Comite Mons, Oscar Romero
Lito, Rafael Vasquez,
uno de los dirigentes de mayor influencia en CONIP, es un testimonio de
una Iglesia que vive su fe sembrándola en el surco de la liberación
de su pueblo... A pesar de que han pasado muchos años de este relato,
su semilla, ya la de tantos como él, han dado y darán frutos
de vida nueva.
Como gustaba decir
Oscar Romero, traduciendo a la realidad salvacoreña la intuición
de San Ireneo en el siglo tercero: "Gloria Dei, homo vivens",
"la gloria de Dios consiste en que el empobrecido genere su propia
vida". |
Lito,
(Rafael Vázquez)
dirigente de la iglesia popular de El Salvador
Los asistentes
al III encuentro internacional M.O.R. celebrado en Cuernavaca (México).
1981, organizado por el recién nacido Secretariado cristiano de
solidaridad, pudieron descubrir la calidad de nuestro hermano en el acto
final con su testimonio.
Pertenecía
a las comunidades de villa Victoria de la diócesis de San Vicente
en El Salvador… El vivió intensamente su pertenencia a la
iglesia popular en condiciones contradictorias, pues su obispo, Aparicio,
era una persona desagradable… y con actitudes contrarias a la de
Oscar Romero… El cura de su pueblo era Vicente que, a consecuencia
de un cerco a su pueblo por parte del ejercito, huyó con toda la
gente del pueblo a la zona hegemonizada por las fuerzas populares de liberación
(FPL) y allí se quedó integrado en el movimiento popular.
Aquí os ofrecemos una entrevista.
DESDE
LA PREHISTORIA
-
Xabier: Lito, me han solicitado datos sobre tu persona…
ya te has hecho famoso. Cuéntanos algo de tu vida y de tu proceso
cristiano.
- R.V. Mira,
Xabier; para entender todo esto tendríamos que comenzar, como todo,
por el principio
Mi pueblo
natal está al norte del país, casi en la raya con Honduras.
Es un pueblo empobrecido. Mis primeras experiencias cristianas las vivo
en un iglesia en un modelo de iglesia que ahora la veo como si perteneciera
a una prehistoria… y, sin embargo, solo han pasado 15 años.
La iglesia
era el cura y su entorno. Era un señor que aparecía por
el pueblo como llegado de otro mundo y a quien se le creía dotado
de cualidades especiales. A él se le llevaban las primicias de
la cosecha: maíz, gallinita, frijoles o frutas… Y todo el
mundo tenía que llevar su ‘cinco’ para la limosna de
la iglesia… Un día que pedía ayuda para su carro,
oí que un señor decía a mi lado: “Pero si él
vive mejor que todos nosotros!”
En la parroquia
había asociaciones como la Guarda del santísimo o la Legión
de María… Luego se formaron los Caballeros de Cristo Rey
de varones. Esta organización logró una vez reunirnos en
San Isidro (Cabañas) a unos 10 mil varones. Allí cada uno
compraba su medalla a tostón (0.50 de colón) y se comprometía
a contribuir con 0.25 al mes. Tenía un carácter algo militar;
Cumplían con los deberes cristianos y se sentían responsables
de la moral pública. Tenían una especie de garrote con bordón
para penquiar a quienes se portaban mal, a quienes chupaban o tenían
‘sacaderas’… A través de ellos bajaban orientaciones
sobre a quien tendríamos que votar según el obispo.
-Xabier:
En tu pueblo ¿de qué vivía la gente?
RV.
La mayoría somos campesinos empobrecidos; o sea, que tenemos que
echar reata trabajando en la siembra de granos en pequeñas y malas
parcelas que no sirven para otra cosa… unas dos manzanas de tierra
alquiladas casi siempre. Asi podemos ir el resto del tiempo a buscar trabajos
en las cortas de café, en la caña o en el algodón
que requieren gran cantidad de trabajadores baratos.
En los primeros años no se conocí el abono y si se presentaba
una plaga de chapulín teníamos que ver como sobrevivíamos
para morirnos lo más tarde posible. Las hembras suelen arrimar
algo de pisto haciendo trenzas de caña para sombreros. Me acuerdo
siempre de mi mamá haciendo trenza hasta las doce de la noche y
haciendo milagros para tenernos lo más indispensable. Hasta tenía
que enjaranarse para que no le faltara la limosnita para el padrecito
-
X: Si las cosas eran de ese modo, ¿En qué mundo
se movía el sacerdote?
RV: En nuestro
pueblo dominaba el trío: alcalde, comandante y juez. Eran los personajes
a las órdenes del Gobernador; dirigían la vida y el pensamiento
de todos… Nosotros nos relacionábamos con él a nivel
de confesión y de sermón. El cura se relacionaba trío
de autoridades y nos urgía a ‘mantener el orden’ y
‘respetar a las autoridades’… Solo cuando alguien ya
estaba muy grave aparecía por nuestras casas gratis.
PRIMERAS REBELDÍAS:
- X: Entonces cómo fue que se hizo en ti una conciencia
cristiana tan fuerte?
- R.V.: Quiero contarte un gesto mío a los diez
años. Mi padre siempre me llevaba a misa y no me dejaba distraerme.
Cuando llegábamos a un pueblo la visita obligada era el templo.
Un día visitábamos Sensunte:
—Vamos a la iglesia.
—No; yo lo que tengo es hambre.
Y mi papá me llevaba al templo, enojado. Para mi desgracia el cura
estaba dando la doctrina.
—Vaya también a la doctrina.
Yo me eché a llorar. Y el cura:
—Hijito, ¿por qué lloras?
—Tengo hambre y no y no tengo ganas para la doctrina.
