ACAPARAMIENTO DE TIERRAS – AGROCOMBUSTIBLES

“El acaparamiento de tierras consiste en la sustracción de tierras rurales por parte de inversores internacionales para darles un uso comercial al mismo tiempo que niegan el acceso a esas tierras a la gente que tradicionalmente las usaba para ganarse la vida. Se llama acaparamiento precisamente porque no se consulta a la gente que normalmente usaba esa tierra y sus intereses no se tienen en cuenta”. (Michael Ochieng Odhiambo, director ejecutivo del Instituto para la Resolución de Conflictos por Recursos, con sede en Kenia y autor del informe Presiones comerciales sobre la tierra en África para la Coalición Internacional de las Tierras).

La tierra fértil es un recurso cada vez más escaso y preciado. En menos de un año, 42 millones de hectáreas de tierras en el mundo han sido adquiridas por inversionistas (más del doble de la superficie cultivada en el estado español), de los cuales más del 75% (32 millones de hectáreas) se encontraban en África Subsahariana, según datos del Banco Mundial. En muchas ocasiones las adquisiciones de tierras a gran escala se da a costa del desplazamiento las comunidades campesinas que se quedan sin la tierra en la que viven y producen sus alimentos.

Los países más devastados por la adquisición de sus tierras son Etiopía, Mozambique, Uganda y Madagascar, Sudán, Malí y la República Democrática del Congo. Entre estos, destacan Uganda, con más del 14% de su superficie agrícola actual en negociación, Mozambique, con más del 21%, y la República Democrática del Congo, con más de 48% de las tierras agrícolas adquiridas.

El acaparamiento de tierras por parte de empresas europeas crece año tras año. Seis países europeos (en orden descendente, Italia, Noruega, Alemania, Dinamarca, el Reino Unido y Francia) se encuentran entre los mayores inversores.

Las empresas españolas también están interesadas en adquirir tierras africanas. El sector aceitero ha sido uno de los primeros en hacerse con tierras. Uno de los casos más destacados lo encontramos en Ghana, donde la empresa García Carrión llegó a un acuerdo con el Gobierno de Ghana para la plantación de 10.000 hectáreas de piña tropical cuya transformación tendría como destino la exportación de zumos a los mercados comunitarios.

En Mozambique diversas empresas españolas compran tierra para explotaciones turísticas y en Senegal el gobierno nacional adjudicó 80.000 hectáreas al empresario Raúl Barroso para un parque privado de animales salvajes y su complejo turístico asociado.

En la mayoría de los casos la tierra se utiliza para monocultivos destinados a la exportación, a la especulación o a la producción de agro-combustibles. La población de África ve cómo los productos cultivados en sus tierras viajan hacia otras latitudes.

Tradicionalmente, en África Subsahariana se practica un tipo de agricultura familiar muy poco dependiente de insumos externos, altamente productiva, adaptada al territorio y con una clara vocación de mercado local. Este es el esquema que se ha roto con la entrada masiva del agro-negocio europeo y español.

Los recursos de África dejan de ser empleados para la supervivencia y son utilizados por las trasnacionales para la exportación. Esto destruye la soberanía alimentaria de las familias africanas.

Existen múltiples ejemplos de empresas extranjeras y españolas implantadas en África Subsahariana desarrollando este tipo de agricultura intensiva. Por ejemplo, la empresa española Cultesa invierte en Senegal para la producción de agro-combustibles. Estos cultivos agudizan las graves crisis alimentarias en los últimos años, porque acaparan tierras, encarecen los precios de los alimentos y tienen un gran coste ambiental y humano. Hay que tener en cuenta que:

  • Son productos muy “sedientos”: se necesitan 9.000 litros de agua para producir un litro de biodiesel a partir de soja.
  • Requieren el uso masivo de pesticidas lo que se ha convertido en un grave riesgo para la salud mundial.
  • Crean un puesto de trabajo por cada 100 hectáreas de agro-combustible plantado.
  • Los beneficios van a parar a las grandes empresas que los comercian.

Veterinariossinfronteras.org