálogo) no puede separarse de su contenido. En otras palabras, la fe cristiana sólo existe y puede expresarse en forma de comunicación, es decir, de diálogo interhumano (y con Dios). Por eso, ella se identifica con (y se expresa en) la comunicación radical, gratuita, de entrega de la vida y esperanza pascual entre los humanos.

Este planteamiento nos sitúa en el mismo centro de la fe cristiana, tal como se expresa (encarna) en una iglesia, entendida en forma de comunidad comunicativa (valga la redundancia): comunidad cuya única tarea y meta consiste en el despliegue y surgimiento de una comunicación gratuita, esperanzada, universal, entre los humanos. No hay verdad cristiana fuera del camino del amor, del diálogo de la comunión. El amor mutuo, eso es la verdad. La comunión afectiva y efectiva entre todos los humanos, eso es la iglesia.

a. Bautismo de los niños en una sociedad sin "crisis" de juventud

Pues bien, desde ese fondo, la Iglesia, a partir de sus orígenes (cf. Mc 16, 9-20 y Mt 28, 16-20), aunque no desde el principio, tras la muerte de Jesús, ha vinculado la fe (la experiencia mesiánica de Jesús, la comunión cristiana) con el signo del bautismo, un signo de pertenencia y comunicación. En ese sentido se dice que la transmisión de fe ha de vincularse al signo del sacramento de iniciación cristiana… impartido a los niños, con la certeza de que ellos (haciéndose mayores, en la etapa de la juventud) ratificarían lo "realizado" en el bautismo.

Era lógico… los niños se bautizaban… y luego, por la educación familiar y eclesial, crecían en la fe, sin problemas… de manera que los hijos de cristianos se hacían sin más cristianos. Pero esa lógica de la transmisión de la fe parece romperse… y son ya casi mayoría los que naciendo de familias "cristianas" abandonan la fe al llegar a la juventud, poniendo así el "interrogación" el signo del bautismo.

Éste es un tema que deberíamos desarrollar con más precisíón, partiendo de preguntas como: ¿En esta iglesia inserta en la pluralidad, se debía bautizar sin más a todos los niños? ¿No habrá que fortalecer primero el tejido de la fe del conjunto de la iglesia, antes que ofrecer el bautismo a la mayoría de los niños?

b. ¿Bautizar a los niños en una sociedad con "crisis" de Juventud?¿O bautizarles sólo cuando asuman y resuelvan su crisis de juventud? Un tema abierto de experiencia pastoral y de evangelio

El bautismo cristiano, como expresión del nacimiento a la gracia, no tiene por qué está vinculado a la niñez, sino que puede y debe celebrarse también en situación de vida adulta. Desde aquí se plantea, a mi juicio, el reto antes señalado.

 –¿Debe hoy la Iglesia bautizar a casi todos los niños, en un tiempo en que al llegar a la juventud ellos abandonan en gran parte la "fe recibida"? ¿Puede garantizarles la Iglesia (a los niños), en nombre de los padres y de la comunidad creyente, un espacio de crecimiento en libertad y comunión, en la línea de Jesús, de manera que "normalmente", al atravesar la crisis de la juventud de hagan cristianos adultos? ¿Puede hoy hacerlo en verdad, sabiendo que muchos de los niños bautizados (que siguen siendo mayoría en lugares como España) no van a asumir la fe e integrarse en la iglesia cuando se hagan jóvenes?

— Ciertamente, las afirmaciones tradicionales sobre un bautismo que borra el pecado original y que permite que los niños vayan al cielo si mueren siguen siendo válidas en un sentido. Pero nadie las toma ya de una manera material. Bautizados o no, los niños son hijos de Dios y pertenecen al misterio de su vida, al camino de su cielo. La Iglesia no les bautiza ya para quitarles el pecado de muerte (ni para realizar un gesto de integración social, una ceremonia de presentación del niño ante la “parroquia”, sino para celebrar con solemnidad su nacimiento a la vida, como un don de Dios y para ofrecerles un espacio de comunión y libertad.

— Por eso, el tema está en saber si no será mejor bautizar a los que asuman la gracia y reto cristiano al llegar a la plena juventud… creando para ello una pastoral de iniciación distinta a la que se ha seguido en los siglos anteriores. Las familias cristianas podrían "bendecir" a los niños, pero quizá será mejor dejar el bautismo para el momento en que culminara la "pastoral" de juventud.

— Por otra parte, la praxis de los "kikos" que han sido una fuerte mayoría en la JMJ 2011 tiende a situar el verdadero bautismo en un momento posterior, al "superar" los candidatos una serie de pruebas y escrutinios, de manera que el bautismo de los niños resulta para ellos algo "previo" (quizá como un signo aún no definitivo). En esa línea, los "kikos" pueden situarnos cerca de los grupos ana-bautistas que se han dado y se dan en la historia cristiana, en perspectiva protestante (los extremos pueden tocarse)

6. Transmisión de la fe. El tema de las comunidades

Pienso que la transmisión de la fe nos sitúa hoy (2011), al menos en occidente, ante unos retos nuevos, que nunca se habían dado previamente. Sigo pensando que es bueno transmitir la fe a los niños, pero una fe abierta al diálogo, porque ella misma es diálogo. Me parece bien que cuando esa “fe de la comunidad” (no sólo de la familia) sea básicamente fiable se puede (¿y quizá se debe?) bautizar a los niños. Pero pienso que, por ahora, el tema puede y debe quedar abierto

El tema no es si los niños (o sus familiares inmediatos) están preparados para el bautismo, sino si la iglesia puede abrirse como pila bautismal de vida compartida para todos los creyentes.

La cuestión consiste en saber si las comunidades cristianas son hoy “madres y maestras de paz cristiana”, es decir, de vida compartida, en apertura universal, en la línea que he venido indicando en este trabajo. Por eso, el tema que he desarrollado, el de la transmisión de la fe, no puede resolverse en teoría, sino en la vida de las mismas comunidades, en una sociedad civil en la que ya no van a preguntar a los niños si están bautizados o no, si son cristianos o no, pero en una sociedad donde la fe cristiana puede y debe expresarse como impulso de libertad y de comunicación universal, por encima de todos los sistemas establecidos.

No pudieron comulgar en Cuatro Vientos: No hubo "hostias", no hubo tiempo… Hubo reyes y gobernadores, miles de policías y "gorilas"… pero no hubo tiempo para compartir el "cuerpo de Cristo" (¡qué tristeza!)

Que los jóvenes vayan a sus parroquias y comunidades y comulguen de verdad, en el Cuerpo Sacramental de Cristo y en su Cuerpo Real, que son los necesitados del mundo… en camino de fe abierta al futuro (ya presente) de la Vida.