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Francisco, el Papa abolicionista

José Manuel Vidal

Bergoglio proclama que el “no matarás es no matarás: sin excepciones. Lo que más molesta a los rigoristas: que haya abierto el melón doctrinal. 

El mandamiento es claro y tajante. Durante siglos, la Iglesia contemporizó con la mentalidad del mundo y no sólo bendijo sino que aplicó la pena de muerte en los propios Estados Pontificios. En 1969, tras el Concilio Vaticano II (que también en este ámbito dio sus frutos), Pablo VI abolió la pena capital en el Estado vaticano. Pero, en el Catecismo de la Iglesia, seguía abierta la posibilidad de aplicarla, aunque sólo en casos muy extremos. Pues, ahora, ni eso. Francisco proclama que el ‘no matarás es no matarás’. Sin excepciones.

La inmensa mayoría del pueblo católico exulta con el Papa abolicionista. ¡Ya iba siendo hora! Al final, de la mano de Francisco, la Iglesia da pasos de gigante para recuperar esos “doscientos años” de retraso, que dijera el gran cardenal Martini.

Como era de esperar, los ultras (acostumbrados a aplicar siempre el imperio de la ley al estilo de los fariseos) lloran por las esquinas. Los ‘infovaticarcas’ (en afortunada expresión de nuestro habitual comentarista Hugo Z.) suben por las paredes, anuncian toda clase de males sin mezcla de bien alguno y, proclaman, una vez más, el ansiado cisma, que nunca llegará.

Les duele la decisión del Papa sobre la abolición de la pena de muerte, porque tantos ellos como los políticos de su cuerda se quedan sin coartada eclesial. A partir de ahora, quien esté a favor de la pena de muerte está en contra de la doctrina oficial de la Iglesia.

Desde ahora, ningún gobernante que se diga o pase por ser católico puede aceptar la pena de muerte en la legislación de su país. Y si tal legislación está vigente, debe comprometerse a abolirla. Una decisión que señala especialmente a los gobernantes de Estados Unidos, país con un gran porcentaje de católicos al alza y en el que todavía subsiste la pena capital. O a Perú, donde se quiere volver a reimplantar. O a la Filipinas de Duterte.

Y eso es lo que más les molesta a los rigoristas: que el Papa Francisco haya abierto el melón doctrinal.      Leer más…

José Manuel Vidal en Religión Digital, 4 de agosto de 2018

 



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