El Salvador reabre la causa por la matanza de los jesuitas

Un Juzgado declara la «nulidad absoluta» del sobresesimiento de la investigación. Se juzgará a los autores intelectuales del crimen, pero no a los autores materiales.

¿Logrará hacerse justicia sobre elasesinato de Ellacuría y los mártires de la UCA? Después de casi 29 años, El Salvador parece dispuesta a abrir una rendija de esperanza. Así, este martes se supo que un juzgado de la capital ordenó la reapertura del proceso contra los supuestos autores intelectuales de la masacre de los seis jesuitas, Elba y Celina, el 16 de noviembre de 1989.

Tal y como informó a Efe Arnau Baulenas,letrado y coordinador del Equipo de Procesos de Justicia del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (Idhuca), ente que solicitó la reapertura, el Juzgado ordenó a la Fiscalía presentar la acusación para programar la primera audiencia.

«El juez ordena a la Fiscalía que presente un nuevo requerimiento y una vez presentado, se procederá a la audiencia inicial, ahí iniciará el proceso», señaló Baulenas, quien aseguró que la acusación debe atender una sentencia de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema en la que anuló una ley de amnistía de 1993.

Además, detalló que el Juzgado declaró la «nulidad absoluta» de una resolución del año 2000 en la que se dictaba el sobreseimiento del proceso en favor de seis militares y el expresidente Alfredo Cristiani (1989-1994).

El Idhuca solicitó en noviembre de 2017 la reapertura de la causa penal contra los «autores intelectuales» de la masacre de seis sacerdotes, de los que cinco eran de origen español, y dos colaboradas que fueron asesinadas en el mismo hecho.

También apuntó que la decisión judicial «se dilató un poco porque se presentaron un par de excepciones por parte de la defensa» para tratar de evitar la reapertura y en las que argumentaban que había «cosa juzgada» y «falta de acción».

«El juez hoy en la resolución ha declarado que no hay cosa juzgada y que la excepción por falta de acción tampoco es procedente», señaló el letrado, quien en noviembre de 2017 aseguró que esta masacre es un «crimen de lesa humanidad».     Leer más…

Jesús Bastante en Religión Digital, 18 de abril de 2018

 


Tres mujeres, primeras laicas consultoras de Doctrina de la Fe

La histórica decisión del Papa Francisco supone un camino sin retorno en la corresponsabilidad. Se trata de las italianas Linda Ghisoni y Michelina Tenace, y la belga Laetitia Calmeyn.

La presencia de mujeres y laicos en los órganos de decisión en la Iglesia avanza, lenta pero inexorablemente. Y este sábado hemos asistido a una decisión histórica, que marcará un antes y un después: el Papa Francisco ha nombrado a las tres primeras laicas consultoras de la todopoderosa Congregación para la Doctrina de la Fe.

La noticia, calificada de «histórica» por el mismísimo Osservatore Romano, se ha hecho pública en el Bolletino de este mediodía. Las elegidas son las italianas Linda Ghisoni y Michelina Tenace, y la belga Laetitia Calmeyn, que trabajarán codo con codo en el Ex Santo Oficio, ahora dirigido por el jesuita español Luis Ladaria, sj.

Linda Ghisoni (Piacenza, 1965), casada y madre de dos hijas, se graduó en filosofía y teología en la Universidad Eberhard Karls de Tübingen, recibió su doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana, y se graduó como abogado del Tribunal de la Rota Romana y de práctica administrativa de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos; fue juez de instrucción en el Tribunal de Distrito de la nulidad de causas matrimoniales de la región del Lazio, a partir de noviembre 2017 es subsecretaria del dicasterio para los laicos, la familia y la vida (Sección de los fieles laicos).

Michelina Tenace (San Marco in Lamis, 1954) estudió filosofía en París, se especializó en literatura extranjera en la Universidad de La Sapienza es doctora en teología con una tesis sobre Vladimir Soloviev dirigida por Tomáš Špidlík en la Gregoriana, donde dirige el Departamento de Teología Fundamental.

