Del mito de Babel a la novedad de Pentecostés.

Para reflexionar sobre el proyecto-europa desde una perspectiva bíblica, tomo como punto de partida estos dos grandes mitos bíblicos: el de la torre de Babel, punto final de la dinámica del pecado, y el relato de la toma de conciencia de la presencia del Espíritu de los seguidores de Jesús, en el día de la fiesta de Pentecostés.

Los mitos son relatos significativos y universales que atraviesan la historia y que se van haciendo presentes en cada momento crítico de la misma, pues son lenguajes de sabiduría universal y no cuentos para dormir o entretener a los niños. Estos dos mitos, en concreto, permiten asomarnos al orden del pecado y al orden de la gracia; a la organización del mundo como pecado estructural y a su configuración según el Espíritu. Con ellos pretendemos insinuar que el proyecto-europa se está construyendo, como en todos los imperios o sistemas de dominación, como una nueva Babel del siglo XXI, lo que creo que es evidente para cualquier observador. Es una Europa de los estados que se hacen funcionales al servicio de las transnacionales, que ni siquiera puede encontrar una estructura democrática común que funcione adecuadamente, ni es capaz de poner en marcha un proyecto social común para responder a las necesidades y esperanzas de las mayorías populares. Únicamente es posible una uniformización jerárquica, hecha desde arriba y sustentada en la seguridad pública o militarización aún por encima de los derechos humanos. Mientras que la tarea cristiana debería tomar en cuenta el principio-pentecostés para su tarea de anticipar el Reino.

Por otra parte, aunque no es aquí el lugar para explicitarlo, el pecado original de Europa es que siempre se ha pretendido construir penetrada por dos fuerzas vitales difícilmente reconciliables: el proyecto de la cultura y el derecho greco-romano, por un lado, de tipo babélico, y el impulso más o menos introyectado de una fe abrahámica y pentecostal, por otro. Ambos conforman las dos tradiciones constitutivas que trabajan en profundidad el proyecto-europa . Esto no quiere decir que la tradición cristiana esté necesariamente representada por la iglesia, ya que ella misma está siempre fuertemente tentada de recorrer el camino que lleva a Babel. Esto puede ser una conclusión que cualquiera puede deducir después de reflexionar sobre estos mitos fundantes...

I. Babel, institucionalización del 'pecado del mundo'.

Una relectura los primeros once capítulos del libro del Génesis nos ayuda a colocar el mito de Babel en su sitio y en su significado. No hay duda de que el libro del Génesis esta redactado reuniendo, durante unos 500 años, varias y diferentes tradiciones, pretendiendo responder a la eterna pregunta de la humanidad sobre el origen del mal en la historia. En él se afirma la bondad original de la creación y la entrada del factor humano en ella estropeando el proyecto primordial, al pretender el ser humano hacerse dueño y protagonista de la creación regalada, desde una opción por el egoísmo radical que denominamos 'pecado del mundo': querer organizar el bien y el mal en la humanidad según los dictados de su egoísmo. En lugar de estar unidos 'en el nombre del Señor', consisate en vivir amontonados y en guerra queriendo ser todos diosecillos-fetiches.

El Génesis nos permite así comprender el proceso de este pecado institucional de un modo sumamente interesante; proceso que acontece, no en un inicio histórico, sino acompañando todo el proceso histórico de la humanidad. Podemos describir este proceso, más o menos, así: a) En su raíz, encontramos una actitud fontal: el ser humano, admirado de su propio poder y 'de las obras de sus manos', se propone organizar la vida en función de sus intereses egoístas, desestructurando desde ahí y sucesivamente toda la realidad... b) En un segundo momento, experimenta que esa opción frustra su propia identidad como sujeto en comunidad, como persona, naciendo el complejo de culpabilidad, desde donde teme enfrentarse al cara a cara con Dios, c) desde aquí, rompe la solidaridad humana negando al otro, y negándose a hacerse responsable del otro -Cain-, d) así, termina haciendo una humanidad imposible, lo que provoca la necesidad de rehacer el mundo desde sus raíces, desde una nueva familia -Noe-, que también fracasa (Kanaan) y, f) provoca la dispersión, frente a la cual se busca una solución dando nacimiento a una estructura del poder idolátrico: la torre de Babel.

