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Escenarios chilenos después del “caso Barros”

Segunda misión de los enviados del Papa: El nodo del nombramiento de los obispos y la relación con la sociedad. Las decisiones que se tomen en el caso de Osorno tendrán una repercusión en las otras 31 diócesis.

Se ha publicado oficialmente el calendario de la segunda visita de los enviados del Santo Padre a Chile, el arzobispo de La Valletta, Mons. Charles Scicluna y Mons. Jordi Bertomeu, Oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Estos enviados desarrollarán su trabajo en Santiago durante cuatro días: 12, 13, 18 y 19 de junio. En la mitad de la visita se trasladarán durante cuatro días a la ciudad de Osorno (14, 15, 16 y 17), a más de 800 kilómetros de la capital, para entrevistarse con el obispo de la diócesis, Mons. Juan Barros, sus colaboradores y, obviamente, los laicos de esa diócesis. Estos últimos podrían constituir el principal problema para la Misión vaticana.

Es casi seguro que el obispo Juan Barros, nombrado por el Papa en enero de 2015, deje la diócesis relativamente pronto. Por ahora, se gana tiempo para ver cuál será la modalidad de la “salida” del obispo, cuestión inseparable de la permanencia de los otros tres prelados pertenecientes a la ex Pía Unión Sacerdotal de Karadima, que actualmente se encuentran en otras tres diócesis: Auxiliar de Santiago (Andrés Arteaga, enfermo), Linares (Tomislav Koljatic) y Talca (Horacio Valenzuela).

En este ámbito la Misión de Scicluna-Bertomeu no debería encontrar grandes dificultades, salvo algún sacerdote anciano escandalizado por el hecho, inédito, de que grupos de laicos “se atrevan a desafiar una decisión del Papa”.

Los grupos de laicos de Osorno, pero también de otras diócesis. Los laicos de la diócesis de Osorno actualmente están muy divididos, fragmentados y distanciados entre sí debido a las controversias y polémicas que surgieron desde el primer día del nombramiento de Barros. Entre estos grupos, el antagonismo es fuerte y muchas veces agresivo.

Dentro de la genérica denominación “movimiento de laicos de Osorno” se registra un abanico de posiciones diferentes, complejas y a veces un poco crípticas: van desde los duros e intransigentes (“fuera Barros, ya”) hasta las posiciones más moderadas y comprensivas, abiertas a posibles estrategias de salida blandas y negociadas, y en el medio, grupos de opiniones más o menos cercanas al obispo cuestionado y otros partidarios de la idea de acudir a la Justicia para determinar de manera definitiva si es o no culpable de haber ocultado los abusos sexuales de Karadima.     Leer más…

Luis Badilla en Religión Digital, 10 de junio de 2018

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