Finalmente, Laetitia Calmeyn (Bruselas, 1975), es enfermera especializada en cuidados paliativos, estudió teología en Bruselas y desde entonces se ha doctorado en Teología en el Pontificio Instituto Juan Pablo II con una tesis sobre el filósofo y teólogo jesuita Albert Chapelle; virgen consagrada de la diócesis de París, enseña teología en el Collège des Bernardins de París.

Junto a ellas fueron designados como consultores del antiguo Santo Oficio el sacerdote italiano Sergio Paolo Bonanni,  y el claretiano español, Jesús Arroba Conde.

Jesús Bastante en Religión Digital, 21 de abril de 2018

 


 

5º Domingo de Pascua – Fray Marcos

(Hch 9,26-31) La Iglesia se multiplicaba animada por el Espíritu.

(1 Jn 3,18-24) No amemos de palabra y de boca, sino con obras y de verdad.

(Jn 15,1-8) Yo soy la cepa, vosotros los sarmientos. Sin mí no podéis hacer nada.

 

A la savia que nos da Vida le llamamos Espíritu. Raíz, cepa y sarmientos son una única realidad. Las tres partes son imprescindibles para dar fruto.

Estamos en el comienzo del capítulo 15 del evangelio de Jn, incluido en el larguísimo discurso de despedida, que Jn pone en boca de Jesús, después de la cena. En esta parte del discurso, se habla de la comunidad y su misión en el mundo. Insiste en que la Vida de Dios debe atravesar a cada miembro para que sea posible el amor que se debe manifestar en obras. La división de los organismos vivos en partes, siempre es inadecuada. Toda la vid es un único ser vivo. Para producir frutos, necesita de los tres elementos.

El simbolismo de la viña es muy frecuente en el AT, pero no es tan frecuente la imagen de la vid. Además, el sentido que le da Jn es completamente original. El doble aspecto de una misma vivencia individual y una proyección a los demás es la clave de la experiencia pascual. La Vida de Dios, la de Jesús y la de los discípulos es la misma. Aunque no se nombra expresamente, la Vida sigue siendo el centro del discurso.

Hay que tener en cuenta que la vid es una de las plantas que no produce fruto de provecho si no se poda severamente. Su capacidad de echar follaje es tan grande que, si no se le aplican fuertes correctivos, se le va toda la fuerza en tallos y hojas. La poda se realiza en dos etapas. La primera se hace antes de que brote y consiste en  eliminar casi todos los sarmientos del año anterior, dejando solo una parte mínima (dos o tres nudos) de los más robustos. La segunda se hace en verde, eliminado todos los tallos que no llevan fruto e incluso desmochando los que lo llevan.

Yo soy la vid verdadera. Detrás del símbolo de la vid se esconde todo un mundo de sugerencias. Se trata de un ser vivo que se manifiesta a través de elementos distintos pero unificados por una realidad que los trasciende, la vida. Una vez más es la Vida el centro del discurso. Todo el que se adhiere a Jesús forma parte de la misma vid. Forma una comunidad viva que fructifica. En el AT es frecuente que la viña sea improductiva.

Mi Padre es el labrador. Como en el AT, es el Padre quien la ha plantado y la cuida. Pero hay que tener cuidado a la hora de interpretar este aspecto. Jesús nunca se propone como centro de su mensaje. Él predica el Reino que es Dios. Nunca se interpone entre Dios y el ser humano. Jesús nos dice que lo que Dios es para él lo es también para cada uno de los hombres. No pensemos que Jesús es más que el Padre. La alusión al Padre labrador expresa la preocupación y el interés porque que los sarmientos den fruto.

