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Hacen falta nuevas imágenes religiosas

José María Vigil

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Algunas imágenes tradicionales están gastadas y hasta son dañinas

VER: ¿Qué es la realidad según la religión?
Toda cosmovisión se puede reducir a unos cuantos rasgos o imágenes básicas. ¿Qué es, en esquema, el mundo, la realidad, según lo ve la religión? La inmensa mayoría de los creyentes respondería: la realidad es -un Dios que vivía solo eternamente, que un día decidió crear este mundo frágil, que continúa existiendo porque Él lo sostiene en el ser;

-un Dios Señor todopoderoso, que nos dicta su ley moral para que nos incorporemos a su Plan de Salvación sobre el mundo, cuyo triunfo final Él garantiza; -un Dios Padre que nos prueba en este mundo material, para llevarnos después a la vida eterna con él en el cielo, después de juzgarnos…

Éstos son tres esquemas básicos o «escenarios» como la realidad es concebida o imaginada por las religiones, p.ej. las monoteístas. Y muchísimos creyentes piensan que la realidad es así, literalmente tal.

JUZGAR:
Pero la realidad, en sí misma, sigue siendo un misterio inaccesible para nosotros. «¿Por qué existe la realidad, y no la nada?», preguntaba Leibniz. Las culturas -y dentro de ellas las religiones- respondieron a ese angustioso interrogante irresuelto, representándose la realidad como alguno de esos u otros «escenarios», por medio de imágenes y metáforas originales, creativas, incluso a veces geniales, que han permitido vivir en ellas a nuestros antepasados dándoles un sentido, una comprensión del mundo, una esperanza, una misión…

Preguntémonos: ¿«describen» esas imágenes la realidad tal como es? Obviamente no; la Realidad misma es un misterio que nos sobrepasa. Sólo los fundamentalistas piensan que la realidad es literalmente tal como la «describen» sus tradiciones religiosas.
Estas tradiciones son simbólicas: verdades profundas, no verdades literales, no descriptivas. ¿Son imágenes perfectas? ¿O tienen también sus inconvenientes? ¿Son mejorables? ¿Son imágenes eternas, «para siempre», o también se gastan? ¿Puede ser que algunas no sólo estén obsoletas, sino que hoy puedan estar resultando incluso negativas, nocivas?

Problemas concretos de estas tres imágenes

• La imagen de un Creador que todo lo creó de la nada, tiene sus dificultades. Si desde siempre existía Dios solo, y pudiera haber sido siempre así… ¿qué sentido tiene la realidad? ¿Es un capricho (de Dios)? ¿Podría no haber existido? ¿No es nada en sí misma?
La imagen de creación escinde totalmente la realidad entre Creador y creación, vaciando a ésta de entidad y reduciéndola a mera contingencia, sólo «sostenida en el ser por Dios». Un Dios transcendente y ajeno al mundo sería la verdadera totalidad del ser.

– Pero ¿quién ha dicho que la realidad es dual, y que hay un principio creador expatriado de la realidad, enteramente diferente, transcendente… y que la realidad real que conocemos y somos… es pura vaciedad y dependencia? El mundo que hoy vivimos, y que la actual explosión científica nos presenta, es incompatible con esa imagen. Para la ciencia hace tiempo que no es plausible la creación. ¿Puede la religión contradecirla?

Esa imagen dual, escindida, nos hace daño, porque nos aliena, reduce el cosmos a la nada óntica, lo despoja de inmanencia y pone a ésta fuera del mundo, impide una vivencia holísticamente unificada de transcendencia e inmanencia: nos hace esquizofrénicos.

• La imagen de Dios como un gran Señor feudal todopoderoso a quien se deben todos los que nacen en su feudo, cuya relación esencial principal con los humanos es una relación de dominio-sumisión total, tiene también grandes problemas.

Imaginar a Dios como Rey que gobierna el mundo, tiene toda apariencia de ser una proyección de la sociedad agraria patriarcal que se extendió por las culturas a partir del neolítico, cuando comienzan a aparecer las «religiones» (no la religiosidad) del Dios guerrero, patriarcal, monárquico…
– Pero una imagen así no responde a nuestra sensibilidad, nuestra visión, nuestra situación actual. Hoy nos resulta inaceptable esa «ontología señorial de la dominación jerárquico-patriarcal». Por otra parte, esta imagen nos destituye de responsabilidad al hacernos confiar en que Dios salvará al mundo pase lo que pase.