El cura aquel me pegó un coisco delante de mi padre... y éste
no me defendió. Me rebelé.
PRIMEROS COMPROMISOS
A los 14 años salí para la ciudad y aprendí a inyectar.
Luego estuve de sirviente en la casa de Mons. Aparicio, el obispo, trabajé
de mozo en un colegio y así pude hacer hasta quinto grado a los
17 años.
Cuando volví al pueblo tenía más experiencia que
la mayoría y esto me daba cierta categoría. Ahora mi pueblo
me parecía descuidado y organicé a algunos para un proyecto
de limpieza. La gente se sorprendía y pensaba que era cosa del
alcalde:
—Bueno, ¿y desde cuándo el alcalde se preocupa
de la limpieza?
Para no quedar
mal, el señor alcalde mismo me extendió un papel en que
se me autorizaba para organizar cosas en el pueblo.
También volví a la Iglesia y me reincorporé a la
Legión de María con las viejitas del pueblo que en nuestra
sociedad tienen mucha influencia… y mucho tiempo... Hasta que un
día nos enteramos de que volvían a mandar un cura nuevo.
EL CURA COMUNISTA
—El que viene dicen que se mete en política y que es
de la democracia cristiana... o sea, de la oposición. Hasta puede
ser comunista.
Había gente que se persignaba al oírlo. Y el trío
de "autoridades" se movilizó para crearle un ambiente
deprimente. Sólo cuatro jóvenes nos atrevimos a ir a saludarlo.
—Buenos días, ¿quihubo? ¿Y ustedes de dónde
han salido?
Nos invitó a su casa y platicamos largo. Debió notar que
le tenían miedo. Nos fue preguntando por la marcha del pueblo.
Más por nervios que por voluntad le fuimos contando toditito. Pero
sus preguntas eran diferentes: que cómo vivía la gente,
que cómo trataban a los jornaleros, cómo se conseguían
los arriendos..., cómo nos trataban las autoridades. Luego nos
pidió nuestra opinión sobre la marcha de la iglesia y por
las sectas protestantes.
—En este pueblo no se puede hacer dinero suficiente para vivir.
Cuando recogemos el frijol, la milpa ya la tenemos endeudada.
Tenemos
que dejar él pueblo por las cortas hasta por tres o cuatro meses
y algunos ni vuelven. Muchos van con sus hijitos y con frecuencia se mueren
los bichos por la dureza de la vida...
La gente encuentra su salida a todo en la "chicha". Se tenían,
"sacaderas clandestinas" en el monte y con unas guacaladas ya
estaba uno contento o salían las agresividades y se acababa a machetazos...
De todo esto se valen las "autoridades" para vivir sacando multas
y haciendo "chanchullos".
FIESTAS
PATRONALES
Luego les contamos sobre la vida religiosa. Cuando más se reía
era cuando le contaba nuestra experiencia en las fiestas patronales. Cuando
llega la fiesta, un mes antes, se forman las comisiones donde se mete
a las autoridades para que presidan todo. Pero, el trabajo lo llevábamos
todo los pobres. Sobre todo para recoger dinero para la fiesta y para
pagar al cura y a los músicos.
Se preparaba bien chula la imagen y se paseaba por cantones y caseríos...
cuanto más pobre es la gente, más se siente obligada a dar
por no quedar mal. Llegábamos a la puerta de la casa con mandolinas,
violines, etc. Y la gente salía a persignarse y a besar la imagen.
Por la puerta a veces se veía a chanchos y gallinas debajo de las
camas amarradas con pitas:
—Buenos
días, niña Chana. Aquí le viene a visitar la virgencita...
La Señora que se ponía nerviosa. Los cipotes chorreados
se le pegaban al delantal y le imitaban en sus gestos religiosos. Y cuando
hacíamos el mate de irnos:
—"Mire: sólo que la virgencita se confórmara
—que ella me perdone— con un huevito ...?
Y todos le decíamos que sí, que cada uno daba lo que podía
y que la fiesta sería para todo? por igual, que la virgencita ve
el corazón y la premiaría...
Le conté una escena al cura que se me quedó grabada:
—"Vaya cipote; ve a ver si no ha puesto la gallina...
—"No quiero ...
—"No sea malcriado delante de los señora Te castigará
Dios.
Vi al niño que iba encachimbado sacar el huevo de debajo de la
gallina, que estaba todavía debajo de una tijera, y volvía
el cipotio llorando aquel pedazo de ángel con hambre:
—"Yo no he comido y estaba esperando a que la gallina pusiera
...
Y se escondió corriendo.
Cuando terminé el cuento noté que el padre estaba tremendamente
serio y nos llenó otra vez la taza de café, pero no dijo
nada.
LAS
AUTORIDADES DEL PUEBLO
Luego, Ramón, compañero de Lito, le contó también
lo de las "autoridades". El comandante manejaba a los
patrulleros, campesinos obligados a prestar servicios de vigilancia y
represión. En cada cantón había 24 de ellos. El comandate
llegaba con sus patrulleros donde sabía que había "chicha":
—Mire, señora; hemos venido porque usted ha sido denunciada
por vender chicha...
—No, mi comandante... por mi diosecillo que son mis enemigos...
—Mire, que ya sabemos hasta dónde tiene la sacadera...
—Bueno, mi señor, pero es algo muy chiquitito... Sólo
para comprarles los cuadernos a los cipotes...
Aquel hombre se llevaba a la señora a la parte de atrás
del rancho.
—Mire, señora; sé bien que usted sólo tiene
un cántaro y eso no es negocio. Poné cinco grandes y me
pasás diez colones mensuales.
Y así cobraba lo suyo y les tenía pateada la cola a todos.