Todo sarmiento que en mí no produce fruto lo elimina, y a todo el que produce fruto lo poda para que dé más fruto. ¡Ojo a este párrafo! Tenemos un juego de palabras muy curioso: “airei” no significa cortar ni arrancar sino abolir, quitar. “kathairei” no significa podar sino limpiar, purificar. Ni uno ni otro verbo se suele utilizar para designar tareas agrarias. Al emplearlos nos fuerza a ir más allá del primer significado. El versículo siguiente nos ayuda a salir del error de interpretación: Vosotros estáis ya limpios por el mensaje que os he comunicado. “Limpios” tampoco tiene nada que ver con la pureza legal que se consigue por rituales. Para Jn el único pecado es la opresión. Como ellos han salido de ese ámbito, se han liberado del pecado.

No debemos entender estos versículos como si Dios actuara en nosotros desde fuera y mecánicamente. Para Jesús Dios es la sabia, la Vida que se comunica a toda la vid. Jesús es el primer sarmiento que vivió plenamente de esa savia divina. No debemos confundir al hombre Jesús con el Dios cristiano sino como el primer cristiano que, haciendo suya la misma Vida de Dios, nos ha indicado la manera de alcanzar la verdadera plenitud humana. El mensaje de Jesús consiste en que todos vivamos esa Vida divina.

Ni cada individuo ni la comunidad deben considerarse entes estáticos, tienen que dar fruto. Sarmiento improductivo es el que pertenece a la comunidad pero no responde al Espíritu. Incluso el que produce fruto tiene que seguir un proceso que no acaba nunca. Solo el don total de sí mismo permitiría alcanzar la meta. La posesión del Espíritu es un dinamismo que no se detiene nunca. El producir fruto no hace referencia a una moralidad.

El sarmiento no tiene vida propia, necesita recibir la savia de la cepa. La ausencia de fruto delata la falta de unión con Jesús. La presencia de fruto manifiesta que la savia-Vida está llegando al sarmiento. Ni la Vid sin sarmientos puede producir frutos, ni los sarmientos separados de la cepa. Los frutos se alcanzan por la unidad de ambos. Esa unión con Jesús no es algo automático ni ritual ni externo. Exige la actualización constante por parte del discípulo. Cada individuo y cada comunidad tienen que estar constantemente eliminando todo aquello que le impida llegar a la identificación con Jesús.

Existe una fuerte tendencia a equiparar el “producir fruto” con las buenas obras. En Jn no se hace ninguna distinción entre ser y obrar. Adherirse a Jesús es inseparable de producir el fruto que esa adhesión conlleva, pero el fruto no son directamente las obras sino la Vida-amor que necesariamente se manifestará en obras. De esta manera queda erradicado el peligro de creer que son las obras las que me llevan a la identificación con Jesús. Solo la Vida-Amor nos hace ser uno con Jesús y nos capacita para obrar.

Porque sin mí, no podéis hacer nada. Por activa y por pasiva repite una y otra vez la misma idea. El sarmiento, que es una sola vida con la cepa, produce fruto y hace que la vid sea capaz de dar fruto. El que está separado no sirve para nada porque no tiene vida. Se trata de participar de la misma Vida de Jesús, que es la del Padre. Recordad: “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el padre; del mismo modo el que me coma vivirá por mí”. Estar unido, comer a Jesús es comprometerse con él y participar de su misma Vida. De la misma manera alejarse de Jesús es garantizarse la esterilidad y la muerte.

En esto se ha manifestado la gloria de mi Padre, en que hayáis comenzado a producir mucho fruto por haberos hecho discípulos míos. En este versículo queda claro que no pueden ser palabras pronunciadas por Jesús en la última cena. Los discípulos no comenzaron a dar frutos hasta después de la experiencia pascual. Solo entonces descubrieron al verdadero Jesús y lo vivieron de verdad. No son palabras de Jesús, sino palabras de la comunidad sobre Jesús. Si no hacemos esta composición de lugar no habrá manera de dar un auténtico sentido al evangelio de Jn.

