Félix Placer Ugarte.
Profesor de la Facultad de Teología de Gasteiz.
Ética del diálogo
Los
inusitados ataques contra quien se ha desmarcado del discurso único
y práctica gubernamentales y policiales españolas contra ETA
y ahora, sobre todo, la frenética investigación mediática
de determinadas filtraciones están ocultado el fondo de un problema
radicalmente ético. Todos o casi todos los medios y, por supuesto,
los aspirantes a obtener resultados mayoritarios en la contienda electoral
próxima intentan obtener réditos en este asunto y se han apresurado
algunos con clara ventaja manipuladora en la carrera de la total descalificación
del atrevimiento del hasta ahora conseller en cap. Entretanto y buscando siempre
la rentabilidad partidista, intentan unos destapar la trama política
del gobierno y su utilización de los servicios de inteligencia con
oportunismo electoralista, a otros interesa la deslegitimación del
tripartito catalán o la aparente pasividad del CNI ante la oportunidad
de posibles detenciones. Cada uno intenta hacer chocar contra este imprevisto
iceberg político al partido contrario que navega en la tormenta actual
de la política española empujado por los vientos electoralistas.
Pero con este despliegue de acusaciones, sospechas y manipulaciones, se está
desviando la atención pública sobre algo mucho más importante
y definitivo que Carod-Rovira ha puesto en evidencia. Sin entrar en la discusión
de la oportunidad del momento y de las formas políticas en que el dirigente
de ERC ha llevado a cabo el encuentro con ETA, no puede dudarse de su intención
expresa de buscar la paz. Como él mismo recordaba, «los problemas
políticos deben resolverse políticamente», ya que es la
forma añadía de superar todas las violencias.
Para el gobierno central, la culpabilidad política de Carod-Rovira
ha consistido en desafiar su estrategia única, insistiendo y poniendo
en práctica con el riesgo del que sin duda era consciente la fuerza
del diálogo para proponer a ETA caminos y líneas para la obtención
de sus objetivos políticos en Euskal Herria dentro un proceso con ausencia
de violencia. Ha sido y sigue siendo su apuesta firme y la de su partido que
entienden bastante mejor que otros, desde sus opciones catalanistas, la posibilidad
de acuer- dos que superen ésta y otras violencias.
Aquí radica, a mi entender, lo importante de la iniciativa del dirigente
de ERC, que plantea, debajo de los ataques contra su iniciativa y persona,
un problema de hondo calado ético. Lo que más interesa no es
lograr la resolución del conflicto y establecer la paz, sino someter
toda solución a los medios policiales establecidos como los únicos
válidos. Todo lo que se salga de esa estrategia es rechazable e implica
a tenor de lo expresado en estos días y en otras ocasiones complicidad
con el terrorismo.
Pero Carod-Rovira no es un policía. Es un político y ha entendido
que hay otras vías legítimas en política y éticas
en la resolución de conflictos para lograr el objetivo de la paz sin
aniquilar a nadie y que pueden y deben ser válidas tanto para ETA como
para el gobierno español. Además, tampoco se ha salido del guión
seguido en otros momentos por gobiernos, partidos y hasta obispos. Su acción
dialogante ha puesto en evidencia, por tanto, la obsesión gubernamental
por un único medio que subordina los fines de solución del conflicto
y realización de la paz a una estra- tegia policial, haciendo de la
victoria sobre ETA el objetivo político central. Ya no importa resolver
en justicia un determinado problema desde el respeto de todos los derechos
individuales y colectivos. Lo que se busca y constituye al parecer razón
de Estado consiste en utilizar su fuerza y violencia legales negando de esta
manera el diálogo como mediación legítima para la resolución
del conflicto vasco en su relación con los estados español y
francés.
De esta manera, entonces, se atenta contra el fundamento ético más
profundo del ser humano, que consiste en su capacidad de entenderse, de encontrarse,
de hablar, de dialogar. En contraposición se alimenta el enfrentamiento
y la supresión del adversario. Desde esta «lógica»
todo es posible y cualquier violencia, hasta la guerra, tienen fácil
legitimación en cualquier parte de la tierra (los ejemplos son recientes).
Por supuesto nadie negará el valor del diálogo, pero sólo
entre quienes piensan de la misma manera, reduciendo el diálogo al
monólogo de la repetición del mismo discurso.
Sin embargo, dialogar significa en su etimología exponer puntos de
vista distintos. No consiste en afirmar todos lo mismo, sino en abrir caminos
nuevos desde las diferencias reconocidas de los otros. A una mesa de diálogo
no se puede ir con imposiciones o amenazas de ningún tipo, sino con
un talante abierto, descubriendo con honestidad las propias posiciones y asumiendo
sus responsabilidades, como recordaba recientemente J. Valencia; también,
por supuesto, dispuestos a la expresión crítica, a la confrontación
serena, a las divergencias crea- tivas con el convencimiento de que nadie
posee toda la razón y de que son los distintos pareceres los que ofrecen
la garantía de encontrar lo conveniente para una situación conflictiva
y el camino de aproximación a lo verdadero y auténtico en cualquier
campo de la relación humana.
Por eso el monólogo, ya sea político, social, cultural o eclesiástico,
es antiético, ya que niega al otro y su capacidad para ser, pensar
y expresarse. En última instancia, el monólogo es una forma
de violencia que desemboca en otras formas agresivas que pueden llegar hasta
la anulación del contrario.
Estas elementales afirmaciones éticas parece que deben ser recordadas
en todo momento. Ahora es una coyuntura especial para resaltarlas y también
para agradecer a Carod-Rovira que se haya sentado a la mesa del diálogo
con audacia política para contribuir en el avance de los caminos de
la paz. Moltes gràcies. Eskerrik asko. -
GARA, 04otsail3
Teología y guerra. Félix Placer.
Gustavo Gutierrez cabalda de nuevo.
Féliz Placer, teólogo, profesor de teología, escritor y miembro de la Coordinadora de sacerdotes vascos, nos ofrece, como tantas veces, esta reflexión sobre un tema de rabvbiosa actualidad que ha saltado a todos los medios de comunicación social y al primer plano de la política...