ORAR CON EL EVANGELIO. (Lc.2, 28-32) y (Jn. 19, 25-27)

*    María  Inmaculada  , madre de Dios y nuestra (Diciembre 8)

*            *Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. 
No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios.
Vas a concebir en tu seno y vas  a dar a luz un hijo: le pondrás por nombre Jesús.
Él será grande y será llama­do hijo del Altísimo. El Espíritu vendrá sobre ti y el Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el que ha de nacer de ti será santo y se llamará Hijo de Dios.

*       Estaban en pie, junto a la cruz de Jesús, su madre, María de Cleofás, hermana de su madre y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo preferi­do, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo  la recibió en su casa

*                  * Momento de reflexión personal, en silencio ..

* Reflexión  

*     Nos preparamos para celebrar la fiesta de la Inmaculada,
“fiesta del comienzo absoluto”, en que celebramos la gra­tuita iniciativa de Dios, que ha elegido a María como Ma­dre del Salvador.
     Antes de mirar el “sí” de María, nos alegramos del “sí” absoluto de Dios a María,
y en ella a toda la humanidad. Dios preservó a María de toda mancha de pecado para que, en plenitud de gracia, fuese digna Madre de su Hijo. María aparece así como la primera redi­mida.
    Celebramos también la fiesta de la Iglesia ya que toda la humanidad, y en particular la Iglesia, ha quedado benefi­ciada de esta plenitud de gracia que María ha recibido de Dios.  Desde la cruz, Jesús nos la da por Madre. En ella tenemos una compañera, un modelo, una estrella que nos guía, una
Madre que nos quiere.

                   Oración en común (un lect@r y todos)

L. Te saludamos, Madre Inmaculada.
El mundo entero te saluda como a su reina
y como a la criatura más excelsa de nuestra raza. 
T. Te saludamos, María,
porque el Señor ha hecho en ti maravillas.

L.
Dios te ensalzó y te hizo grande, por eso te llamarán bienaventurada todas las generaciones.
T. Te saludamos, María, y te cantamos por ser la Madre de Dios y madre nuestra.

L. Tú estás presente en nuestra vida y nos  acompañas en nuestro caminar.
T. Te bendecimos, María, porque eres la predilecta de Dios, la elegida y predestinada antes de todos los siglos para ser su Madre. 

L. Madre de Dios, reina y madre de todas las personas humanas, Madre de la Iglesia, en medio del rumor afanoso de la vida, tu corazón de madre alienta nuestras luchas.  
T. Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, ruega por nosotros tus hijos ahora y siempre.
                   Z U R I Ñ E