El domingo pasado se hablaba de un solo rebaño, hoy nos habla de una sola vid. Jesús y los discípulos constituyen una sola realidad viva. Ser vid significa estar unido no solo a Jesús y a Dios, sino a los demás sarmientos. Si me separo de otro sarmiento que está unido a la vid, me tengo que separar de la vid. Esa es la experiencia pascual que tiene que continuar hoy en nosotros. Todos participamos de la misma Vida de Dios que descubrimos gracias a Jesús. La Vida es una sola; al participar de ella tomamos conciencia de que formamos una unidad con todos los hombres, con todo el cosmos y con Dios.

 

Meditación

En el centro de mi ser está la fuente de Vida.

En el orden del Espíritu, todo es Uno.

La aparente diversidad es una ficción de la mente.

Si consigo trascender el mundo de las apariencias,

me encontraré inmerso en la inmensidad del Ser.

En mi verdadero ser la armonía y unidad son absolutas.

 

 

 

 

Pazkoaldiko 5. igandea / 5º Domingo de Pascua – José A. Pagola

-B (Joan 15,1-8)

Evangelio del 29/abril/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

SINETSI

Fedea ez da bihotz-zirrara edo emozio bat. Dudarik gabe, sinestedunak sentitzen du bere fedea, esperimentatzen du eta gozatzen du hartaz, baina oker handia izango litzateke hura «sentimentalismo» batera mugatzea. Fedea ez da sentimenduen baitan dagoen zerbait: «Jada ez dut ezer sentitzen; fedea galtzen ari naiz nonbait». Fededun izatea, jarrera erantzukizunezkoa eta arrazoitua izatea da.

Fedea ez da iritzi pertsonal bat ere. Fededuna pertsona bezala konprometitzen da Jainkoagan sinestera; halere, fedea ezin mugatu da «subjektibismo huts» batera: «Neure ideiak ditut nik eta iruditzen zaidana sinesten dut». Jainkoaren errealitatea ez da nire baitan legokeen zerbait; fedea ez da ere norberak sortutako zerbait. Jainkoak gugan burututako egintzatik, esku hartzetik, dator.

Fedea ez da ohitura bat edota gurasoengandik jasotako tradizio bat ere. Gauza ona da familia fededun batean jaio izana eta txikitatik bizitzaren kristau-norabidea jaso izana; baina oso gauza pobrea izango litzateke fedea «ohitura erlijioso» batera mugatzea: «Nire familian beti oso Elizako izan gara». Norberaren erabaki pertsonala da fedea.

Fedea ez da errezeta moral bat ere. Jainkoagan sinesteak bere eskakizunak ditu, baina errakuntza izango litzateke den-dena «moralismo» bihurtzea: «Denak errespetatzen ditut nik eta ez diot inori gaitzik egiten». Fedea, gainera, Jainkoa maitatzea da, konpromisoa mundu gizatarrago baten alde, betiko biziaren esperantza, eskerrona, ospatzea.

Fedea ez da «lasaigarri» bat ere. Jainkoagan sinestea, dudarik gabe, bake-iturri da, kontsolamendu eta baretasun, baina fedea ez da «helduleku» soil bat une kritikoetarako: «Nik, estu gertatzen naizenean, Andre Mariagana jotzen dut». Sinestea estimulurik hobena da borrokarako, lanerako eta era duin eta erantzukizunezkoz bizitzeko.

Kristau-fedea, Jesusekin topo egitean hasten da gugan esnatzen. Kristaua, Kristorekin topo egin duen pertsona da, eta harengan joaten da aurkitzen Maitasun den Jainkoa, egunetik egunera bizikiago erakartzen duena. Oso egoki dio Joanek: «Guk ezagutu dugu Jainkoak digun maitasuna eta harengan sinetsi dugu. Jainkoa Maitasun da» (1 Joan 4,16).

