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Juristas y expertas feministas critican la sentencia de La Manada: “Es una vergüenza”

Pilar Álvarez

“Si cinco personas que arrinconan a una chica no es agresivo, la pregunta es qué falla en el Código Penal”, dice la exsecretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo.

La condena dictada por la Audiencia Provincial de Navarra a los cinco miembros de La Manada, con penas de nueve años por un delito continuado de abuso sexual, han indignado a juristas y expertas feministas. Distintos colectivos de mujeres prevén movilizaciones de protesta este mismo jueves y figuras destacadas, como la exsecretaria de Igualdad, Soledad Murillo, piden modificaciones del Código Penal.

La vicepresidenta de la asociación mujeres juristas Themis, Altamira Gonzalo, se muestra “en profundo desacuerdo” con una sentencia que considera que hubo “abusos sexuales y no agresión sexual”.“El tribunal ha utilizado una vía intermedia”, considera esta jurista, “porque señalando que son abusos sexuales ha impuesto la pena más alta prevista”. Gonzalo no entiende que el tribunal considere que “no hubo intimidación y no hubo violencia”. “Desde la experiencia humana es una contradicción tremenda. Había cinco personas mucho más mayores y fuertes contra una absolutamente indefensa y a esas horas de la noche. Es intimidatorio a todas luces, no puede solventarse con un delito de abusos sexuales que está previsto para casos fugaces como ir por la calle y que te toquen el trasero”.

La directora de Programas de ONU Mujeres, la uruguaya María Noel Vaeza, considera que esta sentencia es “una oportunidad perdida” y que la condena es “sumamente insuficiente”. “Basta ya la impunidad social contra las violaciones. La cultura de la violación sigue responsabilizando a la víctima, no está condenando y rompiendo la impunidad social como se esperaba”, ha valorado. Vaeza lamenta que se permitió “una justicia de investigación sin rigor” y critica que los abogados de La Manada “pudieron incluso contratar a un detectiva para juzgar a la víctima, en vez de que fuera al revés. Se invirtió la carga de la prueba y se actuó con prejuicios”. El informe del detective fue retirado finalmente del sumario por la defensa de los miembros de La Manada.

“Si cinco personas que arrinconan a una chica no es agresivo, la pregunta es qué falla en el Código Penal”, manifiesta Soledad Murillo, secretaria de Estado de Igualdad entre 2004 y 2008, que pide cambios legislativos y considera que el fallo es “una vergüenza”. “Los manuales antiviolación, que escriben mujeres expertas en atención a las víctimas de delitos, recomiendan no resistirse para evitar daños mayores”, explica Murillo, impulsora de la Ley contra la Violencia de Género de 2004. “Y, sin embargo, la diferencia entre abuso sexual y violación depende de que grites y de que te resistas”, añade. La exsecretaria de Igualdad recuerda que la Fiscalía sí entendió que se trataba de una agresión. La fiscal Elena Sarasate pedía 22 años y 10 meses de cárcel para cada uno -18 años por un delito continuado de agresión sexual; dos años y 10 meses por un delito contra la intimidad, y dos años por robo con intimidación- y una indemnización de 100.000 euros. La sentencia ha dejado la condena en nueve años para cada integrante.     Leer mas…

Pilar Álvarez en El País, 26 de abril de 2018

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Cuando violarnos no cuesta nada

Lo primero que se me ha pasado por la cabeza ha sido ella. La víctima de La Manada. Lo que habrá sentido, revivido y recordado tras escuchar el fallo judicial.

Nos queda leer bien la sentencia, pero el mensaje ha sido claro: no hay violación, solo abuso sexual, y 9 años de condena. En unos 3 años, podrían acceder a los permisos penitenciarios. Lejos quedaron las peticiones de 22 y 24 años años de cárcel.

¿Qué más tenemos que demostrar para que nos consideren violadas?

¿Qué más tenemos que demostrar, incluso con vídeos que registran a cinco tiarrones que te acorralan en un portal, te callan, te desnudan y te penetran por boca, ano y vagina, y eyaculan sobre ti, y te dejan desnuda, tirada como un despojo, donde además te quitan el móvil para que no pidas ayuda?

¿Qué más quieres, justicia, para que consideres que esto no es violación sino un abuso sexual? ¿Que nos perforen? ¿Que nos maten?

Esto en un país donde ocurre una violación cada 8 horas. 1 cada 8. Que no se nos olvide, son datos del Ministerio de Interior. Acercaos a cualquier centro de terapia de violencia sexual y veréis que esto pasa todos los días. TODOS los días.

La lección que la justicia nos ha querido dar a las mujeres es que si te sometes, no es violación. Da igual si consientes o no. No es violación, es abuso. Es como si nos dijeran: “si te quedas en shock, lo siento, haberte espabilado, haberte enfrentado a cinco tiarrones a riesgo de salir con vida”. Las alternativas que nos dejan es…. o nos sometemos y que la justicia niegue la violación; o nos enfrentamos y acabar, probablemente, como Nagore o Diana Quer: muertas. Incluso muertas nos puede pasar como a Nagore, que no se considere asesinato, sino homicidio. Así ya no sólo sale barato agredirnos, sino matarnos.

