(Este testimonio esta tomado de nuestra revista HERRIA2000ELIZA del mes de enero de 2008)
Agur, Joseba!
Una sonrisa comprometida
(A modo
de biografía de Joseba GOÑI ALZUETA)
Tal vez ésta no sea una biografía al uso. Pero es que Joseba
tampoco ha sido una persona al uso.
De procedencia
navarra (ama y aita de Aibar, un pueblecito al lado de Zangoza), nació
en Bilbao el 20 de agosto de 1941 y le pusieron el nombre de pila de José
Asunción. Antes lo había hecho una hermana, Mari Nieves y un
año más tarde, su hermano Luís.
Vivieron en la bilbaína Alameda Urquijo, estudiaron primaria en las
escuelas de "La Concha" (oficialmente, escuelas
del General Concha), pasando luego al colegio de los Escolapios.
En 1953, con 12 años, ingresó en el seminario diocesano de Derio,
donde estuvo 13 años. Allí, además de los estudios eclesiásticos,
aprendió a tocar el piano y se examinaba en el Conservatorio de Bilbao.
En 1962 consiguió el título de "Profesor en la enseñanza
de piano". También aprendió a tocar el órgano
y se convirtió en el organista del seminario. El día del funeral,
D. Pablo, párroco que fichó a Joseba para Portugalete, comentaba:
"Una de las razones por las que quise que Joseba viniera a mi parroquia
fue por su buen hacer como organista, pero luego no conseguí que ejerciera
conmigo, a pesar del gran órgano que teníamos en la basílica".
Sus preocupaciones parroquiales eran otras, lo que no quitaba para que, como
sabemos algunas personas, en medio de la vorágine de su activi-dad,
sacase algún ratico de vez en cuando y cambiase la siesta por unos
compases para templarse y coger aire.
No todo fue estudiar. Habiéndose lesionado la mano su aita, consiguió
permiso para ir a ayudar a su hermano algunas tardes en el surtidor de gasolina
que tenían en la zona de Alangos, en Algorta (Getxo), cerca de la estación
de servicio actual. Su presencia fue necesaria y no escurrió el bulto.
En esa época la familia se trasladó a vivir a Villa Monte, en
Algorta.
En septiembre de 1965 se "fugó"
del seminario con otros compañeros a Bilbao para ver la película
"West side story" y por esta razón fue expulsado
un año del seminario. Ya entonces alguien quiso "cortarle
las alas" por salirse de lo "correcto", pero
él no se amilanó y buscó la salida: lo aprovechó
para ir a Madrid a estudiar órgano y armonía, faltándole
sólo un curso de órgano para conseguir el título.
Volvió al seminario y se ordenó de sacerdote en 1967, siendo
destinado a la parroquia "La Milagrosa" de Zorrotza
(Bilbao). Allí tuvo el primer encontronazo con el gobernador civil
de Bizkaia. Este le impuso, el 12 de agosto de 1968, una multa de 25.000 pts.
(una barbaridad en aquellos tiempos) por ''censurar (en las homilías
del día 4 de agosto) las detenciones de sacerdotes (...), por impago
de las multas que les habían sido impuestas, añadiendo que otros
hombres, por defender los derechos de todo ser viviente, han sido víctimas
y otros torturados...), invitando a los fieles a orar por todos los perseguidos
y por el derecho de reunión libre y organización".
El gobernador consideró este acto como "subversivo, (...),
atentando contra la unidad espiritual, nacional y política de España".
Ahora era la autoridad civil (¿?), la que consideraba que tampoco era "políticamente correcta" la postura de este joven cura y que había que enjaularlo o arrancarle algunas plumas, como aviso para que no siguiera el camino de aquellos curas revoltosos que comenzaban a hacer demasiado ruido.
Joseba siguió
dando pasos en ese camino de lucha sencilla y sin estridencias que frecuentó
toda su vida. Recurrió la sanción alegando que no tenía
capacidad económica para efectuar el pago de un tercio de la multa
necesario para el recurso, afirmando que las manifestaciones que se le imputaban
no obedecían a la verdad y que, además, la Autoridad Eclesiástica
era la única que podía establecer criterio en esta clase de
actos. El gobernador rebajó la sanción de 25.000 a 2.500 ptas.
