Kepa Ezeolaza
Licenciado en Teología

¿España cuestión de fe?


Parece ser que entre los obispos españoles vuelve a removerse «la cuestión vasca». Recordemos los precedentes con algunos datos: Conferencia Episcopal Española, 22.11.02. Se publicó la instrucción pastoral "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias". Los obispos, en esta instrucción, habían dicho: «Pretender unilateralmente alterar este ordenamiento jurídico en función de una determinada voluntad de poder, local o de cualquier otro tipo, es inadmisible. Es necesario respetar y tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria».

Declaración del cardenal Rouco, 24.01.04. Extraído de internet: «Noticias de la Iglesia. Rouco expresa la preocupación de la Iglesia por el plan Ibarretxe: 'Alterar la Constitución es inadmisible'. Con motivo del aniversario de la Constitución, recobra 'máxima actualidad' el mensaje de los obispos sobre el terrorismo y el nacionalismo totalitario aprobado por la CEE hace un año. Rouco hablaba ante más de un centenar de obispos reunidos en Madrid». Se solapa que esa constitución no fuera aceptada en Euskal Herria y que la instrucción pastoral no fuera votada por los obispos vascos.

El 19 de enero de 2004, Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo y primado de España nacido en Utiel, Valencia, pronunció una conferencia en el club Siglo XXI de Madrid, con el título "España ante la Constitución Europea". Tomado de "La Razón": «Tras pronunciar la conferencia... fue rotundo al declarar durante el coloquio que la unidad de España es un bien moral y la Conferencia Episcopal, en sesión plenaria, debe plasmarlo en una instrucción pastoral». Más adelante, Cañizares ataca al clero vasco: «... El prelado manifestó su parecer sobre la situación actual por la que atraviesa la Iglesia Católica en el País Vasco al señalar que 'no me gusta la actitud de algunos eclesiásticos sobre el nacionalismo y ETA... Pero no sólo puede hablarse de la actitud de los eclesiásticos frente al nacionalismo exacerbado y el terrorismo, sino que es un problema mucho más amplio, que afecta a varios sectores sociales. Defiendo clara y totalmente la unidad de España pero tengo que decir que al terrorismo de ETA, a la causa de ETA, han concurrido muchos factores que no pueden reducirse a culpabilizar a un solo grupo concreto' señaló el prelado que fue arropado por el ministro de Interior, Angel Acebes, así como por José Bono, presidente de Castilla-La Mancha».
Algunas reflexiones sobre lo que subyace a todo lo anterior.
Moral-inmoral-amoral. Algo no es moral, inmoral o amoral no porque así lo presenten, pongo por caso, los medios de comunicación, sino porque objetivamente lo sea. Para ello hay que presentar argumentos y pruebas fehacientes. En principio, los nacionalismos no van en contra de nadie ni de nada, sino «a favor de»: a favor del derecho de autodeterminación, a favor de que sean los pueblos los que decidan libremente, del derecho a las diferencias lingüísticas y culturales, a favor de la búsqueda de vías de entendimiento, de la búsqueda de la resolución de los potenciales conflictos por caminos democráticos, políticos y civilizados, con exclusión de cualquier coacción, eliminación o deslegitimación, el derecho a la búsqueda de modelos alternativos de convivencia. La consecución de cualquier forma de unidad al margen de estos principios será una falsa unidad que seguirá haciendo quiebra en el futuro.

De pensamiento particular a enseñanza magisterial. Que así pueda pensar «el ciudadano Cañizares» es cuestión que atañe a él solo, y, como ciudadano libre, le asiste toda la legitimidad para hacerlo, pero pretender imponer ese pensamiento magisterialmente, como el que se ilumina desde la fe o como el que se propone a la comunidad creyente que vive en el Estado español como principio categórico de ética y moral, es una intromisión en el pensamiento autónomo de los creyentes en cuestiones en que la CEE no es competente: elegir esta u otra forma de Estado. Esta podrá siempre, como en todos los otros casos, enunciar los principios generales de moral que deben orientar cualquier tipo de relación, pero decir sin más matices que defender la unidad de España es moral y la separación de ella inmoral es sobrepasar las competencias que corresponden a un miembro de la Iglesia constituido en autoridad. Supondría, igualmente, condenar todas las formas de vida política de todos los estados del mundo porque no están unidos y no forman el mismo ente político y porque se separan y se unen según sus propias decisiones soberanas.

Con frecuencia se da este tipo de extrapolación: el pensamiento personal político del jerarca religioso se hace norma y estilo de gobierno. Quienes no se posicionan según esas formas de pensar son calificados de «desmarcados». Estos revival de formas de pensar de tiempos trasnochados traducen la floja base o débil episteme teológica y de moral de algunos teólogos sin reciclar conciliarmente; es bueno, es manifestación de auténtica fe cristiana, lo que coincide con el más rancio pensamiento de regímenes anteriores; lo que se aparta de este pensamiento es «inadmisible».
Un principio anterior a la unidad o no unidad es el de la libertad. Dicho de otra manera, sin democracia no hay estado, ni patria, ni nación. En este caso, sí que se daría un nacionalismo totalitario. Y éste sí que es un principio de ética y de moral que debe ser solemnemente enunciado por la CEE: la libertad de los ciudadanos, de los pueblos a decidir por ellos mismos. Cualquier forma de coacción, cualquier forma de fuerza que se imponga contra la voluntad de los únicos que tienen derecho a decir sí o no, es, por principio, inmoral. Decir que el pueblo vasco por reivindicar el derecho de autodeterminación manifiesta un nacionalismo exacerbado, etnicista o totalitario es gravemente lesivo e injusto. El pueblo vasco aspira a estar en paz con todos los pueblos y consigo mismo.

