A
Su Santidad,
el Papa Juan Pablo II.
(En
la pasada Semana de Pascua-2003, 530 sacerdotes de toda Euskal Herria han
enviado esta carta, juntamente con todas las firmas, al Papa Juan Pablo
II, a través del nuncio apostólico de Su Santidad en Madrid.
Asimismo, ha sido entregada una copia de la misma a los obispos de Baiona,
Bilbao, Pamplona/Tudela, San Sebastián y Vitoria. He aquí
el texto)
Santo Padre :
Su próxima visita al Estado español nos mueve a dirigirle
esta carta firmada por sacerdotes de la Iglesia en Euskal Herria de la que
forman parte las diócesis de Baiona, Bilbao, Pamplona/Tudela, San
Sebastián y Vitoria donde colaboramos desde nuestro ministerio pastoral
para hacer presente el reino de Dios de justicia, de amor y de paz en medio
de los conflictos que como Pueblo vivimos. Atendiendo su deseo de escuchar
y relacionarse con los Pueblos donde vive la Iglesia que Ud. preside en
la caridad, deseamos presentarle nuestras inquietudes vividas como sacerdotes
en Euskal Herria. Más aun teniendo en cuenta que desde diferentes
instancias políticas y también eclesiásticas le llegarán
informes e interpretaciones, en ocasiones sesgados, sobre la realidad de
nuestra situación que contribuyen a crear confusión moral.
Como representante principal de una Iglesia que quiere estar cerca de los
pobres y de cuantos sufren, confiamos en su comprensión pastoral.
Nuestro Pueblo siente y sabe que la raíz más profunda de sus
problemas políticos y de las graves y dolorosas expresiones violentas
está en un conflicto producido por la falta de reconocimiento de
nuestros derechos colectivos. Como Ud. mismo afirmó con motivo de
la Jornada Mundial de la paz en 1999, " .. una de las formas más
dramáticas de discriminación consiste en negar a grupos étnicos
y minorías nacionales el derecho fundamental a existir como tales.
Esto ocurre cuando se intenta su supresión o deportación,
o también cuando se pretende debilitar su identidad étnica
hasta hacerlos irreconocibles. ¿Se puede permanecer en silencio ante
crímenes tan graves contra la humanidad? Ningún esfuerzo ha
de ser considerado excesivo cuando se trata de poner término a semejantes
aberraciones, indignas de la persona humana".
Creemos sin embargo que esta situación puede resolverse humana y
evangélicamente como nuestros Obispos lo han pedido en numerosas
ocasiones por caminos de diálogo y negociación, de respeto
y de expresión libre de todas las opciones sin ningún tipo
de amenazas y, sobre todo, por el ejercicio de la decisión libre
de este Pueblo sin imposiciones ni recortes antidemocráticos. Como
advirtió su predecesor Pablo VI, dirigiéndose a los Cardenales
en la Navidad de 1974,... hasta que los derechos de todos los Pueblos,
entre los que se encuentran el de autoderminación y el de independencia,
no sean debidamente reconocidos y honrados, no podrá haber paz verdadera
y duradera.
Desde nuestra experiencia pastoral pensamos que en el derecho a la existencia
de nuestro Pueblo en formas políticas democráticamente expresadas
reside un paso necesario y decisivo hacia la reconciliación y la
paz. Nos dolió profundamente, y así lo manifestó en
dos escritos un numeroso grupo de sacerdotes, que la última Instrucción
Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, con significativos
votos en contra, calificase como nacionalismo totalitario que quiere imponerse
con terrorismo e ideología absolutista, las reivindicaciones de una
mayoría vasca que, sintiéndose un Pueblo, reclama sus derechos
humanos individuales y colectivos. Nosotros, Santo Padre, reprobamos toda
clase de terrorismo, y, de manera especial, el ejercido desde el poder y
dirigido por los Estados. En honor a la memoria histórica debemos
manifestarle que en el origen de las violencias terroristas actuales entre
nosotros están la rebelión militar, la guerra fratricida,
bendecidas como Cruzada por la Iglesia, y la dictadura franquista.
Lamentamos que la citada Instrucción no mencionara ni descalificara éticamente el exacerbado nacionalismo español y la represión de la lengua y cultura vascas, tan vigentes hoy en día. La tradición secular, la conciencia actual y la praxis ética de nuestro Pueblo desea y busca la paz en la convivencia de una sociedad plural y en el respeto íntegro del derecho a la libertad de todas las personas y pueblos. Ud. mismo, Santo Padre, que experimentó como ciudadano y pastor las graves y dolorosas dificultades que durante años impidieron a su patria, Polonia, ser libre y dueña de su destino, sabrá comprender nuestra sensibilidad, deseos y aspiraciones. Nuestra responsabilidad pastoral y amor a Euskal Herria y a los demás Pueblos de la tierra, nos llevan a solidarizamos con tantas personas de ideologías diversas que sufren y son víctimas de un conflicto político, intencionadamente mantenido, que puede resolverse por las vías democráticas de respeto a todos los derechos humanos, tal como Ud. ha subrayado y pedido en repetidas ocasiones.