En 1969 el obispado, ante algunos problemas de salud de Joseba, les llamó
a los curas de Santa María de Portugalete (Pablo Bengoechea, Ángel
Garamendi y Tasio Munarriz) para preguntarles si estaban dispuestos a que
fuese a Portugalete a compartir la parroquia y la vivienda para estar mejor
atendido. Le respondieron que estarían encantados.
Joseba
se convirtió en el padre espiritual del Instituto de Portugalete y
en el responsable de la juventud de la parroquia, entre la que cayó
muy bien.
Además, en aquella vivienda entró de lleno la sonrisa, no exenta
de socarronería, y la alegría. No perdía el optimismo
ante las dificultades. Siempre habría alguna salida. Lo importante
era no arredrarse y buscar soluciones, aunque la realidad fuese terca y teñida
de penumbra. Ese espíritu se contagió entre sus compañeros
y ayudó a que el compromiso por el cambio en la Iglesia, por la gente
necesitada y por las libertades fuese más so¬portable a la vista
de las dificultades que acarreaba.
Difícil será olvidar una anécdota de esa sonrisa contagiosa
y rompedora de tensiones. En su compromiso de romper ataduras con el poder
establecido y ser más consecuentes con lo que pensaban y predicaban,
todo el equipo renunció a cobrar la raquítica paga (pero paga
al fin y al cabo) que el Estado abonaba (y sigue abonando) a los sacerdotes.
Con lo cual, su modesta economía se resintió notable y rápidamente.
La primera persona que lo notó fue Puri, la señora
que con tanto cariño y desvelo se preocupaba del mantenimiento de todos
ellos. Con una cierta angustia le habló así a D. Pablo: "Yo
no entro a juzgar las decisiones que toman y ustedes sabrán el por
qué renuncian a la paga del Estado. Pero lo que yo veo es que con el
dinero que me dan ahora no me llega para la com-pra de la alimentación
y los otros gastos de la casa. D. Pablo: ¿no le parece que debieran
juntarse todos y buscar una solución?". Con lo que D. Pablo,
aprovechando una comida en la estaban todos y ante la presencia de Puri, les
dijo: "Esto es lo que me plantea Puri y habrá que hacer algo.
¿Qué se os ocurre?". Rápidamente Joseba ofreció
la solución, y sin dejar ni un momento para la tensión dijo
riendo: "Puri, desde hoy, suprima la merienda. Ya no se merienda
en esta casa". Todavía guardan la carcajada las paredes de
aquel comedor. Por supuesto, se apretaron el cinturón y buscaron otros
medios laborales de financiación.
Entonces los locales de la Casa Parroquial se llenaron de actividad. Sus puertas
y sus salas estaban abiertas de par en par para toda aquella gente que quisiera
trabajar en la transmisión de la fe, en la renovación de la
iglesia, en la ayuda a la gente necesitada, en las luchas y reivindicaciones
obreras, en la cultura y en los derechos de nuestro Pue-blo, en el compromiso
por las libertades cívicas individuales y colectivas. Era continuo
el trasiego de papeles y personas de todas las edades y apariencias. Pero,
claro está, todo ello tenía un precio y había que cortar
las alas o enjaular a esos pájaros tan amantes de la libertad y que
tan a menudo sorteaban las dificultades que se encontraban en su vuelo. Sirvan
como muestra de ello estos pocos ejemplos.
Un día
de 1972, los sacerdotes de la parroquia recibieron una llamada
telefónica nocturna para que diesen los últimos sacramentos
a una persona moribunda. Fue Joseba quien se encargó
de atender la petición, pero, al salir de la casa y dar los primeros
pasos, advirtió unas sombras sospechosas. Volvió para atrás
y salieron dos hombres que le persiguieron. Como no tenía tiempo de
abrir con llave el portal de casa, bajó corriendo hasta un bar, desde
donde le acompañaron a casa. No será la última vez que
su estado de forma le permita eludir la acción de "incontrola-dos",
con o sin uniforme.
En 1.972 la policía nacional no le renovó el pasaporte. El único
recurso que tenía a su disposición era solicitarlo al Departamento
de Fronteras de la Dirección General de seguridad. Joseba lo hizo en
varias ocasiones, pero sin resultado alguno. Era un castigo más. Tuvo
que esperar unos años para poder salir a Europa.
