EL semanario diocesano 'La Verdad' ha irrumpido en la campaña electoral, en su edición del 17 de mayo, tratando de iluminar a los católicos ante el abanico de ofertas existentes. Se sirve para ello de una pequeña batería de preguntas planteadas a los partidos. Se supone que preguntas y respuestas servirán de criterios de discernimiento a la hora de decidir el voto. Pero, a nuestro entender, todo está concebido y planteado de tal modo que, muy tendenciosamente, orienta hacia una banda muy estrecha, por no decir única, del espectro electoral. Esto nos parece una instrumentalización indebida e inaceptable de la Iglesia y del cristianismo. Por lo cual nos sentimos en el deber de manifestar lo siguiente:
1º.- Creemos que el cuestionario propuesto, para empezar, invierte la genuina perspectiva cristiana y conciliar. Según ésta, la Iglesia y los cristianos, salvaguardados su carácter e identidad específicos evangélicos y evangelizadores, deben servir a la sociedad, a su mejor, más humana y más justa organización, a una convivencia integradora y solidaria, a la promoción de un humanismo integral. Y todo ello en el más estricto respeto a la autonomía de lo temporal. Pero el mencionado cuestionario, yendo justamente en sentido contrario al expuesto, dirige casi en exclusiva las preguntas hacia determinados centros de interés del catolicismo. Como si la proximidad, el servicio y el impulso a este último, y no al conjunto de la sociedad, por parte de los partidos y las agrupaciones electorales, constituyeran el criterio definitivo y determinante, y aun prácticamente único, de los católicos a la hora de decidir su voto.
2º.- Además, el elenco de criterios propuestos a modo de preguntas nos parecen ambiguos y, por lo mismo, confusos en algunos casos (v.g.: en lo que atañe a la enseñanza privada, a la educación religiosa en las escuelas, al papel jugado aquí por la Iglesia en la guerra civil...) y, en general, arbitrariamente reductivos. ¿Dónde quedan, por ejemplo, aspectos fundamentales de la doctrina social católica más reciente, tan cruciales como la prioridad de los pobres y los débiles, o la solidaridad, o la participación responsable, o las graves advertencias sobre el neoliberalismo y acerca de la guerra, etcétera?
3º.- Por otra parte, parece que en el cuestionario se confunden las convicciones y la moral católicas -a las que los fieles de la Iglesia debemos atenernos, y cuyo ejercicio, expresión y promoción tenemos constitucionalmente garantizados- con la moral común o ética civil o ética mínima que, en función del bien de la convivencia, sociopolíticamente central y nuclear, debe regir en una sociedad democrática, pluralista y no confesional. Sería el caso, por ejemplo, de la pregunta que se hace sobre los supuestos de despenalización del aborto. Una cosa es la moral católica, su derecho de libre ejercicio y expresión, y otra distinta aquello que, en bien de la convivencia general y en una situación dada, deba plantearse y pueda imponerse normativamente a todos y todas en una sociedad no confesional y plural.
4º.- El lenguaje empleado por La Verdad es ambiguo, pero dicha ambigüedad nos parece portadora de concepciones ya superadas y que, a estas alturas, creemos además inaceptables. Así, en portada se habla de "El voto católico", en la página 2 de "El voto de los católicos", y las dos páginas centrales se encabezan con la pregunta "¿A quién votamos los católicos?". Esta pregunta formula un enunciado correcto. El segundo sería aceptable si el artículo singular primero se toma en un sentido indefinido y no determinativo de un único modo de proceder. Pero consideramos rechazable el enunciado de portada. No hay voto católico. El catolicismo no se reduce a ninguna opción política, y ninguna de ellas agota ni puede agotar los contenidos, exigencias y virtualidades de lo católico. Por otra parte, hablar de voto católico -y no de los católicos- llevaría en última instancia a negar la autonomía de lo temporal y la legítima libertad responsable que debe imperar en ese ámbito. Mencionamos la libertad responsable porque es cierto que el catolicismo no se aviene bien con cualquier opción. Pero ninguna se ajusta al mismo como un pie al calzado. Y los cristianos hacemos nuestra opción moral sobre un abanico de criterios más amplio que los expuestos por La Verdad.
5º.- Lo del "voto católico", finalmente, nos evoca residuos de una vieja mentalidad de cristiandad o nacional-católica no superada. Bajo ella alentaría la convicción de que el catolicismo debe configurar la sociedad a su deseo y semejanza. Nos preguntamos, por ello, si, en el fondo, no es ése el espíritu que alienta en algunos de nuestros dirigentes diocesanos. Y si, en virtud del mismo, de una manera muy real y efectiva, aunque indirecta e implícita, no se pretende dirigir el voto de los católicos hacia una opción partidaria muy concreta. Una opción totalmente legítima, por supuesto, en términos democráticos. Pero que, sometida al test del algodón evangélico -que no engaña- dejaría muchísimo que desear sin duda. Puede que, incluso, bastante más que algunas de las opciones competidoras en la contienda electoral.
Miembros de la Coordinadora de Comunidades de Base de Navarra