La llegada de la Buena Nueva y la institucionalización del cristianismo en Euskal Herria está siendo discutida y sometida a prejuicios. Llega a nuestros antepasados desde el sur: Tarragona, Zaragoza... Calahorra vascona, y desde el norte: Toulouse, Novempopulania, Iruñea... Esta realidad ha llegado a nosotros envuelta en bellos mitos, como el del Olentzero. Son más dificiles de asegurar los tiempos en que se hizo presente en las Vascongadas... Lo cierto es que el pueblo vasco, después de la decadencia del imperio romano, se convirtió en frontera (marca) entre dos pueblos cuyos principes se convirtieron al cristianismo y creaeib dos regímenes de 'cristiandad' que pretendieron emular y resucitar el imperio romano: los francos o galos y los visigodos. Cuando podían, nos enviaban sus obispos y hasta sus misioneros para convertirnos a su obediencia en nombre de su Dios.
La primera frase escrita en euskera se encuentra en el monasterio de San Millán de la Cogolla, Rioja, al borde de un libro en latín, escrito en euskera como glosa o explicación del original:
Glosas emilianenses.
Hitz
horiek hauek dira:
Izioqui dugu guec ajutuezdugu.
"Hona hemen zer dion Joseba Intxaustik bere "Euskara euskaldunon
hizkuntza" liburuan (59. or.): Glosa donemiliagarrak. Prediku-liburu
batean, ertzetan idatzitako esaldiak dira glosa hauek (c. 950. Jakitun denak
ados daude, euskarazkoak direla esatean; baina ondoko latinezko testuaren
itzulpen bezala edo egon arren, eritzi ezberdin asko dago berorien egiazko
esanahia emateko: Izioqui dugu "piztu dugu", edo "haintzakotzat
eduki dugu"; guec ajutuezdugu "ez dugu aski", esate
baterako.
Cuando se habla del cristianismo o de la iglesia, se comenten errores, como si la actitud de algunos hombres de iglesia hubiera sido acción de la propia insitutción. Lo cierto es que no tengo conocimiento de ningún obispo que haya sido amante o promotor del euskera... si exceptuamos al obispo navarro de Baiona y de Tours, Bertrand Etxauz, mecenas de la escuela de Sara, cuyo representante principal es Pedro de Axular. Se pueden contar con los dedos de una mano los obispos de Navarra, por ejemplo, que han sido euskaldunes. Casi todos ellos han sido extraños a nuestra cultura y muchos representantes de poderes ajenos.
Sin embargo, han sido hombres de iglesia los principales valedores del euskera a través de su historia. Unos dirán que eso lo hacían unicamente por interés propio, para evangelizar; lo cual ya tiene su mérito, pues otras instancias institucionales no lo hicieron ni siquiera para sus fines. Pero lo cierto es que, además de eso, muchos de los hombres de iglesia que trabajaron el euskera lo hicieron por reivindicar nuestra lengua, defenderla y enriquecerla. A pesar de que sus obispos y la mayoría de sus sacerdotes fueran agentes de aculturación y promotores de diglosia.
Es
difícil desconocer la acción de las comunidades cristianas en
la resistencia al franquismo y, en ellas, la participación de
sacerdotes y parroquias enteras para mantener el euskera, para ofrecer espacios
para ikastolas, para denunciar los atropellos que sufría nuestra
lengua y para trabajar en la promoción de la identidad de nuestros
pueblo o para ayudar al pueblo ofreciéndole testimonio,espacios de
criticidad y de creatividad y soportando persecuciones, juicios cárceles
y marginación en la propia iglesia y en el estado.
No podemos dejar de mencionar, aunque solo sea por respeto a su personalidad,
la acción de nuestro On José Miguel Barandiaran, patriarca
de la cultura vasca, fundador de instituciones que perduran, vinculo de unión
entre todos los sacerdotes que seguían trabajando en la clandestinidad,
promotor de estudios etnológicos, etc. o Manuel de Lekuona,
formador de sacerdotes euskaldunes que sería presidente de Euskaltzaindia.
Muchos de los mejores dir¡gentes euskaldunes se formaron en los movimientos
de la iglesia, especialmente en el movimiento de jóvenes.
Por
su significado, resonancia y por la persecución eclesiastica y civil
que supuso para todos los firmantes, no podemos dejar de mencionar el famoso
documento de los 339 sacerdotes diocesanos vascos de las cuatro provincias
el 30 de mayo del año 1960. En ese documento se afirma, entre otras
cosas:
"... denunciamos la politica... de encarnizada persecuación de
las caracteristicas étnicas, lingüisticas y sociales que nos dió
Dios a los vascos... el euskera tiene derecho ante la iglesia y ante la civilización,
un derecho a la vida y a ser cultivado, cuyo desconocimiento denunciaría
en la iglesia un absurdo y una descarada contradicción, y en la sociedad
una politica reaccionaria y antihumana hasta el genocidio... y no hay razón
histórica, social ni política que justifique semejante crimen".
Han trascurrido 42 años y hoy prodríamos seguir firmando un documento semejante. No es que no haya cambiado nada, sino que radicalmente estamos frente a las misma actitudes. Hoy, nuestra iglesia asume las leyes civiles, aunque sean injustas, para su planificación de pastoral en euskera. En Navarra en concreto ha estado por detrás de esas misma leyes.

Portada del
Libro de José María
Jimeno Jurío: NAVARRA, historia del euskera.
Txalaparta,
1997.
"Navarro y euskaldun fueron conceptos equivalentes. La estela romana de Lerga recoge voces en euskera, llamado después 'lingua navarrorum', y es reivindicado en el 'Monumento a los fueros' de Pamplona."