El 2 de abril de 1973 el gobernador le volvió a imponer
a Joseba una multa de 25.000 pts. por promover y participar en una manifestación
¡legal "con la consiguiente alteración de la paz pública
y la convivencia social". El motivo fue que unos días antes
tres personas le habían dado al sacerdote Román Landera, compañero
de parroquia y vivienda, una paliza. El domingo los sacerdotes de la parroquia
protestaron en todas las misas y a la una del mediodía se organizó
una manifestación por el casco antiguo de Portugalete, en la que no
participó ningún sacerdote. Pero la guardia civil le denunció
a Joseba. Este recurrió dicha sanción, pagando esta vez la tercera
parte de la cuantía. El 17 de mayo de 1974 tuvieron
que ir varios testigos al juzgado para demostrar la no presencia de Joseba
en la manifestación en el Contencioso Administrativo 47/74. Al final
el ministro de la gobernación condonó la sanción el 10
de diciem¬bre de 1975 y a Joseba le tuvieron que devolver el dinero pagado.
Dos meses más tarde, el 2 de junio de 1973, el tristemente afamado
Hidalgo, capitán de la guardia civil, registró el domicilio
de los sacerdotes, la Casa Parroquial y la sacristía, llevándose
200 kg. de material, la mayoría folios en blanco, clichés, tubos
de tinta y algunos libros y posters. Un policía municipal había
denunciado que de la Casa Parroquial habían tirado a la calle unas
octavillas protestando por la situación de los presos de Basauri, algo
totalmente falso. Los sacerdotes cumplieron 20 días de arresto en el
semina-rio de Derio, mientras esperaban los resultados de la intervención
de su obispo, D. Antonio Añoveros, para no ser juzgados por el Tribunal
de Orden Publico (TOP), acción que resultó
exitosa.
Ese mismo año, el 31 de diciembre de 1973, el gobernador les volvió
a imponer otra multa, esta vez de 50.000 pts., a los sacerdotes Ángel,
Joseba y Tasio, porque en las homilías del día 29 habían
"intentado provocar la subversión" al afirmar que
Román no había participado en la manifestación del 21
de diciembre y que había sido detenido por su supuesta participación,
denunciada con testigos falsos. Se negaron a pagar nada. Casi dos años
más tarde, el 16 de abril de 1975, cansados el gobernador
de tanto recurso sin poder cobrar un duro desistió de seguir adelante.
La represión también llegaba a su vida laboral. En 1974 la inspección
de enseñanza prohibió a Joseba y a Tasio ir a la escuela Maestro
Zubeldia a dar clases de religión, denunciados por el alcalde de la
villa, José Manuel Esparza. Consiguieron volver a la docencia, después
de hablar con Milagros Reyes, la Delegada de enseñanza del Gobierno
de Madrid.
Como responsable de juventud de la parroquia, cayó muy bien entre ella y supo ganársela: dentro de la parroquia, en la escuela, en el Inst.,... Organizó numerosos grupos de distinto calado y compromiso en la parroquia. Pero su espíritu viajero y aventurero también aparecía en las salidas dominicales a montes cercanos y otras de más duración y a sitios no tan cercanos que organizaba. Son muchas las decenas de personas, hoy mayores, que recuerdan con cariño y nostalgia sus tiempos jóvenes, preparando y disfrutando los campamentos en Isaba, en las que más que responsable parecía un monitor y en los que hacía crecer en madurez y compromiso al grupo de monitoras y monitores que llevaba al frente. También tuvo que solventar más de una vez las "apreturas económicas". Y qué decir de los viajes a Taizé (recién estrenado pasaporte), con lo que suponía el ir al extranjero y encontrarse con juventudes tan distintas de otros países.
"Inoiz ez zion inori ezer ezarri. As-katasuna
maite zuen eta askatasuna errespetatzen zuen inori "hegoak ebaki"
gabe"
Su actividad pastoral y humana no se circunscribía a la parroquia y
a la Casa Parroquial. Porque así como la Casa Parroquial estaba siempre
abierta, su disposición para estar allá donde se requiriese
su presencia no ofrecía duda. En 1976 los obreros
huelguistas de Altos Hornos llamaron a Joseba para que fuese a celebrar la
misa del domingo dentro de la fábrica, en la que estaban encerrados.
