El síndrome - Kixmi - complejo

Kixmi’ (monito) es el nombre con que, según la leyenda, denominaban despectivamente los viejos euskaldunes a ese fenómeno nuevo -CRISTO- cuya noticia entonces iba llegando a los pocos pueblos organizados que había en el territorio EUSKALERRIA y del que tanto oían hablar.

Así recoge de boca del pueblo esta experiencia, que duraría siglos, J. M. Barandiaran,

“Los vascos se divertían un día en el collado de Argaintxabaleta, en la sierra de Aralar, cuando vieron que del lado de oriente avanzaba hacia ellos una nube luminosa. Asustados por el fenómeno, llamaron a un sabio anciano y le condujeron a aquel lugar para que contemplara la misteriosa nube y le interpretara su significado. El anciano les dijo: ‘ha llegado Kixmi y con él el final de nuestra tradición; echadme por el vecino precipicio’. Así lo hicieron y, huyendo de la nube luminosa, al llegar a Arraztaran se metieron debajo de la gran losa que desde entonces se llama Jentilarri."

Es la descripción de la paulatina desaparición de la gentilidad vasca. El ‘Olentzero’, con sus tradicionales características de hombre montaraz y comilón que baja al pueblo a anunciar el nacimiento de Jesús, nos muestra la visión que los ya cristianizados tenían de los vascones no cristianizados de las montañas.

Desde entonces la historia de los (des)encuentros de nuestro pueblo con el cristianismo oficial parece penetrada por este ‘síndrome’ de Kixmi. Los vascos seríamos el Olentzero desgarbado que llega tarde y mal al encuentro con el cristianismo. Pensemos, por ejemplo, algunos acontecimientos puntuales de nuestra historia:

Desde la romanizada y cristianizada Calahorra vascona (400 d.C.?), primera diocesis vascona, se veía al conjunto de los vascones como ‘vieja gentilidad bestial’: “Iamne credis bruta quondan vasconum gentilitas?” (Prudencio).

Las luchas del pueblo navarro por su libertad en Orreaga contra los francos eran interpretados por ellos, por los ‘cristianos’ y por su rey cristianísimo, Carlomagno, en clave de cruzada . Alrededor de estas luchas de resistencia, que duraron casi 200 años, es que va emergiendo el reino de Pamplona y luego el Reino de Nafarroa.

La cristiandad europea, peregrina hacia Santiago, al atravesar nuestra tierra, nos descrube como salvajes, paganos y ladrones, con una religión bárbara y como adoradores de Ortzi... “y si los oyeras hablar, dice, te acordarías de los perros, pues hablan un idioma bárbaro”. Así Aymerik Picaud en su ‘Guía para los peregrinos’.

La Roma cristiana, como ‘viuda elegante y legitimadora del viejo imperio’, quiso imponer siempre a Nafarroa, el Reino de los vascos, el espíritu de las cruzadas... las que nunca fueron del agrado de nuestros antepasados. Por eso lanzaba excomuniones contra nuestros reyes, cuando estos no querían ayudar a los castellanos en sus correrías contra los moros. Así, por ejemplo, se le impuso a Sancho el Fuerte en las Navas de Tolosa, a quien el Vaticano, sin embargo, le negó siempre hasta el título de rey...

La conquista del Reino de Navarra por los ejércitos castellanos a las órdenes del Duque de Alba (1512-22) está plagada de amenazas de excomunión para nuestros reyes, y de imposición de obispos ajenos al servicio del proyecto político e imperial de Castilla.

Un caso que merecería un mejor estudio en esta linea es la postura del Vaticano frente a los católicos vascos (PNV) durante la guerra civil española, por no querer colaborar con la ‘cruzada’ de Franco. Postura común del conjunto de obispos españoles manifestada en su famosa carta y del propio Pio XII.

La práctica secular de la iglesia 'eclesiastica' en los nombramientos de obispos para las diocesis de Euskalerria sigue siendo hoy también pastoralmente incomprensible y políticamente antivasca.

Sin embargo, siempre ha emergido en nuestra historia una iglesia popular, (’trozo de pueblo fermentado de evangelio’) viviendo dentro de y con el pueblo, sufriendo sus necesidades y sosteniendo sus esperanzas, lo que se ha venido en llamar, a veces con preocupación y otras veces con alegría: la ‘iglesia vasca’ o el ‘clero vasco’.


¿Tendrá nuestro pueblo que renunciar a su identidad y a su propio proyecto para que la iglesia oficial y el poder establecido lo reconozcan y respeten su palabra, democráticamente?

“Sindrome Kixmi.”

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