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Semana Santa: reflexión desde el sentido común

Faustino Vilabrille

¿Qué clase de Dios es ese que se ve dañado o simplemente afectado por nuestros pecados? ¿Qué clase de Dios es ése que necesita ser reparado nada menos que por la muerte de su propio Hijo?  Todo esto, pensado con un poco de sentido común, parece absurdo, sin sentido e ininteligible.

Hemos oído decir muchas veces que Jesús murió por nuestros pecados, que gracias a su muerte hemos sido redimidos, que El reparó a Dios el daño que le causan nuestros pecados, que con su muerte reparó el pecado de Adán, que Dios tanto amó al mundo que entregó a su Hijo a la muerte, que incluso Dios quiso la muerte de su Hijo por nosotros, etc. Incluso en la liturgia de la Vigilia Pascual se lee que fue necesario el pecado de Adán, y ¡feliz la culpa que mereció tal Redentor!

Todo esto, pensado con un poco de sentido común, parece absurdo, sin sentido e ininteligible. Veamos: ¿Qué clase de Dios es ese que se ve dañado o simplemente afectado por nuestros pecados? Si nosotros somos casi tanto como nada, ¿cómo es posible que lo que hacemos impacte de esa manera en Dios? ¿Qué clase de Dios es ése que necesita ser reparado nada menos que por la muerte de su propio Hijo? ¿Cómo pudo haber querido Dios la muerte de su mismo Hijo, una muerte tan llena de escarnio, de violencia, de tortura, de sufrimiento tan horrible, para acabar clavado de pies y manos, crucificado, la crucifixión, invento de los persas? ¿Cómo pudo Dios haber querido entregar a su Hijo a la muerte por nosotros? ¿Acaso Dios quiere más a los hombres que a su propio Hijo? ¿O los quiere a todos por igual? ¿Acaso Dios no tenía otra solución para redimirnos que mandar a la muerte a su Hijo?

Jesús presenta en el Evangelio a Dios como un Padre que nos quiere entrañablemente (Parábola del Hijo prodigo). Jesús aparece a lo largo de los Evangelios hablando con el Padre de tú a tú, con total confianza. Si Dios nos quiere tanto a nosotros, ¿cómo no va a querer por lo menos igual a su propio Hijo? Juan 3, 16-18 escribe: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está condenado porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.

Vamos a ver: ¿Cómo y por qué murió Jesús? Jesús murió de una manera mucho más sencilla, pero lógica, que todo eso:    Leer más…

Faustino Vilabrille en Redes Cristianas, 29 de marzo de 2018

 

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