Además tenía a su disposición al juez, al alcalde
y la cárcel. No había mes que no hicieran la redada de morosos.
La comedia era la misma. El alcalde llegaba a la cárcel:
—Buenos días, y ahora por qué en la cárcel?
—Por
gusto, señor alcalde. Un cantarito de chicha y ya ve... No me podría
echar una mano? Mi mujer con los bichos enfermos y la milpa sin chapodar...
Reunión del trío de autoridades y nuevamente volvía
el alcalde:
—Creo
que por 300 colones están dispuestos a sacarte.
—Pero, cómo? no tengo ni cuatro reales...
.
—Ahi veya... Si no se puede, no se puede. Tendrá que
irse a la cárcel de Sensunte. El juez...
El regateo podía llegar a los 100 colones y entonces era el correr
de la esposa a pedir prestado, vender un chancho, etc.
LOS
PRIMEROS DISCÍPULOS
Al final nos dimos cuenta de que le habíamos contado al curita
todo y no sabíamos que era la que él pensaba. Pero al poco
tiempo nos dábamos cuenta de que estaba trabajando fino: con cada
uno de nosotros, que seguían las cosas de la iglesia más
o menos lo mismo... Hasta un día volvió a reunimos y nos
preguntó que era lo que queríamos saber y qué podíamos
colaborar para asumir tareas en la iglesia. Nos dijo que los pobres deberíamos
valemos por nosotros mismos y que esto no se podía hacer sin tra-
bajo, estudio y organización. Y allí comenzó todo.
EL
CURSILLO
Nuestro cura
contaba con nosotros sin rechazar a nadie, pero escogía su mundo
entre los pobres. Ahora nos pedía que escogiéramos a la
gente más significativa para un cursillo de iniciación cristiana.
Y reunimos a 50 hombres.
(Yo mismo pertenecía al PCN,
ORDEN, a las patrullas y a la Legión de María. Entonces
nadie, y menos el obispo, planteaba problemas porque dirigentes cristianos
estuviéramos también en organizaciones políticas,
por eso cuando ahora se sacan normas en contra de nuestra participación
en las organizaciones populares nos duele la hipocresía episcopal).
Siempre pensé que había que hacer algo y por eso estaba
en todo, pero sin conciencia. Sin embargo, con las reuniones con el cura,
ya me estaba inquietando sin que él nos dijera nada. Cuando faltaban
pocos días para el Cursillo, se presentó en el pueblo un
coronel y el comandante llamó a "los de confianza".
Eramos siete. Traía un secretario y nos dijo:
—"He venido para advertirles algo grave. Tenemos informes
de que aquí hay un cura comunista y tenemos que parar esto entre
todos. En Suchitoto se nos han metido unos curas malditos, haraganes y
sin oficio que andan engañando babosos..."
Fue largo el discurso. Yo callaba. Por eso quería y temía
el Cursillo ya que el mismo comandante (cómo no, si él se
sentía también dueño de la iglesia y hasta leía
las lecturas de la misa) asistiría al Cursillo.
El primero
en llegar fue uno que todavía era seminarista. Yo mismo lo fui
a recibir. Era Ernesto Barrera, (el que asesinaron
en Noviembre del 78). Me pidió un informe del pueblo y me
ofreció la oportunidad de contarle mi miedo. El se reía
y me dijo que el cura de Suchitoto estaría también esos
días con nosotros. Peor estaba la cosa. El caso es que entre todos
planeábamos cómo desenmascararlos.
El curita de Suchitoto hablaba lindo y nos puso al tanto de lo que estaba
pasando en El Salvador. Nos contaba casos parecidos y en un momento se
pará y nos preguntó:
—Aunque aquí no habrá pasado todavía nada
de eso, pero si alguien sabe algo podría contarlo.
Miré al comandante y estaba pálido. Y seguía el cura:
—"Las cosas hay que sacarlas a luz porque el evangelio
es luz, y nosotros somos testigos de la verdad..."
Yo levanté la mano y le conté:
—Mire, padre, también aquí andan bolas...
Cuando terminé, el comandante se levantó nervioso diciendo:
—"Todo lo que ha dicho el hermano son puras mentiras..."
Pero la gente fue refiriendo más y más cosas y aquello fue
una luz que descubría las picardías de aquellos carajos.
Fue la primera vez que abrimos nosotros mismos la Biblia y nos identificábamos
con Israel, con los profetas, y, sobre todo, con Jesús de Nazareth...
UNA
MANIOBRA TURBIA CONTRA EL TRIO
Del cursillo salimos claros y desenchibolados y cada uno trató
de poner claros a sus amigos. Formamos grupos de reflexión con
la Biblia, pero a la hora del hacerlo se nos complicaba todo. La misma
gente que había aprendido que el cuarto mandamiento también
mandaba respetar a las autoridades, se nos podía echar encima.
Lo que les quiero contar ya sé que no está muy bien, que
es algo turbio, pero fue lo único que se nos ocurrió y creo
que el Señor ya nos lo habrá perdonado.
Después de una reunión en el templo nos quedamos Ramón
y yo. Estoy seguro de que si oye esto aquél se reirá mucho.
Ahora está de Comandante en el Frente Paracentral.
Bueno, decidimos reiniciar nuestra amistad con el comandante y con el
alcalde, ya cada dos días nos reuniríamos para evaluar los
avances. Para ello teníamos que hacerles la pelota, hasta chupar
y parrandear con ellos. Nos enteramos de todas sus movidas y teníamos
que aguantarnos la repugnancia que nos daba y sobre todo el pensar que
nuestra gente creyera en ellos...
Cuando llegó el momento empezamos a meter cizaña entre ellos.