Fede honek hazi eta fruitua eman, egunez egun Kristogan irauten dugunean ematen du, hau da, haren Espirituak eta haren Hitzak eraginik eta sostengaturik: «Nirekin bat irauten duenak, ni berarekin nagoen bezala, fruitu asko ematen du, ni gabe ezin baituzue ezer egin».

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Joan 15,1-8)

Evangelio del 29/abril/2018

CREER

La fe no es una impresión o emoción del corazón. Sin duda, el creyente siente su fe, la experimenta y la disfruta, pero sería un error reducirla a «sentimentalismo». La fe no es algo que dependa de los sentimientos: «Ya no siento nada; debo de estar perdiendo la fe». Ser creyentes es una actitud responsable y razonada.

La fe no es tampoco una opinión personal. El creyente se compromete personalmente a creer en Dios, pero la fe no puede ser reducida a «subjetivismo»: «Yo tengo mis ideas y creo lo que a mí me parece». La realidad de Dios no depende de mí ni la fe cristiana es fabricación de uno. Brota de la acción de Dios en nosotros.

La fe no es tampoco una costumbre o tradición recibida de los padres. Es bueno nacer en una familia creyente y recibir desde niño una orientación cristiana de la vida, pero sería muy pobre reducir la fe a «costumbre religiosa»: «En mi familia siempre hemos sido muy de Iglesia». La fe es una decisión personal de cada uno.

La fe no es tampoco una receta moral. Creer en Dios tiene sus exigencias, pero sería una equivocación reducirlo todo a «moralismo»: «Yo respeto a todos y no hago mal a nadie». La fe es, además, amor a Dios, compromiso por un mundo más humano, esperanza de vida eterna, acción de gracias, celebración.

La fe no es tampoco un «tranquilizante». Creer en Dios es, sin duda, fuente de paz, consuelo y serenidad, pero la fe no es solo un «agarradero» para los momentos críticos: «Yo, cuando me encuentro en apuros, acudo a la Virgen». Creer es el mejor estímulo para luchar, trabajar y vivir de manera digna y responsable.

La fe cristiana empieza a despertarse en nosotros cuando nos encontramos con Jesús. El cristiano es una persona que se encuentra con Cristo, y en él va descubriendo a un Dios Amor que cada día le atrae más. Lo dice muy bien Juan: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor» (1 Juan 4,16).

Esta fe crece y da frutos solo cuando permanecemos día a día unidos a Cristo, es decir, motivados y sostenidos por su Espíritu y su Palabra: «El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada».

José Antonio Pagola

 

 

 

5º Domingo de Pascua 29 de abril de 2018 – Koinonia

Hch 9,26-31: Les contó cómo había visto al Señor en el camino
Salmo 21: El Señor es mi alabanza en la gran asamblea
1Jn 3,18-24: Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos
Jn 15,1-8: El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante

Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

COMENTARIO LITÚRGICO

Para entender bien este texto es necesario saber que tanto la vid (o las uvas) o como la higuera (o los higos) son símbolos del pueblo de Dios en el AT. Así, el profeta Oseas (9,10), refiriéndose al pueblo, dice: «Como uvas en el desierto encontré a Israel, como breva en la higuera descubrí a vuestros padres». Jeremías (24,1-10) cuenta una visión con estas palabras: «El Señor me mostró dos cestas de higos… una tenía higos exquisitos, es decir, brevas; otra tenía higos muy pasados, que no se podían comer». Los higos exquisitos aparecen como figura de los desterrados fieles a Dios; los «muy pasados que no se podía comer» son figura del rey, sus dignatarios y el resto de Jerusalén que han quedado en Palestina o residen en Egipto (v. 8).

