Dionisio Amundarain.
Escritor. Religioso Benedictino. Reciente ganador del premio Anton Abadía.
El arzobispo de Pamplona, delegado del nacionalismo español en Euskal
Herria.
Me refiero al panfleto ("folleto u hoja de propaganda política
o de ideas de cualquier clase", diccionario de María Moliner)
de F. Sebastián arzobispo de Pamplona, "La conciencia cristiana
ante el terrorismo" (versión, levemente corregida, del texto
publicado como Epílogo del Libro ''La Iglesia frente al terrorismo''
editado por la BAC).
Dice el autor: "El magisterio y la autoridad de la Iglesia sólo
llegan hasta donde llegan las exigencias morales". Para ello, ha
fundamentado todo en juicios sobre la historia, la política, la cultura...,
falsos a mi entender y cuestionables en todo caso, y en definiciones del terrorismo
muy restringidas. Voy a referirme a estos juicios. Juzgo tener en esta materia
tanta autoridad, por lo menos, como el arzobispo.
1. De juez. Dice: "Es muy poco probable que alguna vez llegue
a ocurrir que ETA deje la violencia, puesto que hasta el presente no lo ha
hecho".
Con todo, en el último apartado "Intervención de la Iglesia",
dice, contradiciéndose, "No podemos desesperar de la posibilidad
de conversión y cambio en los terroristas". Me parece un juicio
a priori y que no se sostiene. De solucionarse los problemas políticos
y sociales que están en la génesis de ETA, juzgo que automáticamente
dejarían de arriesgarse a caer en las manos de la Policía. Nunca
los he considerado masoquistas.
Hablando del terrorismo internacional antiamericano, dice: "Es de
personas inteligentes buscar las causas de las cosas para comprenderlas mejor
y saber reaccionar adecuadamente ante ellas. Pero comprender, en este caso,
no puede significar justificar, aceptar y tolerar" el terrorismo.
Me hubiera bastado, en verdad, que hubiese subrayado lo de "saber reaccionar
adecuadamente". No parece que el arzobispo lo haga así al dirigirse
al nacionalismo español con palabras moralistas. Más bien, da
prioridad y, yo diría, exclusividad a la vía policial para solucionar
el conflicto vasco. Véase el apartado "De policía".
Habla de "afinidades y complicidades más sentimentales que
racionales" entre muchas familias vascas.
Primeramente, no aporta ninguna luz sobre la naturaleza y la existencia de
esas "afinidades y complicidades"; es una afirmación puramente
gratuita. De todas formas, si se refiere a "afinidades y complicidades"
en términos genéricos, le preguntaría yo si pretende
fundar la moral cristiana sobre la negación de los valores humanos
más fundamentales: negación de los lazos de parentesco, de amistad...
Dice: "Con las instituciones propiamente políticas (se refiere
supuestamente afines a ETA), hay otros muchos que podríamos llamar
organizaciones sociales que actúan en la sociedad y mueven la opinión
pública a favor de los mismos objetivos".
El arzobispo se adhiere así a la tesis de Garzón, para quien
las organizaciones sociales que no se comportan como serviles lacayos del
nacionalismo español caen bajo sospecha. No tiene en cuenta las meteduras
de pata cometidas por Garzón en contra de varias organizaciones (AEK,
Zabaltzen, etcétera) siguiendo esa línea. Esta política
de la sospecha me parece poco conforme con una persona que se presenta como
portavoz de la moral cristiana.
Hablando en moralizante, dedica al apartado "3. El nacionalismo democrático"
(se refiere al representado por el Gobierno Vasco) 91 líneas, mientras
al apartado "4. Los partidos constitucionales" le dedica solamente
25.
2. De la competencia de la Iglesia. "El magisterio y la autoridad
de la Iglesia sólo llegan hasta donde llegan las exigencias morales.
Es evidente que estos objetivos de la convivencia y del respeto a la libertad
se pueden conseguir de distintas maneras y por procedimientos diferentes.
Nada tiene que decir la Iglesia sobre ello".