"Que si el comandante le jugaba sucio con las multas, que si
el alcalde era celoso, que uno hablaba mal del otro, que si decía
que le tenía pateada la cola...".
Trabajamos tan fino que logramos echarlos al pleito. Fue un día
de fiesta por la tarde con unos tragos entre pecho y espalda. Discutieron
entre si, se retaron y acabaron dándose reata delante del pueblo.
Y nosotros íbamos por los grupos:
— ¡Fíjense qué autoridades tenemos ... qué
payasada están haciendo!
Y la gente:
—"Es una vergüenza ..."
Desde ese día el pueblo conquistó libertad para pensar por
sí mismo.
LOS PATRULLEROS
Las patrullas -o "la descalza"-, como dice el pueblo,
porque sólo los pobres la formamos, era una institución
opresora del pueblo hacíamos de guardias y garantizábamos
el "orden" y teníamos la creencia de que éramos
"autoridad", porque nos daban un "carné
de servicio". Y en los pleitos nos echaban contra nuestra gente.
Para quienes sienten que no valen nada, era importante lucir un "carné"
de la autoridad.
Y aquí también planeamos chivo la tarea. Muchos de ellos
iban a las reuniones de la Biblia. Allí también empezamos
a estudiar la "Constitución de la República".
Yo conseguí una tanatada de Constituciones, pues que las regalaba
el PCN. Y allí nos agarramos a una uñita que decía:
"Nadie está obligado a prestar servicio sin su debida remuneración".
Allí
veíamos que los patrulleros éramos los únicos jodidos
y que sólo el comandante, el juez y el alcalde ganaban. Así
íbamos creando conciencia y rebeldía. Pero era peligroso
dejar la patrulla, porque te amenazaban con la cárcel. Un día
fuimos a entregar el carnet más de 15 y no se atrevieron a hacer
nada y esto sirvió de ejemplo.
LUNA DE MIEL DE LAS COMUNIDADES
Desde entonces, el centro de la actividad del pueblo eran las comunidades,
donde ya se comprendía aquello de que "hay que obedecer
a Dios antes que a los hombres...’ Poco a poco fuimos atinándole
a la cosa. La gente sentía que allí se entendían
sus problemas y que todos éramos personas y ya ni acudían
al juez en los pleitos y menos salían con multas en los bolsillos,
sino que se trataba de que todos creciéramos hacia sentirnos hermanos.
Eran nuevas maneras de ver la vida y la comunidad entre todos. Y nos fuimos
regando por todas partes. Sábados y domingos era para nosotros
cosa de andar de cantón en cantón. Luego teníamos
que reunir de varios cantones... Allí nos reuníamos hasta
500 personas y tuvimos que aprender "dinámicas"
para que todo el mundo participara. Cada reunión era una fiesta.
Hasta aprendimos a llevar nuestros instrumentos y de allí brotaron
conjuntos. Uno de ellos se hizo famoso: "Pomada de honda"
.
El cura animaba todo aquello y pareciera que estaba en todo, pero siempre
desde el equipo parroquial. Se convirtió en nuestro servidor y
nunca hacía cosas por su cuenta.
Luego tuvimos
el boletín de las Comunidades "Justicia y Paz".
Cada mes se estudiaba un problema de todas las comunidades campesinas
de El Salvador. Nosotros mismos señalábamos el problema
que nos interesaba y dábamos nuestra perspectiva sobre él,
y luego, desde San Salvador se mandaba a todas partes. Era un gran instrumento.
Nosotros comprábamos hasta 300 y hacíamos actividades para
que ningún grupo se quedara sin el folleto mensual para la reunión
de la comunidad.
Aquello era ser iglesia, o sea, lugar de comunión de los hombres
entre sí y de los hombres con Dios.
Cuando era necesario, entre todos hacíamos, por ejemplo, adobes
y casitas para los enfermos y las viudas, les levantábamos la cosecha
y se fueron acabando las sacaderas y las bolencias. Casi no hubieron macheteados.
Fue una experiencia que nos dio conciencia de que merecía la pena
luchar porque todos pudiéramos vivir así, como hermanos
...
LA
REGAZON DE BIBLIAS
Pero las autoridades empezaron a sentirlo hasta en sus bolsillos. Ni pleitos,
ni guarón, ni permiso para explotar, porque allí estábamos
todos ... Así empezaron su campaña: "Que éramos
gente pagada... que comunistas ... que hacíamos de la religión
política...
Un día el alcalde compró cartulinas y plumones y llenó
la alcaldía de letreros: "La iglesia se hace marxista",
"La biblia no dice esas cosas...", "Cuidado
con los lobos vestidos con piel de oveja…
Sólo
cinco biblias habíamos podido conseguir, pero cuando empezó
el mural del alcalde la gente empezó a curiosear para ver si lo
que leíamos en la reunión era verdad ...
En el equipo preguntamos al cura que cómo podíamos comprar
biblias, pero no había pisto. Por eso decidimos usar las armas
del alcalde. Compramos cinco pesos de cartulina y llenamos el templo con
citas de Moisés, de los profetas y del Evangelio. Aquello parecía
un teatrillo. Y la gente más que pedía biblias. Por fin
un día el cura llegó con cajas llenas de biblias. Se las
había dado a mitad de precio: 650 cada Biblia Latinoamericana.
Estas biblias las vendían así por una iniciativa de Mons.
Ricardo Urioste, que tenía relación con un grupo
alemán. Y se vendieron como caramelos.