Allí fue con el material necesario en una mochila, saltó la
tapia de la fábrica con ayuda de los obreros, porque la puerta estaba
cerrada y custodiada por la guardia civil, y celebró la misa. El responsable
de la caja de resistencia le hizo su depositario porque tenía
miedo de que la guardia civil se la requisase al salir por la puerta. Y Joseba
volvió a saltar la tapia.
Eran los últimos años del franquismo y los primeros de la "transición"
y la Casa Parroquial facilitaba poder formarse política, social, cultural
y religiosamente. No es casual el surgimiento de grupos de estudio de euskera
y el nacimiento de la "Gau eskola". Ni el impulso y publicación
de los primeros cuadernillos de y para las "escuelas sociales".
Detrás de todo ello estaba el soplo, el ánimo y la complicidad
de Joseba. ¿Cuántas reuniones, charlas y proyectos no se habrán
ideado y realizado en esa Casa? ¿Cuántos folios, clichés,
tintas,... se habrán empleado? ¿Cuántas ayudas y compromisos
los gestados y llevados adelante? Si las piedras y otra mucha gente hoy tan
callada hablase!!! Pero veo sonreír a Joseba al releer estas líneas
y le oigo decir que pase página.
Esos últimos años comenzaron a nacer y fortalecerse los grupos
embriones de lo que luego serían las Comunidades Cristianas Populares.
Joseba y sus grupos parroquiales tuvieron un papel importante en el nacimiento
de la Asamblea de Cristianos de Bizkaia, cuya smprimera aparición
tendría lugar en Bilbao, en los franciscanos de Iralabarri, el mismo
fatídico día del fusilamiento de Baena, Sánchez Bravo,
García Sanz, Txiki y Otaegi, 27 de Septiembre de 1975. Ya para entonces
circulaba un boletín interno de comunidades que, cómo no, se
editaba en la multicopista de Joseba.
Por las mismas fechas, sacerdotes "estilo Jose-ba" se iban
reuniendo y coordinando, preocupados por hacer una Iglesia Vasca
comprometida con las clases populares y con nuestro Pueblo. Todo ello iba
a dar pie al nacimiento de la Coordinadora de Sacerdotes
de Euskal Herria, con implantación en todos sus herrialdes. Ni que
decir tiene que Joseba fue uno de los principales promotores, impulsores y
cabeza visible.
Fue ya el año 1977 cuando ese movimiento coordinado
de Comunidades Cristianas Populares y, sobre todo, la Coordinadora de Sacerdotes
de Euskal Herria, deciden que ponerse al día de la transición
y pasar del "ciclostil" a una revista legal, que fuese
expresión de toda esta corriente cristiana. Es así como nace
HERRIA 2000 ELIZA. Tendrían que pasar todavía
unos meses hasta que el número 0 viese la luz pública. ¿Quién
sería el responsable y director? No podía ser otro que Joseba,
aunque nunca quiso que apareciese un cargo tan "serio"
como el de director: siempre estuvo en la "plancheta" el
título de COORDINADOR, y se encargaba él mismo de que
figurase así en cuantas ocasiones hiciese falta aparecer.
Esta forma de nombrar el cargo no es algo baiadí, sino que encierra
toda una filosofía y, sobre todo, un modo de hacer. Joseba siempre
fue un creador, un impulsor, un gestor (siempre pariendo), un buscador de
soluciones a los problemas de nuestro Pueblo, un sembrador, un promotor. Nunca
impuso nada. En ese sentido, nunca fue director, aunque tenía muy claro
el horizonte hacia el que dirigirse y era muy consciente y consecuente en
el aceptar que no había un único camino, sino muchos y variados,
en el que aunque el bosque y los temporales borrasen toda huella, siempre
había que buscar o crear otros que nos permitiesen avanzar hacia ese
horizonte de libertad.