Visto el escrito, todo esto huele a cinismo. ¿Por qué, a través
de todo el panfleto, se adhiere ciega e insistentemente a las tesis sostenidas
e impuestas por el nacionalismo español en materia histórica,
sociolingüística, política, exponiéndolas primeramente
explícitamente y basando, después, sobre ellas sus conclusiones
morales? ¡Alucinante!
La Iglesia, afirma el autor, no puede decir cómo tienen que ser esas
soluciones. Sólo dice que son necesarias... teniendo en cuenta los
vínculos históricos y reales de convivencia entre todos los
vascos y toda España.
No ha demostrado en forma alguna esa pretendida convivencia. Y le costará
demostrarla. En efecto, la realidad ha sido todo lo contrario: las citadas
relaciones han sido y siguen siendo de continuo enfrentamiento.
3. De política. Tacha a ETA de preconizar la independencia como
"único camino posible para hacer la revolución y construir
un Estado socialista".
Sin ser de ETA, somos muchos los que preconizamos la independencia para poder
de verdad salvaguardar nuestra cultura y nuestro idioma. Bastaría,
por ejemplo, leer algunas páginas de la literatura universal sobre
sociolingüística refiriéndose a las lenguas en contacto
para ver la necesidad de la independencia para poder mantener una lengua minoritaria.
Añade que ETA "no cree en la democracia española".
¿Es ETA quien no cree en ella o más bien la gran mayoría
del pueblo vasco e incluso de muchísimos españoles? ¿Qué
nos dicen, por ejemplo, sobre esa pretendida democracia española los
escándalos del tiempo de Felipe y los del tiempo de Aznar? Tendría
él que saber que una cosa es creer en esa pretendida democracia y otra
tratar de soslayarla en lo posible y aguantarla en lo imposible.
Dice: "Los nacionalistas afirman que hay un pueblo vasco, perfectamente
diferenciado, que ocupa desde siempre un territorio, injustamente ocupado
por el Estado español (y en parte por el Estado francés) al
que se niega el derecho de autodeterminarse y organizarse en un Estado independiente".
Y añade: "Si este postulado se acepta como realidad histórica
y objetiva todas las demás consecuencias están ya implícitamente
aceptadas".
Todo está dicho en esas líneas del arzobispo: El pueblo vasco
es un pueblo diferenciado, sobre todo por su idioma, se le ha ocupado injustamente
su territorio, ha reivindicado sus derechos como pueblo desde hace siglos,
¿quién puede negar las reivindicaciones contra el imperialismo
castellano y español? Las consecuencias, como dice el arzobispo, están
claras.
Dice: "Lo que dicen los votos es que casi la mitad de los ciudadanos
de la CAV, y la inmensa mayoría de los navarros, ven las cosas de otra
manera y no tienen dificultad para compaginar su identidad vasca o navarra
con su ciudadanía española".
Ante todo, parece paradójico que quien en todo el escrito preconiza
la así llamada democracia, no dé importancia en este caso, como
buen demócrata, al voto de la mayoría de la CAV. Olvida por
otra parte el que existen muchos factores que hacen que los votos digan lo
que dicen: ahí está sobre todo el factor inmigración;
ahí está la intoxicación creada sobre los inmigrantes
y no inmigrantes por el nacionalismo español (como en este caso por
el arzobispo).
Dice: Se puede opinar sobre la independencia del pueblo vasco, pero esta
manera de pensar no justifica calificar la situación como opresión
y como grave injusticia.
Es normal que Sebastián, como español y extranjero (por procedencia
y modo de enjuiciar) en Euskal Herria, juzgue así. Los que tenemos
que enfrentarnos con las fuerzas políticas, policiales y armadas españolas
en una relación de vencidos/vencedores (por las armas, que no por las
razones) no podemos menos de considerar la situación impuesta como
opresión y como grave injusticia.
Dice: "Ni es lícito apoyar de ninguna manera a aquellas instituciones
que no condenan expresamente los atentados de ETA y no muestran de este modo
su independencia institucional e ideológica respecto de esta organización".
¿Desde cuándo hay una ilación entre el no condenarla
expresamente y la no independencia respecto de ETA? Una vez más postura
de servil lacayo pero interesado para con la cacareada democracia española.