(Recuerdo una discusión en
el presbiterio de San Salvador. El P. Mateo, sacerdote muy tradicionalista
y pegado al gobierno) gritaba que en las Comunidades sólo "Justicia
y Paz" se leía y no la Palabra de Dios. Urioste,
que estaba presente, con datos en la mano, demostraba que allí
donde se reflexionaba el boletín era donde, con mucho, más
Biblias compraban los pobres. Y demostraba también que en la parroquia
del P. Mateo ni se debía conocer la Biblia).
Con aquello muchos de curiosos pasaban a convencidos y llegaron a ser
los mejores agentes de pastoral. Y la Biblia fue subversiva.
EL OBISPO LLEGA AL PUEBLO
Frente a su derrota, el trio de las "autoridades" fueron
a buscar alero en el Obispo Aparicio. Nos acusaron de irrespeto al templo
por la empapelada que hicimos con frases de la Biblia y que las frases
las poníamos como de FECCAS-UTC y no de Jesucristo. El Obispo no
estaba muy enterado y los despidió con buenas palabras.
Entonces los del trío mandaron una carta contra el cura y contra
mi persona al Estado Mayor. De aquí la mandaron a Mons. Chávez,
de San Salvador y éste a nuestro Obispo. Y un día nos la
leyó el cura en la reunión del equipo porque el Obispo se
la había mandado.
Pero siguieron las presiones y supimos que el Obispo estaba encachimbado
y que se iba a dejar caer por allí. Decidimos que lo mejor era
no enfrentarlo a no ser que viniera en plan de dialogar con nosotros.
Pero ya sabíamos que era incapaz de dialogar.
Estábamos un día haciendo adobes para una casita de la comunidad
cuando sonaron las campanas a las tres de la tarde y supimos que era el
Obispo con sus monjitas que había llegado. Solo llegó aºrecibirle
la gente de ORDEN, las autoridades y la cipotada.
Y allí, revestido de Obispo, condenó a FECCAS-UTC, ANDES,
MERS, FAPU, y a los catequistas de la Comunidad. Nos desautorizó
a todos y nos prohibía la lectura de la Biblia y el uso del templo
para las reuniones. Sólo una puerta dejó abierta:
—"Si alguno de los fíeles cristianos que se han
organizado se arrepintiera y renunciara a la organización yo le
recibiré como buen pastor, le daría el perdón y un
carnet para que pueda seguir siendo catequista ... Ya saben donde vivo
.."
Esto fue
un trauma para los muchachos y cipotas de la catequesis. Eran más
de 300. Una muchacha que ya estaba organizada en MERS agarró valor
y le gritó al obispo en la misma iglesai: "Monseñor,
usted no es de los nuestros ..." Otro: "Sabemos que
nos condena porque está de acuerdo con los ricos y los militares
que son sus amigos ..."; y otra: "Ud. les cree a esa
gente sin tan siquiera hablar con nuestros papas ..." El Obispo
empezó a hablar destrabado y perdió los estribos.
También aquel día se hicieron las primeras pintas en el
pueblo, en el carro del obispo donde pusieron: MERS, y unos muchachos
le pusieron piedras, para que no pudiera retroceder el carro, al tiempo
que otro grupo se fue a la curva a poner la primera pequeña barricada
en la carretera.
Todo esto fue totalmente espontáneo y nunca, de saberlo. lo hubiéramos
permitido.
LA COORDINADORA (CONIP)
Cuanto más crecía la represión eclesiástica,
más sentíamos la necesidad de juntamos con gente que trabajaba
como nosotros. Ya hacía tiempo que había una coordinación
y de allí surgía el boletín "Justicia
y Paz". También en los cursillos que seguíamos
organizando, íbamos participando, con frecuencia nos reuníamos
de distintas parroquias y de diversas comunidades. Oíamos hablar
de "La Nacional", que era el grupo de los sacerdotes
de las cinco diócesis del país que llevaban el mismo estilo
pastoral, y a poco a poco, nos fueron incor-
porando a los seglares a las tareas y así comenzamos a reunimos
en San Salvador.
Aquello también iba creciendo y empezamos a sentirnos como una
gran familia que, aunque nuestro Obispo nos condenaba, teníamos
en San Salvador unos obispos que nos acogían. Primero era Mons.
Chávez y luego Mons. Rivera y, al final, Mons. Romero.
ACERCAMIENTO A LAS ORGANIZACIONES POPULARES
-
X: ¿Entonces ya habían organizaciones populares?
—R.V.: Eran los primeros brotes en el pueblo y esto a nivel estudiantil.
Nosotros comenzábamos a oir hablar de FECCAS, UTC y del FAPU. Era
1974.
Yo recuerdo que un día llevamos una preocupación al equipo
parroquial. Si Dios nos manda dar de comer al hambriento y vestido al
desnudo; si tenemos que preocuparnos de los encarcelados (Mt. 25), ¿cómo
esto podemos cumplirlo si no tenemos ni para nosotros mismos? Sólo
los ricos pueden comprarlo. El cura sólo decía:
—"Ustedes tienen su cabeza; piensen. Lo cierto es que Dios
no quiere que sus hijos mueran de hambre o que ustedes se pudran en las
cárceles".
Otro día alguien planteó en la reunión que quería
saber sobre FECCAS, que decían que luchaba para que los campesinos
podamos vivir con dignidad. El cura nunca nos decía lo que teníamos
que hacer. Sólo decía que organizarse es un derecho y que
los pobres sólo unidos podemos cumplir lo de amarse unos a
otros. Pero siempre repetía aquella frase que se hizo famosa:
"Que nadie se lo cuente".
Un día, de tanta insistencia, nos dijo que él conocía
a unos "organizados", que podía arreglar para
que nos viéramos:
—"Pero no se vayan de cabeza. No se organicen de primera
hasta que no lo hayan entendido bien todo y lo hayan discutido entre ustedes".
