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La perversión del sistema judicial español y la infame sentencia de ‘La Manada’

Lidia Falcón

Yo quiero analizar con una mirada más amplia lo que está sucediendo en nuestro ordenamiento jurídico y en nuestro sistema judicial respecto a la conducta de los hombres en su relación con las mujeres.

La sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Navarra sobre la violación cometida por los cinco integrantes de la banda ‘La Manada’, a una muchacha de 18 años en las fiestas de San Fermín en Pamplona, hace dos años, ha conmocionado a nuestra sociedad, y también a algunas otras. No solamente al Movimiento Feminista ni a las mujeres, sino a todas las personas, hombres y mujeres de bien, que han visto como se conculcan todos los parámetros del sentido común y de los valores de la democracia y de la igualdad, en este ya entrado siglo XXI.

Muchos comentaristas han desmenuzado, con gran conocimiento jurídico, tanto la declaración de hechos probados, que los propios magistrados aceptan en su sentencia, como los considerandos que establecen que esos mismos hechos no constituyen agresión sexual sino únicamente abusos, lo que les permite rebajar la pena de los 18 años que pide el fiscal a los 9 que establecen en la condena.

La incongruencia que supone la admisión de la cadena de humillaciones, mal trato e imposición de actos sexuales a que sometieron los culpables a la víctima y la negativa a calificar de agresión esas conductas, es evidente y así lo remarcan todos: juristas, periodistas de tribunales, comentaristas, feministas, políticos y gente común.

Pero yo quiero analizar con una mirada más amplia lo que está sucediendo en nuestro ordenamiento jurídico y en nuestro sistema judicial respecto a la conducta de los hombres en su relación con las mujeres.    Leer más…

Lidia Falcón en Público.es, 28 de abril de 2018

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La justicia da carta blanca a “La Manada”

La Justicia española dice que no es violación, es abuso. Por lo tanto, 9 años de prisión, de los cuales ya han cumplido 2. Absueltos de agresión sexual.

Vivo en un país en el que no se considera agresión sexual que 5 hombres me metan de noche en un portal, agarrándome de las muñecas, cuando estoy en estado de embriaguez, aprovechando su evidente superioridad física y numérica. No se considera agresión sexual que me penetren simultáneamente – a mí y a mis 18 años – por la boca, por el ano y por la vagina mientras me graban con sus móviles. No se considera agresión sexual que, en esas condiciones, eyaculen dentro de mí y lo hagan sin preservativo. No se considera agresión sexual que ellos estén tan cachondos como eufóricos, jaleándose y pidiendo a gritos turno para metérmela, mientras yo no hago ni la más mínima muestra de estar disfrutando de la situación. Vivo en un país en el que no hay ni rastro de agresión sexual en que los que hablaban de que “hay que llevar burundanga, que luego queremos violar todos” difundan vídeos con contenido sexual en los que yo aparezco. Siete vídeos explícitos en los que se ve cómo me humillan y me vejan. No hay rastro de agresión sexual cuando, después de su fechoría, ellos se van a seguir la fiesta y a mí me dejan tirada en el portal, sin ropa, robándome el móvil antes de marcharse para que no pueda ponerme en contacto con nadie.  Nada hace pensar que haya sufrido un agresión sexual aunque esté sola de madrugada, llorando en un banco de una ciudad desconocida, hasta que una pareja me encuentra y llama a la Policía. No hay agresión sexual aunque los guardias, el personal médico y mi estrés post-traumático digan lo contrario. No hay agresión sexual aunque, dos años después, siga necesitando asistencia psicológica. No hay agresión sexual porque la educación sexual en mi país nos la ha enseñado el porno.      Leer más…

Carlota M. de Burgos en Atrio, 26 de abril de 2018

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Comunicado del Colegio de Psicología de Navarra sobre el caso de “La Manada”

Desde el Colegio Oficial de Psicología de Navarra queremos recordar que, tal y como se recoge en el Convenio de Estambul, considerado como el marco jurídico más completo para combatir la violencia contra niñas y mujeres, se define legalmente la violación como las relaciones sexuales sin consentimiento.  En una sociedad en la que existe una violencia estructural contra la mujer, el debate sobre la intimidación propicia la idea de la responsabilidad de la víctima a la hora de protegerse de la violación y distrae el foco sobre el verdadero agresor.

Este Convenio fue ratificado en 2014 por España, un país en el que se denuncia una violación cada ocho horas, indicador de la situación de violencia estructural que sufre la mujer y que tiene en este tipo de agresiones su expresión más extrema, estigmatizante y violenta. La intimidación y la violencia no se ejercen únicamente de forma expresa, sino que es más que suficiente la posición estructural de fuerza del hombre.

Nuestra sociedad debe progresar e ir más allá de cuestionar a las víctimas y no a los agresores, ya que se perpetuará esta situación y se disuadirá la denuncia, la no identificación de las agresiones sexuales tanto por la víctima (que se culpabilizará) y por el agresor (que lo justificará). Así que como sociedad debemos trasladar un mensaje de condena sin paliativos hacia quienes ejercen la violencia sexual, en cualquiera de sus formas, y de apoyo a las víctimas.     Leer más…

Declaración institucional del Colegio de Psicología de Navarra.  27 de abril de 2018

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Y a partir de ahora… ¿qué es una violación?

Después de 24 horas de la sentencia de ‘La manada‘ sigo estupefacta. Son 371 folios donde se relata una violación y se concluye que es abuso sexual. Parte de lo que se escribe y el fallo son contradictorios y se crea una sentencia que perpetúa mitos de la violencia sexual y de la cultura de la violación.

La clave está en las palabras “violencia” e “intimidación”, que definen la agresión sexual. Quienes tenemos los pies en la tierra no entendemos cómo una justicia puede estar tan ciega para decir que si cinco tipos te rodean en un portal, en mayoría numérica, no sea considerado ni violencia ni intimidación. Pero vamos por partes.

No consideran violencia que la sujetaran de la mandíbula para la penetración bucal. Tampoco es indicativo de violencia que, en el parte de lesiones, exista solo eritema vulvar. Y aquí hago una parada porque estaría muy bien que la justicia entendiera, de una vez, que no es necesario que nos desgarren la vagina para confirmar una violación. ¿Por qué? Pues aquí está la contradicción porque la misma sentencia indica, por los estudios de los psicólogos, que en el bloqueo de la víctima al verse rodeada, su cuerpo puede reaccionar de dos maneras: o parálisis o relajación. Así que si el cuerpo se relaja para afrontar el trauma y se desconecta emocionalmente no puede haber lesiones profundas. Lean. Está en las páginas 75 y 76. Pero es que además dice que, en esa situación, hasta la víctima puede reaccionar con “acercamiento o cierta amistad con el agresor, para evitar males mayores y conseguir que concluya cuanto antes”.

Vamos al concepto “intimidación”. Los magistrados reconocen que la víctima estaba “agazapada, acorralada contra la pared por dos de los procesados, expresó gritos que reflejan dolor y no apreciamos ninguna actividad de ella; estas imágenes evidencian que la denunciante  estaba atemorizada y sometida de esta forma a la voluntad de los procesados”.      Leer más…

Ana I. Bernal-Triviño en El periódico.com, 27de abril de 2018

 


 





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