El
gobierno de Nafarroa está llevando adelante un proyecto de pretender
configurar, socializar y domesticar la identidad de Navarra a imagen y semejanza
de sus intereses políticos y económicos. Estos años el
imaginario social que está utilizando es la recuperación partidista
de nuestra vieja historia en tres momentos específicos: 1. la imposición
del nombre de Reyno de Navarra para el estadio de fútbol de Osasuna
a base de talonario… 2. La recuperación de la imagen anacrónicamente
españolizada de Sancho el Mayor, con la gran exposición sobre
su tiempo y sus obras en El Baluarte… 3. La celebración del centenario
del nacimiento de (san) Frantses de Xabier con movilizaciones de los sentimientos
religiosos y grandes eventos de religiosidad popular.
Recuperar la memoria histórica es sumamente importante; manipularla
ingenua o astutamente es una inmoralidad.
En el segundo momento, el de Sancho el Mayor, se pretende presentar a nuestro rey más universal en su vocación de fundador de los reinos de España. En esta distorsión de la historia colabora con entusiasmo la institución eclesiástica, aportando, a veces contra la voluntad de muchos, sus propios tesoros históricos… Hasta pretendieron llevar todo el mausoleo del sepulcro de Sancho el Fuerte desde la colegiata de Orreaga, lugar escogido por nuestro rey para su enterramiento. Gracias a Dios no fue prácticamente posible…
En el tercer momento, el centenario de San Francisco, nuestra institución ecle-siástica se ha volcado con todos sus mecanismos de convocatoria… pretendiendo aprovechar este espacio para una supuesta evangelización, recuperando su imagen como misionero y santo, sin apenas esforzarse en reflexionar su vida desde los nuevos paradigmas en que vivimos nuestra fe cristiana. Más bien desde una perspectiva involucionista, dominante en la iglesia de Dios que vive en Nafarroa. Como muestra de ello puede estudiarse el pobre discurso de Fernando de Sebastián en la concentración del clero navarro en el Castillo, que puede leerse en la weborria de la diocesis…
Por eso resultan necesario y liberadoras reflexiones como la que nos ofrece Jesús Lezaún y otros.
De Cisneros a Rouco Varela
POR JESÚS LEZAUN. Noticias de Navarra, 06,3,21
QUIERO comenzar
este artículo presentando mis excusas por un error cometido en otro
anterior, tituladoLa despedida de Francisco de Xavier , publicado recientemente
en DIARIO DE NOTICIAS, que tan generosamente acoge mis escritos. En el octavo
párrafo, hablando de que le birlaron a Xavier la canonjía a
la que optaba en la Diócesis de Pamplona-Iruñea, digo "según
el investigador Idoate...", donde hubiera querido decir Esarte. Efectivamente,
es Pedro Esarte Muniáin, a quien le envío desde aquí
mi aplauso y ánimo por su magnífica labor de investigación
histórica, el que hace y prueba esa hipótesis en su reciente
libro Francisco de Jasso y Xavier y la época del sometimiento español
de Navarra . Y sin más inicio el tema del presente artículo.
La precavida diplomacia vaticana no suele equivocarse casi nunca. Tiene tanta
retranca que acierta a veces casi sin pretenderlo. Le sale sin más.
Pero en algunos casos falla estrepitosamente, como en el caso que voy a comentar.
El Papa en persona no viene a los fastos de Xavier. Y me parece normal. Nos
basta con nuestro propio santo. Pero manda un cardenal como legado suyo. Hubiese
sido lo normal que hubiese venido un cardenal de curia, alejado de las trapisondas
de aquí, y perfectamente desconocido.
Pero no. Esta vez manda a un cardenal de España, con intereses concretos
aquí, por cierto perfectamente bastardos, y bien conocidos, aunque
venga de Madrid, o precisamente por ello. Lo conocemos tanto que lo hemos
visto en una infausta manifestación política y hasta tocada
su cabeza con una visera para no coger una insolación.
Pero es que en este caso la cogimos muchos de los que, ni por pienso, estuvimos
en Madrid. Pero los obispos que se manifestaron con el PP, y que más
tarde lo repitieron en igualdad de condiciones, no debieron verlo así.
Pero puedo asegurar, y aseguro, que en esas ocasiones no fueron precisamente
infalibles. Es más, metieron la pata hasta el hondón e hicieron
entre nosotros, lo aseguro, un daño inmenso.
Rouco Varela es el menos indicado para venir a Navarra como legado del Papa.
Yo creo que hasta San Franciscote Xavier sufrirá un extraño
cosquilleo en su brazo incorrupto.
A Rouco no lo queremos aquí como legado del Papa en éstas nuestras
fiestas. Se nos revuelven las tripas de sólo pensarlo, y cuando lo
veamos aquí mezclado con la reliquia de nuestro santo y vestido de
púrpura nos dará un síncope. No es para menos.