Siempre quiso volar libre, e invitaba al resto de la gente a que también lo hiciese o al menos lo intentase. Como decía unas líneas más arriba, Herria 2000 Eliza nacía, tras unos meses de intenso trabajo y gestiones, los últimos días de abril de 1978. Con los primeros ejemplares "robados" a la imprenta y dejados en el maletero, partía un autobús desde Bilbao a Madrid a un encuentro de Comunidades populares a nivel estatal. A muchos kms de nuestra tierra ojeamos el número 0. Portada roja acorde con la fecha. El 1 de mayo nos pilló en esas jornadas, pero el internacionalismo de las efemérides no hizo sino remarcar con fuerza las distintas visiones y sentimientos que traíamos la gente de las diversas nacionalidades del estado español. La incomprensión de los españoles y el malestar se palpaban. Y Joseba, propuso salir al escenario del encuentro, para cantar una canción que él, su comunidad de base, y luego el resto de las comunidades de Euskal Herria presentes, tomaron como bandera e himno, y así explicar al resto lo que éramos y queríamos, lo que sentíamos que nos querían hacer y nuestro compromiso por la libertad y por nuestro Pueblo: "HEGOAK EBAKI BANIZKION".
Tal vez sea esta
anécdota una de las que mejor refleja la personalidad y las actitudes
de Joseba. No es casualidad que en el último adiós ante su cuerpo
presente, se proyectase un power-point en el que el fondo musical
fuese dicha canción y ese txori revolotease libremente en
la pantalla, en el ambiente y en nuestros corazones.
Por aquella época, Joseba trató más de una vez con el
periodista portugalujo José María Portell y, con toda seguridad,
le transmitiría su preocupación y la del colectivo de Herria
2000 Eliza de buscar cauces de diálogo para solucionar el
conflicto de Euskal Herria. Días más tarde de su última
conversación, el 28 de junio de 1.978, era asesinado
Portell y poco más tarde, el 2 de Julio, once balazos mataban a Rosario
Aguirre y otros 6, dejaban malherido a su esposo Juan José Echave.
Más tarde se ha sabido que Echave y Portell eran amigos, que habían
sido designados "representantes" de las dos partes más importantes
del enfrentamiento y trataban de poner unas bases para la negociación.
En Julio de 1978 Joseba deja la parroquia de Santa María
de Portugalete -parroquia piloto y modelo de la modernización de la
Iglesia- y la práctica del sacerdocio ministerial y comienza una nueva
etapa de su vida. Centra su tarea en su Getxo y a la que se irán sumando
Alaitz, Iker y Mikel.
Años más
tarde, también un sobrino, Josebita, hijo de su hermana, engrosará
la familia al morir ésta. Joseba retomó el primer negocio familiar,
la gasolinera, y su espíritu emprendedor le llevó a conseguir
el premio estatal del gremio. Y lo que unas líneas más arriba
explicaba de la variada y fructífera vida que contenían las
paredes de la Casa Parroquial, tendría que volver a repetir respecto
a las dependencias de la gasolinera.
No descuidó ni la familia, ni los negocios, ni las amistades... ni
el compromiso con la gente sencilla y con Euskal Herria, desde una fe profunda
y cada vez más desvestida de ropajes superfluos. Nadie podrá
explicarse cómo podía sacar tiempo para abarcar tantos frentes,
sacando encima tiempo para el ocio y el deporte.
En 1979 nace a la luz el primero de una serie de libros de
Herria 2000 Eliza, en los que Joseba es creador de la idea
original, ideólogo, coautor, promotor, editor,... El título,
sugerente y paradigmático: "Euskadi. La paz es posible".
La frustrada experiencia de unos meses antes no consigue parar la búsqueda
de nuevos intentos y tras muchos contactos y entrevistas se publica este trabajo
que hoy sigue siendo referencia a la hora de encuadrar las causas y los caminos
de soluciones. El libro fue inmediatamente secuestrado, retirado de las librerías
y los dos responsables (co-autores) encausados por apología del terrorismo,
con una petición fiscal de entre 6 y 12 años de cárcel.
Tras declarar ante el juez, el expediente durmió en algún cajón
del juzgado, aunque no se consiguió que levantasen el secuestro. De
todos modos, Joseba ya se había encargado de que una segunda edición,
sin pie de imprenta, apareciese y se agotase en unos días.
Hace unos días, casi tres décadas más tarde, Joseba
seguía creyendo profundamente en que la paz es posible y trabajando
para ello. Pueden dar fe personas encarceladas estos últimos meses,
así como gente corresponsable de dichos encarcelamientos.
En mayo (2008), Herria 2000 Eliza, cumplirá 30 años.