Pretende el autor "debilitar y prácticamente anular la legitimidad"
de la "exigencia del pretendido derecho a la autodeterminación".
Para ello, se limita a decir que Euskal Herria no ha existido nunca como unidad
política, que los vascos pueden desarrollar sus peculiaridades viviendo
integrados en el Estado español, que sería difícil determinar
los límites del territorio. De verdad es fascinante el discurso plagado
de falacias, uniéndose una vez más al discurso del nacionalismo
español. Los vascos no pretendemos caer en el anacronismo de decir
que existiera en los siglos antiguos una unidad política; tampoco existía
la unidad política española de hoy. Pero afirmamos que al constituirse
los estados español y francés se han dividido entre sí
a Euskal Herria a fuerza de las armas. Decir que podemos vivir nuestras peculiaridades
viviendo integrados en España supone, no ignorancia, sino mala fe:
¿quién no ve la continuas trabas que se nos ponen para desarrollar
nuestras peculiaridades culturales, lingüísticas, sociales, económicas,
políticas? Hé ahí precisamente el fondo del problema
vasco.
De la dificultad práctica que supondría la determinación
del territorio concreto objeto de autodeterminación, de quién
votaría para decidirla, de si los bilbaínos (sic) votarían
sobre la autodeterminación de Navarra... pasa a la conclusión
de que los católicos se encuentran en la obligación de desligarse
de ETA. ¡Qué manera de argumentar! Desde luego, pienso que con
ella mal puede conseguir el arzobispo su objetivo.
Dice: "Pero ¿es tan claro que la ruptura independentista es
mejor para la mayoría de la población que la continuidad demócrata?
¿Qué pasa con esa casi mitad de la población que se sienten
a la vez vascos y españoles y no quieren separarse de España?"
Supondría también una dificultad el romper el tejido de vínculos
creados en épocas pasadas entre vascos y españoles.
¿Por qué no invierte el arzobispo la última pregunta
y dice: "¿Qué pasa con esa mucho más que la mitad
de la población que se siente vasca y no española y que no quiere
vivir sometida a España y que sin embargo tiene que tragárselo?".
Respecto
al tejido de los vínculos, pasaría sencillamente lo que ha pasado
en tantos otros casos de naciones en los que ha habido que romper con la injusticia
de siglos o de años. La obsesión por el statu quo, por
villano e injusto que éste sea, le lleva a considerarlo como un absoluto.
Con ese planteamiento no se habría podido crear la Comunidad Europea,
no se habrían independizado los países sometidos a la antigua
URSS...
"En estos momentos los nacionalistas no pueden invocar el diálogo
ni la libre manifestación de la voluntad popular como medio de resolver
el contencioso político, sencillamente porque mientras exista ETA los
ciudadanos no tienen libertad real para manifestarse".
Esto me parece grave y falaz. ¿Qué dificultad han tenido los
vascos, españolistas o abertzales, en las elecciones para manifestar
su opinión? ¿Qué dificultad ha tenido él mismo
para publicar este panfleto?
"El nacionalismo democrático se encuentra en la obligación
moral de formar un frente común con las demás instituciones
democráticas del Estado para luchar eficazmente contra ETA",
dice.
¿Por qué no invierte los términos para decir que las
instituciones del Estado tendrían que unirse con las instituciones
vascas? ¿En qué principio se apoya para decir que el nacionalismo
democrático tiene que ser pura y simplemente un lacayo de las instituciones
españolas para quienes el único camino es la vía policial
dura y feroz?
"Los ciudadanos están divididos en sus preferencias políticas
aproximadamente al cincuenta por ciento".
Desfigura los números: en las autonómicas, dejando aparte a
IU (que bien podría, sin embargo, ser considerado como abertzale y
serían tres diputados más), el voto abertzale dio cuarenta diputados
y el españolista 32; ocho de diferencia.
"Ninguna solución unilateral que imponga las preferencias de
una mitad y desconozca el sentimiento y la voluntad de la otra mitad puede
ser justa ni estable. Nadie puede excluir a nadie".
