MÁXIMO HERNANDORENA
Kristau
sutsu, apez argia,
denetan ahots gardena.
Euskal Herrian euskal eliza,
zure gogo eta kemena.
Lortuko duzu egun batean
zuk landatu zenuena.
Lagun gaitzazu aldapaz gora,
Maximo Hernandorena.
MAXIMO
HERNADORENA
Hijo
del pueblo de Lekunberri (Nafarroa), nacido en febrero del 31 y ordenado sacerdote
en el año 1955 en Iruña. Su lengua materna, el euskera, fue
perdiéndola por las condiciones en que se educó en el seminario
en el clima antivasco del franquismo que se contagiaba en la iglesia. Su toma
de conciencia euskaldun fue creciendo hasta comprender que "el
euskera no era solo un instrumento de evangelización sino su propio
contenido; Euskal Herria no es un mero receptor de evangelización sino
también su sujeto".
También tuvo que pagar su precio por ello, sobre todo de parte de la
iglesia de Nafarroa. Era consciente de que el evangelio de Jesús para
ser Buena nueva para todos los pueblos, tiene que inculturarse en la matriz
cultural de cada uno de ellos. De lo contrario, la misma evangelización
se convierte en aculturadora y complice de la diglósia.
En todos los pueblos en que ejercicio su servicio pastoral dejó profunda
huella evangelizadora y liberadora de su paso... Valle de Araitz, Irurtzun
o, sobre todo, Lesaka. Si quisiéramos resumir su vida
en una palabra ésta seria SERVIDOR.
Juntamente con la conciencia popular y euskaldun, fue creciendo en él
la conciencia social frente a los problemas de los trabajadores. Pero fue
valiente, pues su fe y su pobreza radical lo hacian solidario y fuerte frente
a las dificultades. Todo lo compartía y lo daba pensando siempre en
los demás antes que en él. No importaban las multas, las llamadas
de las curias y las persecuciones que le caían por sus homilías
a favor de los trabajadores.
Su espiritualidad evengélica era la nota descollante tanto en la oración
personal como en la celebración litúrgica para la que tenía
una creatividad especial. Era visitante asiduo del monasterio vasco de Belloc,
lugar de silencio, oración y liturgia esmerada, donde se unía
la vivencia de la fe con los monjes benedictinos con el amor vivo al pueblo
vasco