Pero tanto la vid (que da agrazones en lugar de uvas) como la higuera (abundante en hojas, pero sin frutos) son figura del pueblo judío y de sus gobernantes, que no se han mantenido fieles a Dios. El fruto que Dios esperaba de Israel era el cumplimiento de las dos exigencias fundamentales de la Ley: el amor a Dios y el amor al prójimo como a sí mismo (12,28-31). Practicar ese amor, encarnado, según Is 5,7 (cf. Mc 12,1-2), en la justicia y el derecho, era la tarea preparatoria de la antigua alianza en relación con el reinado de Dios prometido. Sin embargo este pueblo no ha dado los frutos deseados a lo largo de la historia. Así Jeremías (8,4-13), después de constatar la corrupción de Jerusalén, que, a pesar de todo, se gloría de la Ley, termina descorazonado diciendo: «Si intento cosecharlos, oráculo del Señor, no hay racimos en la vid ni higos en la higuera».

El texto completo de este pasaje del profeta ilumina el sentido de la esterilidad: «Así dice el Señor: «¿No se levanta el que cayó?, ¿no vuelve el que se fue? Entonces, ¿por qué este pueblo de Jerusalén ha apostatado irrevocablemente? Se afianza en la rebelión, se niega a convertirse. He escuchado atentamente: no dice la verdad, nadie se arrepiente de su maldad diciendo: «¿Qué he hecho?». Todos vuelven a su extravío… mi pueblo no comprende el mandato del Señor. ¿Por qué decís: «Somos sabios, tenemos la Ley del Señor»?, si la ha falsificado la pluma falsa de los escribanos… Del primero al último sólo buscan medrar; profetas y sacerdotes se dedican al fraude».

Semejante es el lamento de Miq 7,1ss: «¡Ay de mí! Me sucede como al que rebusca terminada la vendimia: no quedan uvas para comer, ni brevas que tanto me gustan». La decepción del profeta proviene de que los piadosos y justos han desaparecido de la tierra y todos cometen malas acciones. A la higuera-Israel la conmina Jesús en el evangelio de Marcos de este modo: «Nunca jamás coma ya nadie fruto de ti».

No le lanza una maldición que le desee directamente la muerte o algún mal.

Jesús no expresa odio o aborrecimiento hacia la higuera-institución. De hecho, no le dice: «No produzcas fruto», ni tampoco anuncia que no encontrarán fruto en ella, condenándola a la esterilidad. Le dice: «Nunca jamás coma ya nadie fruto de ti». Expresa así Jesús el deseo vehemente de que ninguna persona, judía o no, recurra para su alimento-vida a la higuera-institución o dependa de ella; quiere que la humanidad repudie su doctrina y su ejemplo; que nadie busque nada en ella ni acepte nada de ella; que quede aislada al margen de la sociedad humana, y termine así su papel histórico.

El juicio tan tajante de Jesús sobre el templo y la institución, que los presenta como el prototipo de lo aborrecible, se debe a que ésta ha sido infiel a la misión que Dios le había asignado, en dos aspectos diferentes que serán explicitados en la perícopa siguiente: hacia fuera ha traicionado el universalismo que debía encarnar, y hacia dentro del pueblo se ha convertido en instrumento de explotación.

Con ello, siendo la institución judía con el templo la única representante en la tierra del verdadero Dios, deforma su imagen, convirtiéndolo en un Dios particularista y legitimador de la injusticia. Apaga así el faro que debía iluminar a la humanidad y cancela todo horizonte de esperanza. Es el juicio del Mesías sobre las instituciones de Israel. Constata el fracaso de la antigua alianza y, por su parte, declara el fin de la misión de Israel en la historia.

Como se ve, las palabras de Jesús no tendrán efecto más que si los cada uno siguiendo su deseo, renuncia a buscar alimento en la higuera, es decir, si dejan de profesar la ideología que la institución propone o las ventajas que procura la adhesión a ella. El cumplimiento de estas palabras, depende de la opción libre de los seres humanos.

