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Han destrozado, combatido e ignorado la llamada “Iglesia de base”

Evaristo Villar teólogo y portavoz de Redes Cristianas

Es verdad que a muchos nos han hecho la vida casi imposible. Lo más doloroso es que no se dan cuenta (o no quieren hacerlo) de que la sociedad española ya les ha dado la espalda.

Querido José Manuel: Acabo de leer tu escrito, titulado ‘In nomine Domini: Lo que va de la Iglesia de Chile a la de España’. Te felicito. Es necesario hacer estas denuncias fuertes, para que la institución (los “hombres”) de la institución se enteren de que el resto estamos muy enterados.

Es verdad que a muchos nos han hecho la vida casi imposible: desde la el cerrojo a ‘Misión Abierta’ hasta la expulsión de la congregación claretiana y de todos los centros de educación católicos (teologados, medios de comunicación de la Iglesia, etc.)…

Me gustaría que hubieras completado tu texto con el destrozo que han hecho en toda la llamada “Iglesia de Base”. La han combatido, la han ignorado, ninguneado… hasta dejarla casi si aire y sin vida. ¿Te acuerdas del cierre de la parroquia Universitaria? ¿Y de la lucha que obligaron a emprender al, quizás más cuerdo de ellos, monseñor Palenzuela, contra los documentos y comunidades de Iglesia de Base? ¿Te acuerdas de cómo la emprendieron contra los congresos de teología y contra Redes Cristianas?

Hasta que aprendimos a liberarnos de ellos por lo civil, haciéndonos Asociaciones civiles: Santo Tomás de Aquino, Iglesia de Base de Madrid, Redes Cristianas, Éxodo, Utopía… Todos han tenido que hacerse asociaciones civiles. ¡Qué pena, tener que llegar hasta aquí! ¡Cuánto podríamos hablar de esto!    Leer más…

Evaristo Villar teólogo y portavoz de Redes Cristianas en Religión Digital, 10 de junio de 2018

In nomine Domini: Lo que va de la Iglesia de Chile a la de España

La plasmación del llamado ‘modelo polaco’, involutivo y autorreferencial, que Juan Pablo II exportó a todo el orbe católico. Un modelo que descansa en tres pivotes: copar la cúpula de la Conferencia, remodelar por completo el mapa episcopal y acallar a las voces díscolas

Levantada en lo alto para escarnio del mundo, la jerarquía de la Iglesia chilena pena las consecuencias de un sistema clerical caciquil, implantado en los años 80 desde Roma y activado en Chile por el entonces Nuncio, Angelo Sodano. El objetivo: pasar de una Iglesia profética y comprometida con el pueblo a otra centrada en la doctrina y aliada de Pinochet.

Para conseguirlo, había que cambiar el perfil y el rostro del episcopado chileno, apartando a los obispos de la época del cardenal Silva Henríquez, y sustituirlos por otros sumisos, dóciles, grises y seguros doctrinalmente.

Una revolución que el Nuncio Sodano llevó a cabo en menos de diez años, hasta conseguir un episcopado de funcionarios de lo sagrado, elitistas, separados de la vida y del pueblo, que, en pocos años, transformaron el rostro de la Iglesia chilena, que pasó a convertirse en roca fuerte, aliada del poder, ajena a las penas y alegrías de la sociedad y víctima de su propia prepotencia. Porque el clericalismo jerárquico condujo inevitablemente a una tríada abusiva: abuso de poder, de conciencia y sexual. Y todo, justificado, avalado y bendecido ‘in nomine Domini’.

De aquellos polvos vienen estos lodos. Y la Iglesia chilena está en estado de shock: gime por las esquinas, llora desconsoladamente, se pegunta cómo es posible tanta suciedad en su clero y tanta complicidad y encubrimiento en su episcopado, mientras se desangra en una imparable hemorragia. Y con la sangre pierde a borbotones su escasa credibilidad, se resiste a aceptar la realidad por dolorosa y le cuesta cubrirse la cabeza de ceniza y vestirse de saco y sayal.

Sólo con la intervención directa del Papa Francisco ha sido capaz de pararse, hacer examen de conciencia, arrepentirse de sus pecados, pedir perdón a Dios y al pueblo, proponerse seriamente un cambio e estilo, de rumbo y de personas y, por último, cumplir la penitencia del descrédito social, de la humillación, del desprecio popular. Y, en el ámbito de los abusos sexuales del clero, pasar de denostar a las víctimas y llamarlas ‘traidoras’ a no tener más remedio que resarcirlas moral y económicamente.

Desgraciadamente, este modelo eclesiástico, basado en un funcionariado elitista centrado en el abuso (de poder, de conciencia y sexual) no es exclusivo de Chile.     Leer más…

José Manuel Vidal en Religión Digital, 9 de junio de 2018




 


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