Juan María Uriarte,
actual obispo de Donostia, fue obispo auxiliar de Bilbao. En aquellos tiempos
fue acusado de nacionalista. Luego fue nombrado obispo de Zamora.
Estando en aquella diocesis, fue elegido como hombre de confianza por el gobierno
de Madrid para participar como interlocutor con ETA. En este papel se sintió
traicionado y renunció... Poco después fue nombrado obispo de
Donostia tras la renuncia de J.M. Setién, que había sido satanizado
por los dirigentes españoles y por los medios de comunicación
social de Madrid con saña.
Es sicólogo social y se distingue por el trato y atención a los sacerdotes de su diocesis y trata de vivir con gran sensibilidad la problemática del pueblo.
Juan María Uriarte
- Obispo de San Sebastián
Carta a la comunidad cristiana de Gipuzkoa
Hermanos y amigos: la Instrucción Pastoral publicada el pasado
22 de noviembre por la Conferencia Episcopal de España ha suscitado
numerosas y variadas reacciones, inquietudes y preguntas en la comunidad cristiana
de Gipuzkoa. Esta situación me induce a ofreceros algunas pautas que
os ayuden a adoptar ante el escrito aludido una actitud eclesialmente madura.
El texto ha sido aprobado legítimamente por una notable mayoría
de los obispos reunidos. Con todo, no es en sí mismo moralmente vinculante
para la formación del criterio y del comportamiento de todos los creyentes,
puesto que no constituye un documento doctrinal que haya sido aprobado por
unanimidad o ratificado por la Santa Sede.
El escrito contiene importantes afirmaciones relativas a la valoración
moral neta y enérgicamente negativa del terrorismo de ETA, que pertenecen
al patrimonio de la doctrina moral cristiana, han sido insistentemente proclamados
por el magisterio de los obispos de la Comunidad Autónoma del País
Vasco y postulan de todos los creyentes una adhesión firme, inequívoca
y consecuente.
El mismo escrito reprueba justamente el concreto nacionalismo de ETA, que
antepone la nación a los derechos humanos más elementales, desoye
la voz inmensamente mayoritaria de la sociedad que reclama su desaparición,
quiere imponer por la fuerza su propio proyecto político y llega a
eliminar físicamente a quienes, en virtud de otras concepciones políticas
legítimas, se oponen a este proyecto. No puedo menos que compartir
esta severa reprobación moral, igualmente expresada por los obispos
vascos en repetidas ocasiones.
Para una adecuada valoración moral de otras formas de concebir y vivir
el nacionalismo, vuelvo a ofrecer a los creyentes de esta diócesis
los criterios, todavía recientemente formulados, que iluminen su conciencia
moral. La Carta Pastoral conjunta de los obispos de la Comunidad Autónoma
del País Vasco (29-V-2002) refiriéndose a las diferentes opciones
políticas dice textualmente: "Mientras (los modelos políticos)
respeten los derechos humanos y se implanten y mantengan dentro de cauces
pacíficos y democráticos, la Iglesia no puede ni sancionarlos
como exigencia de la ética ni excluirlos en nombre de ésta.
En consecuencia, ni la aspiración soberanista, ni la adhesión
a un mayor o menor autogobierno, ni la preferencia por una integración
más o menos estrecha con el Estado español son, en principio,
para la Iglesia 'dogmas políticos' que requieran un asentimiento incondicionado"
(nº 6).
Los diferentes criterios y sensibilidades de los obispos pueden en ocasiones
conducirles a interpretar de modo diverso el alcance y los límites
de algunos puntos de la doctrina moral de la Iglesia. Tales diferencias no
empañan la fraternidad episcopal ni deben debilitar la comunión
entre los fieles de las diferentes iglesias locales. "En lo necesario,
unidad; en lo discutible, libertad; en todo, caridad" (S. Agustín).