Primeramente, ¿por qué no dirige esa consigna al PP o a UPN?
Segundo, defendiendo, como lo está haciendo, el sistema llamado democrático,
¿por qué no vale en el caso vasco la mayoría?
"Hoy por hoy la Constitución española, el Estatuto vasco
y el Amejoramiento... son los instrumentos legales que garanticen la convivencia
en paz y libertad".
Ante todo, no siempre coincide lo legal con lo moral. Por otra parte, aun
admitiendo esa legalidad, ¿por qué no se considera, de verdad
y eficazmente, el vascuence como lengua oficial de Euskal Herria, de acuerdo
con el Estatuto? ¿Por qué no se ha desarrollado el Estatuto?
Por último, de hecho, no es verdad que los citados instrumentos legales
hayan garantizado la convivencia en paz y libertad; estamos precisamente buscando
esa paz y esa libertad con ansiedad.
4. De policía. Dice: Es cierto que hay que luchar eficazmente
contra ETA, es cierto que hay que garantizar eficazmente los derechos fundamentales
y es cierto que esto requiere la derrota policial de ETA.
Una vez más, coincidencia con Aznar: vía policial únicamente.
Muchos juzgamos que el objetivo no se podrá conseguir solamente por
vía policial.
5. Definición del terrorismo. Concepto restringido sobre el
terrorismo. No sabría yo dar una definición adecuada del terrorismo,
pero juzgo que no se reduce a los actos perpetrados por un grupo ilegal. Pienso
en la trama de los GAL, la guerra sucia, las torturas, el confinamiento en
comisaría durante 72 o más horas, detenciones indiscriminadas
y retenciones en comisaría de las cuales salen sin cargo ninguno pero
sin que nadie les pueda librar del mal trago...; juzgo que todo ello tiene
algo que ver con el terrorismo. El autor a nada de eso se refiere.
6. De sociolingüística. "Ahora, protegido por las
autoridades..., el vasco está en un proceso de lenta recuperación
y extensión".
¿Protección de las autoridades? El Gobierno de Navarra, precisamente,
no se distingue por ese apoyo, ¿será que Sebastián no
lee la prensa? Y no hablemos del Gobierno de Aznar: acaba de anular, por ejemplo,
el plan de euskaldunización de los jueces en la CAV.
Estima y protección del euskara por parte de la Iglesia. "No
solamente la utiliza sino que la cultiva...".
Acerca de la veracidad/falsedad de las palabras del arzobispo en Navarra,
me remito al artículo de J. M. Aleman en "Egunkaria" (11-01-2002).
Quiero añadir lo siguiente. ¿Se puede decir que la Iglesia apoya
al euskara cuando de los cinco obispos titulares de Euskal Herria (Baiona,
Bilbo, Gasteiz, Gipuzkoa e Iruñea) cuatro no son vasco-parlantes; más
todavía, cuando tres de ellos son extranjeros? ¿Cuando en las
grandes ciudades y pueblos más poblados la inmensa mayoría de
la celebraciones eucarísticas y reuniones de grupo se celebran sólo
en español o francés, cuando en la inmensa mayoría de
las así llamadas misas bilingües todo se reduce a unos cantos
en euskara y en el mejor de los casos a recitar a prisa y corriendo en euskara
ciertas partes del ordinario, dejando para el español toda la parte
variable (sobre todo las lecturas y la homilía)? ¿Cuando las
misas en euskara, cuando las haya, en la grandes ciudades y pueblos mayores
se dicen, en la inmensa mayoría de los casos, en horas intempestivas,
para reservar al español las horas más propicias? ¿Se
puede decir que la Iglesia apoya al euskara cuando no existe en toda Euskal
Herria ni una facultad teológica ni ningún seminario que imparta
estudios eclesiásticos en euskara? ¿Cuando, salvo excepciones
muy excepcionales, los profesionales de las ciencias eclesiásticas
no se dignan a escribir o a dirigirse a los grupos en euskara?
Conclusión. Sebastián ha sabido muy bien explicitar sus
sentimientos nacionalistas españoles. Le va muy bien el papel de delegado
del nacionalismo español en Euskal Herria.