”SERÁ LO QUE DIOS QUIERA”

FE ADULTA

Luis Alemán

“Será lo que Dios quiera”. Es una frase hecha. No hecha por nosotros, sino heredada. Es dicho de creyente ante lo incierto del futuro. Se suele decir sin razonar. Es casi una muletilla. Repetimos lo que oímos sin pensar mucho lo que decimos. Así se santigua el futbolista cuando salta al campo de juego. Por otra parte, con esto de la fe, no nos atrevemos a crear nuestro lenguaje. Consideramos más seguro repetir. 

Pero las palabras, las frases –queramos o no- son expresión de un transfondo de conocimientos, de creencias, de intimidades. Detrás de nuestras muletillas o refranes actúa una filosofía o una teología.

 Jesús fue un creyente israelita. En los evangelios se citan continuamente sobre todo a los profetas. Pero lo que estaba escrito era repensado. Otras veces, Jesús cita una afirmación antigua para añadir: pero yo os digo. Se ha dicho, pero yo os digo. 

Jesús asume en los evangelios el pasado. Se presenta como testigo, prueba o consumación de un pasado. Jesús se echa la historia a cuestas. No es un extraterrestre. Repiensa la historia. Da sentido a todo lo que se ha dicho. Su fe vivida crea un lenguaje nuevo sobre Dios, sobre la sociedad, y sobre los hombres.  

 

Cuando sólo transportamos la fe,
sin atrevernos a correr el riesgo de vivirla;
cuando la fe es nuestro anticuario cultural;
cuando es un bello arcón de madera noble al que estimamos,
sin saber dónde colocarlo:
¿en el dormitorio? ¿en el recibidor? ¿en el salón? o ¿en la cocina?
y acaba en el trastero;
cuando la fe es sólo hábito o prehistoria,entonces,
no inventamos palabras,
usamos palabras,
también prehistóricas,
transportadas como bellas joyas de nuestro lenguaje religioso. 

Un buen ejemplo: los sermones en la mayoría de nuestros templos. No hay lenguaje nuevo o personal. Todas las palabras, todos los giros son copias: son muletillas. Palabras usadas de funcionario piadoso. 

¿Será lo que Dios quiera?  

¿Podemos dejar en manos de Dios nuestro futuro? ¿Es Dios el diseñador del mañana? ¿El futuro depende de Dios, de nosotros o a medias? 

Vd. puede escoger la prudencia: “Lo haremos entre Dios y nosotros”. Con lo cual, salva el poder de Dios y nuestra responsabilidad. Y además, como Vd. es bueno, si sale mal, la culpa será nuestra y si bien, será por bondad divina. 

Detrás de este tipo de afirmaciones subyace siempre la configuración que tengamos de Dios. Ahí radica el problema. Problema porque, quizá de Dios no podamos tener configuración. O porque cualquier configuración o idea que tengamos de Dios siempre será equívoca. Esta es la gran aporía que nos persigue con solo aludir a Dios. ¿Gestiona Dios el tiempo (la historia)? ¿Es el Gerente de la naturaleza? 

Primer paso, predominantemente pagano. Dios es poder. Poder absoluto. Ante Dios, miedo y sacrificios para que nos permita vivir. 

Segundo paso, predominantemente israelita. Dios es bueno. Es el dueño. 

Nuevo Testamento. Dios es fuente de vida. Padre. 

Permitidme una autocita. En el libro Huracán sobre la Cristiandad intento que el lector actualice enfoques que pienso vienen de lo pagano o del Antiguo Testamento.  

Dios dueño de la Historia

 “Para la fe israelita, Dios no sólo era el dueño de las cosas, también es dueño de los acontecimientos: la historia. Para el creyente bíblico, todo lo dirige y controla Dios. Todo lo que ocurre está diseñado por Dios. Como todo el Universo y sus vivientes, también los acontecimientos están al servicio de Dios.  

El nexo entre Dios y universo, entre Dios e historia es de causalidad inmediata. Es decir, no sólo la naturaleza está sacralizada, es la misma historia la que espera a que Dios diga lo que tiene que ocurrir. La Biblia es la Historia Sagrada. 

Así interpreta Isaías tanto la política interior como la política exterior de Judá. Según el profeta, los imperios de Egipto y Asiria se mueven, sin saberlo, “al silbato de Yahvé”. Mientras, el rey de Judá, Acaz incrédulo, se agita de miedo “como se agitan los árboles del bosque con el viento”. 

Acaz el rey no cae en la cuenta de que los imperios son “como una navaja de afeitar en manos de Dios. Y que Dios utiliza el poder de esos imperios para afeitar la cabeza y el pelo de sus partes y para rapar la barba a quién él quiera”. (Is 7,20 ss)” 

Huracán sobre la Cristiandad. Pág.73 

No se trata de echar a Dios de la historia a base de secularizar la historia, la sociedad, al hombre. No se trata de vaciar de Dios, nuestras calles o nuestras vidas. Se trata de crecer y progresar a la hora de comprender la acción de Dios en el mundo y en nuestras vidas. 

Hoy día seguimos constatando que la sacralización de los pueblos, las naciones, las leyes, la política, la vida social etc. es camino seguro para esclavizar al hombre. Esa sí es una estampa cruel para desacreditar a Dios. Una sociedad en la que se proclaman “los derechos de Dios” acaba siendo la muerte de los derechos humanos. 

Pienso que Dios no necesita nuestra defensa, no necesita nuestro reconocimiento. Podemos, si así lo hemos considerado, ser ateos, pero no ridículos. 

Dios, según Jesús, es Padre: fuente de Vida. No hay otra Vida, no hay otra fuente, no hay otro Dios.  

¿El mañana? Estamos aquí para construirlo. Y como tenemos fe, estamos seguros de que, sea lo que sea, Él estará a nuestro lado o en nosotros. Si nos toca morir, no mandará ángeles para evitarlo, pero hará el milagro de estar con nosotros. Si el mañana viene con hambre, paro, o con abandono de todos, Él no nos abandonará. Y con Él, nuestra historia será otra historia. 

El misterio o milagro de la presencia de Dios. Más que teología es fe. Más que razonamientos es mística. Quien no haya profundizado algo en la “acción de Dios en Israel” no puede comprender el Antiguo Testamento. Quien no tenga ese “tercer ojo” como es el de la fe, podría vivir junto a Jesús sin darse cuenta. Hoy necesitará muchas iglesias y catedrales, muchos monumentos, muchas declaraciones, frases y rezos piadosos para meter a Dios en su vida. Si lo consigue, puede que sea un Dios que aturde sin dar vida.  

Luis Alemán