La última de las noticias transcritas anteriormente nos recuerda escenas ya superadas. Da la sensación de que, como en los viejos e infelices tiempos no tan lejanos, los papeles sean intercambiables: el dignatario eclesiástico habla como un ministro del Interior, y el ministro del Interior o el presidente de una comunidad autónoma pontifican como obispos. Monseñor Cañizares se hace eco de la mala prensa de la Iglesia Vasca y la comparte. Hay que recordarle que en Euskal Herria hay muchísimos creyentes independentistas, que no tienen ningún escrúpulo moral sobre sus posicionamientos políticos, y muchos sacerdotes orgullosos de servir con lealtad a su pueblo y a su Iglesia. ¿No sería más positivo que cada cual, en su parcela, se dedique con ahínco a poner lo mejor de sí mismo para que los creyentes sean más solidarios y comprometidos en la construcción de la justicia y la paz?
Cuestión recurrente. Permanentemente hay quienes hablan como si España fuera más que un constructo histórico una cuasi-emanación divina, intangible e inconmovible, como los antiguos imperios: el Sacro Imperio Romano de Constantino o el Sacro Imperio Romano-Germánico de Car- lomagno. En el imperio español de Carlos V y Felipe II, no se ponía el sol, y donde llegaba la espada llegaba la cruz.

Por muy respetable que sea la actual forma política del Estado español, la historia pone las cosas en su sitio. Como otras construcciones históricas, en la Península Ibérica se han sucedido muchas formaciones sociopolíticas, muchas comunidades lingüísticas y religiosas: iberos, fenicios, griegos, celtiberos, romanos, visigodos, suevos, bizantinos, árabes, gallegos, catalanes, mallorquines, Reino de León, de Castilla, de Aragón, de Asturias, Portugal, Nafarroa, Euskadi. Es decir, ha sido un cul-de-sac donde terminaba todo lo que correteaba por Europa. La unificación lograda por los Reyes Católicos se realizó a sangre y fuego, como en Granada y en Navarra, y ha sido permanentemente contestada, por ejemplo, en las guerras carlistas, en las que la reivindicación de los fueros fue siempre componente esencial del litigio. Querer hacer ver que España es una especie de dogma de fe y su intangibilidad cuestión moral no deja de ser un fraude histórico.

La relación religión-política siempre ha sido conflictiva. Han alternado frecuentemente las formas de supeditación de la una a la otra: tramos históricos de sumisión de la política a la religión y a la inversa. O de confusión: «Cujus regio ejus et religio». Da la sensación de que ni el Vaticano II, que con tal nitidez formuló la autonomía de lo «temporal» y la independencia de las leyes de la naturaleza, de la física, de la política, etc., ha conseguido que todos asuman este nuevo paradigma. Es necesario eliminar formas del pasado ampliamente superadas, máxime cuando se detentan responsabilidades importantes.

La ética y la moral, respetuosas con la autonomía de todas las otras disciplinas, son, al mismo tiempo, disciplinas totalizantes, es decir, que se hacen presentes en todo por el camino del bien y justo obrar, y, desde ese punto de vista, no dejan fuera nada, tampoco la unidad o no de un estado, diciendo lo que está bien y lo que está mal, pero nunca de forma sesgada, tendenciosa y partidista, y mucho menos suplantadora o de dirección única. Ha pasado ya el tiempo de las suplencias y el hombre político postmoderno es plenamente adulto y autónomo para decidir por sí mismo. Entre otras, la moral debe aplicar estrictamente la ley de la reversibilidad: «Esto que me dices a mí debes empezar por aplicártelo a ti; esto que dices del nacionalismo totalitario debes aplicarlo, para empezar, al español. Es decir, en la moral no puede haber zonas de impunidad, el terrorismo de ETA y el del Estado, y las torturas y la conculcación de todos los derechos cívicos, sociales y políticos, y la instrumentalización de la justicia, y la violación del derecho a la justa información, y la eliminación del insulto, la calumnia. ¿Dónde están las condenas de todas estas conculcaciones?
La paz es un bien preciado que sólo tiene un camino: la justicia. «Opus justitiae, pax». No con invocar la palabra «paz» se hace realidad: «Pax, pax et non erat pax». Todos tenemos la obligación de ser pakegileak, constructores de paz. -

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Kepa Ezeolaza
es miembro de la coordinadora de sacerdotes de Euskal Herria (EHAK) y del movimiento y la revista H2000E, donde, además de otros medios, escribe sus artículos siempre luminosos...

Sacerdote diocesano en la iglesia que vive en Navarra, ha ejercido de sacerdote obrero y capellan de emigrantes, euskaldunberri, licenciado en teologia y filologo por la universidad del País vasco.

Un cristiano a quien le duele Euskal Herria, su pueblo.


"El pueblo de Dios,
movido por la fe, procura discernir en los acontecimientos los signos verdaderos de la presencia de Dios." (GS)