A lo largo de todos y cada uno de ellos, son abundantes los artículos
y los números monográficos en los que se vierte esa preocupación
y ese compromiso. Esa implicación y "dirección"
llevó a Joseba a hacer que Herria 2000 Eliza fuese
algo más que una revista. Organizó Foros y Congresos y publicó
un puñado de libros, acompañando e incluso adelantándose
a la vida de nuestro Pueblo: al libro secuestrado le siguió el de "Una
historia de incomprensión exige NEGOCIAR" (1.983), "AUTODETERMINACIÓN
DE LOS PUEBLOS. Un reto para Euskadi y Europa" (1.985.2 Tomos.
Congreso Internacional), "Derechos humanos individuales, Derechos de
los Estados, Derechos de los Pueblos" (1.990. Congreso
internacional), "PUEBLOS Y ESTADOS EN LA CONSTRUCCIÓN
DE EUROPA" (1.993. (Conferencia de Comunidades Cristianas de
Base de Europa), "Tiempo de Cerezas" (1.999), "Tiempo
de Soluciones" (2.003. Foro), "Hizkuntza eta Luna.
Lengua y Territorio" (2003. Foro), "Justicia y
Euskal Herria" (2004. Foro) hasta llegar a "SOBERANÍAS
Y PACTO" (2005). Consiguió que Herria fuese un referente
y sobre todo que se contase con ella, ya que antes Herria 2000 Eliza había
invitado y logrado una común búsqueda con otros agentes de nuestro
Pueblo. No es ninguna exageración el decir que Joseba fue el "alma
mater" de todo ello.
Ha sido incansable a lo largo de todos estos años en promover declaraciones,
recogida masiva de firmas y manifestaciones unitarias. ¿Quién
no recuerda una de las mayores manifestaciones de la historia de nuestro Pueblo
por el Derecho de autodeterminación de los Pueblos? Presente en las
firmas y compromisos de Lizarra-Garazi, en el Foro de Debate Nacional-Nazio
Garapenerako Biltzarra, en el Foro de Ibaeta (por
los presos), en la Plataforma 18/98 y +, en casi todos los
sitios en los que se podía aportar algo en la construcción de
país. Preocupado y ocupado en conseguir la paz en Euskal Herria.
Pero Joseba no ha sido nunca una persona política y menos de partido.
¿De izquierdas? ¿De derechas? Tal vez le haya marcado el vivir
y conocer la realidad de la margen izquierda, pero también la de la
margen derecha del Nervión. Un amigo suyo le decía: "A
ti te salva el que eres listo y sabes cuándo hay que estar con las
izquierdas y con las reivindicaciones popu-lares"; pero es que también
sabía estar con las derechas, vascas o españolas, con las personas
no nacionalistas o nacionalistas de España, para que también
ellas pudiesen oír de su boca otra opinión y escuchar la de
ellas, porque realmente lo que le preocupaba era el pueblo, la justicia, la
libertad, el cumplimiento de los derechos, de todos los derechos, individuales
y colectivos, de todas las personas y de todos los Pueblos. Por ello mismo,
ponía sumo interés en que apareciese desplegado lo más
posible el abanico de opiniones respecto a un tema, aunque tuviese claros
los objetivos.
No perdía la compostura. Difícilmente escondía su sonrisa
y si lo hacía, era por poco tiempo. Sabía escuchar y callaba
a veces, para poder decir más tarde lo que pensaba, o para templar
gaitas, o para cambiar de opinión tras las otras exposiciones.
De gestos cariñosos, tenía un don especial para sacar información
y para que, quien estu-viese a su lado le confiase sus sentimientos. Pero
a él le costaba expresarlos con palabras. Era poco amigo de ello y
tenía habilidad para desviar o darle la vuelta a la conversación.
Creía en la vida y que merecía la pena luchar por ella, pero
que había que evitar las muertes. Ya basta de dolor por ambas partes
y de destrozar vidas y familias con cárceles, torturas o muertes:
"hay que ser más listos que todos ellos", solía
decir más de una vez. Se convencía a sí mismo y quería
convencer al resto de que encontraríamos la fuerza suficiente y el
camino adecuado para seguir adelante en estos temas y en los demás
aspectos de la vida. Algunos le achacábamos el que, al menos aparentemente,
no tenía prisa. Pero no se dormía. Siempre caminando: con su
sonrisa; portando la bandera del diálogo, la de los derechos individuales
y colectivos, la del derecho a decidir , la de la paz que necesita Euskal
Herria, la del compromiso por todo ello, ... pero sin dejar nunca de lado
una gran bandera: la del cariño y la amistad.