Parece ser que el mito de la torre de Babel está escrito, parte en tiempos de Salomón y su proyecto de dominación, con la creación de una fuerte estructura de impuestos, con el control de todo el comercio y con la creación del ejercito, que garantice el orden de la injusticia. Pero, en la redacción del texto, se toma en cuenta también la experiencia de la esclavitud de Babilonia (Babel) . Dos experiencias dolorosas que ha vivido el pueblo, donde la 'divinización' del poder se convierte en dominación fetichista contra el pueblo...

Por todo ello, es necesario romper el esquema adquirido de presentar el mito de Babel como el inicio de la dispersión de los pueblos y de las lenguas; el mismo relato bíblico nos advierte, antes de iniciar el relato de la pretensión de construir la torre, de que la dispersión estaba ya realizada en aquel mundo y cada pueblo tenía ya su organización propia y su propia lengua: "cada pueblo tenía su tierra y su lengua", se repite insistentemente (10, 20 y 31). De esa constatación es que nace el proyecto de construir un nuevo mundo en el que todos los pueblos y todas las culturas tuvieran el poder concentrado en un solo vértice y una sola cultura dominante, que da lugar precisamente al proyecto idolátrico de Babel "para hacernos grandes y para concentrar nuestro poder" (11,4) a la que correspondería la queja manifestada por Dios de que "son todos un solo pueblo con una sola lengua" (6) y su supuesta intervención para que no se entendieran a pesar de haber impuesto comunicarse en la misma lengua. Por eso Txepets nos dice que "... la dispersión de las lenguas no es un castigo: es la terapia adecuada que Yahwe ofrece al hombre frente a su vana pretensión de llegar a El a través de una "torre uniligüe" y jerarquizada".

En este sentido, la torre de babel, como tentación de solución a los problemas del mundo, concentración del poder y unificación de las culturas, acompaña el devenir de todas las instituciones humanas. Su última expresión es la de absolutizarse como verdad que, por ser su verdad secuestrada en la injusticia (Hb.11), cree tener la necesidad de imponerla... Es lo que está sucediendo en nuestro tiempo por el pensamiento único y la imposición del modelo de vida y convivencia occidental para todos los pueblos y para todas las culturas.

En la misma Iglesia de Jesús, en cuando institución humana, sometida por tanto a los condicionamientos sociológicos en que vive toda institucionalidad, podemos adivinar la presencia constante de esta tentación, que ella debería ir superando como tentación, constante y conscientemente, so pena de babelizarse, tendiendo a adecuarse a los criterios de cualquier civilización dominante... Con ello, pone en riesgo su propia vocación de ser signo o sacramento liberador e inculturizador de la Buena Nueva. De las tres tentaciones de Jesús en su desierto: a) crear estómagos agradecidos, b) deslumbrar con lo espectacular cristiano y c) utilizar el poder o convertirse ella misma en poder para hacer el bien, esta última es la más traicionera, porque lleva a cualquier Babel, al margen de sus buenas intenciones subjetivas con que se pretenda.

II. El Espíritu de Pentecostés.

No cabe duda de que, dada la cultura dominante en que nace el movimiento de Jesús que deviene iglesia, las consecuencias del seguimiento evangélico se van manifestando, no solo en la vida personal de los cristianos, sino en la vida en comunidad, creando distintos signos de vida nueva. Estrenan nuevas formas de vivir en comunidad (He, 2,42;4, 23ss) y de situarse creativamente frente a la realidad: (4,32; 5,12ss.). Pero, sobre todo, tuvieron que enfrentar el problema de lo que hoy llamamos inculturación de la Buena Nueva de Jesús en nuevos pueblos y en nuevas comunidades culturales. En la historia de las religiones no ha sucedido algo semejante y con tanta conciencia. No ha sido fácil la tarea, pues lo que les resultaba más sencillo era entregar el don de la fe en Jesús de Nazaret juntamente con la cultura y la tradición de Israel, su forma de entender a Dios y su mensaje de liberación. Es un problema que hasta el día de hoy no se ha resuelto, pues la iglesia con frecuencia quiere ofrecer, como si fuera la misma realidad, la flor de la Buena Nueva con el tiesto de la cultura dominante... Para cuando se escribe el Libro de los Hechos, la crisis de la inculturación ya se ha vivido dolorosamente... . Con este telón de fondo es que nos podemos asomar al relato, ciertamente mítico, de la venida del Espíritu y sus consecuencias.