Y nos empezó a decir que dijéramos y discueramos cómo
debería ser una organización como nosotros la querríamos.
Así fuimos sacando algunos criterios para saber elegir
bien.
El primer contacto fue en San Salvador. Llegaron de los sindicatos, UCS,
FAPU, FECCAS. Nosotros no le atinábamos, porque cada uno tiraba
por su lado. De vuelta, un grupo decidió empezar a hablar con FECCAS,
porque era la que creíamos, que mejor trataba nuestros asuntos
y parecía más nuestra. Así se formó la primera
base en la parroquia. Por supuesto que todos eran de la Comunidad y organizados
al mismo tiempo.
A pesar de que yo no me organicé todos los tiros empezaron contra
mí. Primero los amigos y familiares. ("No merece la pena
meterse en problemas con la autoridad... luego nos corretean todos").
Y las visitas de la Guardia. Ya me conocían porque, cuando la candidatura
de Molina (1972), ya llegaron a ofrecerme chicharrón (matar) para
después de las elecciones. Pero ahora se vuelven más seguidas:
—"Por andar en babosadas te vamos a matar"
.
Pero cada día crecía más el nivel cristiano y el
político en la región.
CONVERGENCIA
Una noche llegaron a mi casa. En una hacienda se habían ido a la
huelga los jornaleros:
—"Mira, hermano, hemos parado la molienda y hemos decidido
ir hasta el final porque ya no aguantamos y queremos que nos vayan a ayudar".
La gente tenía confianza en mí y yo no sabía nada
de estas cosas. Nos fuimos, ratos a pie y ratos en buses, hasta cerca
de Aguilares. Llegamos a las siete de la noche. Nos reunimos con los compas
y organizamos una visita al Ministerio y conseguimos una multa de 5.000
pesos contra el patrón y todo lo que se pedía. ¡Aquí
hubiera querido ver a esos que dicen que todo lo hacemos porque nos dirigen
desde afuera...!
Esta experiencia me sirvió para darme cuenta de que teníamos
que prepararnos más y me decidí a organizarme. Pero como
yo tenía ya una gran trayectoria como catequista y tenía
maña para reuniones y dinámicas, me dijeron que asumiera
lo de Secretaría General de la zona. Muchos de quienes estaban
oganizados habían comenzado conmigo en la pastoral y tuve que aceptar.
PARA
NO PERDER LAS RAICES
Empezamos con los cursillos e íbamos dando pasos sencillos. A mí
me preocupaba el que la mayoría no siguiera adelante y que muchos
"organizados" no apreciaban nuestro trabajo pastoral,
donde estaban las grandes cantidades del pueblo. Después de pensarlo
mucho un buen día les dije:
—Compás, yo no sigo aquí; yo me vuelvo al trabajo
pastoral.
Mons. Romero decía que, sin las raíces
en el pueblo, toda organización y toda lucha resulta inútil.
Hay muchos que jamás entienden esto tan sencillo. Y empecé
a recibir los primeros rechazos: que si yo los había empilado
y ahora me volvía para atrás... que si era por miedo.
Yo no me hacía comprender que no aguantaba el abandono en que dejaban
a las mayorías cuando se organizabqan, por creerse superiores.
SUSPENSIÓN "A DIVINIS"
DE DIEZ SACERDOTES DE NUESTRA DIOCESIS
Nuevamente tuvimos problemas con el Obispo. Un día supimos que
había suspendido "a divinis" a diez curas de
nuestra diócesis y, entre ellos, al nuestro. Fue por una carta
enviada al Nuncio por más de 400 agentes de pastoral de todo el
país, llamándole la atención por tanta grosería,
que sólo con los militares aparecía en los periódicos,
chupando con los que mataban a nuestros compañeros. Pero nuestro
cura, obed3eciendo, se quedó viviendo con nosotros, aunque no decía
misa. Y el comandante bien contento, diciendo que ahora, sin la protección
del Obispo, ya tenía mano libre contra él y contra nosotros.
Aquello ya era demasiado. Además, a los demás curas y monjas
(400) de otras diócesis, que también firmaron, no les había
dicho ni hecho nada. Nos sentimos desilusionados cada día más
de esa iglesia.
Pero cuando estábamos ya para tirar la toalla, llegó el
Chele David y nos llevó donde Mons. Romero para
que platicaramos con él. Fue en su casa; en el cuartito que habían
prestado a las monjitas del hospitalito de cancerosos. Nosotros íbamos
con miedo, pues pensábamos que todos los obispos eran como el único
que conocíamos y temíamos que nos despreciara. Nos atendió
con cariño, nos sirvió cafecito y se sentó con nosotros
a nuestra altura. Le contamos toditito.
—Me gusta que hayan venido ustedes y sin intermediarios... no
se preocupen tanto y recuerden que Mons. Aparicio no es toda la iglesia...
Y nos habló bien bonito de la Iglesia como Pueblo de Dios donde
nosotros éramos lo más importante.
Para suplir de alguna manera al cura en aquellos días de suspensión,
Aparicio no tuvo otra idea que mandar a un responsable de los catequista
y todo el pueblo se dio cuenta de que era marica. Nunca reunió
a más de 15 en la celebración de los domingos y, al final,
tuvo que marcharse.
Lo que se consiguió con todo ello fue que las celebraciones que
se hacáin en el templo ahora se fueran haciendo por las casas,
sin necesidad de cura y que estas celebraciones se fueran multiplicando.
Y, gracias a Dios, a los seis meses, desde Roma, le llegó al obispo
la orden de reponer en sus puestos anteriores a los curas suspendidos,
y aquello fue una fiesta. Vinieron hasta en autobuses de las comunidades
de San Salvador para que nuestro cura volviera a tomar posesión
de nuestra parroquia, que nunca había abandonado, y sentimos bien
viva la solidaridad de todas las comunidades de base de todo el país.