El 25 de enero de 2007 asistió a la última
reunión de Herria 2000 Eliza en el edificio de La
Bolsa de Bilbao, donde mensualmente se reunía el equipo de dirección.
Se le notó algo raro, pero nadie podía intuir el que unos día
más tarde Nati, su mujer, le llevase urgentemente al Hospital de Basurto
al detectar ciertos síntomas. Síntomas que llevaron a que una
serie de pruebas fuesen confirmando lo peor. Cuando todavía no se conocían
los resultados, el 17 de febrero, Nati reunió en su casa a las personas
que habían formado su comunidad de base, con la excusa de celebrar
el aniversario de su boda y el cumpleaños de ella. "Quiero
que estemos juntos y que estéis con él, ahora que todavía
está bien. No quisiera llamaros cuando pase a una situación
grave, si es que se confirman los malos augurios". La velada de
aquella tarde fue agradable, superando los miedos a la tensión de las
sospechas. La sonrisa de Joseba, sobre todo al final, con el cansancio de
las horas transcurridas, hablaba queriendo decir algo, otra cosa,... aunque
"sus reservas" im-pidiesen el translucir demasiado.
Todo ha ido muy rápido en los últimos meses. Operación
del tumor cerebral, aparición de una complicación de tipo gangrenal
que le sumió en una silla de ruedas tras dos operaciones, reproducción
del tumor en el verano,... y los últimos días en los que se
fue apagando. El lo sabía. Desde el primer día de la sospecha
navegó por internet para conocer el desarrollo de lo que él
tenía o podía tener, el tiempo de esperanza de vida,... No quería
hablar de ello. Solamente al principio, antes de operarle, cuando el médico
le confirmó que lo suyo era grave, Joseba comentaba a la gente que
iba a visitarle: "Ya le he dicho al médico que yo pensaba
vivir 120 años y que me tendré que conformar con 70. Pero en
fin. Todo va bien". También tenía la preocupación
de ir hablando despacio, el tiempo que estuviera en el hospital, con la gente
allegada. La enfermedad le cortó bastante pronto el habla, más
allá de gestos y monosílabos. Pero quien haya estado con él
algún momento de estos meses de sufrimiento, podrá confirmar,
que no perdió la sonrisa: sonrisa al recibirte, sonrisa a mitad de
la visita y sonrisa cuando te marchabas. Una sonrisa que hablaba mucho, a
veces demasiado, e incluso mezclada en algunos momentos con quejidos de emoción.
A las siete y media de la mañana del 25 de Diciembre, "matutino"
como diría él, nos dejó. Había estado "demasiado"
tiempo cercado por una jaula. Casi me atrevo a afirmar que quiso volver a
nacer en fecha tan señalada. No por llamar la atención, que
él hacía las cosas sin darse importancia alguna, sino por el
significado de todo lo que rodea a ese día, en el cual creía.
Joseba vuela libre. Ya nada ni nadie le cortará las
alas ni conseguirá meterle en una jaula. Nada ni nadie será
capaz de borrar su sonrisa comprometedora y comprometida.
Gure ondoan zaude! Eskerrik asko!
Joseba Goñi murió el 25 de diciembre del 2007
El testimonio de la vida de Joseba nos remite a una historia de la iglesia vasca de la cual él resulta un bello y significativo paradigma:
1. Él y sus compañeros son el enlace entre la iglesia vasca que vivió y lucho durante el franquismo, que está reflejada en el libro "El clero vasco en la clandestinidad",y la nueva iglesia popular de la transición y la supuesta democracia postfranquista.
2. Él está presente como sujeto vivo y creativo en el nacimiento en Euskal Herria de la iglesia popular y sus comunidades de base, así como inspirador de la coordinadora de sacerdote vascos, que tanta repercusión tiene en las diócesis que tienen como matriz cultural el euskera y viven su fe dentro del proceso de liberación de nuestro pueblo.
Si, después de leerlo y reflexionarlo, crees que merece la pena darlo a conocer, envíaselo como archivo adjunto a todos tus amigos inquietos