La historia del llamado fenómeno del 'clero vasco'
es muy antigua y significativa. En nuestros tiempos serían referentes
suyos los 16 sacerdotes fusilados por Franco durante la guerra civil
por su compromiso con su pueblo, su obispo Múgica amenazado y exiliado,
los 250 sacerdotes encarcelados, los cientos de sacerdotes desterrados
en 33 diferentes provincias del estado español y los exiliados (?)
en otros 21 estados extranjeros. Los exiliados, bajo presión de las
autiridades y connivencia de sus superiores, fueron preferentemente religiosos.
La coordinación entre sacerdotes en los tiempos más duros del
franquismo para crear conciencia y abrir espacios de criticidad, los 339
sacerdotes diocesanos que firmaron el famoso documento del 60', etc. etc.,
tal como está consignada en el libro: El clero vasco en la clandestinidad
(1940-1968). Gráficas Lizarra. 1994.
Un cambio cualitativo supone el nacimiento de un nuesvo espíritu
que comienza a fraguarse con el movimiento 'GOGOR' en Bizkaia y el
fenómeno de los sacerdotes de la cárcel 'concordataria'
de Zamora...
En 1976 se llega a un más amplio y estructurado desarrollo de la coordinación,
tras los sucesos sangrientos del 3 de marzo de ese año en Gazteiz,
cuando fueron asesinados por la policía española 5 obreros a
las puertas de la iglesia de San Francisco. A raíz de este suceso 1.055
sacerdotes de todas las diocesis lanzan una Declaración conjunta y
se comprometen a coordinarse.
En cada una de las cinco diocesis existe una coordinación interna que
actúa autónomamente, con sus reuniones mensuales y su prpias
dinámicas. Cada año se reunen al menos tres veces para
poner en común lo que en cada diócesis se va realizando, para
un retiro espiritual y para una fiesta pascual... Además de reuniones
cuando la urgencia lo requiere. Cada mes hay una reunión de representantes
de las cinco diocesis.
Su historia, su desarrollo, así como su espiritualidad y su teologia
y sus conflictos ante la sociedad civil y al interior de la propia iglesia
pueden apreciarse en el libro de Félix Plazer: Creer en Euskal Herria.
Euskal Eliza, 1998. Esta coordinación expresa su objetivos d
iciendo:
"Queremos ser expresión de una iglesia libre, que anuncia la esperanza del anuncio de Jesús, desde la solidaridad efectiva con los esfuerzos de liberación del pueblo vasco y de la clase obrera" (EHAK, set. 1976).
"Nosotros estamos en desacuerdo pleno con el
derramamiento de sangre. Pero sabemos también que la solución
del problema de la violencia viene mediante la erradicación de las
causas que la originan..." (Bilboko apezpikuei gutun irekia, 1982).
Al hablar del clero vasco merece una mención específica un obispo: Don Mateo Múgica, obispo de lo que hoy son las tres provincias vascongadas en el momento en que acontece la gerra civil española. Anteriormente había sido obispo de Iruña.
Un pastor muy tradicional, a quien la vivencia de los hechos que vive su pueblo y su profunda honestidad le harán mantener una fidelidad a sus gentes hasta sus últimas consecuencias.
No firmó el documento de todo el episcopado español legitimando la guerra civil de Franco; defendio a su pueblo, a sus fieles y a sus sacerdotes perseguidos ante el Vaticano.
Fue desterrado y relevado de su diocesis, a pesar de lo cual el presidente del gobierno vasco en el exilio, José Antonio Aguirre, le escribía denominandolo 'obispo de todos los vascos y titular de Cinna'.
Viendo las tergiversaciones que se hacían (y se hacen) sobre el pueblo y la iglesia vasca, escribió un documento: Imperativos de mi conciencia, que hoy también sigue teniendo actualidad
530
sacerdotes vascos al Papa
"Yo no podría
vivir ni morir tranquilo... dejando clavado contra mi voluntad le INRI que
creo que ha clavado su Emma. (cardenal
Gomá, arzobispo de Toledo) sobre los cadáveres de mis
sacerdotes cruel e injustamente fusilados".
Carta del obispo Múgica, enero de 1937.