NUEVA CONVERGENCIA
Fue también, por ese tiempo, que sucedió lo de las tomas
de tierras. Fue en el mes de marzo que llegaron unos compás
a mi casa de nuevo y me llevaron, monte arriba, hasta un caserío
y allí me encontré con viejos amigos que se habían
organizado. Me sorprendió ahora verlos armados.
—Mira, hermano; sabemos que sólo querés trabajar
en la Pastoral, pero te necesitamos. La Organización va a impulsar
cinco tomas de tierras simultáneas y una es aquí. Sabemos
que la gente es a vos a quien hace caso y que aún los "compás"
están pendientes de lo que decís. Y necesitamos que nos
echen una mano los de las comunidades.
Todavía los sentí dolidos por mi decisión anterior
de volver solo a la pastoral. Todavía no habían podido entender.
Estaban pendientes de mí y les fui diciendo despacio:
—"Realmente es un asunto que interesa a toda la gente porque
no tenemos ni dónde sembrar. Por eso yo voy a colaborar para que
todos los asuman como cosa nuestra".
Allí se rompió la tensión y mi amigo Ramón
se levantó y me dio un abrazo y luego los demás y me aplaudían.
Allí mismo planeamos cómo presentar la tarea a las comunidades
y qué tipo de colaboración se daría.
LA TOMA DE TIERRAS
El cuatro de marzo de 1978, allí estábamos todos, compás
y hermanos de la comuniodad mismo tiempo, rodeando la hacienda a las 10
en punto de la noche. Hombres, mujeres y niños; con peroles, cántaros,
maíz, frijoles, cal, yuca, sal, etc. Y tomamos posesión
de la hacienda a las doce de la noche. Como estaba previsto. Ya teníamos
el hábito de la disciplina por las acciones que habíamos
impulsado, pues hasta en San Salvador habíamos estado en la toma
del Ministerio del Trabajo y en manifestaciones.
La primera tarea consistía en preparar el terreno y cortar la caña
para las enramadas. Ya estábamos echando riata cuando llegaron
de grupo de seguridad o periferia como decíamos:
—Alguien
nos ha delatado y el patrón ha llamado a la Guardia.
Era necesario seguir adelante, salieron a relucir pistolas 22, 33 y hasta
una 45, por si hacían falta. Nosotros seguiríamos cortando
caña y a una señal nos echaríamos a tierra. Tres
veces nos rociaron de metralla, pero funcionaba siempre la señal.
Y terminamos la tarea sin retirarnos.
Se dieron cuenta de que la cosa iba en serio y retrocedieron, con tan
mala suerte que se tropezaron con un compita que no pudo retroceder y
le disparó a un Guardia. Cuando éstos quisieron reaccionar,
otro compa les tiró una molotov que mató a otro. Y se retiraron
con sus cadáveres. Fue una noche dura. Eran ocho. ¿Qué
pasaría?
LA
TOMA, ESCUELA REVOLUCIONARIA
El trabajo nos exigió al máximo y tuvimos que comer lo que
se podía cada día. Se pasó hambre. Pero logramos
antes de retirarnos levantar la cosecha. Un éxito del pueblo organizado...
Allí todo estaba organizado por el pueblo, comunitariamente. Con
evaluaciones y planificaciones constantes. Teníamos cursillos de
formación política, se seguía la catequesis y las
celebraciones, y se formaba la contextura revolucionaria. Allí
pudimos estrenar lo que sería el futuro de nuestra patria, y nos
gustó. Y hasta pudimos aprender el arte de la autodefensa popular,
pues todo el día estábamos amenazados. En lugares estratégicos
había siempre compitas haciendo periferia con sus varas de cohete
para avisarnos de la presencia del enemigo.
Teníamos muchas visitas de gente amiga. Hasta de San Salvador llegaban
estudiantes y obreros para hacer sus cursos de formación. Decían
que venían onde nosotros a "proletarizarse".
Cuando querían ayudar en las tareas no le atinaban y les teníamos
que enseñar las cosas más sencillas. Aquella Toma,
era como la tierra nueva de que habla la Biblia. Era algo nuevo decirle:
"Padre" a Dios en la noche, cuando vigilábamos
el sueño de todos.
EL MONTE COMO CÁRCEL
No pude
terminar aquella experiencia. Me enfermé y me sacaron. Pero la
vuelta al pueblo fue peor. Las autoridades y el puesto de Guardia que
habían puesto allí nos hostigaban demasiado. Llegaban a
nuestros ranchos y acababan con todo: botaban los granos y mataban hasta
las gallinas. Luego empezaron a golpear a nuestras mujeres y niños
por rabia de no encontrarnos. Y no les decían onde encontrarnos,
y esto los enfurecía.
Es que cuarenta y cinco hombres tomamos la decisión de vivir en
el monte. Sólo bajamos a trabajar las tierras, con periferia de
vigilancia, cuando podíamos.
Allí me fue lo peor, me tocó pasar el paludismo: fiebres
y sudor frío bajo la lluvia, metido en un costal de plástico...
Llegué a perder el conocimiento y la vista. A los 20 días
lograron conseguirme "camokin" para cortar la fiebre, pero casi
no podía recuperarme.
Y es que nuestro sacerdote, que también andaba huido con la mayoría
del pueblo, se enteró ede mi situación y me mandó
a una hermana de la comuniad que me sacó del monte y me escondió
en su casa y me fue cuidando hasta que pude comer normal. Y luego fui
a esconderme en el anonimato de la ciudad de San Salvador, donde con las
comunidades urbanas, ya éramos una enorme familia de comunidades.