Rouco representa lo más rancio del Episcopado español, que ya
es decir. Su persona le da a la venida un aire de cruzada españolista,
repetida, además, que nos da mil patadas. Viene a la casa solariega
de los Jasso y Azpilkueta, que otro cardenal destruyó con saña
-y Xavier lo vio, y no lo habría olvidado, viendo a su ama llorar-.
Dicen por aquí, confieso que no sé si es cierto, pero si lo
fuera sería sumamente grave, que el Episcopado español
está preparando afanoso un documento político, que no religioso,
sobre la unidad de España como un gran bien moral. ¿Gran bien
moral para quién? ¿Y en qué consiste ese supuesto
bien moral? Supongo que nos lo descubrirán minuciosamente y nos lo
probarán fehacientemente. Supongo que debiera ser para nosotros un
tesoro, como concernidos directamente por él. ¿Otra cruzada
de los obispos, otra ocupación y otro expolio de Navarra, esta vez,
como la otra, de lo que más queremos, Francisco de Xavier, Jasso y
Apilicueta? Y quien sostuviera que ese proclamado bien no es tal para nosotros,
estaría desautorizado, desde la fe y la moral cristiana, a sostenerlo.
Quien propusiera la restitución del estado que Navarra tenía
cuando Xavier nació y que su padre con tanto tesón defendió,
como no podía ser de otra manera, ¿cometería un acto
inmoral?
Pero no, para nosotros es un mal. Y un mal muy grave.
Nos quieren robar
nuestra identidad, nuestra historia, nuestra lengua, dejándola sucumbir
en una deplorable diglosia. Quieren borrar o desfigurar nuestra memoria histórica,
a nuestro santo patrón, San Francisco Xavier Jasso y Azpilkueta. Porque
aspiramos a recuperar nuestro hogar, el hogar de Xavier,
nuestra independencia, para preservar nuestra identidad, nuestra lengua en
inmenso peligro de desaparición por el españolismo sobre nosotros
de la España imperial guiada por un renacido Cisneros. No hemos olvidado
nuestra primera y perdurable ocupación cruenta por Castilla, ni a nuestros
miles y miles de muertos, como Juan de Jasso, padre de Xavier, ni el despojo
constante que sufrimos de nosotros mismos a lo largo de los siglos. No admitimos
un Reyno de Navarra que se reduzca grotescamente al nombre de un campo de
fútbol. No hemos olvidado ni el sufrimiento de Xavier, ni la humillación
y pobreza de su familia, la angustia de su madre la triste María
. Tampoco olvidamos las reticencias que hubo aquí para nombrar al Patrono
Universal de las Misiones, patrón de Navarra.
¿Qué viene a celebrar Rouco Varela vestido de oro en Xavier,
nuestro dolor, la promesa de nuestra total libertad, de nuestra independencia?
Francisco de Xavier debe hacer reverdecer aquí, en la celebración
de sus fastos, nuestra fe tan tergiversada y en tan profunda crisis, nuestra
identidad tan diluida, nuestra libertad tan mermada. Rouco no puede ser en
manera alguna mediador de todo eso. Es símbolo de todo lo contrario.
¿Y Roma no sabe todo eso?
La sublimidad de nuestro santo no puede ocultar ni hacer olvidar todo eso.
Si así fuera, su santidad no serías más que un álibi
al que recurren algunos para retrotraernos a las peores cosas para nosotros.
Pero San Francisco Xavier no es para Navarra un álibi cualquiera. De
ninguna manera puede serlo. Es un santo de carne y hueso, de nuestra misma
estirpe, de nuestra trágica historia. Por eso le tenemos tanta devoción,
le queremos tanto y le queremos honrar como se merece. Queremos cantar con
él el cántico nuevo en nuestra propia tierra y suya, en su propia
lengua y nuestra, aunque muchos la hayamos perdido, un cántico nuevo
al Señor, porque no es posible cantar al Señor un cántico
nuevo en tierra extraña, extrañada más bien, hollada,
pisoteada, reducida, expoliada. Expoliado Xavier en ésta su casa, de
sus bienes de familia. En suma pobreza en París, y en su divina riqueza
en Oriente, desde cuando escogió en Montmârtre el seguimiento
total de Cristo y le consumió el afán de dar a conocer al mundo
entero a su amado Jesús de Nazaret, el que fue por siempre Francisco
de Xavier, pues así se firmaba muchas veces.
Loor a nuestro santo universal, menos de aquéllos que quieren vestirse
con sus ropas de gloria para los malas empresas de vaciar a Navarra de sí
misma, como vaciaron su castillo de Xavier de su grandeza, de su belleza,
de su fortaleza. Cualquier cardenal Cisneros viejo o nuevo lo quiere diluir.
No lo consentiremos. Desde su concreta radical Navarra, es el santo más
universal que existe, nuestra gloria para siempre.
“El Episcopado español está preparando afanoso un documento político, que no religioso, sobre la unidad de España como un gran bien moral. ¿Gran bien moral para quién?”