Esta imagen nos hace daño en la situación actual de posibilidad de un desastre planetario final (nuclear o climático) causado por los humanos, porque nos hace ciegos a lo que ahora vemos claro: que el mundo está en nuestras manos, y que nadie va a venir a salvarlo si no asumimos nuestra responsabilidad. En este sentido concreto, el discurso religioso habitual sobre Dios como Señor hace daño a la Humanidad y al cosmos.

• La imagen de que somos almas venidas a menos de nuestra condición espiritual, viviendo por un corto tiempo encadenadas a un cuerpo material, pero destinadas a retornar a una vida eterna espiritual en el cielo tras la superación de un juicio individual, ha estado en vigor con mucha fuerza, durante milenios. Esa visión mira sólo el drama histórico de los humanos.
Éstos son lo único importante de la realidad: todo el resto de la realidad sería accidental, adicional, puesto sólo como escenario en el que representar la historia de la salvación espiritual de los humanos.

La materia sería un aspecto o un episodio negativo marginal que finalmente desaparecerá.
– Pero nosotros no vivimos ya en ese mundo dualista de materia y espíritu enfrentados. Aquellos planteamientos platónicos son simplemente inaceptables una vez que abrimos los ojos al mundo de hoy, en el que la distinción materia/espíritu es cada vez más incierta.

No existe la materia absolutamente despojada de mismidad, de energía, de vida. Partículas y ondas, materia y energía, tierra y vida, mente y conciencia… son sólo aspectos distintos de una misma realidad única. No podemos pensar que estamos expatriados de nuestro mundo original, ni que estemos concursando para una salvación individual para fuera de este mundo.

Ya no compartimos aquella visión por la que lo más importante del cosmos era el ser humano, sus intereses, su historia y su salvación personal celestial… Queremos vivir la dimensión religiosa en el mundo real del cosmos, de Gaia, en el todo holístico de materia, energía, vida, mente, espíritu y Divinidad, en el que somos los últimos llegados, con el privilegio de estar capacitados para hacernos cargo humilde y responsablemente de la co-gobernanza con la naturaleza.

Muchas más cosas se debería decir de estas y otras imágenes -algo decimos en los materiales complementarios- que hoy chirrían, y que a muchos cristiano que viven en sintonía con los mejores avances del pensamiento actual les resultan ya extrañas (pecado original, redención, cielo, infierno…).

ACTUAR:
Reconocer la naturaleza del lenguaje religioso.

Hay que tomar conciencia de la peculiaridad del lenguaje religioso: es simbólico, metafórico. Expresa verdades «profundas». Pero no tiene capacidad ni competencias para describirnos o informarnos sobre la realidad, el mundo, el otro mundo, la materia, el espíritu…
Es como la poesía: nos dice cosas maravillosas y transmite vivencias profundas, con mucho contenido verdadero, pero no nos confundimos interpretándolas literalmente, sino «poéticamente».

Nuestros antepasados interpretaron los símbolos religiosos literalmente, como descripciones. Somos la primera generación que está viviendo este cambio epistemológico cultural.
La Realidad Última nadie la ha visto, pero todos los pueblos han necesitado preguntarse por ella para vivir la dimensión religiosa. Esa inaccesibilidad se ha suplido con intuición, imaginación, creatividad, símbolos, metáforas… Las imágenes religiosas así elaboradas no pueden ser perfectas (pues son humanas), ni para siempre (pues se desgastan con el tiempo y pueden quedar sin base con el avance del conocimiento).

Y puede llegar un momento en que no sólo ya no sirven, sino que incluso resultan dañinas.
Por lo demás, si miramos la historia, vemos que las tradiciones -también la nuestra- no han dejado nunca de crear imágenes y de abandonar otras. No es nada nuevo. Sólo que ahora el cambio es más rápido, más radical, y, por primera vez, consciente.

El problema es complejo, y no tiene solución fácil, porque las metáforas no surgen por decreto, ni por la imaginación genial de un individuo… Surgen coyunturalmente del subconsciente colectivo…

¿Qué hacer entonces, sólo esperar pasivamente?

Se pueden hacer cosas muy importantes: tomar conciencia de la peculiar epistemología religiosa, superar el fundamentalismo, saber que nuestro discurso religioso no describe la realidad, y plantearse la necesidad de renovarlo aun cuando nuestra comunidad viva tranquila con sus imágenes ancestrales heredadas.

No necesita cambiar quien no siente la necesidad, pero sí es conveniente que conozca el problema, para comprender lo que está pasando a muchos, y para no impedir la necesaria transformación.
En los materiales complementarios de esta Agenda ofrecemos textos, reflexiones y sugerencias.

 

 

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