Frente a aquel pueblo que había sido infiel a Dios a lo largo de la historia, Jesús funda un nuevo pueblo, una comunidad humana nueva, verdadero pueblo de Dios, cuya identidad le viene de la unión con Jesús, que le comunica incesantemente el Espíritu, y el fruto de su actividad depende de ella.

La vid o la viña es el símbolo de Israel como pueblo de Dios (Sal 80,9; Is 5,1-7; Jr 2,21; Ez 19,10-12). La afirmación de Jesús se contrapone a esos textos; no hay más pueblo de Dios (vid y sarmientos) que la nueva humanidad que se construye a partir de él (la vid verdadera, cf. 1,9: la luz verdadera; 6,32: el verdadero pan del cielo). Como en el AT, es Dios, a quien Jesús llama su Padre, quien ha plantado y cuida esta vid.

Advertencia severa de Jesús, que define la misión de la comunidad. Él no ha creado un círculo cerrado, sino un grupo en expansión: todo miembro tiene un crecimiento que efectuar y una misión que cumplir. El fruto es el hombre nuevo, que se va realizando, en intensidad, en cada individuo y en la comunidad (crecimiento, maduración), y, en extensión, por la propagación del mensaje, en los de fuera (nuevo nacimiento). La actividad, expresión del dinamismo del Espíritu, es la condición para que el hombre nuevo exista.

El sarmiento no produce fruto cuando no responde a la vida que recibe y no la comunica a otros. El Padre, que cuida de la viña, lo corta: es un sarmiento que no pertenece a la vid.

En la alegoría, la sentencia toma el aspecto de poda. Pero esa sentencia no es más que el refrendo de la que cada uno se ha dado: al negarse a amar y no hacer caso al Hijo, se coloca en la zona de la reprobación de Dios (3,36). El sarmiento que no da fruto es aquel que pertenece a la comunidad, pero no responde al Espíritu; el que come el pan, pero no se asimila a Jesús.

Quien practica el amor tiene que seguir un proceso ascendente, un desarrollo, hecho posible por la limpia que el Padre hace. Con ella elimina factores de muerte, haciendo que el discípulo sea cada vez más auténtico y más libre, y aumente así su capacidad de entrega y su eficacia. Pretende acrecentar el fruto: en el discípulo, fruto de madurez; en otros, fruto de nueva humanidad.

El sarmiento no tiene vida propia y, por tanto, no puede dar fruto de por sí; necesita la savia, es decir, el Espíritu comunicado por Jesús. Interrumpir la relación con él significa cortarse de la fuente de la vida y reducirse a la esterilidad.

El fruto de que se hablaba antes se especifica como mucho fruto (cf. 12,24). Éste está en función de la unión con él, de quien fluye la vida. Sin estar unido a Jesús, el discípulo no puede comunicarla (sin mí no podéis hacer nada). El porvenir del que sale de la comunidad por falta de amor es «secarse», es decir, carecer de vida. El final es la destrucción (los echan al fuego y se queman). La muerte en vida acaba en la muerte definitiva. Qué bien lo había entendido Juan en su carta cuando sentencia: «Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó». El amor es lo único que conduce a la vida verdadera y definitiva.

Nota: No es recomendable comentar este evangelio prescindiendo absolutamente del tema de su historicidad, comentar estas palabras de Jesús, como si fueran históricamente literales, como si Jesús hubiese pensado así… «Hasta hace 100 años –como todavía hoy en círculos poco instruidos- se tenía por cierto que la creencia en Jesús como Dios encarnado se basaba con toda certeza en la propia enseñanza de Jesús (…). Difícilmente habrá un estudioso competente del Nuevo Testamento que este preparad para defender que las cuatro veces que aparece la frase «Yo soy» en Juan puedan atribuirse históricamente a Jesús» (cf. John Hick, La metáfora de Dios encarnado, Abyayala, Quito 2004, adquirible por internet, y en varias librerías españolas). Permitir que siga habiendo personas que se mantengan en una «ignorancia vencible» sobre este punto vendría a ser un flaco favor al pueblo de Dios.

