Auméntanos la fe!

La fe de que hablamos aquí no es un credo intelectual, sino la opción vital por el seguimiento de Jesús de Nazaret y nuestro compromiso con su proyecto de liberación con todas sus consecuencias.

En este grito de los seguidores de Jesús sigue haciéndose presente en la comunidad cristiana en todos los tiempos, pero especialmente cada vez que sentimos que el seguimiento de Jesús es una opción que compromete la vida entera en el mismo camino que llevó a Jesús a “la muerte y una muerte de cruz”.

Si no nos identificaramos en esa súplica, es que no habremos comprendido bien aquello que los discípulos han ido descubriendo sobre Jesús y su proyecto de liberación en el camino hacia Jerusalén. Quizás no nos sorprendería este suspiro de angustía de sus amigos, si releyéramos las parábolas y exigencis maravillosas y fascinantes del maestro que hemos proclamado estos domingos pasados. A no ser que las hayamos oído como quien oye llover protegidos detrás de los cristales: la exigencia de cargar con la cruz, la opción de Jesús por Lázaro, la disyuntiva exigida por Dios o por el dinero, le necesaria violencia que provoca la anticipación del Reino… Ya estamos quizás acostumbrados a oír, año tras año, las mismas cosas y pareciera que estamos vacunados para la sorpresa o, en lugar de aceptar su exigente novedad, hemos preferido domesticar sus mensajes para que no nos molesten. Esto último es evidente en los textos actuales para las catequesis que nos ofrecen un seguimiento edulcorado del evangelio.

Creo que todos estamos conscientes de que la fe no es el asentimiento a unas verdades o a unas normas morales… Es una opción de vida por Jesús y su proyecto de liberación, que significa hacer de nuestra vida una ofrenda con todas sus consecuencias: “Buscad el reino y todo lo demás vendrá por añadidura”. Las parábolas y las enseñanzas de Jesús en el camino hacia Jerusalén están realizadas para explicar las consecuencias de la opción de fe. Y sin esa fe, en el Dios del reino y en el reino de Dios, que vivencia él, no hay posibilidad de una esperanza que nos haga posible el amor: la ofrenda de nuestra vida.

El capítulo 11 de la carta de la iglesia a las hebreso se nos la describe esta fe a través de hechos que han hecho historia:

“la fe es lo que da consistencia a lo que esperamos; lo que nos da seguridad en el compromiso de lo que todavía no vemos… Por la fe hemos de creer que el Dios que nos salva, vive y da plenitud a lo que buscamos… Por esta fe Abrahán obedeció tomando la opción de dejar su tierra para ir a un país extraño. Salio sin saber a donde iba… pues fue capaz de esperar un nuevo pueblo de Dios. Fundamentados en esta fe murieron todos nuestros antepasados sin haber visto lo prometido y soñado, aunque presintiéndolo y saludándolo en el horizonte… Por esta fe, Moisés dejó los privilegios y prefirió ser maltratado solidarizándose con el pueblo de Dios… pues optaba por lo que no se podía ver todavía, pero que lo presintió como si estuviera ya presente…”, etc

. Todos los ejemplos de fe que aparecen en la lista de este capítulo 11 están marcados por una opción de vida y de futuro liberador que nos compromete con el hoy de la historia, en el nombre del Dios de la vida. ¡Que lejos están estas opciones de fe que hacen historia de salvación de los credos racionalistas de nuestras litúrgias y nuestras catequésis!

En la historia bíblica, historia de liberación, las profesiones de fe que aparecen son proclamaciones agradecidas de la presencia liberadora de Dios en la historia liberadora de su pueblo, por medio de los hombres y mujeres de fe. Podremos descubrir esta actitud de fe también en muchos y muchas que luchan hoy en nuestra sociedad por un futuro mejor posible y otros que se han quedado en el camino sin lograr ver sus frutos… Otros, han luchado un tiempo y se han decepcionado de todo, instalándose en la comodidad, para lamentarse, echando culpas a otros… de los males y los ‘malos’ del mundo.

Se trata, a veces, de una fe antropológica y muchas veces ejemplar, quizás sin referencia al Dios que dará plenitud a todos los esfuerzos humanos, aún a los aparentemente fracasados… Pero, por otra parte, los cristianos, desde esta fe en el Dios de la vida, con futuro, tenemos la misión de sostener la fe de todos los que buscan, con sudor y sangre, otro mundo mejor posible. Es algo semejante a lo que predicaba Mons. Romero cuando proclamaba que la misión de los cristianos era sostener, con la Esperanza, las esperanzas dolorosas de los empobrecidos…

Y creo que si somos conscientes de lo que significa la opción del seguimiento de Jesús, podremos hacer nuestra, con sentimiento sincero de ser únicamente “siervos inútiles”, la oración de los apóstoles: Auméntanos la fe!