Lucas, al lado de Pablo, ha vivido intensamente este problema. Máxime teniendo en cuenta que él mismo, por nacimiento, no pertenecería originalmente a la cultura de Israel. Es por ello que introduce aquí un relato simbólico en el que se muestra cómo la vida nueva del Espíritu trae nuevas formas más humanizantes de comunión con Dios y de comunión de los seres humanos entre si.

El texto, obra redaccional y simbólica de Lucas, está compuesto de varios relatos yuxtapuestos. El núcleo que a nosotros nos interesa es He. 2, 5-13... La simple lectura nos hace sospechar que se trata de una redacción que está contrapuesta, desde una perspectiva liberadora, al relato del mito de la torre de Babel. La nota al pie (He. 2,6) de la Biblia de Jerusalén así lo reconoce, por ejemplo. Por eso, Lucas hace converger en un mismo escenario a "hombres honestos que estaban en Jerusalén , venidos de todas las naciones que están bajo el cielo"(2,5). Posteriormente se introdujo en algunos códices lo de 'judíos provenientes de todo el mundo'... que no encaja en la ficción literaria de Lucas. La descripción pormenorizada de los pueblos y culturas de los reunidos es también simbólica y vista desde la comprensión del mundo entero que podía tener la comunidad de Jerusalén... Aunque en un primer momento parece que se hace alusión a un carisma de glosolalia (2,4) donde los apóstoles hablarían distintas lenguas, en tres lugares se nos dice que lo sorprendente era que cada uno escuchaba las obras liberadoras, las 'maravillas', de Dios en su propia lengua original (6, 8 y 11). El carácter de creación literaria de este relato lo ratifica el hecho de que el subsiguiente discurso de Pedro ya no toma en cuenta la presencia de tantos pueblos y culturas, sino que se dirige exclusivamente a los judios e israelitas.

Se trata de la clave de toda inculturización de la fe: que cada pueblo pueda escuchar la buena nueva de Jesús en su propia matriz cultural; en su propia lengua... Ya sabemos las crisis y los traumas que la negación de este principio evangelizador ha traído para la aceptación de la fe por parte de muchos pueblos... Las iglesias del norte de Africa romanizada, por la negación del púnico como lengua de la iglesia, las luchas al interior de la propia iglesia de Cirilo y Metodio, por su voluntad de inculturar la fe en los pueblos eslavos, el problema de los ritos chinos y la asunción de la lengua mandarina por pate de los jesuitas, etc. Las iglesias nacidas de las colonias europeas en el sur han introyectado este problema de forma más cruel todavía. Ahora se están dando algunos indicios de cambio en la acción misionera, pero todavía a un nivel folklórico.

La realidad es que los primeros cristianos comprenden como obra del Espíritu dos cosas: 1. que la pluralidad de lenguas y de culturas es una realidad humanizante y liberadora, 2. que la unidad del mundo, la catolicidad, como proyecto de amor, no se realiza en la uniformidad universal, sino en la comunión gratificante de lo distinto . Si hubiera hablado de este problema el propio Teilhard de Chardin nos hablaría de la evolución hacia unidad como una síntesis de círculos que, desde las distintas identidades, van hacia una unidad mutuamente enriquecedora.

Conclusión

Babel y Pentecostés nos indican dos tendencias que luchan entre si en el corazón de la historia: dominación y liberación, pecado y gracia, carne y espíritu, que no solamente marcan las relaciones interpersonales, sino también la convivencia entre los pueblos y la inculturación de la fe... La conversión de una dinámica a otra es siempre conflictiva y liberadora, pero las consecuencias de poner en marcha un tal espíritu nos ayudaría a discernir por dónde pasa (pascua) la presencia liberadora de Dios en nuestra historia..., por dónde se de el paso (pascua) de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas. Baste estos apuntes para indicar un horizonte de sentido al compromiso de las comunidades cristianas de Euskal Herria. Quizás esto nos llevará a comprender lo que comprendió (y lo convirtió en incomprendido) nuestro hermano Máximo Hernandorena, que para los cristianos de Euskal Herria "el euskera no es solo un instrumento de evangelización sino su propio contenido; que Euskal Herria no es un mero receptor de evangelización sino también su sujeto".

Plazido Erdozain B.

(Tomado de la revista Herria2000Eliza de noviembre de 2002)

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¿ESTAMOS EN BABEL O EN PENTECOSTÉS?