Somos conscientes de las dificultades que implican tal reconocimiento y ejercicio democrático, dada la complejidad de la situación que vivimos, agravada a lo largo de estos años por las violaciones de derechos humanos fundamentales con muertes, torturas, atentados, represiones, amenazas y recortes de las libertades democráticas, incluida la penosa situación de las presas y presos, alejados de su tierra. Como afirmaba el cardenal Roger Etchegaray en declaraciones durante una visita a su tierra vasca natal, "el Pueblo vasco ya ha sufrido bastante, el diálogo debe sustituir a la violencia y los políticos deben mostrar lucidez y coraje". Esperamos, Santo Padre, que en su viaje al Estado español promueva esa voluntad política para superar todas estas situaciones de sufrimiento.
Nuestro servicio pastoral dentro de la Iglesia en Euskal Herria está hoy íntimamente unido y comprometido en la construcción de la paz, como insisten continuamente nuestros Obispos y es el empeño cristiano general. Sabemos que no es fácil acertar con los medios adecuados para llegar a esa paz basada en la justicia, teniendo en cuenta los graves enfrentamientos que nos separan. Por eso esperamos, Santo Padre, que su presencia en el Estado español y su visita a las comunidades cristianas sean un signo e impulso de reconciliación. Compartimos su profunda sensibilidad por todas las personas y Pueblos que han sufrido y sufren las consecuencias de diversas violencias y terrorismos, expresión en última instancia de la ausencia de diálogo. Nos unimos a sus reiteradas llamadas por desgracia no escuchadas con frecuencia para evitar todas las guerras y violencias. Apoyamos su trabajo incansable por la paz y por conseguir relaciones fraternales y reconciliadas entre todos los Pueblos, en especial con los más pobres y marginados. Admiramos su testimonio evangélico de pedir perdón por las graves injusticias en las que la Iglesia ha sido culpable y sería visto con agrado que invitase a la Iglesia española a una petición de perdón por su complicidad histórica en el enfrentamiento civil y en el posterior régimen represor de derechos humanos. Le expresamos estas preocupaciones, sentimientos y deseos desde nuestra responsabilidad evangelizadora. Lo hacemos en comunión dentro de nuestra Iglesia en Euskal Herria y solidarios con los demás Pueblos de la tierra.
Desde aquí
queremos recordarle una vez más que estamos y nos sentimos divididos
eclesiásticamente. Pensamos que la unión pastoral de nuestras
iglesias locales en una única Provincia Eclesiástica Vasca,
con Iruñea/Pamplona como arzobispado, secundando el parecer y deseos
expresados desde hace años por el pueblo cristiano y la mayoría
de los obispos vascos, sería un importante signo eclesial de reconciliación
y de servicio pastoral a este Pueblo. Confiamos y deseamos que su visita
sea un signo evangélico de buena noticia a los pobres, de libertad
de los cautivos, de fraternidad y de acercamiento a los que más sufren
y de paz justa para todos los Pueblos en el reconocimiento de todos los
derechos propios de la dignidad humana y de su condición de hijas
e hijos de Dios. Desde la comunión eclesial en Cristo le saludamos
con respeto y fraternidad.
Documento de los 339 sacerdotes en 1960
Al releer este nuevo documento de los 530 sacerdotes vascos al Papa, hacemos memoria del famoso documento de los 339 sacerdotes diocesanos en pleno franquismo, antes del Concilio Vaticano II.
Aquel documento tuvo una enorme resonancia internacional, ya que los pueblos, los intelectuales y algunos gobiernos de Europa mantenían una actitud contraria o crítica frente al franquismo y se hicieron eco de su voz pidiendo el respeto a nuestra cultura, la provincia eclesiastica vasca y la liberad para nuestro pueblo... Ni los obispos, ni la prensa española, ni el estaado publicó la carta de los sacedotes en el Estado, aunque todos ellos y aún la prensa vaticana publicó los escritos de obispos y autoridades en contra del documento. Hoy tampoco los medios no están por la labor, ya que están más controlados y los intelectuales más manipulados.
Los 339 firmantes del 60 fueron reprimidos y represaliados política y eclesiasticamente.
Todo el proceso y las consecuencias de ese documentos están minuciosamente recogidos en el libro: El clero vasco en la clandestinidad. G. Lizarra, 1994. pag.243-351
La historia tristemente se repite después de 43 años...