NUEVAS TAREAS PASTORALES
En el Arzobispado,
donde uno se sentía feliz con la presencia de Mons. Romero,
logré conectarme con otro sacerdote y fuimos planeando cómo
podíamos trabajar juntos en la pastoral. El era nuevo en la parroquia
actual, porque había tenido que salir de la parroquia de Chalatenango
por su compromiso con las comunidades. Y me fui con él. Era el
año 1978, ya habían asesinado a Rutilio y Alfonso.
Para que no me asustara al llegar a la nueva parroquia, me fue poniendo
todo color negro en el camino hacia el nuevol pueblo en el departamento
de la Libertad. Me decía:
—"Mirá, Lito, allí no hay nada de trabajo pastoral...
la gente es más bruja que cristiana. Hacen el mico y, al primer
dolor, le van a uno con la iguana".
Yo quería reírme, pero lo miraba y Benito me hablaba en
serio.
Pronto empezamos a trabajar con grupitos, los cantos en la iglesia, la
Biblia, la catequesis de los niños y la atención a las viejitas
que tanta influencia suelen tener en el pueblo. Cuando hubo un número
suficiente y con otros de parroquias vecinas, como san Jose Villanueva,
mandamos gente a un curso de Iniciación cristiana. Era parecido
a aquellos primeros que haciamos en Victoria, pero más ordenados.
Así fuimos levantando todo el trabajo en toda la Vicaría
de La Libertad. A pesar de que teníamos que vernos hasta con curas
que eran capellanes militares.
Es curioso ver a los curas entusiasmados con el trabajo de los "seglares"
y que en sus reuniones hablan de "sus" trabajos. Pero no más
las comunidades crecen y toman su propio dinamismo, tratan de apagar aquello.
Lo bueno fue que ya trabajaba la coordinación de CONIP con las
comunidades de San Salvador y otras zonas campesinas y pudimos seguir
adelante a pesar de la persecución sistemática a la Iglesia.
Algunos curas
también nos acusaban ante Monseñor Romero, pero ahora ya
todo era diferente. El obispo, en vez de creerles, venía a comprobar
las cosas por sí mismo. Estuvo varias veces en la parroquia y se
discutía amplia y abiertamente todas las cosas y ahí salían
a relucir las acusaciones contra nosotros. Lo más frecuente era
aquello de que nos estaban manipulando las organizaciones. Nosotros le
decíamos que únicamente se manipúlaba, cuando se
engañaba a la gente y se le usaba para satisfacer intereses ajenos
a ellos. Nosotros sabíamos lo que hacíamos y cuando colaborábamos,
era alrededor de los intereses objetivos de las mayorías populares.
LA MUERTE DE MONSEÑOR ROMERO
—X. —Qué significó la muerte
de Monseñor Romero para ustedes?
—R.V.: Vos conoces bien a Monseñor Romero.
Fue un regalo de Dios ese hombre cristiano a carta cabal. Aquí
en este III Encuentro Internacional de comités cristianos de solidaridad,
lo he sentido nuevamente vivo; sobre todo al poder compartir nuestras
esperanzas con estos dos obispos tremendamente cristianos: Mons. Proaño
y Don Sergio. Monseñor Romero
era un hombre y un regalo de Dios.
A pesar de las jurisdicciones territoriales por diocesis que tienen los
obispos en El Salvador, para nosotros Oscar Romero era considerado como
el Obispo de todos nosotros, los miembros de la iglesia popular, y por
eso a él buscábamos en las dificultades. ¿Cómo
íbamos a buscar a Mons. Aparicio si después nos insultaba
y nos delataba a la Guardia?
Todos nosotros
sentimos que cada domingo: él nos iluminaba, nos criticaba a veces,
pero siempre nos animaba en nuestra fidelidad al proyecto de los empobrecidos
desde nuestra identidad como cristianos. Es por eso, que cuando lo mataron
sentimos que teníamos que fortalecernos y coordinarnos mucho más,
para hacer que el testimonio de Monseñor, no muriera en nuestro
pueblo y para defendernos de los ataques que nos iban a caer encima. Y
como fuimos adivinos, porque por ahí andan los obispos lanzando
condenaciones contra nosotros... Es normal; ellos también persiguieron
y acosaron a Monseñor groseramente. Mucho más van a hacer
con nosotros.
Y es por eso que cuando arreció la persecución contra las
comunidades y empezó el éxodo, para el arzobispado fue que
agarraron todos los empobrecidos y perseguidos. Y allí está
todavía el refugio original, aunque, después, los sacerdotes
del Seminario siempre han querido sacarnos de allí. A Monseñor
lo vamos resucitando cada día que avanza el proceso popular y que
las comunidades van encontrando formas nuevas de estar al interior del
mismo como fermento, como luz, como sal de la historia.
—X: Y hoy, en medio de la guerra, sigue viva
la Iglesia Popular?
—R.V.: Hoy más que nunca, aunque a principios
de 1981 tuvimos grandes fallas de coordinación, ahora hemos vuelto
a coordinarnos en San Salvador y en las zonas bajo control del pueblo.
La mayoría de los combatientes son cristianos, muchos agentes de
Pastoral son hoy dirigentes y CONIP está en todas partes, dando
vida. Allí, en las zonas hegemonizadas por las organizaciones,
tenemos sacerdotes como el chele David, el chele Rogelio, Vicente, la
hermana Rosa,
NOTA: La persona que aparece aquí es la misma que con el nombre
de "Don Sito", protagoniza un libro de Mario López Vigil.
El forma parte del equipo nacional de CONIP, y es uno de sus forjadores.
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