Otro perverso mensaje es para las mujeres violadas. Si cinco tiarrones de 27 años te meten en un portal y te penetran por todo lo que tengas disponible no es violación… ¿qué vamos a esperar cuando nos violen uno solo? O más allá, ¿qué vamos a hacer cuando nos viole nuestra pareja? Llevo solo una hora tras la sentencia y tengo dos compañeras agredidas que me dicen que no piensan enfrentarse a un proceso judicial para acabar de esta manera. Denunciar no es un entretenimiento, es revivir la agresión, es revivir el miedo.

La lección que también nos da la justicia es un efecto llamada a las Manadas a las que quita peso y responsabilidad, para pasar, cómo no, a nosotras. Un mensaje de: “bueno, sí, es abuso, pero tampoco tan grave”. Esa idea que uno de los abogados, Agustín Martínez, explicó de forma elocuente con que no era más que una grabación “pornográfica”. Esos chicos que escribían mensajes de Whatsapp donde planeaban violaciones con burundanga.     Leer más…

Ana I. Bernal en Público.es, 26 de abril de 2018

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¿Qué les digo a mis hijas?

“Que no se metan en un portal con cinco hombres” es un consejo que culpabiliza a todas las mujeres y criminaliza a todos los hombres.

Sí, ya sé que la sentencia de La Manada está fundamentada en Derecho. Sí, ya sé que es recurrible en superior instancia. No, no estuve en las vistas, ni escuché el testimonio de los acusados, ni el de la víctima. Sí, solo hablo de oídas y leídas. No, no voy a adentrarme aquí en disquisiciones jurídicas sobre lo que es o no intimidación y/o violencia y lo que es o no abuso y/o violación en nuestro Código Penal, que para eso doctores tiene el Supremo. No, no exijo la sangre de esos sujetos ni su linchamiento colectivo ni tengo mayor interés en que pasen tres años más o menos entre rejas. Y, sí, el relato de porno cutre del voto particular del magistrado que pedía la libre absolución de los encausados me repatea las vísceras y me insulta la inteligencia. No, no voy a ir de analista cuando ni lo soy ni lo pretendo.

Lo mío es más de andar por casa, o por la calle, o por la vida. La duda que me corroe es qué les digo esta noche a mis hijas: una rayando la mayoría de edad y la otra recién cruzada esa delicadísima línea. ¿Que si denuncias a un sujeto que te ha penetrado por todos tus orificios sin tu consentimiento pero sin ponerte un cuchillo en el cuello ni amenazarte con matarte, no te ha violado sino solo abusado de tu cuerpo? ¿Que eso dice el Código Penal y que la sentencia es impecable porque así están las cosas? ¿Que, puestas en el caso, se dejen hacer para evitar males mayores, o que se resistan como vírgenes mártires para demostrar que ellas no querían? ¿Que no se metan solas en un portal con cinco hombres?     Leer más…

Luz Sánchez-Mellado en El País, 27 de abril de 2018

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Lo que hemos aprendido del caso de La Manada

La sentencia de hoy no es un abuso, es una agresión hacia la mitad de la población?.

Soy hombre y mi mirada, claro, es la de un hombre. Creo que hay que decir esto si uno va a ponerse a escribir sobre un tema como una violación, porque nunca he sufrido una. Ni he estado cerca. Probablemente nunca me pase algo así. Tampoco he sufrido en mi vida un abuso sexual. Ni acoso. Nunca he tenido que tomar precauciones al ir caminando de madrugada por la calle, ni he sentido en mi vida una pizca de miedo o incomodidad por culpa de un grupo de mujeres que venían de frente, de lado o por detrás.

Pertenezco, además, a una sociedad que ha invisibilizado todos estos miedos, abusos, acosos, agresiones, cambios de acera de madrugada y llaves preparadas en la mano 100 metros antes de llegar al portal de casa. También pertenecen a esa misma sociedad la jueza y los dos jueces que hoy han dictado sentencia, uno de los cuales ha emitido un voto a favor de la absolución total para los cinco acusados. Los tertulianos de televisión que opinan sobre el caso también son parte de esa sociedad. Y, por supuesto, los cinco acusados, ya condenados a un delito de abuso y absueltos del de violación.

Hoy, el tribunal que leía el fallo de la sentencia, no juzgaba tanto a los cinco jóvenes como al concepto social de violación. ¿Qué es una violación? ¿En qué consiste? De eso iba hoy la cosa. Los antecedentes no eran buenos. Veníamos de sentencias indignantes. Se me viene a la cabeza aquella mítica en la que un juez italiano decidía que la víctima no había sido violada porque, para acabar con los pantalones vaqueros bajados a la altura de los tobillos, había tenido que poner de su parte. Todo el mundo sabe lo ajustados que van los vaqueros, por dios, no hay más que ver esos anuncios tan sexis que ponen en la tele, ¡queda usted absuelto! ¡A otra cosa! Era 1999.

Hoy, casi 20 años después, hemos aprendido que el concepto de violación parece no haber cambiado. El tribunal de la Audiencia de Navarra ha vuelto a comprar como única posibilidad válida para que exista una violación esa escena cinematográfica en la que una mujer grita socorro y patalea, mientras es sometida con violencia por un hombre que, quién sabe, podría terminar asesinándola viendo el comportamiento rebelde de la chica. Si el miedo a un daño aún mayor paraliza a la mujer, si el alcohol o la droga le impiden reaccionar, decir sí o no, su cuerpo, al parecer, es de uso y disfrute público. Eso también lo hemos aprendido hoy.     Leer más…

Gerardo Tecé en Vice Channels, 26 de abril de 2018



 

 


 

 


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