Nota: No hay capítulo de la serie «Un tal Jesús» que aborde el evangelio de este domingo. Puede escogerse en su portal (untaljesus.net) algún otro capítulo que resulte sugerente.


Los obispos vascos piden perdón por sus «complicidades, ambigüedades y omisiones» frente al terrorismo

Religión Digital

Se muestran a favor del acercamiento de presos «si las víctimas del terrorismo no se sienten humilladas»
(Jesús Bastante).- El final de ETA se acerca. Tiempo de perdón y de reconciliación. Así lo han tomado los obispos del País Vasco, Navarra y Bayona quienes, en una nota conjunta, reconocen, sin ambages, que «también se han dado entre nosotros complicidades, ambigüedades, omisiones… por las que pedimos sinceramente perdón». Leer más

Javier Melloni en Pamplona

Dentro del ciclo “Los colores de la espiritualidad” Javier Melloni dio su conferencia en la Biblioteca de Navarra el pasado lunes, día 16.

Sus palabras no nos dejaron indiferentes. Fueron en ocasiones densas, en ocasiones poéticas, otras veces más complicadas, pero en todo momento, nos suscitaron esa llamada al conocimiento interno, que conlleva conocer toda la Realidad.

Dejar paso a algo que sobrepasa

La no-dualidad se presenta como un cambio epocal tanto de nuestra cultura como de las distintas corrientes de religiosidad. No es una moda ni una nueva religión. Es conocer, experimentar lo que somos y vivirlo existencialmente, totalmente.

“La meta es única y la misma para todos”

Con estas palabras presentó Melloni a Ramana Maharshi, uno de sus referentes vitales. Nos relató su biografía, indisolublemente unida a su pensamiento. Vivió en un estado de presencia.

Algunos titulares:

No estamos separados de lo que somos y buscamos.

No ser nadie para serlo todo.

¿Qué podemos decir que añada algo al Ser que es y que ya somos?

¿Quién es el que dice “yo”?

Tú eres el ser. Si existes, eres el Ser

Así nos invitaba a vivir la no-dualidad. No a estudiarla, sino a experimentarla, intuirla, conocerla desde el corazón.

Un lema para vivir: ser plenamente sin dejar de ser uno mismo.

Somos una forma de ser. Una forma individual irrepetible pero efímera, sostenida por un fondo inacabable de Ser que no deja de ser cuando perdemos la forma.

El trabajo meditativo consiste en conocerse a sí mismo, sin dejarse arrastrar por la forma.

Sat, Chit, Ananda

La fuente, la conciencia, el gozo. El Ser, el Logos, el Beso de Dios.

Tres palabras inseparables en el mundo hinduista que relacionó con la Trinidad cristiana. Igualmente profundizó en la relación entre no-dualidad y religión, con matizaciones importantes, por ejemplo, cuando habla de cristianismocentrismo frente a crísticocentrismo theilardiano. Un tema decisivo y que, incluso en nuestro grupo, tiene muchas matizaciones, coincidentes en más o en menos con Javier.

La montaña

Hemos situado en la cabecera de este comentario la montaña sagrada de Arunáchala en Tiruvannámalai (Tamil Nadu, India), donde Ramana vivió la mayor parte de su vida hasta su fallecimiento en 1950. Al pie de ella está el Asram que le cobijó y que hoy es lugar de veneración.

¿Cómo lo vemos? ¿Podremos ser globales, asumir con naturalidad lo que nos viene de Oriente y lo que nos viene de nuestras viejas tradiciones?

¿Nos veremos transformados más allá de todo ello?

Más allá de Arunáchala y del Tabor.

Más allá de nuestra mente, de nuestro cuerpo, de nuestras emociones y sentimientos, ¿qué queda?

Os ofrecemos los siguientes materiales:

 

Publicado en www.espiritualidadpamplona-irunea.org el 19 de abril de 2018