Elecciones y ética de la democracia
Félix
Placer Ugarte,
Profesor en la Facultad de Teología de Gasteiz
Disueltas las Cortes españolas y convocadas por el presidente del Gobierno
español las próximas elecciones generales para el 9 de marzo,
los contendientes por el poder político acaparan la actualidad. Es
la dinámica de una democracia representativa que periódicamente
se legitima con la llamada a las urnas. Ciudadanas y ciudadanos, en mayor
o menor porcentaje, según los contextos políticos del momento,
acuden a la cita, conscientes de que su participación democrática
alcanza aquí su máximo grado de expresión. Pasado el
periodo electoral, la gestión pública queda en manos de los
políticos más votados. Poco o nada podrá hacer ya la
ciudadanía. Muchas promesas electorales quedarán olvidadas hasta
que de nuevo renazcan como cebo para atraer votos ante nuevas convocatorias.
Pero incluso esta limitada forma de expresión democrática, que
centrará la atención política de las próximas
semanas, queda recortada y éticamente vulnerada en el actual contexto.
Todo el mundo afirma que unas elecciones, para ser tales, deben respetar y
posibilitar la concurrencia de todas las opciones políticas. Sin embargo,
al mismo tiempo que se proclama la democracia en un estado de derecho, manifestada
en el ejercicio del voto libre, se incoa la ilegalización de ANV y
EHAK -para que no concurran a estas elecciones- bajo la acusación,
elaborada por informes policiales, de sustituir a Batasuna, cuya Mesa Nacional
está además encarcelada. En consecuencia, se impide legalmente
la expresión de un sector importante y significativo que opta por posiciones
independentistas y quiere elegir a sus legítimos representantes dentro
de los derechos de lo que debiera ser una auténtica democracia.
Por otra parte y dentro de la misma coyuntura de estas elecciones generales,
las condenas del macrosumario 18/98 han llevado a prisión a 46 personas
bajo la acusación de pertenecer al «corazón y las entrañas»
de ETA, a pesar de las denuncias de un juicio desacreditado internacionalmente
por sus irregularidades jurídicas. La defensa apreciaba en esa sentencia
«un absoluto desprecio a la historia de Euskal Herria y a su realidad
para asumir a pies juntillas la que le presentan las Fuerzas de Seguridad
del Estado». Son compañeros y compañeras, amigos con quienes
compartimos esfuerzos y trabajos por la libertad para decidir y ser lo que
los ciudadanas y ciudadanos vascos desean; personas íntegras que son
en su vida y trabajo -y seguirán siendo, dispersadas en las cárceles-
signo de libertad y honestidad y clamorosa denuncia ante las elecciones en
un estado donde se afirma la libertad de expresión y se les condena
por el ejercicio de ese mismo derecho.
Y cuando en las próximas semanas los candidatos a ocupar escaños
de poder político ofrezcan promesas y garantías de respeto a
los derechos humanos, una vez más el sistema judicial-policial, al
amparo de la Ley antiterrorista, hace oídos sordos a las múltiples
demandas de investigación sobre las denuncias de signos evidentes de
malos tratos y torturas en las recientes detenciones de Lupiañez, Portu
y Sarasola. También el mismo macrosumario 18/98 despreció toda
referencia a torturas, cuando precisamente instituciones -en especial las
judiciales- y organizaciones de todo tipo tienen la obligación ética
de investigar y poner todo lo que esté en sus manos para erradicar
esa repugnante práctica contra la dignidad humana, denunciada por varios
organismos internacionales, en un estado cuya Constitución afirma que
en ningún caso, nadie puede ser sometido «a torturas ni a penas
o tratos inhumanos o degradantes».
En este contexto comienza un proceso electoral donde, sobre todo, los partidos
mayoritarios van a utilizar precisamente esas circunstancias para apuntarse
tantos electorales. Y lo que es un atentado ético a un proceso auténticamente
democrático será presentado como la muestra de su buen hacer
en defensa de lo que ellos entienden como estado de derecho.
Ganarán esos partidos, pero la democracia y, sobre todo, los valores
éticos de la convivencia y sus derechos quedarán en entredicho.
Se aplaudirá en mítines y reuniones la democracia uniforme,
el pensamiento único contra la pluralidad y el respeto a la libre decisión,
a la consulta y a las alternativas para otra forma de relación política
con los pueblos sin estado. Los malos tratos, la vulneración de derechos
humanos en las cárceles, la dispersión de presos, los juicios
irregulares no serán denunciados porque no atraen los votos de la mayoría.
En última instancia, la conciencia ética ciudadana sufrirá
una nueva agresión que incluso será aplaudida por sectores multitudinarios.
A pesar de todo habrá voces ciudadanas que seguirán reclamando
otra democracia que promueva y apoye la dignidad de las personas y sus obligaciones
cívicas solidarias y sus derechos, la libre decisión de los
pueblos, la supresión de amenazas, agresiones y violencias de todo
tipo. Entre esas voces también sería necesario oír a
los representantes cualificados de la Iglesia denunciando tales situaciones
y actuaciones que violan los principios éticos fundamentales de la
democracia, exigiendo libertad de expresión sin exclusiones, respeto
a la integridad de las personas, a la identidad de los pueblos, a los derechos
de todos los presos y presas, erradicación de todo mal trato y tortura.
No lo hará así jerarquía española. ¿También
los obispos vascos guardarán silencio? Personas y grupos de la base
eclesial, aunque sus demandas queden acalladas por el ruido mediático
electoral y eclesiástico, seguirán uniéndose a otras
muchas voces que exigen la regeneración ética y la justicia
como único camino para un proceso de paz integral, compleja, creadora
de nuevas y plurales relaciones desde el diálogo y negociación,
de la que nunca podemos desentendernos y por la que seguiremos trabajando
con libertad, aun en plena tormenta electoral.
GARA 2008 enero 22
Elecciones 2008
Estamos ante una elecciones generales del estado español. Pero somos muchisimos vascos los que consideramos que estas elecciones, símbolo de cualquier democracia, estarán infectadas de virus antidemocraticos: la negación legal de la posibilidad de votar para opciones libres y para muchos colectivos de Euskal Herria...
Es sobre este tema que Félix Placer hace unas sencillas reflexiones críticas sobre esta concreta democracia y sobre el silencio de los eclesiasticos con respecto a la negación de la democracia y de los derechos humanos de un sector grande de sus miembros y de otros muchos.
GLOSAS
La verdad es que los elegidos, sabiendo que cada dos,tres o cuatro años, su posición de poder puede variar, desde que son nombrados ya están haciendo propaganda electoral...
Por otra parte, los partidos implicados se profesionalizan de forma que comienzan a manipular todos los medios para elegir a los votantes del futuro... Elegir a los electores.
Ellos mismos alimentan la idea de que la política es mala y que los políticos son unos aprovechados... creando un ambiente propicio, que pomueve la poca participación en el proceso electoral...Aunque esto parezca contradictorio.
Si con todo eso no logran su propósito, tienes en sus manos la implementación de leyes exclusivas, para que, los grupos de quienes pueden poner en crisis sus intereses, sean ilegalizados... y perseguidos...
Estas leyes declaran la muerte política de ampios grupos humanos... Esto es radicalmente contrario al propio sistema llamado democráiico... pues toca el nervio vivo de cualqueir democracia... el principio de cualquier legitimación democrática. La condenación a muerte política no es inteligible desde la racionalidad legal, racional o democrática... Nos encontramos con una racionalidad inquisitorial...