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Mi papá es un cura célibe

Pepe Mallo

Pocas veces han sido noticia, pero siempre ha habido hijos de curas. Desde el comienzo de la historia de la Iglesia. No se mencionan los hijos de los apóstoles; pero, si estaban casados, se supone que los tenían. Jesús nunca impuso el celibato, aunque él se mantuviera célibe.

Dos noticias difundidas en Religión Digital me han llamado poderosamente la atención. La una me ha dejado perplejo; la otra me ha colmado de esperanza:
- “Hijos de curas: una realidad silenciada” (8 de octubre de 2017)
- “Moceop, 40 años de andadura eclesial” (24 de octubre de 2017)

Siempre ha habido hijos de curas

Pocas veces han sido noticia, pero siempre ha habido hijos de curas. Desde el comienzo de la historia de la Iglesia. No se mencionan los hijos de los apóstoles; pero, si estaban casados, se supone que los tenían. Jesús nunca impuso el celibato, aunque él se mantuviera célibe. En los primeros tiempos, los obispos, presbíteros y diáconos se guiaban por la ley natural, o sea, se casaban. Es más, en carta a Timoteo, Pablo traza el perfil arquetipo del obispo y el diácono: “Marido de una sola mujer…” (1Tim.3,1-13). El celibato no llegó hasta varios siglos después y fue, con mayor o menor frecuencia, incumplido por sacerdotes de toda índole, desde los más humildes hasta algunos Papas. En épocas no muy lejanas se chismorreaba sobre el “ama” y los “sobrinos” del párroco. Así lo intuyó la socarrona ironía popular: “No digas nunca `de esta agua no beberé´, ni `mi padre no es un cura´”, y aquella otra satírica definición: “Un cura es un hombre a quien todos le llaman padre menos sus hijos, que le llaman tío”. Y poco habrá que investigar para intuir el origen del apellido “Del Cura”.

Víctimas desgraciadas de la Iglesia

1. La perplejidad que me ha suscitado esta noticia viene provocada por la estadística: “Casi uno de cada tres sacerdotes no cumple con el celibato, según una reciente investigación de “The Boston Globe” que aborda la difícil situación de los hijos de los clérigos. Afirma el periodista que los hijos e hijas de los sacerdotes “son las víctimas desgraciadas de una iglesia que, durante casi 900 años, ha prohibido a sus sacerdotes que se casen o tengan relaciones sexuales, pero nunca ha establecido normas respecto a lo que los curas o los obispos deben hacer cuando un clérigo es padre de un niño”. En el presente escenario eclesial, ser hijo de un cura conlleva un amargo estigma, sobre todo cuando el padre tiene que silenciar la circunstancia de haber tenido un hijo para salvaguardar la buena imagen de la Iglesia, su propia reputación y mantener su ministerio. Algunos sacerdotes se sinceran con sus hijos; pero es infrecuente, y no pocos niños son dados en adopción y crecen sin saber la identidad de sus padres biológicos. El periodista del diario afirma: “Miles de niños hijos de curas han vivido su vida marcados por la vergüenza, el secreto, la ilegitimidad o el abandono.” Suelen crecer sin el cercano apoyo de sus padres, y con frecuencia se les presiona o se les escarnece para que guarden en secreto la existencia de esa oculta relación.   Leer mas…


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