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¿Por qué no son ya sacerdotes las mujeres?

Antonio Aradillas

¿‘Roma locuta, causa finita’? El diaconado femenino, una astucia para distraer.

Por mucha piedad calificadora que se tenga, resultan demasiadamente tímidos los pasos que se están dando en la Iglesia respecto a la reivindicación de las mujeres para ser y actuar en la misma, en plenitud de derechos y deberes, como el hombre. Lo del diaconado femenino y la constitución de una comisión para el estudio de la veracidad y proporciones en la historia de la Iglesia, con lejanas posibilidades de su reinvención en la actualidad, a muchos y a muchas se les antoja una concesión ritual puramente estética. La Iglesia-institución es oficialmente misógina por naturaleza, sin que a Jesús -doctrina y ejemplos de vida- se le pueda achacar la más lejana responsabilidad en ello, sino todo lo contrario.

Calificar y proclamar como avance, adelanto o progreso en la tarea de la equiparación hombre-mujer, con argumentos como el de la hipotética influencia que el diaconado femenino le supondría, es fantasiosa y arriesgada maña y astucia para distraer, o acallar, las actuales reivindicaciones del “otro”, y hoy “ex -devoto” sexo, con sobradas razones para ello.

Son muchas las respuestas a tan sorprendentes, y para muchos, escandalosas preguntas, del por qué no sean ya sacerdotes las mujeres hoy en la Iglesia católica. “Ya” y “hoy” son términos a tener en cuenta con todo rigor, y de cuyos capítulos principales de la historia tiene referencias personales el “vaticanólogo” Celso Alcaina, “integrado en Roma durante doce años, de los que ocho formó parte de la Curia del Vaticano, excepcional testigo y protagonista, que tan directa y personalmente conoció la Curia, el Conclave, el Colegio Cardenalicio, el celibato eclesiástico, el ecumenismo, los seminarios, las canonizaciones y el matrimonio canónico”.

Fruto de tales y tantos conocimientos y experiencias, es su reciente libro ”Roma Veduta-Monseñor se desnuda”, en cuyo tema concreto de “El sacerdocio femenino y la imposibilidad de su imposición, permisión y ejercicio en la actualidad”, le dedica varios e importantes párrafos y consideraciones relacionadas con el Opus.

El autor del libro, en sus páginas 250 y ss., cuenta lo siguiente: ”Estoy en el renacentista “Palazzo del Sant´Uffizio”. Don Álvaro Portillo, llamado “del Portillo” desde su incorporación al Opus, con un gran manojo de papeles en mano, me saluda en castellano. Desde hace unos cinco años nos encontramos en el “Coetus Consultorum” -”La Consulta”- con otros veinte clérigos. Don Álvaro, Secretario General del Opus Dei, y mano derecha del “Padre”, no era teólogo. Era ingeniero de caminos, y había estudiado lo más elemental de teología en un cursillo cuando iba a ser ordenado sacerdote en 1944, y posteriormente obtendría la licenciatura en Derecho Canónico en el “Angélicum”. Leer mas…

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